Traducción de este interesante texto realizado por Tanday Lupa lupa aparecido en la publicación norteamericana Black Seed.


Permacultura incivilizada

Una crítica anti-civilización y anti-colonial de la “agricultura sustentable

 

En este ensayo deseo explorar la manera en como la permacultura confluye con una crítica anti-civilización, anárquica y anti-colonial. De ninguna manera quiero anclar esta crítica con alguna línea anarcoprimitivista (aunque no puedo negar cierta inspiración de éste), en vez de eso quisiera levantar algunos cuestionamientos sobre como la permacultura puede acompañar la crítica a la civilización y donde podemos encontrar posibles divergencias. Algunas de las críticas que aquí levanto provienen de mis años de estudio y experiencia en esta área, en donde mis percepciones críticas por lo regular llegan al desacuerdo con las de otros colegas.

En el milenio del ambientalismo contemporáneo, la permacultura en su teoría y práctica se ha convertido en un medio popular para reparar el agotamiento de la capa superior del suelo de la tierra y por otra parte como medio para intentar vivir más sustentablemente con nuestro planeta. Es solo una respuesta a la crisis ecológica a la que nos enfrentamos, si es que la conversación se centra en el cambio climático, la destrucción ambiental, la seguridad en los alimentos o la totalidad.

Entonces ¿Qué es la permacultura? Uno de los precursores del concepto de permacultura, Bill Mollison y su colega Scott Pittman, la definen como:

“Permacultura (Agricultura permanente) es el diseño y mantenimiento consciente de los ecosistemas cultivados, los cuales poseen la diversidad, estabilidad y la resilencia de los ecosistemas naturales. Es la integración armoniosa del paisaje, la gente y las tecnologías apropiadas con el fin de proveer bienestar, un hogar, energía y otras necesidades de manera sustentable. La permacultura es una filosofía y un acercamiento al uso de la tierra que funciona bajo ritmos y patrones naturales, entretejiendo elementos como el microclima, plantas anuales y perenes, animales, agua, manejo de suelos y las necesidades humanas en un intricado de comunidades productivas conectadas entre sí.

El concepto de permacultura es bastante amplio. Esto la abre como algo más en sintonía con las verdaderas complejidades del mundo, dejándola como algo vulnerable a la cooptación. La permacultura existe no como singularidad sino como multiplicidad. Por ejemplo, la agricultura es una disciplina para la producción de comida que desconoce su relación con otras disciplinas, mientras que la permacultura es interdisciplinaria: esta intenta entender las interconexiones de un ecosistema en su totalidad.

 

Dado a la amplitud del concepto de permacultura, no puede haber un análisis generalizado de ésta. En vez de eso podemos explorar los diferentes aspectos de ésta en tanto su teoría y práctica, y ver como se complementa o difiere de la crítica anti-civilización.

 

Antes de continuar tal vez sea oportuno explicar de donde vengo. Hubo un tiempo, hace algunos años atrás, antes de que me encontrara más familiarizada con las ideas anti-civilización, donde empecé a destruir mi relación con la tierra y mi propia autonomía – entiéndase por esto mi autosuficiencia. ¿Qué habilidades tengo? ¿Qué es lo que sé sobre la Tierra y el mundo natural? ¿Qué es lo que conozco sobre el lugar donde vivo y mi bioregión? De hecho, he estado viajando por un buen tiempo y tengo muy poco sentido de pertenencia a algún lugar. Eventualmente sentí que era el momento de regresar a las tierras donde crecí (o al menos cerca de ella). De hecho, fue ahí donde la permacultura se desarrolló. En ese tiempo me vi aprendiendo sobre permacultura como un medio para desarrollar una relación con una de las cosas que me mantienen viva, la comida. Por supuesto siempre tuve sueños más salvajes, pero vi esto como un punto de partida.

 

A partir de aquí y a través de diferentes medios fui estudiando la permacultura, ya sea formalmente a través de diversos cursos o informalmente por medio de lecturas, conocer gente y por la participación en proyectos. Y así fue como la aventura empezó.

 

El problema de las ciudades. Permacultura urbana.

La mayor parte de mi participación en proyectos permaculturales, ya sea en cursos o de otro tipo eran generalmente en las ciudades. Esto no era de sorprender dado el hecho de que en esos tiempos vivía en la ciudad. También experimente cierta dimensión rural en esto, específicamente en un curso en una zona rural (en este caso fue justo a las afueras de la ciudad) y unas cuantas excursiones rurales. Esto está por encima de los aspectos rurales necesarios para el diseño permacultural que en ambos cursos me pidieron aprender. En el diseño permacultural, una propiedad se divide tradicionalmente en cinco o seis zonas. De acuerdo con Wikipedia:

 

“Las zonas son una forma de organizar de manera inteligente los elementos de diseño en un entorno humano en función de la frecuencia del uso humano y las necesidades de las plantas y animales.”

 

Como sea, debido a que generalmente la extensión de las propiedades urbanas es pequeña, solo las primeras tres zonas (la zona cero “0” es la casa) se usan de vez en cuando, aunque éstas podrían reducirse a dos zonas en propiedades que no tienen patio trasero. Ese es el principal alcance de la permacultura urbana.

Un aspecto de la permacultura que se nos puede escapar, pero que merece la pena ser analizado sería el como ésta se manifiesta en ambientes urbanos.

La permacultura como es vista en las ciudades puede incluir jardines comunitarios, granjas citadinas, jardines en patios traseros; estos proyectos son vistos como un intento para hacer que los espacios urbanos sean más autosuficientes así como para reducir nuestra huella de carbón. Una de las criticas anti-civilizadoras contra la ciudad es que la existencia de éstas se basa en la importación de recursos de las áreas rurales (comida, por ejemplo). La permacultura especialmente en su variedad urbana busca mediar esta situación. Fue muy divertido como en los dos cursos que tomé, fue presentada la idea de la huella de carbón y al menos por una vez pudimos analizar nuestra propia huella.

 

De esta manera, con semejante concentración de humanos en un espacio confinado, no hay cabida para la producción de los medios de subsistencia en las áreas inmediatas. La importación de recursos, en especial de comida, crea una larga huella de carbón. Mientras más larga es la distancia para la importación de productos, más se hace necesario para el sistema la existencia de una infraestructura industrial para darle movimiento (Ejemplo: Una camioneta transporta comida de una granja a un supermercado en la ciudad, la cual utiliza petróleo, el cual se transporta en barco desde Arabia Saudi, el cual es extraído con equipo que también utiliza petróleo para funcionar… y así hasta el infinito).

 

Entonces, la permacultura visualiza una situación dada y trata de usar sus principios de diseño con la finalidad de aprovechar las condiciones existentes en un pedazo de tierra, sea este rural o urbano, para avanzar hacia la autosuficiencia con un menor impacto ecológico (huella de carbón) y en general para enverdecer un área. Esto va más allá de la comida, ya que es una forma holística para abordar y analizar un determinado espacio, que también puede incluir cosas como el almacenamiento de agua, la utilización de la luz natural, el composteo, etc.

 

El propósito de este ensayo no es discutir en detalle (aunque lo haré brevemente) si las ciudades diseñadas permaculturalmente pueden producir suficiente comida para sus habitantes. Tales contextos no existen dentro de mi experiencia en occidente. Con respecto a esto La Habana, Cuba, ha sido galardonada como la gran esperanza en permacultura urbana (Ver el documental “El Poder de la comunidad: como cuba sobrevivió a la crisis petrolera” y aún así sigue sin poder producir toda su comida. Particularmente creo que lo que pasa en Cuba, es un experimento interesante en tanto que la experimentación es importante para generar nuestra propia adaptabilidad frente a los contextos cambiantes del caos ecológico que se avecina. Aún así pienso que esa fijación por salvar las ciudades, bien puede ser una danza con el diablo, simplemente otra manifestación del greenwashing[1].

 

Llendo más a fondo, existe un énfasis en tomar inspiración de la naturaleza, cuestión de la cual la ciudad es su antítesis y mantener tal densidad de humanos concentrada en insoportable para la capacidad de carga de una determinada área. De acuerdo con Wikipedia:

 

“La capacidad de carga que tiene un ambiente para mantener a una especie biológica, es el tamaño máximo de población que el ambiente puede sostener indefinidamente en base a la disponibilidad de comida, hábitat, agua y otras necesidades en el entorno.”

 

De acuerdo con Toby Hemenway, París produce 30% de su propia comida, más que la mayoría de las ciudades occidentales, Hugh Warwick apunta que La Habana produce hasta el 50%. Así que incluso en la meca de la permacultura, la dependencia de la agricultura (¿permacultura?) se mantiene en un 50%. Hemenway, un permacultor que vive en la ciudad de Portland comenta lo siguiente:

 

“Podemos mejorar en el cultivo de comida en las ciudades, pero no creo que leguemos a ser lo suficientemente buenos.”

 

Estoy de acuerdo con ello. Las densidades de población características de las ciudades no son de ninguna manera armoniosas con ningún tipo de capacidad de carga ecológica. Y creo que la idea de las ciudades está tan incrustada, en al menos algunos filamentos de la permacultura, que se manifiesta incluso fuera de las ciudades.

 

De hecho, yo creo que hay cierta deshonestidad o al menos cierta desilusión con respecto a la filosofía de la permacultura urbana occidental, cuando dice que ciertos modos de vida pueden ser sintetizados con la capacidad de carga. No es cierto, esto va más allá de la simple existencia de las ciudades, ya que he sido testigo del simple transplante del modo de vida urbano a un entorno rural. Hay una corriente del individualismo aquí, enredado entre un embrollo de hiper-privilegios y la propiedad individual de la tierra (o la simple reproducción de la familia nuclear), pagando a otras personas tanto para el diseño como para su construcción, manteniendo todos los privilegios de la ciudad (Ejemplo: electricidad, ir al supermercado) entre otras cosas. Muy a menudo estas casas son más grandes de lo necesario. Esta situación llega a convertirse en la excusa ética de algunas personas para vivir lujosamente. Es irritante lidiar con eso y precisamente son estas cosas por las cuales se me dificulta identificarme del todo con la permacultura. Algunos también intentan construir por ellos mismo, pero si no es por cuestión del diseño o por la falta de mano de obra, toma décadas para ellos construir su propio hogar. Reitero, si vamos a tomar inspiración de la naturaleza que sea mirándonos a nosotros mismos. Nuestra especie ha convivido con la naturaleza en vez de en su contra por mucho tiempo, ya sea en el pasado o en algunos casos actuales, hemos evolucionado juntos, en comunidad. Como alguna vez lo dijo Kevin Tucker “Resalvajizarse nunca será una aventura solitaria”.

 

Desde luego que hay que hacer una distinción importante, las diferentes manifestaciones de la permacultura varían dependiendo su contexto y su acceso al “bienestar”. A lo que esto se refiere en la práctica es específicamente en como la tecnología es usada. En los países ricos, especialmente en las zonas urbanas, la fijación por usar herramientas de tecnología compleja incrementa, y lejos de ser una opción a menudo se transforma en una norma social. Si el acceso al “bienestar” juega un papel importante en como se ve la permacultura, entonces las versiones de ésta que estén más apegadas a lo ecológico serán precisamente aquellas con un diseño simple, que no requieran el mismo acceso a los recursos y privilegios económicos que los proyectos con alto nivel tecnológico necesitan. Al final, es ésta simplicidad la que inspira adaptación, diseño holístico y conocimiento en la medida de lo necesario.

 

El problema de la semántica: El pico del petróleo, el descenso energético, sustentabilidad y colapso.

Una interesante e ilustrativa divergencia es la forma en la que el pico del petróleo es entendido. En vez de usar las palabras pasadas o incluso recurrir a ideas más provocativas y emotivas como el colapso, algunos partidarios de la permacultura como David Holmgren, evocan el concepto del “descenso energético”, también conocido como “descenso creativo”. Esto se refiere a:

“[El] repliegue en el uso del petróleo después de la disponibilidad máxima de petróleo … la fase transicional del petróleo después del pico, cuando la humanidad pasa del uso ascendente de la energía que se ha producido desde la revolución industrial al uso descendente de la energía”.

Uno de los elementos realmente productivos de este marco, en oposición al de un estilo más colapso, es que la creación de esta imagen de un descenso desacredita la idea de que hay algún evento climático mágico que provocará la destrucción ecológica masiva y la caída de la civilización. En cambio, esto apunta hacia cosas que se desarrollan en etapas, y posiblemente bastante lentamente (hablando relativamente). Sin embargo, va más allá de eso, ya que también se enmarca como un descenso más suave y voluntario en lugar de uno que está fuera de nuestras manos. Más específicamente, otro concepto popular en este medio es la Planificación del Descenso de Energía (es decir, la transición), un proceso desarrollado por el Movimiento de Ciudades de Transición. Este es un sistema para desarrollar planes locales para diseñar y prepararse para el descenso de energía. En este sentido, significa el proceso real de cambiar gradualmente la forma en que vivimos, como las fuentes de energía que usamos (energía alternativa), para ser más saludables para la tierra y suavizar el descenso energético.

En general esta es una muy buena manera de enmarcar la ecuación. Crear un escenario positivo donde todos trabajamos conjuntamente, de manera descentralizada, en nuestras regiones y comunidades específicas, es algo que nos puede tocar el corazón. Sin embargo, tanta palabra positiva no puede existir sin sus riesgos, el greenwashing. Sin mencionar que puede crear la ilusión de que después de todo, las cosas no estan tan mal. Es en el cliché de la falsa dicotomía entre lo positivo y lo negativo donde uno puede decir “Yo no quiero pensar en las cuestiones negativas solo en las positivas”. Por supueso, no sugiero que salgas a buscar las llamadas experiencias negativas, sino que la trampa es la burbuja. Te olvidarás de la realidad. De hecho, sería una gran burbuja en la que olvidas la realidad en su totalidad (¡la gente lo intenta!), pero con los tipos de muros que las personas crean en sus vidas, en sus mentes, a veces reventar algunas burbujas es necesario para observar la realidad tal y como es.

Tal vez no se de un colapso, tal vez se de un descenso energético. Podemos tener suerte en ese sentido, pero honestamente no sabemos lo que pasará. Lo que si estoy segura es que, lo que sea que venga posiblemente sea horrible y no habrán palabras positivas que nos puedan salvar.

Ahora, existe esa idea de la sustentabilidad, pero ¿ Que significa realmente?

Desmenusemos un poco la palabra “sustentabilidad” para intentar encontrar sus significados. En el texto “Como la permacultura puede salvar a la humanidad y el planeta pero no a la civilización”, se ilumina un poco la conversación. Lo que expone es que el término sustentabilidad es un término erroneo. No es algo que sea realmente relativo a la salud de la ecología, sino más bien a la supervivencia en medio de la destrucción. Por ejemplo, la llamada tala sustentable tal vez no afecte a los bosques que no han sido legalmente denominados como de tala sustentable, pero esto no ayuda para nada a sanar la destrucción que ha sido ocasionada con anterioridad, ni la que se hará, ni la que actualmente se esta llevando a cabo. Entonces Hemenway coloca la sustentabilidad a la mitad del camino entre lo que el llama una práctica degenerativa y una regenerativa. La primera se relaciona a acciones que faciliten la degradación de los ecosistemas (que es todo lo que hace la cultura dominante), mientras que la segunda facilita la recuperación de los ecosistemas (todo la que la cultura dominante no hace). Es un punto interesante y de hecho ayuda a quitar un poco de la mierda que hay de tras de todos esas personas que proclaman por todos lados esta rechinante palabra, sustentabilidad, está ayudando a salvar el planeta. Otra vez un greenwashing, tratando de excusarse por sus estlos de vida destructivos. Entonces la permacultura regenerativa intenta imitar las funciones ecológicas naturales que ayudan a reparar los diferentes tipos de daño que han sido inflingidos por la civilización. El mensaje es claro, cesar el daño que la civilización le causa a la Tierra y ser “sustentable” no salvará al planeta. Hasta que no venga alguien que me encuentre un panel solar que para ser construído no necesite de la minería, el daño sigue estando.

 

El problema de la agricultura: horticultura, permacultura y lo salvaje

Entonces surge un cuestionamiento ¿Es esto una cuestión de escala? La llamada permacultura urbana termina siendo otra forma de agricultura (o al menos dependiente de esta). Tal vez mejoremos en el cultivo de alimentos en las ciudades, pero no podemos cultivar todo por nosotros mismos: por ello se mantiene la agricultura rural. Entonces ¿en dónde queda la permacultura? y ¿Dónde queda lo salvaje? Algunos proponen una mirada antropológica de las sociedades horticulturales como un posible puente entre la permacultura y lo salvaje. Jason Godesky y Toby Hemenway intentan definir la horticultura:

“Como lo he mencionado anteriormente, (Yehudi) Cohen en “La adaptación del hombre” encuentra otra forma de entre el forrajeo y la agricultura. Estos son los pueblos horticultores, quienes usan métodos simples para mantener plantas y animales que les son benéficos. En ese sentido es difícil dar una definición precisa de la horticultura, ya que la mayoría de los forajidos llevan a cabo un cuidado de las plantas en cierto grado, la mayoría de los horticultores recolectan comida salvaje y hasta cierto punto entre enterrar un palo para excavar y arar un pueblo se deberían llamados agricultores. La mayoría de los antropólogos coinciden en que la horticultura tiene un periodo de inactividad, mientras que la agricultura supera esta necesidad a través de la rotación de cultivos, fertilizantes externos y otro tipo de técnicas. La agricultura también se da a grande escala. Para expresarlo más claro, los horticultores son más jardineros que granjeros.”

Para enfatizar la diferencia, mencionar cosas como el uso de fertilizantes es importante, ya que la intensidad y la escala de la agricultura está sometida al uso externo de nutrientes e incluso de energía. Es una cuestión similar a la de las ciudades que necesitan fuentes externas para poder mantenerse. La permacultura de gran escala necesita amplios espacios salvajes para obtener recursos (minería/petróleo, etc.) y por supuesto, si las ciudades tienden a expandirse los entornos salvajes se contraen, tal y como lo ha ejemplificado la agricultura y especialmente el industrialismo.

La horticultura y la permacultura contienen elementos de jardinería. Ambas tienen su propia medida de escala y fomentan la diversidad (al contrario de la agricultura de monocultivos). Hay una continuidad entre la permacultura y el forrajeo (recolección). Por ejemplo, la zona más salvaje de un espacio de permacultura es la zona 5, la cual permite la caza y la recolección. E incluso lo que ha sido percibido como recolección salvaje en las sociedades horticultoras podría llegar a convertirse en una versión de lo que actualmente conocemos en la permacultura como bosque comestible. Si entonces a lo que se apunta es hacia lo salvaje y no simplemente a la jardinería, entonces la permacultura es un paso en la dirección correcta. Aunque para ser honestos, prácticamente todos los permacultores que he conocido no miran a los bosques por sus árboles, solo ven jardines potenciales.

La permacultura permite reproducir múltiples funciones ecológicas, pero Hemenway asegura que no se pueden reproducir todas, por ello la necesidad de grandes áreas salvajes: 

“Simplemente no puedes convertir a todo el mundo en un jardín. Existen funciones mayores dentro de los ecosistemas que no se llevarían a cabo si convirtiéramos el planeta en un jardín gigante. No sabemos lo suficiente sobre las funciones del eco-sistema para ejecutar todo nosotros mismos. Tenemos que dejar que muchas de ellas se mantengan salvajes para que muchas de las funciones no bien percibidas, no bien comprendidas e inmanejables del ecosistema puedan desarrollarse”.

Una vez más, tanto el éxito de la permacultura como el de la horticultura dependen en dejar que las funciones de los ecosistemas salvajes fluyan. Y aquí en presencia de lo salvaje es donde la cuestión de la huella de carbón y la capacidad de carga chocan. La idea general sobre la huella de carbón de un individuo se refiere a cuanta tierra o cuantas Tierras (!) son necesarias para satisfacer sus necesidades. Esto generalmente se relaciona al uso humano de la tierra/agricultura. Pero si todo el mundo fuera una granja o un jardín ¿Dónde estarían los animales? Y no me refiero a vacas y pollitos, hablo de animales salvajes. ¿Dónde quedan los recursos? La capacidad de carga se relaciona con todo ser vivo (humano o no) en una determinada bioregión, entonces nos topamos con un obvio problema de antropocentrismo de cierta magnitud incluso dentro de la permacultura. Cada centímetro de esta Tierra no es una simple unidad de producción, como muchos lo pueden percibir con su precisión para medir la producción de un pedazo de tierra y decidir si la usan para cultivar o para pastorear vacas. La trampa sigue siendo el antropocentrismo. Ambas son opciones agriculturales y ninguna de ellas permite la supervivencia de animales salvajes. De ahí la existencia del biocentrismo, la idea de que nosotros no habitamos la Tierra para uso exclusivo, la compartimos.

Jason Godesky también aborda los orígenes del nexo entre permacultura y horticultura:

“El hecho de que muchas de las técnicas favoritas de permacultura -la unión de bordes, el intercalado de cultivos, los gremios e inclusive muchas de las técnicas del método Fukoka, como las bolas de semillas- podemos encontrarlas en muchas de las diversas culturas horticultoras en el mundo, es algo verdaderamente instructivo. ¿Existe algo que pueda diferenciar la permacultura de la horticultura? A la fecha no he encontrado nada, lo que me lleva a la conclusión de que en diversas maneras la permacultura está reinventando el legado de la horticultura.”

Así que no es solo que la permacultura y la horticultura tengan algunas similitudes incidentales, sino que la permacultura en efecto, está directamente influenciada por la horticultura. Es similar a la manera en que el anarcoprimitivismo está influenciado por las sociedades cazadoras-recolectoras. Puede ser visto como un medio para que aquellos (por ejemplo, los europeos) a quienes se les han destruido sus culturas apegadas a la tierra y sus modos de vida, puedan tener una certeza de que esas formas de vida existieron o siguen existiendo. Sin duda las duraderas técnicas horticulturales han sido integradas a la permacultura, tal y como lo demuestras todos aquellos “permacultores” que estuvieron usando estas técnicas antes de que fueran “inventadas”. Redescubrir el conocimiento de técnicas como las bolas de semillas, que también ya han sido integradas, literalmente parece un proceso de reaprendizaje sobre lo que hemos hecho bien y que ha funcionado. Pero este proceso, por supuesto, procede de nuestro contexto dependiente de la agricultura industrial. Los lugares de donde nosotros provenimos están tan contaminados, no solo por las formas agresivas con las que obtenemos recursos (Ej. Materiales dependientes de la minería) sino también por la globalización y la “colonización”. Esto por supuesto que incluye a plantas y animales, aunque realmente yo no tenga una postura dogmática en contra de las especies no nativas (¡lo que incluye a los humanos!). Pero también me refiero a su ideología.

Por ideología no me refiero a una vaga ideología anti-todo. Todos creemos en algo o al menos usamos ciertas palabras como un modo de aproximación para expresar nuestras ideas, aunque en realidad estas palabras nunca tendrán un significado real debido al lenguaje simbólico. Nos inspiramos de muchas cosas y nos identificamos de varias maneras, pero el punto es encontrar ello en tu propio contexto. La ideología es homogenizante. La agricultura es ideológica, su habilidad para poder aplicarse universalmente en cualquier contexto es colonización. Por otra parte, la agricultura se asienta sobre la necesidad de obtener recursos de fuentes exteriores debido a la depredación que genera dentro de su propio contexto, esto conduce inevitablemente al expansionismo. Esto es la civilización.

 

El problema de la ideología: eurocentrismo, globalización y autonomía.

“La agricultura debe ser superada, así como la domesticación, ya que esta remueve más materia orgánica de la tierra de lo que le da. La permacultura es una técnica que intenta generar una agricultura que se desarrolle y reproduzca a sí misma, y que por lo tanto tiende hacia lo natural ya alejarse de la domesticación. Es un ejemplo de entre varias formas provisionales para sobrevivir mientras nos alejamos de la civilización.”

-John Zerzan

¿Dónde nos deja esto? De hecho, la permacultura es la continuidad de la horticultura. Quizás esto permita a la permacultura ser parte de un proceso transitorio en la línea de la crítica anti-civilización e incluso hasta anarcoprimitivista. De cualquier manera, como todo lo que se encuentra bajo el capitalismo y la civilización puede ser absorbida para la reproducción de estos, a través de diversos y sutiles mecanismos que les ayudan a perpetuarse. Y a través de la globalización y la colonización la ideología del eurocentrismo se ha esparcido. John E. Drabinski explica que:

“El eurocentrismo es una pieza fundamental dentro del colonialismo, no solo por su relación política y económica, sino también por su proyecto cultural. Tomándose a sí mismo como la medida verdadera, Europa puede hacer su trabajo violento alrededor del globo sin siquiera ser puesto en cuestión por las propias víctimas. Es más, y redoblando la violencia, puede justificarse como misionero para afianzar su relación como fuerza civilizadora y figurar como centro de la dominación global, después de haber conquistado y esclavizado. La conversión hacia los valores y lenguajes europeos (en su más amplio sentido) equivale a instalar la civilización donde antes no existía.”

La publicación Desert relaciona esto con el anarquismo:

“Que esto esté sucediendo como parte de la globalización y el crecimiento de las ciudades no es de sorprenderse, dado que las semillas del movimiento social anarquista son abrazadas ampliamente en las faldas del capitalismo alrededor del planeta y a menudo crecen mejor, como la maleza en terrenos perturbados.”

Lo mismo se podría decir del anarcoprimitivismo, del marxismo autonomista, del anarquismo insurreccional, así como de otros “ismos” occidentales que componen la multitud de identidades políticas. Lo puedes ver con las plantas en los jardines permaculturales –dietas importadas de cualquier lado y consolidadas por el genocidio-. Incontables son los argumentos con los que he discutido con mis colegas permacultores a cerca de la romanización de plantas y animales europeos. Puedes ver esto en las ideas que han sido normalizadas en nuestras sociedades, en el microcosmos, en nuestras comunidades (o en la falta de ellas). El punto no es prevenirse de la compartición de ideas (ni crear una falsa dicotomía entre lo “puro” y lo “impuro”) o de evadir la crítica, sino simplemente de reconocer la autonomía. La imposición de ideas o sostener su superioridad desde una posición de poder (Ej. Supremacía blanca/eurocentrismo) es la antítesis de esto. En la publicación “Green Anarchy” Aragorn! Aborda un tema similar a cerca de la autodeterminación y de la descentralización radical. El punto aquí es que la gente, los anarquistas por ejemplo, pueden transformar la política en una singularidad. Es aquí donde la solidaridad muere, un punto en donde no te puedes acoplar o relacionar con otra gente fuera de “tu entendimiento de la realidad”, sino más bien esperas a que “la realidad se ajuste tu entendimiento subjetivo”. Más adelante Aragorn! Presenta algunas ideas interesantes de lo que él piensa podría ser un anarquismo indígena:

“…un anarquismo del lugar. Esto parecería imposible en un mundo que se ha encargado de colocarnos en la nada. Un mundo que nos coloca en la nada universalmente. Incluso en donde nacemos, vivimos y morimos no es nuestro hogar. Un anarquismo del lugar podría verse como un vivir en un área determinada por toda tu vida, podría verse como vivir en áreas con una gran cantidad de árboles cercanos a algún cuerpo de agua (ríos, lagos, mares N del T.) o en algún lugar desértico. Podría verse como un viaje continuo a través de estas áreas, o viajar cada año dependiendo lo que dicten las condiciones y el deseo. Podría verse como muchas cosas desde afuera, pero siempre será una elección dictada por la experiencia subjetiva de aquellos que viven el lugar y el momento y no por la exigencia de alguna prioridad política o económica. La ubicación es aquella particularidad que es aplastada por el mortero de la urbanización y mortajada por la cultura de masas en la cocina de la alienación moderna. Finalmente, un anarquismo indígena nos coloca como una parte irremovible de una familia extendida. Esta es una extensión de la idea de que todo está vivo y por lo tanto estamos relacionados con el todo porque también estamos vivos. Es también una declaración en la claridad de las prioridades. La conexión entre los seres vivientes, que aquí nos aventuraremos a llamar familia, es la forma en la que nos comprendemos dentro del mundo. Somos parte de una familia y nos conocemos a nosotros mismos a través de la familia. Dejemos por un momento de lado el lenguaje secular, es imposible entenderse a uno mismo o al otro fuera del espíritu. Es el misterio lo que debe permanecer fuera del lenguaje, que es lo que todos compartimos y entender que compartir es la vida misma.”

Tomo inspiración de muchas cosas, la permacultura, el anarcoprimitivismo y muchas otras cosas. No las veo como manuales a seguir para la liberación (no quiero decir que intenten serlo, pero también hay gente que los percibe de esta manera). Como yo lo veo es que ambas alientan a una locación específica y una estrategia adaptativa para los caminos que se presenten. También los veo como herramientas para descubrir la liberación en nosotros mismos, en nuestros amigos, con nuestras familias, comunidades y los lugares donde vivimos. No importa si no usas estos términos. Creo que cosas como la permacultura y el anarcoprimitivismo en cierto grado están reinventando la rueda. De cualquier manera, estos conceptos nos ayudan a recordar que es lo que hemos hecho bien en nuestras historias culturales. Podemos usar diferentes palabras, palabras provenientes de nuestra propia cultura, por ejemplo, pero si realmente quisiéramos encontrar alguna palabra que describa nuestro profundo deseo de amor, salvajismo y liberación total, creo que no existe palabra para ello: silencio.

Llegar a ser libre y salvaje, reitero es un proceso. La enfermedad del espectáculo, con cosas como la gratificación al instante, crean la ilusión de que las cosas se consumen inmediatamente y eso nos lleva a movernos en búsqueda del siguiente objetivo. En la naturaleza esto es una falsedad. Cuando desarrollamos relaciones directas con nuestra comida, amigos, familia, comunidad, bioregión, etc. nuestra percepción del tiempo cambia inevitablemente. No podemos resalvajizarnos de la noche a la mañana. Ni siquiera en toda nuestra vida. La destrucción de la civilización es también un proyecto a largo plazo. Somos apenas una diminuta partícula en el proceso de vida de la Tierra, y los principios del mundo que estamos construyendo quedara en nuestros hijos, y en sus hijos, y en los hijos de los zorros que se comieron a tus pollitos, y en las cenizas de aquel mundo que dejamos atrás.

“Cada bioregión puede ser liberada a través de una sucesión de eventos y estrategias basadas en condiciones únicas a si misma”

-Sea weed

Sera un proceso, salvaje y orgánico, adaptativo y local, generacional, aprendiendo de uno como de otros, donde declive la homogenización ideológica y reine la diversidad humana y natural. La permacultura puede ser un paso. El anarcoprimitivismo también. No voy totalmente apegada al camino, pero los pasos que he dado me están llevando a la dirección que quiero.

Tanday Lupa lupa

 

[1] Greenwashing: traducido como lavado o enjuague verde, es un concepto anglosajón que se refiere a como las grandes industrias o cualquier corporacion participante de la economia nos vuelve a presenter y vender sus productos, servicios o actividades con etiquetas de ecológico, organico y responsable con la naturaleza pero que simplemente disfraza de “verde” su mismo actuar destructivo y domesticador, manteniendo el dominio antropocentrista. Podríamos calificarlo como una táctica pseudo ecologista del capitalismo verde.