Chile: Perspectiva anárquica frente a la pandemia-coronavirus

En la tarde de un viernes especialmente caótico, Piñera inaugura la pandemia en cadena nacional. Desde principios de marzo que el miedo al virus ha entrado de a poco a la conversación: entre la agitada vuelta a clases que busca ser una réplica (cual terremoto) de la revuelta de octubre, las masivas manifestaciones feministas, la radicalización de los sectores reaccionarios y la inminencia del plebiscito, cada vez toma más protagonismo.

La situación internacional no es menos compleja. El año pasado dio comienzo a una nueva oleada mundial de revueltas contra la normalidad capitalista, y la tan manoseada «institucionalidad» parece estar colapsando por donde se le mire, dejando lugar no solo a la creatividad insurgente si no que también (y nunca tan fácilmente diferenciables) a populismos y fascismos de todo tipo.

La economía lleva tiempo perdiendo velocidad, pero la guerra comercial entre dos potencias en decadencia, la subida manufacturada del precio del petróleo, y la paralización provocada por el coronavirus, construyeron la tormenta perfecta para dejar a la bolsa y a su enredo de ficciones especulativas en caída libre.

Es en este contexto que la enfermedad llega a nuestro territorio, con el estado de excepción todavía fresco en la memoria. Comienza en el barrio alto, y casi nos alegramos antes de recordar que no serán ellxs lxs primerxs en sufrir sus consecuencias. El gobierno, siempre tarde, anuncia sus medidas. Claramente no son suficientes, y su único objetivo es asegurar la libre circulación de capital. Algunxs (lxs mismxs que ven montajes en cada esquina) susurran que es una estrategia para cancelar el plebiscito, al parecer tan peligroso. Pero nosotrxs estamos clarxs que fachx inteligente vota apruebo, y que la incompetencia del gobierno no requiere más justificación que sus propios intereses de clase.

Sin embargo, ya hemos visto como se ha desarrollado la situación en otros países con una etapa más avanzada de infección. En las calles de China, Italia y otras partes del mundo se han desplegado simulacros de insurrección, de guerra urbana, de estado de excepción absoluto, con distintos niveles de éxito. El estado chino, famoso por su capacidad represiva, concentró todos sus esfuerzos en la contención de la zona cero pero, haciendo malabares para mantener su economía a flote, dejó a sus gobiernos regionales con la libertad tanto de retomar la producción como de instaurar leyes absurdas para sostener la cuarentena. Más allá de esto, ha sido lejos el país cuya cuarentena ha sido más eficiente y efectiva (ni hablar de Estados Unidos, cuya política pública se reduce a taparse los oídos y gritar fuerte).

El caso italiano es notable, más que nada, por la resistencia a las medidas de cuarentena y de «distanciamiento social», eufemismo nefasto que se refiere al autoaislamiento, a la precarización forzada disfrazada de «tele-trabajo», al acaparamiento de bienes esenciales y a la negación de cualquier forma de comunidad. Cuando a lxs presxs (hacinadxs e inmunocomprometidxs desde siempre) les prohibieron las visitas, comenzó la revuelta carcelaria más grande de este siglo: 27 cárceles tomadas, múltiples muertxs, policías y gendarmes secuestradxs y cientos de presxs fugadxs.

En territorio chileno, la situación es incierta. Farmacias y supermercados que hace poco fueron saqueados, pronto estarán desabastecidos debido al pánico generalizado. El transporte público, campo de batalla permanente desde el inicio de la revuelta, pronto será evitado como la peste. El gobierno ya prohibió las concentraciones de más de 500 personas, pero a estas alturas quien chucha escucha al gobierno. Los milicos, que suponemos se han negado a salir nuevamente para guardar la poca legitimidad que les queda y poder conservar sus privilegios en una nueva constitución, no tendrán tanto pudor si pueden disfrazar su accionar de salud pública. La salud pública de verdad, por otro lado, pesa menos que un paquete de cabritas. Y no tenemos idea de que vaya a pasar con el plebiscito.

Si en otros lugares la pandemia fue un ensayo de insurrección, aquí la insurrección parece haber sido un ensayo de pandemia y de crisis económica. Mantengamos viva la llama de la revuelta, y organicémonos para sobrevivir.

A continuación, esbozaremos algunas medidas que consideramos dignas de generalizarse, más una inspiración que un programa:

-El saqueo y la redistribución organizada de bienes básicos.

-La utilización de tomas estudiantiles como centros de acopio, albergues para aquellxs sin vivienda y, por supuesto, focos de combate callejero.

-El boicot de cualquier forma de trabajo o estudio a distancia, que la cuarentena devenga huelga general.

-La liberación inmediata de todxs lxs presxs como demanda central.

-Evasión masiva en las clínicas privadas, atención libre para todxs.

-Huelga de arrendatarixs, toma de casas vacías.

¡La capucha es la mejor mascarilla!
¡Evade el aislamiento del capital!
¡Niega la inmunidad como dispositivo policial!
¡La crisis es una oportunidad, cuida tu piño y ataka!

Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual (III y última)

Tercera parte de “Carta a Un/a Chileno/a” por Gustavo Rodriguez.


Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual (III y última)

—A Joaquín García Chanks y Marcelo Villarroel Sepúlveda, compañeros y co-conspiradores.

Continuemos el asalto a lo existente por todos los medios, sin inmutarnos por quienes nos silenciarán con las armas de reserva de la reacción, ya sea la patada de la bota democrática, la charla vacía de opinión o los llamados de sirena de los dulces hombres de la esperanza.”

Jean Weir; Palabras domesticadas desde un corazón salvaje.

Quien está decidido a llevar a cabo sus actos no es una persona valiente, es simplemente alguien que ha clarificado sus ideas, que se ha dado cuenta de la futilidad de esforzarse en jugar bien el papel que le ha asignado el Capital en la representación. Consciente, ataca con fría determinación. Y al hacerlo se realiza como ser humano. Se realiza a sí mismo en el placer. El reino de la muerte desaparece ante sus ojos.

Alfredo Maria Bonanno; Selección de Textos.

Terminemos de una vez por todas con los ilusionismos de la

dialéctica. Los explotados no son portadores de ningún proyecto

positivo, así fuese la sociedad sin clases […] Su única comunidad

es el Capital, de la cual solo pueden escapar a condición de destruir

todo aquello que los hace existir como explotados…

Ai ferri corti.

Cuando se escriba la Historia –así con mayúsculas, esa que siempre han escrito y escribirán los vencedores– sobre la insurrección generalizada en Chile a finales de la primera década del siglo XXI, habrá que leerla con meticulosidad extrema, ya que en ella quedarán plasmadas las supuestas motivaciones de la “crisis” que produjo la revuelta.

Una vez más, prevalecerá el análisis economicista –con énfasis en “la obscenidad de la miseria” que ha provocado esa denominación incierta que llaman “neoliberalismo”– y, la poca capacidad negociadora de un gobierno soberbio que no supo atender las demandas populares y optó por la continuidad de un régimen de corrupción e impunidad, heredero (constitucional) de una de las dictaduras fascistas más sangrientas del continente americano.

Sin embargo, nada quedará registrado de esa potencia anónima que le dio forma a la rabia de la desesperanza, de ese accionar nihilista que se transformó en energía arrasadora interrumpiendo la normalidad y atacando despiadadamente la realidad que nos oprime.

Esta potencia será invisibilizada (en el mejor de los casos) y/o, reducida a una turba de «elementos anarquistas y lumpen, amén de grupos aliados a narcotraficantes para desatar saqueos y vandalismos»i, haciendo ahínco en la condición pacífica de la “legitima” protesta y la trascendental importancia del nuevo fetiche constitucional como garante leguleyo de “las necesidades del Pueblo”.

De tal manera, quedó registrado a lo largo de veintidós páginas en un panfleto con pretensiones literarias escrito por el intelectual socialdemócrata Ariel Dorfman y publicado oportunamente por el Fondo de Cultura Económica (FCE)ii.

Empero, este tipo de especulaciones siempre se esperan de los letrados al servicio de la izquierda del Capital. Como también eran de esperarse las nuevas adaptaciones al libreto marxiano contemporáneo, en franca tentativa resucitadora de una ideología caduca y comprobadamente fallida que quedó sepultada en el cementerio de Highgate hace más de un siglo.

Por eso hoy –no mañana– nos toca el consecuente ejercicio de hacer historia a contrapelo (Benjamin, dixit); es decir, de potenciar la narrativa insurreccional, esa que no se escribe con tinta sino que se hilvana y borronea con nafta y dinamita en el libro de nuestro propio cuerpo.

Llamamientos y propuestas panfletarias

Si bien la verborrea leninoide –desde el Partido Comunista de Chile (PCC) hasta los bolcheviques extraparlamentarios (léase Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo; el Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres y; los remanentes del MAPU-Lautaro)– apegada a la retórica economicista, no dista mucho del análisis de Dorfman; también es cierto que (a diferencia de este personaje y del PCC) los pocos grupos leninistas que aún permanecen al margen de las instituciones, hoy enaltecen la “espontaniedad de la violencia” y aplauden la “autogestión en las calles”, pasándose por el arco todas las tesis de papá Vladimir en sus encontronazos dialécticos con Rabóchei Dieloiii y, mostrando su legendario oportunismo a través de una puntual mercadotecnia –destinada al consumo en masa– que intenta vendernos chatarra a toda costa.

Así lo manifiesta el pasquín publicado por el FPMR-A y el MIR-EGP, que han distribuido en algunas de las zonas urbanas más radicalizadas y con fuerte tradición de lucha (Villa Francia, Lo Hermida, Maipú, la Florida, Puente Alto, entre otras.), innovando un travestismo semántico que celebra: «las luchas que tienen nuevas dinámicas de organización, de modalidades, de expresión, de medios y convocatoria» y, aplaude «La contradicción modernidad y consumo global versus parto cosmogónico, autonomía y autogestión»iv.

Por si esto no fuera suficiente (para vomitarnos), agrega: «Las reivindicaciones feministas no son sólo para las mujeres, sino condición indispensable para una sociedad libertaria, sin dominación, de ahí su aguda dimensión política»v. Continúa con la pretensión de que ésta prolongada insurrección: «sea el reflejo de una nueva forma de construirnos como sujetos sociales, una forma de poder popular insurgente y comunitario que lejos de buscar un conjunto de normas o una forma de gobierno que nos rija, siempre tenga el propósito de luchar una y otra vez por la disolución de toda forma de alienación, dominación, autoritarismo, injusticia, despojo y represión. Que sea a la vez expresión política de la vida organizada en redes solidarias y horizontales de las comunidades y territorios»vi. Y, para cierre, a modo de declaración de principios, machaca: «Nuestro horizonte es desplegar nuestros propios mundos y formas de vida para construir una subjetividad emancipada y terminar con toda dominación. Luchamos por crear un poder propio, autónomo y autogestionario […] Nuestro horizonte es libertario, incompatible con la moderación que requieren los poderosos para mantener sus privilegios […] La verdadera paz, con justicia y dignidad, es finalmente el objetivo más preciado de una revolución social y libertaria».vii

Justo desde este nuevo epítome, los leninistas extraparlamentarios han comenzado a impulsar las llamadas “asambleas territoriales” en un ensayo más por recuperar –en términos político-ideológicos– la (hasta ahora incontrolable) insurrección, ensayando un confuso guión con afinados matices demagogos que pone de manifiesto la poca recepción de su soflama entre las y los jóvenes protagonistas de la revuelta, evidenciando el nulo arraigo del marxismo leninismo en el nuevo no-sujeto subversivo (imposible de sujetar) que hoy incita a la insurrección a lo largo de la geografía chilena y, la urgente necesidad de camuflaje: la inmemorial estrategia del lobo disfrazado de abuelita asechando a Caperucita.

En este mismo tenor, reaparecieron en escena, los “marxistas revolucionarios”, autodenominados “comunistas internacionalistas”, aportando sus elucubraciones al groucho marxismo posmoderno. Y, como era de esperarse, no escatimaron a la hora de rechazar la farsa constituyente y reafirmar su repudio a toda la pestilencia parlamentaria, denunciando, de paso, el histórico oportunismo de los bolcheviques chilenos. Sin embargo, corroboraron coincidencias en torno a las llamadas “asambleas territoriales” promoviendo su proliferación.

Con tal objetivo, pusieron en circulación un nuevo comic intitulado “Ya no hay vuelta atrás”viii, editado a la sazón por el Grupo Comunista Internacionalista (GCI), que no ha dejado de sorprenderme por el estratégico reacomodo semántico del discurso en su reiterado afán de reclutar incautos en tiendas anárquicas.

Vale señalar el superlativo cinismo con que ha sido redactado el panfleto en cuestión, donde además de reconocer que «la rebelión del 18/10 fue espontánea, popular, masiva y anárquica» llegan a admitir, sin aparentes cortapisas, que «en esta nueva oleada global de rebeliones contra el sistema de dominación las insurrecciones ya no tienen por horizonte una “conquista del poder” (como se entendía desde las revoluciones burguesas: mediante la captura del poder estatal), sino que son verdaderas “insurrecciones permanentes” que desafían al poder»ix.

[¡Waooo! ¿dónde quedaron las tesis de orientación programática y aquel anhelo de instaurar la Dictadura del proletariado para la abolición del trabajo asalariado? ¿acaso abandonaron el dogma de la religión fundada por el mayor de los hermanos Marx y abrazaron entusiastas el desparpajo iconoclasta de Bakunin? ]

Ya ni mencionar la fastuosidad con que remarcan las diferencias entre «las revoluciones burguesas» y, «las verdaderas “insurrecciones permanentes”», echando mano de las teorizaciones contemporáneas del informalismo anárquico que tanto han criticado durante la última décadax.

Pero, lo que más me asombró del nuevo panfletillo del GCI, fue la reconceptualización que hacen de la idea de “clase”, introduciendo la noción de «clase/especie»xi en un intento desesperado –e increíblemente arbitrario– de subsumir dentro del concepto “proletariado” a toda la especie humanaxii. Aunque tampoco podemos soslayar el conveniente reajuste teórico que innovan en derredor de “la revolución social” como «una posibilidad para la humanidad de reconciliarse consigo misma, con los otros animales y con la naturaleza»xiii, en guiño desvergonzado a los partidarios del Frente de Liberación Animal (ALF) y al anarco-ecologismo radical nucleado en derredor del Frente de Liberación de la Tierra (ELF); ambas posturas muy criticadas en el pasado por este grupo marxiano que atribuía una “visión ideologizada”, propia del “desviacionismo pequeñoburgués”, a estos colectivos en lucha por la Liberación total y contra la domesticación de lo salvaje.

Pese a la absoluta desfachatez de su nuevo discurso cazabobos, lo verdaderamente preocupante es la evidente concomitancia de todos los clanes de ascendencia marxiana en torno al desarrollo de las “asambleas territoriales” como vehículo eficaz para la resolución de problemas y tareas (de “orden práctico”) de cara al futuro comunizador:

«lo que tenemos claro es que las asambleas territoriales son órganos creados a partir del 18 de octubre por las comunidades en lucha. Nuestro lugar es ahí, donde tendremos que por una parte discutir abiertamente con quienes abrazan más o menos conscientemente posiciones institucionalistas y socialdemócratas, que se expresan hasta ahora en un sentir mayoritario a favor de un “proceso constituyente”.»

«Pero no se trata sólo de eso: el mayor potencial de las asambleas territoriales, en la medida que mantenga su autonomía, actuando desde afuera y contra el Estado, tiene que ver con cuestiones y tareas de orden práctico (auto-defensa, alimentación, comunicaciones, cuidado de niñxs y adultos mayores) que habría que empujar hacia sus límites para poder plantear a partir de ellas los objetivos comunizadores.»

«Las asambleas son el espacio desde el cuál pueden surgir nuevas formas de relación social, que superen y manden al basurero de la historia a las relaciones sociales capitalistas. Se hace necesario coordinarlas a todasxiv (Subrayados míos).

Y ya que estoy encarrilado en esta reseña crítica de la producción panfletariaxv en el ámbito de la insurrección en la región austral, lamento no poder incluir en este texto el análisis de los neoblanquistas. Me comentan –algunos enterados– que el folletín del Comité (Central) Invisible sobre los acontecimientos en Chile, aún se encuentra en preparación. Todavía no están listas las acostumbradas traducciones simultaneas. Así que habrá que esperarse; aunque no se requiere demasiado ingenio para vislumbrar el total apoyo a las “asambleas territoriales” por parte de los adalides invisibles en su avidez “comunizadora”.

Seguramente recurrirán a los malabares semánticos y, de nueva cuenta, establecerán un falso dilema como aquél que urdieron entre “asambleas” y “campamentos”, instaurando diferencias inexistentes y cambiando un término por otro. Quizá en este momento recurran a su vieja circunscripción favorita, apelando a su adorable “comuna” e insistiendo en que “la autoorganización” de la vida cotidiana (alimentación, guarderías, infraestructura, enfermería, etc.) es el “paradigma del habitar” y que éste no se manifiesta en las asambleas generales pero, curiosamente, en la práctica, en todos los campamentos instalados en las plazas okupadas, era la asamblea –en nombre de la democracia directa– la que regía y determinaba el curso de los acontecimientos. Esto pudimos constatarlo en todas las rebeliones y protestas de los últimos años (el “movimiento piquetero” en Argentina, la “comuna” de Oaxaca, la “Primavera árabe”, el 15M español, Syntagma, “Occupy Wall St.”, Gezi…) y, por ello, su pronta recuperación sistémica.

Pero los neoblanquistas no sólo concordarán con los “marxistas sinceros” (como cariñosamente llaman a los militantes del GCI y a los sobrevivientes de la autonomía marxiana) e incluso, con los leninistas extraparlamentarios, en la “necesidad” de la extensión de las asambleas territoriales en Chile; en aras de la armonía ideológica; también coinciden con ese elenco en la añoranza por la Revolución («las insurrecciones han venido, no la revolución»xvi), considerando la insurrección una suerte de intentona “menor”, algo que aún no cuaja: «una brecha dentro del reino organizado de la necedad, la mentira y la confusión»xvii; el síntoma furtivo que puede hacer viable la posibilidad revolucionaria en las sociedades centrales y, con mayores oportunidades, en las sociedades periféricasxviii.

Las Islas felices

Si bien es cierto que no me tomó por sorpresa la cómoda articulación de los partidos neoplataformistas (anarco-comunistas) chilenos con el discurso político en favor de las asambleas territoriales –tampoco me extrañó que impulsaran desde los primeros momentos la propuesta de Asamblea Constituyentexix de la mano de leninistas y allendistas–; uno esperaba que desde los posicionamientos informales de la praxis anárquica contemporánea se insistiera más en una reflexión teórico-práctica renovada que refutara de manera contundente las inercias y los ritos democráticos, asumiendo que la práctica no admite caprichos ni miopías ideológicas, conscientes que el anarquismo no puede ser concebido como un ceremonial litúrgico ni como un axioma inmutable ni como una realización inquebrantable sino como tensión inconmovible, encarnada en una nueva forma de insurrección, distinta e incluso opuesta a la insurrección mecánica (tradicional) y a la insurrección orgánica (instrumental y de acuerdo a un programa) a la que quizás podríamos denominar insurrección permanente.

Sin embargo, algunos nucleamientos de la galaxia informal en Chile, le han apostado a las prácticas democráticas y han optado por avivar las asambleas territoriales; olvidando que la democracia bajo cualquiera de sus formas (representativa, asamblearia, directa, popular, etc.) es enemiga de la Anarquía. La potencia anárquica no radica en las asambleas sino en su aliento destructor manifiesto en miles de prácticas diferentes. En las asambleas se asfixia la responsabilidad individual, la libre iniciativa y el disenso, en busca del consenso se separa el verbo de la acción, se induce al inmovilismo, se neutraliza la insurrección.

Frente a estas desvirtuaciones, aspiré entablar un diálogo abierto y fraterno con

varios compañeros afines a la tendencia informal anárquica, de probada trayectoria insurreccional, con la intención de evitar a tiempo un desenlace contraproducente (la recuperación política de la insurgencia) y/o, lo que es peor, una profunda decepción que inmovilice por décadas el significativo avance del accionar insurreccional del anarquismo informal en la región chilena. Lamentablemente, muchas compañeras y compañeros ven con gran simpatía la función de las “asambleas territoriales” y la interpretan como una herramienta autónoma que da –o puede dar– atención de manera “autogestiva” a las tareas de orden práctico (alimentación, comunicaciones, servicios sanitarios, auto-defensa, etc.) a nivel comunitario.

Desde luego que entiendo que en la cotidianidad de la insurrección se manifiesten este tipo de inquietudes frente a las necesidades y urgencias comunitarias y que, como personas sensibles y solidarias que somos, queramos (o intentamos) darle solución, desdeñando todo lo aprendido de las experiencias pasadas y repitiendo los mismos errores de siempre.

Claro está, en todo esto, tenemos que reconocer que hay mucho de adulteración, deformación, asimilación, omisión y reacomodo, de la historiografía anarquista –particularmente anarcosindicalista–, que le ha otorgado a ciertos episodios de nuestra travesía sediciosa un aura mitológica y, esta visión distorsionada se ha prolongado hasta nuestros días con el telón de fondo y la referencia insustituible de la Revolución española de 1936.

Exactamente en este punto, quiero traer a colación una reflexión oportuna de los compañeros y compañeras que editan la revista Kalinov Most que subraya una carencia que comparto plenamente: «Aprendemos de experiencias pasadas, pero necesitamos actualizarlas»xx. Esa necesidad de “actualización” de la teoría pero, sobre todo, de la práctica anárquica, se hace evidente no sólo en la insurrección chilena sino en todas las revueltas mundiales donde de una manera u otra participan y/o inciden nuestros compañeros y compañeras. Evidentemente, dicha actualización sigue siendo nuestra asignatura pendiente.

En esta misma contribución del colectivo editorial de Kalinov Most –escrita desde las entrañas–, a modo de “raudo balance” de la insurrección generalizada contra el Estado chileno, donde predomina el corazón y las ganas de ser consecuentes con los principios anárquicos (mismos que recalcan una y otra vez en cada intento de respuesta ante las interrogantes que van surgiendo sobre la propia lucha), acto seguido de la reafirmación en torno a la necesaria actualización teórico-práctica, exponen: «Siempre hemos apostado a que nuestros medios se encuentren directamente acorde a nuestros fines, pues entonces, desde las proyecciones anárquicas informales y negadoras, nos permitimos soñar despiertos mirando el presente. ¿Cuáles son nuestros fines?»xxi. Y, aunque no dan respuesta directa a la interrogante, inmediatamente afirman: «Apostamos por la asociación entre pequeñas comunidades, que apoyen y aporten entre sí, sin estructuras estables por sobre los individuos, manteniendo la tensión permanente y el cuestionamiento permanente sin nunca creer en una realización ni final ni finalizada. Nuestras prácticas en el presente tienen que saber ir en esa dirección»xxii.

Empero, pese al reconocimiento consciente de que la Anarquía no es una realización sino una tensión permanente, esta declaración no responde a la necesaria “actualización” teórico-práctica que mencionaban anteriormente. Al apostarle a «la asociación entre pequeñas comunidades, que (se) apoyen y aporten entre sí» –lo que de hecho sí implica una realización–, no hacemos otra cosa que calcar al pie de la letra el “manual revolucionario” de 1936. Evidentemente, bastante trasnochado.

Visto desde la perspectiva que nos ofrece la distancia enorme que nos separa de aquellos hechos, la Revolución española parece haber sido el canto de cisne del anarquismo clásico; sin embargo, a pesar del impacto que produjo en el inconsciente colectivo de aquellos anarquistas la icónica frase de Durrutixxiii, no se demolió asaz –dejando en pié demasiados templos, puentes, almacenes, manicomios, fábricas, cárceles y cuarteles– ni se expropiaron los bancos ni se desmanteló la producción ni se destruyó el trabajo (pretendiendo que éste podía liberarse a través de las mismas cadenas de montaje capitalistas con sólo apoderarse de los medios de producción). Hoy, el desenlace de la Revolución española es bien conocido: la inmediata recuperación sistémica en manos del fascismo.

Con la asociación de pequeñas comunidades «que (se) apoyen y aporten entre sí», como plantea entusiasta Kalinov Most, a lo sumo se concretaría una confederación de islas felices que sin duda podría resolver las necesidades comunitarias inmediatas –mientras le muestra al sistema de dominación las fallas a corregir– pero, esos no son ni pueden ser los fines del anarquismo en el Siglo XXI.

Como bien expone nuestro compañero Costantino Cavalleri en su más reciente aporte en cuanto a «nuestras posibles deficiencias al no cultivar hoy (o descuidar) esos momentos-elementos que se asumen autogestivosxxiv» o «lo que podría resumirse como la posibilidad de construir momentos del futuro a partir de ahora, que sirvan de “inspiración”, de manera “educativa”, para la postrevolución o como “bases” para el futuroxxv»; definitivamente «NO EXISTEN LAS ISLAS FELICES dentro de este sistemaxxvi» (Mayúsculas en el original).

«La radiación atómica de Chernobyl, los vapores cancerígenos de Rumianca, las plagas de Piana di Ottana, la niebla contaminante de las fábricas y los motores, las micropartículas tóxicas de las bases militares, invaden nuestros huertos de papas, también penetran nuestros pulmones en cualquier supuesta isla a la que huyamos y, las relaciones demenciales de dominación-sujeción, de mando-obediencia, las frustraciones y opresiones, las limitaciones e imposiciones de todo tipo, propias de la sociedad del Estado-capital, nos rodean e impiden nuestra existencia»xxvii.

Debemos estar conscientes de la imposibilidad de las islas. Hoy no hay afuera. En nuestros días todo es adentro (es decir, al interior del Capital). Con sólo vivir reproducimos el sistema por mucho que nos esforcemos en evitarlo. Lo único que podemos autogestionar son nuestras miserias. El capitalismo global nos ha impuesto la noche perpetua. Pero, paradójicamente, la noche es nuestra mejor arma. Tendremos entonces que volver a accionar con la oscuridad de compañera, iluminando las noches con el fuego refractario del anarquismo insurreccional.

Peligrosas conjunciones político-ideológicas

Basta con leer entrelíneas algunos de los textos de elaboración reciente en el entorno de las luchas globales contemporáneas para ratificar que asistimos a una convergencia político-ideológica que evoca –melancólica– un útero compartido; una especie de “matriz revolucionaria”, una suerte de árbol común del que se presume que absorbieron nutrientes diferentes “ramas” teórico-prácticas que hoy (ante las condiciones “objetivas y subjetivas”) rastrean sus genes con la intención de revalidar su linaje.

De tal modo, neoblanquistas, marxistas posmodernos de toda calaña (incluidas las diferentes variedades leninistas) y, uno que otro engendro, concebido in vitro y criado en incubadora (léase anarco-populismo), hoy reclaman parentescos lejanos con la amplia y variopinta familia ácrata –teniendo en cuenta los contradictorios orígenes que se le achacan al anarquismo– en aras de la consanguineidad revolucionaria.

Fingiendo amnesia total, pretenden hacernos creer que ya dejamos de ser el “pariente incómodo” que nunca invitan a las fiestas, que jamás incluyen en la foto y siempre han repudiado con enjundia. Todo en busca de una “alianza” que permita el pujante desarrollo de “la lutte finale”.

Claro está, la sola reminiscencia de esta emotiva estrofa –creación del eterno huésped de Père Lachaisse– aún provoca sentimentalismos que hacen convulsionar a más de un quijote, lo que induce a diferentes capillas anarco-izquierdistas a prestar oído a estos llamados y actuar como acto reflejo, cerrando la puerta a cualquier reflexión medianamente consecuente.

Lamentablemente, hoy podemos identificar al interior de nuestra “galaxia” posturas ideologizadas que se autoproclaman placenteramente “izquierdistas” y, se dejan encandilar fácilmente por esta narrativa. Un connotado ejemplo son los frentistas compulsivos, que reiteradamente establecen alianzas con diferentes sectas ideológicas y/o las cofradías nacionalistas, en nombre de la Revolución, del anti-imperialismo, el anti-fascismo o el anti-capitalismo.

La ausencia de reflexión (la mayoría de las veces) y/o la visión distorsionada de la ideología, impide esclarecer el objetivo. Nuestro objetivo no es otro que la Liberación Total. La guerra anárquica –nuestra guerra– es por la Libertad y el único camino para alcanzarla es la Libertad misma. Conscientes que la Anarquía no es una realización sino una tensión permanente, no albergamos esperanza alguna en la “lucha final”. Cuando incitamos a la insurrección generalizada, lo hacemos impulsando la insurrección permanente: sin triunfos que alcanzar ni palacios que tomar.

Por eso, ante las profusas convocatorias a “la unidad”, las reiteradas invitaciones a “la suma de todas las fuerzas”xxviii y la inoculación de ansias “constructivistas”, tenemos que hacer oídos sordos. Penosamente, estos llamados en ocasiones afectan a muchos compañeros y compañeras y, les induce a integrarse a los proyectos más improcedentes y alejados de la perspectiva anárquica (el neozapatismo en Chiapas; la APPO en Oaxaca; las “policías comunitarias” en Cherán y Ostula; el “confederalismo democrático” del PKK en Rojava; la instauración del Estado Wallmapu, la defensa de la Wiphala, las aspiraciones independentistas en Hong Kong o Cataluña…), estimulando la recreación de proyectos insólitos, confundiendo nuestros pasos con un tributo a la tradición ajena condenado a la repetición eterna.

La necesidad de reabrir la cuestión insurreccional desde la perspectiva anárquica

Hoy que vemos recrudecerse las insurrecciones alrededor del mundo y advertimos la innegable interconexión entre las diferentes protestas, cabría preguntarnos si este “mal-estar” –esta suerte de rabia de la desesperanza que provoca las revueltas populares en todos los confines del planeta dando curso a la ira acumulada contra quienes gobiernan y, contra todos los partidos políticos sean del color ideológico que sean– ciertamente responde al impulso arrasador de una potencia anticapitalista y antiautoritaria, dispuesta a no dejar vestigio de la dominación o; concurrimos al ánimo de nostalgia generalizada que anhela el retorno a lo que ya no hay; es decir, que añora el Estado benefector, el capitalismo industrial y la sociedad del trabajo.

Sin duda, en lo más intrínseco de estas manifestaciones de nihilismo (donde se liberan y reinventan las pasiones sediciosas), surgen indicios de una nueva crisis civilizatoria desbordante de las coordenadas políticas y económicas del momento. En medio de esa urdimbre, también se incuba el germen del caos y urden esos efímeros intantes de Anarquía. Empero, no toda manifestación nihilista converge siempre en una acción anárquicaxxix. Si la multitud que protagoniza las actuales manifestaciones de nihilismo ansía recuperar la “normalidad”, regresar a “lo malo conocido” y que le devuelvan su viejo rol de esclavo asalariado, enfrentamos el inminente peligro de la madurez del huevo de la serpiente: la propagación del populismo (más allá de cual sea su tendencia) y su consolidación a escala global. Y, ante esta perentoria amenaza debemos de mantenernos en estado de alerta y, en pie de guerra permanente.

¿Cómo afrontar esta contingencia desde el anarquismo? Modestamente, considero que con más anarquismo, es decir, desde la insurrección permanente, con mayor profundización teórica y con más praxis; con una práctica consecuente que nos desborde y permita reflexionar a cada paso y elaborar más teoría congruente con los tiempos.

La única respuesta a esta y todas las adversidades es y será siempre más y más anarquismo. Hacer anarquismo cotidiano, o sea, continuar asaltando lo existente por todos los medios –como nos recuerda Jean–, “sin inmutarnos por quienes nos silencian” y; ofrecer lo más sublime que podemos brindar: el goce de la insurrección, poniendo en práctica nuestra voluntad destructora, incrementando la potencia anárquica más allá de las “islas felices” y los espacios de sobrevivencia (siempre e invariablemente en vías de recuperación del sistema de dominación), radicalizando las manifestaciones de nihilismo, es decir, superando su pureza impotente y contagiándolas del deseo de libertad pero sin quedar atrapados en el desgaste de la ofensiva innocua reduciendo nuestra guerra al sometimiento a las órdenes de los especialistas y a la lógica autoritaria de la lucha armada.

Tendremos que ser capaces de destruir el trabajo desde la consecuente ilegalidad: «con la palabra, con la letra impresa, con el puñal, con el fusil, con la dinamita…»xxx. Si logramos concretar nuestra guerra, no será por la trillada transformación de la realidad, sino tendrá que ser por su demolición total. De ahí la urgencia de replantearnos la cuestión insurreccional, asumiendo la insurrección no tanto como objetivo –y mucho menos como un ruido de temporada– sino como causa, es decir, como cimiento de la tensión anárquica.

Si frente a esta resolución recibimos descalificaciones, insultos y burlas, sabremos que hemos elegido un buen camino acorde con los principios; la ruta que nos permitirá apropiarnos de nuestra vida y vivirla a plenitud, en absoluta e irrestricta libertad.

Gustavo Rodríguez,

Planeta Tierra, 18 de febrero de 2020

(A tres meses de iniciada la insurrección en territorio chileno)

i Dorfman, Ariel, Adiós al oasis chileno. Disponible en: https://www.proceso.com.mx/612865/adios-al-oasis-chileno (Consultado el 6 de enero de 2020).

ii Dorfman, Ariel, Chile: juventud rebelde, FCE, Colec. Vientos del Pueblo, México, 2019.

iii Vid, V. I. Lenin., Capítulo II, “La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia”, en ¿Qué hacer?, recogido en Obras completas de V.I. Lenin, Tomo 6, Editorial Progreso, Moscú, 1981.

iv Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo/Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres, 11º Comunicado conjunto: la rebelión de los colgados, volante impreso, Chile, 1 de Enero de 2020.

v Ibídem.

vi Id.

vii Id.

viii Grupo Comunista Internacionalista (GCI), Ya no hay vuelta atrás, Boletín de reflexiones en torno a la revuelta, Número 1, diciembre 2019.

ix Ibídem.

x Vid., Proletarios Internacionalistas, Crítica de la ideología insurreccionalista, Ediciones Comunidad de Lucha, 2012.

xi Op.Cit., GCI, Ya no hay vuelta atrás.

xii Resultan insuficientes la incorporación y el auxilio teórico de categorías incluyentes que resuelvan las limitaciones y estrecheces de la visión marxista. Nos queda claro que el Poder y la dominación política son anteriores a la explotación económica en cualquiera de sus definiciones. Precisamente por eso, la guerra antiautoritaria, y no la de clases (es decir, la lucha permanente contra el Poder y la dominación), ha sido el motor de la historia. Esa es la tesis fundacional del anarquismo y el meollo de su cuerpo teórico-práctico, asumiendo la Anarquía como praxis de enfrentamiento permanente contra el Poder y no como expresión radical de la lucha de clases.

xiii Op.Cit., GCI, Ya no hay vuelta atrás.

xiv Ibídem.

xv A propósito de la producción panfletaria en la región chilena en derredor de la insurrección generalizada, no puedo pasar por alto otro baldón de pretendida manufactura “ácrata” que ha provocado (desde la primera página) todo mi asombro. Se trata de una butifarra a mitad de camino entre la literatura de ficción (las historietas de zombis) y el revoltijo ideológico de la nomenclatura “anarco-leninista” contemporánea. Este engendro, cargado de conspiraciones paranoicas en la misma tónica del Nostradamus bolivariano (senador Navarro), está firmado por los Núcleos Antagónicos de la Nueva Guerrilla Urbana y, definitivamente, requiere el concurso de nuestras modestas reflexiones pero, de momento, seguiremos debiéndonoslo por lo que queda pendiente un texto mucho más extenso con estas intenciones. Vid. “Sobre fantasmas insurreccionales y banderas falsas”, disponible en: https://vozcomoarma.noblogs.org/files/2019/12/Fantasmas-Insurreccionales-Lectura.pdf (Consultado 11/02/20).

xvi Comité Invisible, A nuestros amigos, Pepitas de calabaza ed., Logroño, Estado español, mayo 2015, P.12.

xvii Ibídem, contraportada.

xviii La Revolución francesa y la Comuna de Parí﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽a de Parn revolución esís de 1871, siguen siendo el canto de cisne del blanquismo contemporáneo –léase Comité (Central) Invisible. Por eso sus “novedosos” planteamientos siempre nos huelen a viejo.

xix «[…] El viernes 25 de octubre, más de 2 millones de personas marcharon por todo Chile y el Wallmapu llamando al Presidente Piñera a renunciar y en favor de una Asamblea Popular Constituyente […] En todo Chile, lentamente pero sin pausa, pujan por consolidarse decenas de Asambleas Territoriales, Cabildos, Onces y Ollas comunitarias. Se están recuperando formas de organización históricas de nuestra clase, se hurga en la memoria para levantar los cimientos de una nueva institucionalidad que brota de la rabia y la protesta si; pero que también es profundamente constructiva y de anchas miras. Lograr el adecuado oxígeno y tareas, la coordinación y planificación y la necesidad de una amplia unidad popular desde abajo serán las tareas del momento[…] La agenda, las tareas del momento y las perspectivas emancipatorias las tiene que poner el pueblo trabajador, en la calle. Pero también en cada lugar de trabajo y estudio. Generando y promoviendo Asambleas democráticas en cada territorio que debata las iniciativas y construya un programa de reivindicaciones a corto, mediano y largo plazo […]¡SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO CHILENO QUE SE LEVANTA Y LUCHA! ¡POR LA CONSTRUCCIÓN, GENERALIZACIÓN Y COORDINACIÓN DE ASAMBLEAS TERRITORIALES QUE DEBATAN UNA VERDADERA ASAMBLEA POPULAR CONSTITUYENTE PLURINACIONAL Y FEMINISTA! ¡POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD! ¡ARRIBA LXS QUE LUCHAN! Primeras firmas: Solidaridad (Chile), Acción Socialista Libertaria (Argentina), Federación Anarquista Rosa Negra (Estados Unidos)» . Mayúsculas en el texto original.

Disponible en: http://www.anarkismo.net/article/31688 (Consultado 14/02/2020).

xx Kalinov Most, Más de dos meses de revuelta contra el Estado de Chile: raudos balances, instintivas proyecciones y permanentes negaciones, región chilena, enero 2020, P.12. Disponible en: https://es-contrainfo.espiv.net/2020/01/15/mas-de-dos-meses-de-revuelta-contra-el-estado-de-chile-raudos-balances-instintivas-proyecciones-y-permanentes-negaciones/ (Consultado 14/02/2020).

xxi Ibídem, P. 13.

xxii Id.

xxiii «Las ruinas no nos dan miedo […] no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante.»

xxiv Cavalleri, Costantino, Approfondimenti di un discorso isolato?, artículo inédito, fechado febrero 2020, de próxima aparición en la revista NurKuntra Nro. 6, Cerdeña.

xxv Id.

xxvi Id.

xxvii Id.

xxviii Curiosamente en la rama estática de la física, la suma de todas las fuerzas es igual a cero cuando un sistema se encuentra en equilibrio, es decir, cuando no tiene modificación o perturbación alguna [∑ F=0, primera ley de equilibrio (Newton)].

xxix Para el sistema de dominación toda acción anárquica es una manifestación nihilista; sin embargo, la manifestación nihilista no es otra cosa que el estallido de la rabia de la desesperanza que deposita todas sus esperanzas en la destrucción purificadora apostándole a la nada, de ahí su inherente impotencia.

xxx Kropotkin, dixit.

Más de dos meses de revuelta contra el Estado de Chile: Raudos balances, instintivas proyecciones y permanentes negaciones

Escrito contenido en la revista Kalinov Most.


“La pasión por la destrucción es también la pasión creadora” -Mijail Bakunin-

“La insurrección es una fiesta. El ruido de su derrota nos divierte”- Fuerzas Autónomas y Destructivas León Czolgosz-

El avance de la revuelta: Días y meses en el combate

La revuelta que sacude a la región chilena sigue sin interlocutores válidos ni una dirección que la guíe. Continúa acéfala, autoconvocada, caótica y destructiva… imparable, a pesar de lxs muertxs, heridxs, mutiladxs y lxs casi 2.000 mil presxs que repletan aún más las cárceles de todo Chile. La chispa comenzada por una estrategia de evasión masiva al tren subterraneo en respuesta a una nueva alza del pasaje, cristalizó la continuidad de luchas y métodos contra el poder, desatándose con toda la fuerza y vitalidad un 18 de octubre.

Las constantes réplicas del terremoto que significó los primeros días de la revuelta se repiten diariamente en mayor o menor intensidad, expresadas en audaces ataques a comisarías, símbolos del capitalismo y en los duros enfrentamientos con carabineros. Aunque se perciba un cierto desgaste (normal y entendible después de más de 80 jornadas de combate), la violencia contra el poder goza de buena salud, legitimándose como la principal herramienta para quebrar con todo lo impuesto en sectores que hasta hace poco la condenaban. Esto último junto con la inexistencia de una conducción definida, creemos que representan, de una u otra forma, los ingredientes principales que han llevado a que la revuelta permanezca incontrolable.

La presencia anárquica en los distintos escenarios del enfrentamiento es clara y notoria desde el primer día, ¿cómo no serlo, si es la expresión desbordada y masiva de las prácticas transgresoras que se han llevado a cabo e intentado que se repliquen desde hace años? ¿Cómo no serlo, si es una revuelta incontrolada y sin una dirección centralizada? ¿Cómo no serlo, si está en directa sintonía con nuestros constantes llamamientos y acciones de propaganda? La revuelta es parte de nosotrxs porque somos parte de ella; nos sentimos completamente cómodos y felices en su vorágine destructiva intentando extenderla y agudizarla allí donde podamos y cómo podamos, alejadxs y contrarixs a cualquier expresión que pretenda domesticarla y/o conducirla.

Durante estos meses de revuelta, hacemos la pausa, respiramos tomando una gran bocanada del aire aun intoxicado con gas para sacar algunas cosas en limpio, colectivizar nuestras evaluaciones, proyecciones y por supuesto, nuestras negaciones.

Violencia callejera y represión

Esta revuelta ha mostrado ser un cambio, pero también una continuidad en las formas de expresión y desafío al mundo del poder. Hemos podido observar una masificación en el ejercicio de violencia contra estructuras del poder (instituciones financieras, partidos políticos o símbolos del poder) y por supuesto contra sus distintas fuerzas de choque (militares, carabineros, detectives e intentos de bandas parapoliciales representadas por los chalecos amarillos (1)).

Estas expresiones generalizadas han echado mano a la amplia trayectoria de combate que, si bien, no comenzaron un 18 de octubre, se han sabido innovar al calor del conflicto, modificando estrategias ofensivas. A modo de ejemplo, el uso sistemático y masivo de escudos solo fue necesario en respuesta a la enorme cantidad de perdigones y lacrimógenas disparadas a la cara y el cuerpo con el saldo ya conocido a nivel mundial de mutilados y heridos. Al mismo tiempo la multiformidad se ha vuelto a expresar en el aporte que cada cual hace según sus capacidades al combate. Ejemplos de estos son desde quienes utilizan punteros laser para cegar a la represión, quienes destruyen el pavimento para sacar piedras, hasta quienes entregan alimento y agua a lxs que llevan horas de enfrentamiento. Todo esto organizado de forma completamente informal y al calor de la lucha y la calle.

La violencia política que se ha adquirido está validada y completamente legitimada durante estos días, llegando incluso a un romanticismo a la “primera línea” que más de alguna suspicacia nos puede generar debido a la exaltación heroica de determinados roles al interior de la revuelta que podrían derivar en fetichismos y lógicas de vanguardia militarista.

Así se pasó de enfrentamientos descentralizados durante los primeros días a combates circunscritos principalmente en el centro de Santiago y distintas zonas centrales de poblaciones o plazas y ciudades a lo largo de Chile. Batallas que muchas veces se tornan en combates por terrenos ganados y/o perdidos a la represión.

Los protagonistas son diversos, no fantaseamos con un rol estelar, único y excluyente de la tendencia anárquica. En la calle hemos visto tras las capuchas, antiparras y máscaras antigases la variedad de quienes alimentan la revuelta, lo cual no va a contracorriente de la caracterización anárquica que hacemos de la revuelta: contraria al poder, sin líderes y forjando relaciones horizontales de apoyo mutuo y solidaridad. La sensación de protesta o denuncia petisionista claramente es superada por aquella sensación de querer cambiarlo absolutamente todo, un sentir que si bien puede ser efímero y no sabemos cuánto durará, es el oxígeno de la revuelta estos días.

La represión recoge parte de su propio hilo y memoria de la historia con prácticas y métodos desde la dictadura, mostrándonos la evidente continuidad. Ampliamente han sido difundidas varias tácticas represivas que van desde las detenciones, golpizas, torturas, violaciones, abusos sexuales, mutilaciones de ojos hasta las muertes en las más distintas circunstancias (desde balazos, golpizas, muertos que son lanzados a negocios incendiados para hacerlos pasar por “saqueadores” o atropellos y asfixiados por los gases).

Desde el Estado observamos angustiosos y desesperados llamados a la paz y la unidad de los chilenos. Una estrategia de pacificación que hasta ahora no ha dado resultado alguno de forma masiva, sin conseguir imponerse a la rabia y la negación de la normalidad resquebrajada. Una campaña de paz continuamente ridiculizada por todxs, donde simplemente ya nadie cree ni espera algo de los poderosos. Por su parte todos los partidos políticos llegaron al consenso absoluto para despachar una serie de leyes represivas que ya están siendo aprobadas en la maquinaria administrativa.

Aprendiendo de la historia, esperamos desde la izquierda una estrategia de recuperación de la revuelta, llevándola a demandas negociables, a líderes o protagonismos de organizaciones. Esta estrategia se ha intentado fraguar sin éxito desde el conglomerado de “Unidad Social”, grupo que reúne a distintos sindicatos y organizaciones políticas. A pesar de sus tristes intentos de ponerse a la cabeza de las manifestaciones, la calle sencillamente hace oídos sordos y se mueve con indiferencia. Hoy, si Unidad Social llama al desarme de la revuelta y volver a la normalidad, sencillamente nadie escuchara. Lo que no quiere decir que lxs revoltosxs, no aprovecharan cualquier llamado a paro u otra convocatoria para congregar las fuerzas en más y más combates.

Al calor del combate y vinculado directamente con la revuelta han surgido formas de asociarse en los territorios. Polémicas y contradictorias, las asambleas territoriales se han vuelto un lugar común para discutir nuestras proyecciones, formas de vida y de asociarnos en la ruptura con el viejo mundo.

¿Nuevo germen en la revuelta? Asambleas territoriales

Las asambleas territoriales, nacidas en la revuelta, hoy se presentan, por un lado, como interesantes iniciativas donde es posible llevar a cabo experiencias de autoorganización en diversos ámbitos, iniciando y fortaleciendo procesos de autonomía territorial en muchos sectores, poblaciones y barrios de todo el país. Sin embargo, por otro lado, dichas asambleas, en su gran mayoría, demandan la creación de una asamblea constituyente que de origen a una nueva constitución que reemplace a la existente desde 1980. Grupos políticos, movimientos sociales y sindicatos que desde hace años vienen abogando por la asamblea constituyente, aprovechándose de la coyuntura, intentan posicionar dicha demanda como la única y la principal, lo que, evidentemente, representa una salida pacífica y ciudadana a la revuelta que se traduce en la refundación y, por lo tanto, el fortalecimiento del Estado.

De igual forma nos encontramos con algunas tendencias políticas que buscan transformar las asambleas en consejos autónomos donde recaiga el poder a la hora de organizar (o suplantar) la “nueva sociedad”, como también otras líneas que buscan transformarlas en instancias de transición antes de un gobierno de los trabajadores.

En esto punto es necesario aclarar y señalar con vehemencia que ningún grupo, asamblea, federación u organización anarquista se encuentra levantando o apoyando la demanda de la asamblea constituyente. Ni una expresión del mundo anárquico percibe en la actualidad que una nueva constitución represente una salida válida o un triunfo de la revuelta, como equívocamente se ha esgrimido en un escrito difundido en las últimas semanas. Es más, todas éstas se han posicionado explícitamente en contra de la vía constitucional.

Si compañerxs anarquistas se encuentran participando activamente en asambleas territoriales (como efectivamente lo hacen) es para levantar iniciativas de satisfacer nuestras necesidades y autoorganización en diversos sentidos con el propósito de intentar prescindir del Estado y del capitalismo para la resolución de las necesidades, teniendo claro que nos encontramos en una situación de opresión donde es imposible escapar de los tentáculos del poder. Es para propagar y llevar a cabo dinámicas antiautoritarias allí donde se pueda, y no para demandar una nueva constitución, un nuevo colegio o un nuevo consultorio. En definitiva, la participación en las asambleas territoriales se enmarca en la búsqueda permanente de apropiarnos de nuestra vida, de tomar el control de ésta, experimentando con otrxs, sean o no afines, maneras de relacionarnos alejadas y contrarias a las impuestas. En este sentido, como anarquistas nos involucramos desde nuestra posición basada en la conflictividad permanente y la búsqueda de la libertad individual, por lo que no vamos a remolque de las asambleas ni nos confundimos con caminos que no son los nuestros, entendiendo también que estas instancias no son algo acabado y que, con el transcurso del tiempo, pueden adquirir ribetes autoritarios e institucionales, momento en el cual nosotrxs estaremos en la vereda del frente.

No está la última palabra dicha: Los escenarios están abiertos

Este álgido, masivo y dinámico panorama sin líderes, sin petitorios concretos y aún no recuperado por el sistema, ha sido el escenario en que nos hemos movido y vivido estos últimos meses. Continúa ininterrumpido aunque su intensidad varíe según los acontecimientos y el desgaste provocado por la represión.

Intentando no acomodar los hechos a concepciones preestablecidas, es que cuestionamos constantemente nuestras conclusiones confrontándolas con visiones de otrxs compañerxs, de otras tendencias subversivas y con lo que está ocurriendo en la calle. Por ningún motivo queremos caer en fantasías autocomplacientes o ridículas teorías conspirativas que ven montajes en todas partes. En este sentido, resulta necesario señalar que dentro de la revuelta no todo es rechazo y destrucción de lo establecido, existiendo en ella grupos y movimientos sociales que son parte de la institucionalidad y muchos otros que, si bien no lo son, buscan ser parte de ésta. Sin embargo, a pesar de sus múltiples y constantes intentos, las expresiones ciudadanas e institucionales no han logrado conducir, centralizar y/o pacificar la revuelta. Fracaso que se evidencia de manera permanente y se pretende extender hasta un punto de no retorno por parte de diversos grupos anarquistas mediante expresiones propagandísticas – de todo tipo y en diferentes ámbitos – que apuntan al poder y sus tentáculos como el enemigo a destruir.

Construyendo caminos de destrucción: Evaluaciones, proyecciones y negaciones

Este periodo de revuelta ha sacado a la luz nuestras debilidades, las cuales llevan manifestándose hace varios años pero que en el actual contexto se hacen notar con mayor claridad. Por un parte, la falta de articulación, coordinación y comunicación entre grupos y entornos anárquicos, especialmente entre los que apostamos por la informalidad y la confrontación permanente, provocó, entre otras cosas, que no se lograran llevar a cabo interesantes iniciativas de envergadura, especialmente en los primeros días de la revuelta (18, 19 y 20 de octubre). Una coordinación sólida, que se viniera forjando previamente, hubiera podido abrir nuevos caminos de enfrentamiento en un contexto de desborde generalizado donde todo era posible, donde todo se encontraba a la mano. El Estado se caía y había que ayudar a darle el golpe de gracia. Agudizar la ofensiva, ocupar espacios, entre otras muchas cosas eran posibles de haber realizado y potenciado, y para ello, pensamos, resulta indispensable generar canales efectivos de comunicación y articulación entre quienes luchamos por la destrucción de poder.

Relacionado con lo anterior, la falta de espacios anárquicos donde nos podamos reunir y levantar actividades agravó dicha inconexión. El contar con lugares estables no solo podría haber ayudado a intentar generar instancias de reunión (a pesar de la poca y débil comunicación que existe) sino que también hubiera servido para llevar a cabo acciones de propaganda, acopio de insumos, etc. En fin, las posibilidades de incidir y transgredir en los territorios se hubieran ampliado considerablemente de haber existido dichos espacios, aun existiendo la incertidumbre sobre el comportamiento de la represión para con esos hipotéticos espacios.

No obstante, en la revuelta hemos visto una reafirmación de las prácticas y planteamientos que desde hace años venimos propagando y por las que muchxs compañerxs han pasado y aún se encuentran en prisión. Nos referimos a la apuesta por la destrucción aquí y ahora de lo que nos oprime, a la confrontación incontrolada y permanente, a la extensión y cualificación de la lucha callejera, en definitiva, a todo lo que hemos podido vivir y apreciar en estos últimos meses de manera masiva e ininterrumpida. Creemos que la conflictividad anárquica constante ha dado frutos, percibiéndose en la lucha callejera y salvaje que han dado lxs estudiantes secundarixs en los últimos años, la cual se ha caracterizado por el innegable sentido anárquico reflejado en sus discursos y prácticas. Esta lucha de lxs secundarixs, sin pausas y cada vez más álgida, fue el antecesor directo del estallido del 18 de octubre y en eso, creemos, no hay dudas. Las evasiones convocadas, alentadas y protagonizadas por éstxs fue el desencadenante inesperado de la revuelta que estamos viviendo, evasiones que, por cierto, fueron precedidas por meses de enfrentamiento con la policía, principalmente por parte de los estudiantes del Instituto Nacional, liceo emblemático ubicado en el centro de Santiago.

Que la revuelta continúe caótica y acéfala se debe a múltiples factores y circunstancias que de ser analizadas excederían por mucho los límites de este texto, sin embargo la fuerte presencia anárquica que apuesta por la extensión y la agudización de la revuelta, ha jugado un importante papel en la fracaso de los sectores que intentan pacificarla y conducirla. Los planteamientos ácratas expresados y materializados en la lucha callejera y en los demás escenarios de esta revuelta, han cuajando casi de forma armónica con la espontaneidad destructiva de las turbas enardecidas, lo que, en parte, ha impedido que se logre conducir este desborde.

En relación a lo anterior, vemos como una fortaleza el que la totalidad de los entornos anárquicos informales no se hayan obnubilado con pretensiones vanguardistas ni con ridículos intentos de formar una gran organización que sea capaz de conducir la revuelta, como lo plantean transnochados ex militantes de grupos político miliares de extrema izquierda que añoran un pasado en donde ellos eran los conductores y los canalizadores absolutos de las voces transgresoras. Lxs anárquicxs, creemos, hemos entendido muy bien que somos uno más dentro de esta revuelta, ni por debajo ni por encima del resto y que el luchar por extenderla no significa que la queramos dirigir, por el contrario, significa, entre otras cosas, combatir a quienes intentan conducirla porque sabemos que de ser así sería el fin de la revuelta.

La situación de lxs compañerxs en prisión antes de la revuelta se encontraba agitada por posibles traslados e imposición de leyes que obstaculizaban aún más su salida a la calle. Es real que durante la revuelta las prisiones no fueron escenarios de levantamientos, pero también es real que sacar a nuestros presxs siempre ha sido una prioridad en todas las revueltas, esta no tiene que ser la excepción, por la sencilla razón que son quienes nos faltan en la calle.

Los aprendizajes y las interrogantes son múltiples y se suceden en cada jornada de enfrentamiento, en cada descanso al calor de las barricadas o caminatas a lo largo de la ciudad. Las discusiones y especulaciones sobre los posibles escenarios pareciera que no paran y se reproducen en cada conversación entre lxs compañerxs durante algún fortuito encuentro o en medio de alguna actividad en los distintos territorios. Son estas apresuradas lecciones las que nos interesa colectivizar a compañerxs de todos los territorios y contextos, lecciones que se transforman en nudos de discusión sobre las posibilidades del conflicto aun en curso.
Desde las tendencias informales de la anarquía hemos venido levantando desde hace años la necesidad de la libre asociación y los grupos de afinidad, los hemos llevado a la práctica en distintas dimensiones del conflicto, por parecernos ésta la forma de organizarnos más coherente y cómoda con nuestros planteamientos permitiéndonos potenciar nuestras individualidades en el colectivo, sin estructuras que nos limiten o fuercen, uniéndonos en la sincera voluntad.

Durante el desarrollo de la revuelta, múltiples son las iniciativas territoriales de propagar tanto el conflicto como la autonomía, desde barrios, poblaciones, villas o comunas donde han tomado cuerpo dichos empujes. La dimensión territorial adquiere una importante fuerza tanto para enfrentar al Estado y su control como también para levantar iniciativas de sobrevivencia antagonistas al viejo mundo. Entonces, nos queda la pregunta ¿Cómo conjugar la afinidad con las perspectivas territoriales donde la unión radica principalmente en la ubicación geográfica? ¿En qué punto se intersectan y en cuales se distancian? ¿Podemos desentendernos de las iniciativas territoriales o entregar todas nuestras fuerzas únicamente en estos espacios? Estas son algunas preguntas que no se encuentran encapsuladas en discusiones teóricas, sino que se transforman en dudas sumamente prácticas del día a día durante la revuelta.

En ese sentido, preguntas como éstas o las posibilidades de autogestión y autonomía cuando el Estado se resquebraja, nos llevan a los debates de fondo sobre las proyecciones anárquicas. Es en la revuelta que nos hemos dado cuenta que aquellos debates que muchas veces rehuíamos, ya que nos parecían cargados de promesas de revoluciones futuras, son en realidad vigentes cuando los vemos en la óptica del conflicto permanente. El pulso de la revuelta y el conflicto lo dice, lo pide.

Entre quienes buscamos la efectiva destrucción del poder y no solo una dinámica de protesta rutinaria, surge la necesidad de experimentar las posibilidades reales de vivir antagónicamente al Estado, destruyendo al Estado. Cuándo todos los supermercados del sector están saqueados; Cuando gran parte del transporte se encuentra saboteado; Cuando los servicios del Estado-Capital simplemente no funcionan; Cuando la estructura de la ciudad está destruida y su funcionamiento es a penas intermitente ¿Cómo satisfacemos nuestras necesidades?¿Con quiénes?¿Entre quienes? ¿De qué forma?

Es en este punto que volvemos a la esencia de la lucha anárquica con la praxis destructiva/creadora. Entendemos que la destrucción y creación simplemente ocurren al unísono, no pueden ser comprendidas como dos etapas distintas, sino que se desarrollan como un ejercicio simultáneo. A más profundidad, el/la joven que decide destruir una sucursal financiera no solo está rompiendo un par de vidrios o reduciendo a cenizas aquel local, sino que también de forma paralela, además de destruir el símbolo, construye una forma distinta de entender la violencia, la normalidad, la urbanización, la vida y la forma de enfrentar la opresión. Somos clarxs, no se trata de vidrios más o vidrios menos, sino de relaciones sociales y estructuras de dominación, pero en ese sentido la revuelta genera disposiciones, voluntades, creatividades, imaginación y una vitalidad desconocida en el mundo del poder. Lo hemos sentido y vivido en carne propia, en conversaciones, en diálogos y en vínculos.

Desde el acto individual hasta el desarrollo de una revuelta generalizada, la destrucción de estructuras materiales y el resquebrajamiento de las relaciones de autoridad, traen en sí misma la creación, casi instintiva, la negación del presente y las posibilidades de nuevas formas de entender el mundo. Es en este terreno que necesitamos fortalecer las posibilidades que de ahí emanen llevándolas a la praxis, a la materialización para sobrevivir y atacar.

Siempre hemos realizado una crítica destructiva a las burbujas de libertad, y ésta no será la excepción. Aun así entendemos que en los escenarios de revuelta generalizada, de fractura y trizadura del Estado, es el propio enfrentamiento el que nos devuelve la pregunta sobre ¿Cómo resolver nuestra vida en el cotidiano de forma antagónica al poder? Sabemos que la respuesta no se encuentra en una vida alternativa y en coexistencia, sino que en la gestación de experiencias combativas y en abierta oposición al mundo del poder. Discusiones sobre apostar por el control territorial de pequeñas comunidades multiplicables y en enfrentamiento con el poder, son parte de algunas conversaciones al calor de la revuelta. Aprendemos de experiencias pasadas, pero necesitamos actualizarlas.

Siempre hemos apostado a que nuestros medios se encuentren directamente acorde a nuestros fines, pues entonces, desde las proyecciones anárquicas informales y negadoras, nos permitimos soñar despiertos mirando el presente ¿Cuáles son nuestros fines? Apostamos por la asociación entre pequeñas comunidades, que se apoyen y aporten entre sí, sin estructuras estables por sobre los individuos manteniendo la tensión permanente y el cuestionamiento permanente sin nunca creer en una realización ni final ni finalizada. Nuestras prácticas en el presente tienen que saber ir direccionadas en aquel sentido.

La revuelta nos abre continuamente nuevas discusiones, no son diálogos cerrados, ya que estamos viviendo el proceso de forma vigente y viva. Nos volvemos a preguntar cuáles son los límites de la revuelta y cómo transformarla en el colapso total del Estado y el régimen de autoridad, cómo echar por tierra lo establecido. La revuelta nos refleja nuestros propios límites, no aquellos que hablan de la falta de una organización específica, estructura, planteamientos y formas de funcionar, sino los que se refieren a nuestras capacidades de derribar el viejo el mundo, como también a la expansión y defensa de expresiones antiautoritarias.

¿Qué más podemos hacer? ¿Qué más podemos dar? La calle no ha dejado de arder y el conflicto adquiere un ritmo propio donde se cualifica y masifica. Lejos de querer o añorar partidos armados para devolver los golpes, descansando en esas estructuras, creemos que las revueltas tienen fuerzas y ritmos propios, y quizás las revueltas en pleno siglo XXI, tengan dinámicas que estamos recién explorando y conociendo. Punto aparte se merecen aquellos que tristemente ven la mano estatal detrás de los inicios y el desarrollo de la revuelta tildando la realidad que vivimos como un “simulacro de insurrección”, posturas cargadas de derrotismo y una visión higiénica y estructurada del desarrollo de una revuelta. Análisis que simplemente quedarán recordados como anecdóticos y perdidos entre el fuego de la revuelta, la destrucción a símbolos del poder en uno de los procesos políticos e históricos más importantes de los últimos años bajo el dominio del Estado Chileno y a nivel mundial en cuanto a la experiencia anárquica.

Hoy las calles siguen ardiendo, cientos de ojos continúan siendo cegados por los sicarios de uniforme, la sangre sigue tiñendo las murallas de las comisarías y cientos de prisionerxs enfrentan por primera vez la cárcel. El olor a bencina, gas lacrimógeno, el ruido de los estallidos, el color del fuego entre los laser se sabe mezclar con restos de estatuas y monumentos regados por el suelo. Cada día, en cada lugar es una nueva jornada de revuelta aun cuando el agotamiento muestra sus efectos y los combates son más episódicos. Hoy el poder no consigue imponer el orden ni la normalidad absoluta, mientras que lxs insurrectxs tampoco hemos conseguido dar vuelta completamente el tablero. Los escenarios siguen abiertos y desarrollándose en este mismo momento, mientras escribimos estas palabras van surgiendo nuevas iniciativas de insubordinación e insurrecta desobediencia.

Seguimos con todo y apostando por el todo
Porque la revuelta está viva: ¡Viva la revuelta reproducible y contagiosa!

-Kalinov Most/Región chilena.
Enero 2020

(1) Chalecos amarillos que nada tienen que ver con los franceses. Como se señala, grupos de ciudadanos organizados han decidido proteger las infraestructuras del capital y del Estado en sus barrios, y como distintivo han utilizado dicho atuendo.

(Chile) Reflexiones acerca de plantear perspectivas anárquicas contra la devastación

Reflexiones desde compas chilenos, sobre la intervencion desde una perspectuva anarquica contra los diversos proyectos productivos del avance civilizatorio. Es importante el debate de esto entre los compas de Mexico, ya que en diversas zonas se vienen implementando varios mega proyectos, por lo regular muchas de estas luchas se ven mediadas aqui por ONGs y colectivos de orientacion ciudadana, democratica y de izquierda que no hacen una critica global contra el Estado, la tecno industria y la civilizacion y acaban perpetuandose en luchas reformistas. Por otro lado aun sin sostener un proyecto radical, demasiados activistas ecologistas son asesinados por el gobierno y sus sicarios, en su mayoria indigenas y campesinos.

¡Liberacion de la Tierra!    ¡Liberacion Total!


DEFORESTACIÓN

ALGUNAS REFLEXIONES ACERCA DE PLANTEAR PERSPECTIVAS ANÁRQUICAS CONTRA LA DEVASTACIÓN: INFORMALIDAD, APOYO MUTUO Y PROYECTUALIDAD

«Por supuesto: nuestra querida civilización de la cual estamos tan orgullosxs. Hemos abandonado la vida libre y feliz de los bosques por esta horrenda esclavitud moral y material. Y por ellos nos comportamos como maniáticos, neurasténicos, suicidas. ¿Por qué debería importarme que la civilización haya dado alas a la humanidad para volar y así poder bombardear las ciudades, porque debería importarme si conozco cada estrella en el cielo o cada río en la tierra?[…] Hoy en día la bóveda estrellada, es un velo plomizo que vanidosamente nos esforzamos en atravesar, hoy en día no hay nada desconocido […] Me trae sin cuidado su progreso. Quiero vivir y disfrutar»
Bruno Fillipi

«Pero es precisamente cuando la gente sabe que ya no hay nada que decir a sus gobernantes, cuando aprenden como hablar un@s con otr@s. Es precisamente cuando la gente sabe que las posibilidades que este mundo puede ofrecerles son nulas, cuando aprenden como soñar lo imposible. Esta red de instituciones que domina nuestras vidas, esta civilización, ha convertido nuestro mundo en una prisión tóxica. Hay mucho que destruir a fin de que una existencia libre pueda ser creada. El tiempo de los bárbaros está al alcance de nuestras manos»
Willful Disobedience

¿Es deseable un mundo donde los estados reprimen, torturan, asesinan a quienes defienden formas de vida de respeto con el entorno y los ecosistemas?

¿Es deseable un mundo de poder centralista autoritario, de fronteras militarizadas, de devastación de la naturaleza, de violenta xenofobia e imposición consumista cuando todo alrededor es jerarquía, miseria, toxicidad y explotación?

¿Qué ha hecho la visión antropocentrista / desarrollista constituida en estados y leyes, si no imponer a través de la sangre, un colonialismo en los últimos quinientos años en las regiones del sur del mundo?

¿Qué situaciones horribles tienen que seguir sucediendo para no decidirse a accionar hacia la ofensiva contra el poder que nos oprime?

¿De qué forma aprender de las antiguas luchas y resistencias para coordinarse y atacar un proyecto tan grande y nocivo como IIRSA?

¿Y después de esta nueva avanzada del capitalismo qué se viene?

En primer lugar hay que dejar claro: Somos acerrímxs enemigxs de la autoridad, sea religiosa, patriarcal, especista, ciudadana etcétera.

Entendiendo que nos situamos en diferentes intenciones y formas de afrontar el conflicto desde todas las contradicciones autoritarias que nos atañen en una sociedad miserable como norma. Es Imposible que nos creamos purxs porque estamos malditos por la mercancía, ademas rechazamos el concepto cristiano de bien y mal, pues no nos importan ni lxs ideologxs ni lxs enjuiciadores de los dogmas. Enemigxs de la máquina del estado y el capital y su forma de vida jerárquica, sabiendo de antemano que no existe la libertad sin la destrucción previa de la autoridad y su infraestructura.

Frente a esto, consideramos fundamentales las posturas antiautoritarias para reflexionar de qué manera nos proyectamos en una lucha específica sin fines de poder ni económicos, estas luchas poseen múltiples variantes y contradicciones, con matices y derrotas, con ofensivas y revueltas, con voluntades y apatías, y no existen formulas para comprenderlas en todas sus dimensiones. Sin embargo nos posicionamos, y afirmamos que la organización que deseamos es una que desee experimentar formas horizontales de acción, y la que consideramos la más cercana y consecuente es la organización informal, porque potencia la multiformidad de maneras e intenciones, y se exterioriza como necesidad práctica y teórica, como coordinación propagandística y estratégica, como de espontaneidad y ocio. Estas formas de organización son procesos colectivxs e individuales – de autoeducación experencial – que tienen por finalidad tensionar la jerarquía dentro de la lucha, tanto en lo interno como lo externo, en lo social y clandestino. Todo esto, sobre la base de objetivos y aspiraciones en común y con libre acuerdo, optando por el compromiso hasta que se decidan nuevas estrategias; sin necesidad de una plataforma o una asamblea de principios cerrados que buscan homogeneizar, que exigen programas preestablecidos y morales de acción: sino frente a unx mismo, y con quienes se decidió coordinar y conectar, según se desee y de la forma que sea. Rompiendo con el unilateralismo ideológico centralista de aquellxs que buscan espacios de poder para abarcar una estrategia jerarquizada por un comité central o algo por el estilo; ocupando caudillismo, coerción y captación para sus filas de militantes, victimismo asistencialista, superioridad ética purista o lo que sea con el fin de conseguir sus objetivos autoritarios. Apelamos a la multiformidad de las acciones, la expresión de la individualidad y de las diversas afinidades, en donde no existen modelos sino formas prácticas que se van intentando y creando en libres asociaciones, apelando al respeto, al aprendizaje mutuo, a la solidaridad y la autocrítica fraterna entre pares.

Consideramos fundamental la organización informal para la peligrosidad de la anarquía, la posibilidad de revuelta y solidaridad con otras luchas de rebeldes; asumiendo una postura de libertad contra todo centralismo formalista, y generando una proyectualidad concreta, que asimile objetivos contra el sistema de dominación. La necesidad es relacionar experiencias para el enriquecimiento de las posturas, colaborar negaciones de lo existente, apelar a lo cualitativo, sin dogmas ni iconos, sin posibilidad de negociación con lxs enemigxs.

Es claro que este tipo de posturas no se desarrollan de una sola forma, los contextos condicionan las acciones, espontaneidades, afinidades y reflexiones en torno a ellas; por ejemplo en el calor de una revuelta, o en la necesidad de organizar instancias de encuentro y propaganda entre pares, coordinar actividades contraculturales, generar instancias deconstructivas o de aprendizaje colectivx, en las acciones directas de expropiación o ataque sin mediadorxs a la institucionalidad , o simplemente conversar lúdicamente acerca de un tema en especifico: las expresiones son muchas y los matices también, pero no faltan ejemplos para manifestar como se han generado iniciativas de grupxs que deciden organizarse de una manera no centralista sin programas preestablecidos.

En la organización informal no importa la retórica mascullada de verdades, sino el proceso y la convicción de hacer las cosas, porque nacen de las voluntades individuales o colectivas; eso no significa que seamos lxs verdugxs misantropxs, ni tampoco lxs salvadorxs entrópicxs del mundo. Se trata de que cada expresión o práctica sea justificada por la propia acción o iniciativa que se lleve a cabo, y con quienes decidan plantearse un objetivo común; sin verse el ombligo, sino entendiendo el contexto y realidad en la cual nos desenvolvemos, dentro de las condiciones jerárquicas que nos situamos, en los momentos de lucha que asumimos, y la fervorosidad del ambiente que deseamos.

La organización informal es cruzada por diferentes estrategias que se conectan en objetivos a veces particulares y a veces generales, esto significa, que ante las diferencias no se llega “por necesidad” a un acuerdo o a una hegemonización del discurso, sino que, dependiendo de cada caso, se avanza paralelamente sin verse como antagonista o disputador de espacios, – como lo hacen constantemente lxs grupos autoritarios-, sino que simplemente se decide lo que se decide sin ninguna receta interpuesta. Además con lxs autoritarixs y progres “ni a la esquina”, nos podemos encontrar en el candor de una revuelta pero no construimos ni queremos hacer proyecto con ellxs: lxs que anhelan el poder con lxs que desean destruirlo obviamente no pueden tener puntos de afinidad. Esto no quiere decir que exista un modelo de persona con la que sí y con la que no se organiza, sino que se encuentra según los criterios,procesos y en la calle, intenciones y objetivos en común en que decida estar o no, porque cada individux y grupo tiene sus propias formas de decidir según las circunstancias del encuentro mismo.

Realizar estas reflexiones acerca de la organización informal nos sirve para plantear críticamente, y desde nuestro punto de vista, un método, tanto a nivel de acción como organizativo, tanto en lo público como lo subversivo, como una posibilidad que trascienda al tiempo y las personas, como una proyectualidad de lucha contra el poder y los gobiernos, con formas que se van adquiriendo o desmantelando con el tiempo. Frente a este tipo de instancias no existen dobles caras, sino que se evidencia por sí mismo desde que lugar se está posicionando, desde estrategias horizontales y perspectivas de acción especificas; que rompen con la ilusión de neutralidad democrática en el enfrentamiento, que hablan desde un visión o varias sin ocultamientos políticos, que aspectos que se consideran elementaes para cuestionar en profundidad mega proyectos devastadores como IIRSA, o empresas extractivistas de toda índole. Y ademas, plantea una organización coordinada en la ciudad de forma propagandística y agitadora, en mitines o instancias de encuentro, en acciones y comunicación de posturas en jornadas de revuelta, cuestionando todo tipo de caudillismo de lideres, aniquilando todo maquiavelismo autoritario o moralista cristiano.

La organización informal, como postura creadora y propositiva, señala la falsedad autoritaria que ronda por los espacios donde puede explotar o generarse una instancia de critica radical frente al sistema capitalista de dominación. Ejemplos podemos ver en revueltas de toda la región de ABYA YALA, donde vocerxs se transforman en dirigentes reaccionarixs y politicxs profesionales, o posturas que ocupan las luchas para recuperar sus militancias jerárquicas decidiendo como y cuando accionar según su ocultado interés; o se le pone paños fríos a individuxs con ánimos de revuelta en pos de una estrategia conciliadora y reaccionaria, donde termina siempre en negociaciones y victorias de las empresas sustentadas por las leyes, hablando de condiciones objetivas según sus criterios vanguardistas, ocupando a la gente para sus intereses particulares y no en afán de una critica radical a la devastación capitalista tecno industrial. Anulando todo clima revolucionario para trasformarse en una gran anécdota.

La importancia de la revuelta en la ciudad y la defensa de la tierra y la mar.

Frente a varios conflictos que genera el capital, tanto sociales como de la tierra y sus hábitats, hemos visto cómo se generan discursos con objetivos muy diferentes unos de otros: y es imposible hacerse lxs desentendidxs, más aún cuando las diferencias denotan ser antagonistas en sus objetivos.

Estamos en una época donde una acción necesaria es contemplar el escenario para no cometer arrebatos frente a lxs enemigxs, y desde ese lugar, agudizar la critica radical al extractivismo y no generar reacción ciudadana a la posibilidad insurrecta, ya que la situación es compleja y los discursos fascistas y recuperadores ocupan toda oportunidad para desprestigiar o atacar directamente a la lucha anarquista, cosa que siempre han hecho, pero si nos pilla desatentxs puede ser un golpe duro: por eso la necesidad del autoaprendizaje y la capacidad de comunicación entre compas, que se desenvuelven en diferentes contextos y realidades. Ademas, la estrategia y proyectualidad de la lucha se relaciona con aquellas condiciones de control en la que estamos impuestxs, y en la ignorancia y apatía tanto de nuestra parte como de la gente externa de nuestros puntos de vista; bajo ninguna circunstancia se tienen que analizar los contextos de forma segmentada y hermética, sino que se contemplan, analizan y accionan
tanto individual o colectivamente según las circunstancias mismas.

Lo que se denomina lo parcial y lo total, lo social y lo antisocial, no es más que mero binarismo teórico; las cosas suceden en lo concreto, en la evidencia misma de la miseria capitalista: en la maquinaria asesina de control social y productivo, en la tecnocracia del espectáculo ideológico, en politicxs y policías invadiendo y decidiendo por la vida de lxs demás, esclavizando todo a su paso. A esta nueva forma de ideología moderna de jerarquía social se le ha denominado CIUDADANÍA, la cual se hace partícipe activa de esta maquinaria gigante, de esta devastación horrenda denominada progreso, todo esto adornado con símbolos propagandísticos y tecnologías que complejizan los mecanismos de autoridad y de alienación. Estas instituciones de la opresión se manifiestan en situaciones concretas, en contingencias sociales e individxs específicxs, por ejemplo en medio del campo en una invasión industrial, o en medio de juntas rebeldes abordadas por lxs caudillxs del estado, o en el calor de una revuelta donde la izquierda desea reprimir a lxs insurgentes, haciendo el trabajo que no logra abarcar la policía, o en una lucha social donde la dirigencia termina haciendo un llamado a bajar las tomas, o en una acción contra el banco donde la ciudadanía termina poniéndose al lado de lxs banquerxs y la burguesía, o en una toma de terreno donde existen contradicciones de objetivos antagonistas entre lxs individuxs, o en una iniciativa solidaria que termina siendo donaciones monetarias sin vínculos más profundos con una lucha especifica, o en una acción de propaganda callejera, etcétera.

El deseo de libertad anárquico se desarticula y expande constantemente, enriquece el espíritu e impulsa la creatividad; para que no haya mediadores ni dirigentes es fundamental atacar pronto o ahora mismo, sin previa consulta a un mundo que no nos consultó sus condiciones de miseria. Se hace necesario canalizar estratégicamente las formas de lucha y diversos lugares del enfrentamiento, porque éstas se dan de manera múltiple en los distintos espacios donde el poder mete sus narices y explotación. Todo sucede simultáneamente; lx individux irrumpe cómo y cuándo desea: no aceptando ni un segundo la retórica de la autoridad, -muestre como se muestre-, tensionando constantemente las contradicciones que nos atañen, luchando contra las miserias del universo pos industrial de la devastación generalizada, dentro y fuera, en un constante devenir en revuelta. Esa acción no necesariamente va a ser subversiva en su primer momento, quien lo sabe, pero será la muerte de lo mediado, donde lo que se hace es con libre determinación, asumiendo las consecuencias, sin aceptar formas de coacción políticas, reaccionarias y policiales.

La tierra es vida, no se relaciona a través del poder como lxs ideólogxs y tecnócratas siempre han querido demostrar. La tierra se manifiesta y existe en ella conjuntos de complejidades y ecosistemas; y como un todo que late, se relaciona e interconecta, se manifiesta en sus múltiples formas; así como nosotrxs mismxs, que somos ella misma. La tierra no puede ser territorio fragmentado en fronteras políticas, porque el territorio o terreno es delimitación; es evidente que existen diferentes formas de vida y culturas, pero esto no es impedimento para dividirlas por mero interés. La defensa de la tierra (MAPU) no es defensa de territorio/terreno, así como la defensa de la libertad no es la defensa de una nación. Sin lugar a dudas, hay lugares en resistencia que luchan por autonomía, pero no defendiendo una propiedad o frontera, sino que la tierra misma, una forma de vida, una cosmovisión, contra la modernidad occidental, o cualquier tipo de separación jerárquica y sus miserias tras suyo. Por otro lado, la revuelta en la ciudad no puede tener otro objetivo que el impulso insurreccional a este sistema de dominación carcelario, donde principio, método y fin no se confunden en la practica y estrategia, ya que no se justifican medios de poder para lograr un objetivo, sino que se llevan a cabo con intenciones y principios antiautoritarios que buscan su coherencia, aunque supuestamente para algunxs se “avanza menos”, pero preguntamos ¿avanzar hacia donde? ¿a un lugar donde se reemplacen las caras de la autoridad y la represión? Por otro lado, la toxicidad ambiental y de relaciones en la urbe genera modos de alienación que se dejan llevar por la misma dinámica de su corrosión, determinada por el flujo de mercancías y del ocio capitalista, territorio de vida producido por el mismo modelo que sustenta. Sin embargo, posibilitar acciones en defensa de la tierra en tales territorios es posibilitar acciones de desmantelamiento de la institucionalidad, tanto en el ataque directo como en la tensión de formas de relaciones antagonistas a la jerarquía ideológica; así como también solidarizar en la calle, la contrainformación y la propaganda con las resistencias que están en pie de lucha, ademas de posibilitar encuentros y recuperaciones de terrenos(territorios) o casas ocupadas para impulsar las iniciativas antiautoritarias. La ciudad es la representación de la miseria en todas sus vertientes, pero es posible accionar contra la devastación en ella según los criterios que se decida: las instituciones del poder existen allí, como los centros capitalistas, lxs especialistas, burócratas y aparatos de represión, donde se puede impulsar y radicalizar movilidades sociales que tiendan al cuestionamiento contra la autoridad, y generar propaganda por el hecho en las mismas posturas y acciones que se realizan. Existen muchas posibilidades de generar apoyo mutuo con las luchas de la tierra, pero sin lugar a dudas no existen formulas ni contextos para plantear objetividades, son en las mismas circunstancias, en las condiciones, proyectos y voluntades donde se realizan las iniciativas entre compas, que pueden transformarse en grupos de afinidad como redes autónomas para el impulso revolucionario.

Asimismo la defensa de la tierra y la mar se evidencia en la defensa de una zona autónoma en resistencia misma, en deconstruir los saberes de la autoridad invasora, desde la alimentación hasta los ritos paganos, en el ataque directo contra la infraestructura, en la estrategia coordinada de defensa y ataque, en la comunicación entre regiones y condiciones de vida, en la experimentación de que otras posibilidades del relacionarse con el mundo son posibles: en la libertad antiautoritaria y deliberada del existir.

IIRSA en este momento es el proyecto de la destrucción de la vida, y la defensa de la tierra es lo más necesario que nos convoca, algo que simplemente florece, entre lo que se ha experienciado y lo que se quiere otorgar; la manera en que nos concebimos y nos relacionamos con el entorno. La rebelión frente a lo existente y la defensa de la tierra y la mar son dos aristas contra el capital-estado, por lo tanto contra IIRSA, más allá de los rótulos: es en la acción y en los intentos que no pululan con lo autoritario ni lo que desea dominar lo que prevalece, lo que se enmaraña en defenderse y atacar; como muchos pueblos originarios, o como muchxs rebeldes y anarquistas lo han hecho por siglos. Hoy en día, la devastación, es traducida en monopolio mundial de guerras por dominar la naturaleza en pos de la lógica de la mercancía y el fetiche del espectáculo; traducida como civilización y progreso extractivista; traducida como autoridad, su ley y policía; traducida en estas regiones del sur como proyecto IIRSA.

Legalismo e ilegalismo

Siempre existe la posibilidad de negar lo existente y a sus falsxs criticxs, porque no hay sumisión cuando se desea la libertad, se desea la anarquía, sea desde lo mas profundo hasta lo más instintivo, florece el germen de la rebeldía, de la necesidad de construir otras formas del relacionarse, fuera del ámbito de la jerarquía y la explotación.

Cuando nos posicionamos desde una postura anarquica, quiere decir que no aceptamos ningún poder, sea gobernante, institución o ley que nos domine, y menos que deseamos dominar, porque no queremos que algo o alguien domine sobre nosotrxs ni nadie. Esto quiere decir que vivimos lo más alejado posible de la ley, y es por esto que buscamos nuestras propias maneras de organizarnos para tener y desear una vida fuera de esa legalidad. Se es necesario vivir la vida en los propios términos, en el aquí y en el ahora, y esto irreductiblemente lleva a una posición que, en los conflictos sociales, se rehuya, en todo sentido, a las implicancias que una legalidad pueda imponer sobre las condiciones de la lucha misma, ya que esas mismas condiciones quiso imponernos su voluntad autoritaria que reproduce el mismo mundo que negamos, y la consideramos corrosiva y violenta en todo sentido.

En las luchas sociales unx se encuentra con autoritarixs y ecologistas, con ciudadanxs y legalistas, con politicxs y rebeldes, con insurrectxs y reaccionarixs, donde las formas de lucha que pueden llegar a generarse responden a diferentes contextos e intereses. Pero el objetivo primordial, desde nuestro posicionamiento, a pesar de tales o cuales características del conflicto, es la destrucción del mundo de la autoridad y acabar con el avance del capital de todos los modos posibles y en todas sus expresiones: sea su infraestructura, su ideología, sus verborreas discursivas, sus lógicas jerárquicas: en su ley, porque ha significado el genocidio y el ecocidio de todo lo existente, de la naturaleza y cualquier libre determinación a través de distintas formas de opresión. Basta con hacer una cronología o acercamiento de todas las injusticias que han sucedido desde la revolución industrial y la creación de los bancos y naciones como instituciones de poder, que a de esclavitud y terrorismo de estado levantaron sus riquezas en la región de ABYA YALA y en África, con la explotación de la tierra y del proletariado, de los animales y la opresión de genero; el colonialismo y el centralismo de poder ha generado un estado de control que imposibilita toda forma de libertad autentica (sólo acepta la que es producida y generada por el mismo aparato represivo), y hasta la actualidad siguen sucediendo tales actos de violencia llena de crímenes brutales y miserias que los medios ocultan o manipulan para su
conveniencia.

No aceptamos la legalidad porque es la norma dada por el sistema de dominación para mantener sus privilegios: toda su institucionalidad está hecha para sus propósitos de poder, hoy en día transformada en industria, explotación y devastación; amparada por aparatos de represión y control social. Su institucionalidad es un juego macabro con el que se han sustentado lxs poderosxs, explotadorxs y burócratas, desde la creación de los estados y el capitalismo, su forma de vida de opresión:

Simplemente no aceptamos la legalidad porque no queremos ser dominadxs ni queremos dominar, deseamos autodeterminarnos y elegir el modo de vida que queremos vivir sin ningún tipo de opresión.

No se puede transformar estas condiciones simplemente tomando los medios de producción porque no hay un lenguaje común con lo que ha reproducido esta forma de sociedad, la apropiación de la institucionalidad y sus leyes no son alternativas, ni una lo ha sido para una posible liberación: hay mucho que destruir y desmantelar para que individuxs y seres libres existan sin ningún tipo de dominación, pero en primera instancia es su ley.

“No quiero esta empresa en mi propiedad”

En muchos de los conflictos sociales la mayoría de las personas que se involucran en los espacios de lucha son las que están directamente afectadas con la construcción de un camino, o la contaminación que dejará una industria en un sector, o un despojo de un territorio, etcétera. Lamentablemente ese es el caso del cuento paranoico: cuando te das cuenta que su reacción sólo existe cuando se sienten involucradxs directamente porque se sienten invadidxs en su “propiedad”; pareciendo que todas las noticias de los medios de comunicación e informaciones anteriores lxs prepararon ideológicamente para soportar cualquier tragedia anterior, y cuando la catástrofe toca sus puertas, es ahí cuando reaccionan y piden solidaridad a mansalva. Muchas de las veces genuinas y reales intenciones de defender el lugar donde siempre han vivido, pero hipócrita resulta en sus objetivos: porque no importa,- al menos a la mayoría afectada por la rutina capitalista-, que tal proyecto o despojo extractivista se traslade a otro sector, o a otro planeta, con tal de que no le afecte “su propiedad”, a él/ella no le importa. Esa es la indiferencia capitalista, o la lógica del narcisismo posmoderno, tergiversado en el método hegeliano del más débil y el más fuerte: donde el débil con un discurso “victimista” suplica solidaridad cuando se ve rodeado, luego no molesta a nadie y vota cada cuatro años, quizás soñando ser ese pez fuerte que es capaz de echar y decidir a otros por mandato, o simplemente acepta lo que se les dice como masa amorfa de laboratorio.

Pero más allá de cierto pesimismo, es real que uno de los tipos de resistencias más recurrentes es aquella donde no se cuestiona ni el capital, ni la naturaleza de la industria, sino que sólo se cuestiona la industria en su sector territorial especifico. Este tipo de movimientos individualistas de corte liberal/capitalistas son generalmente avalados por los partidos políticos, en un pacifismo legalista que se transforma en carnavales y fotos con futuros candidatos: la famosa y horrorosa marcha ciudadana, el espectáculo fetichista de la política, el pacifismo esclavista bañada de pseudo consignas, el pacifismo reaccionario a posturas más radicales de transformación.

Con esto, no se quiere decir que no existan luchas genuinas donde muchas personas comienzan a cuestionarse la forma de vida injusta en que se habita, y que pueda ser un puntapié para conocer otras formas del plantearse y relacionarse frente al mundo; pero son lxs menos lxs valorables o cercanxs dentro de toda esa masa uniforme, la mayoría sigue creyendo en el progreso asesino, o simplemente no quiere ser afectadx directamente. Pues, entonces, que sean otrxs lxs afectadxs: inmigrantes, pobres, pueblos pequeños, comunidades ancestrales, etcétera. Lo demás son sólo consecuencias secundarias para el “desarrollo” de la “sociedad”; esa que no se quiere “hacer cargo”, pues “quieren vivir en paz y nada más”.

“No quiero esta empresa aquí ni en ningún lugar pero me gusta el capitalismo”

En estos casos podemos ver a individuxs afectadxs por la empresa y, que de algún modo, se posicionan en contra de la nocividad de ella misma. Se genera, a partir de esto, todo un “activismo” en contra de un particular tipo de industria, por sus repercusiones ecológicas o en el/a cuerpx de aquellxs que la consumen: como las críticas a las energías clásicas (petróleo, carbón), proponiendo las renovables (solar, hidroeléctricas);como mejores condiciones para la explotación animal y humana, tanto en la tierra como en el mar (vacas y pollos mejor alimentados, trabajadorxs con ejercicios de yoga); como una ética “correcta” y “consciente” del consumo (starbucks ayuda a niñxs pobres, medicina natural marca Monsanto) Por ello, la mayoría de empresas monopólicas han hecho un giro a lo ecológico: sin tocar la principal contradicción del capital y su forma de vida de imposición.

Muchas de las vertientes ecologistas tienen mucho que decir cuando se trata de plantear una forma tecnocrática industrial “diferente” a las formas neoliberales clásicas del capitalismo global; así como el socialismo clásico que criticaba las diferencias sociales, sin profundizar en el origen autoritario de toda diferencia social. Sin embargo, tales personas que participan de ellas, tienen como intención no modificar las estructuras que sustentan aquello que dicen cuestionar: sino que avalan sus leyes y su institucionalidad de control que la sustentan. Estas tendencias charlatanas sacan provecho económico de la crisis ambiental, promoviendo la idea de “capitalismo verde”, para generar un nuevo ciclo capitalista de producción y consumo; ocupando el recurso de “salvar la tierra” para sus intereses económicos, anteponiendo su propia automutilación con su verborrea hipócrita, posibilitando nuevxs posibles consumidorxs, haciendo vista gorda de los verdaderos conflictos que producen tales contradicciones: el capital y la autoridad antropocéntrica. Son especialistas para usar semánticas “más conscientes” pero sin dudar de decir “recursos” a la naturaleza, y sin cuestionarse las contradicciones de clase, autoridad o extractivismo. Estas iniciativas no cuestionan el principio de las relaciones promovidas por la civilización y sus consecuencias, las cuales se encuentran llenas de eufemismo y coerción política. Apuntando a una lógica de especialización en la división del trabajo, y también –peligrosamente-, en las luchas en defensa de la tierra, asumiéndose como vocerxs por sus tecnicismos redundantes y “mayor conocimiento” del asunto. Las estructuras de poder, sus leyes y el estado, reforzados con nuevos paradigmas, les convierten en nuevxs reaccionarixs a la hora de plantear los conflictos; y, asumiendo la legalidad como el único método de amparo, proyectan, en la mayoría de los casos, una carrera política.

No existe la gestión más saludable para la devastación, puesto que la naturaleza sigue siendo mercantilizada y cosificada para los intereses de estados y capitalistas, y en esto no hay dos o tres lecturas: por más que deambulen por retóricas de las buenas intenciones, el origen del conflicto es validar una forma de vida en particular: la vida de la autoridad. El sistema tecno-industrial ha reforzado las redes de dominación, el progreso ha devastado física, social y psicológicamente la vida, es imposible apropiarse de algo que representa la causa misma de las condiciones sociales en beneficio de lxs dueñxs del mundo y burócratas que los sustentan

“No quiero esta empresa ni la forma de vida que la genera y sustenta”

Una última posibilidad de plantearse frente a la situación (aunque existen intermedios difusos entre ellas también) es situar los conflictos contras las empresas y los proyectos extractivistas como un lugar más en la cadena de explotación que el capital ha llevado a cabo.

La propuesta es organizarse o atacar sin mediadores, sin reproducir la política que hizo posible tales leyes, que sustentaron tales catástrofes e industrias. Sin tranzar con poderosxs ni caudillxs, atacando el trasfondo del asunto, y entendiendo que el valor de una lucha no lo hace el exitismo de ella, sino la expansión de la revuelta, la búsqueda de otras formas de relaciones, lxs vínculos de afinidad y la profundización de la critica radical en búsqueda de generar formas de vida antagonistas que tengan una proyectualidad: la defensa de la tierra, de la anarquía, como una experiencia de resistencia, como una de las tantas que hay que afrontar en la guerra social de explotación, de clases, de patriarcado, de especismo y formas de control que se vive.

Es imposible transar o negociar con aquellxs que deciden por reproducir la miseria, y eso no significa ver a todo el mundo como enemigx, sino simplemente, no perder el horizonte desde el lugar en que se levanta: el por qué se hace, y por qué no se quiere seguir reproduciendo la forma de vida autoritaria.Estas experiencias han sido llevadas ampliamente por grupos de pueblos ancestrales, defendiendo el entorno en el que viven y su cultura; grupos de rebeldes o anarquistas que, de manera individual o colectivamente, comprenden la esencia mortífera del extractivismo; iniciativas que deciden optar por una vida de lucha por la libertad de todo ser vivx, sin oprimidxs ni opresorxs .

De muchas formas se puede comprender y afrontar un conflicto específico, y sin lugar a dudas cada uno de ellos tiene sus propias características, historias y contradicciones; pero el origen y el fin radica simplemente en no aceptar la irrupción de una forma de vida ajena que viene a imponer sus leyes y creencias: una ideología, una determinada manera de concebir las cosas estructurada en jerarquías, una industria que termina devastando toda la flora y fauna y proletarizando o despojando comunidades. Es fundamental atacar donde se encuentre la infraestructura del progreso capitalista y de la manera que sea, sabiendo que sus tentáculos son muchos y poderosos, pero también entendiendo que las resistencias también son multiformes: a veces cíclicas, a veces expansivas e insurreccionales, a veces anecdóticas, pero siempre parte de una toma de posición concreta que logre manifestarse en acción y práctica, y en creatividad revolucionaria de generar nuevas formas de relaciones.

No ser legalista equivale a no aceptar de ningún modo las reglas de su juego, donde ellxs ganan y nadie más; y si se llega al límite de un conflicto, buscar más alternativas de estrategia, entendiendo los procesos e individualidades. Aunque es fundamental levantarse lo antes posible, en el aquí y en el ahora, antes que sigan destruyendo todo a su paso, ya que la catástrofe sigue expandiéndose, y devastando todo a su paso.

Acción directa, apoyo mutuo, informalidad, ofensiva

«Tomamos la acción directa como la forma de atacar las raíces del problema: el poder, la propiedad privada, la autoridad, el capital, el estado. Queremos romper con lo establecido y la rutina que nos mantiene bajo control, queremos nuestrxs cuerpxs libres de la domesticación en función del Estado- Capital»
Revista por la tierra y contra el capital

«Históricamente el hilo que ha pasado a través de todo lo que es bueno en el movimiento anarquista no ha contado con una fe en la civilización, la tecnología o el progreso, sino más bien en el deseo de que cada individux sea libre para crear su vida como más le convenga en libre asociación con los demás, en otras palabras, el deseo de la reapropiación individual y colectiva de nuestras vidas. Y este deseo es todavía lo que motiva la lucha anarquista»
Willful Disobedience

¡Cuánto tiempo más tiene que pasar para que se deje de confiar de una vez por todas y para siempre en el estado y sus leyes!

Porque son y han sido el sustento de lxs que desean dominar para hacer lo que prácticamente se les dé la gana; justificando aquello con su policía sicaria, y toda la institucionalidad que han creado para su conveniencia; llamándolo tecnicismo y progreso, palabras que nos son más que una mera retórica para la intervención y flujo de mercancías donde la naturaleza se toma como una representación de valor, de mercancía, como algo que se le puede asesinar porque sí, avanzando más y más en su propia auto aniquilación, como algo que se ocupa y luego desecha. Y la democracia es la mejor estrategia de dominación para hacer creer a medio mundo que es la vía más justa: sustentándose siempre en una fuerte jerarquía, antropocentrismo, patriarcado y clases sociales. A pesar de que la vida sea explotación, que alrededor hayan empresas contaminando todo, enfermando comunidades y ecosistemas, que hayan miles de proletarixs buscando trabajo en lo que sea, arriesgando su vida, dándole bonificación con el opio del nacionalismo, la prensa y las modas pasajeras, siendo completamente indiferentes a lo que está sucediendo: un elaborado sistema técnico de control que se autoexplota por su misma de existir a través de un desarrollo incesante, que en otros términos significa la separación total de lxs seres vivxs con los intereses económicos; transformando el mundo en un sistema de valores fetichistas para especialistas y burócratas en beneficio de lxs mismxs de siempre.

Es necesario concentrar las fuerzas en la recuperación de saberes, imaginaciones y creatividad anárquicas, construcción de formas de vida rebeldes y antiautoritarias que apelen a la horizontalidad y el respeto con el entorno, agitadorxs de la revuelta y la propaganda, de proyectos que tengan como fin destruir todo el modelo capitalista estatal como forma de vida opresora: puesto que no hay nada que recuperar de ella, sino solo sus síntomas de rebelión, como las practicas, ideas e insurrecciones que se han levantado en contra de ella misma.

Las condiciones objetivas existen en todo momento, sin mediadores ni filtradores, donde la acción directa se presenta como la eyección continua contra la miseria de la domesticación, apuntando hacia el apoyo mutuo de las resistencias e individualidades, rompiendo y anulando los valores de la autoridad, expresión originaria que sustenta el desierto nocivo de su estructura. Ni la democracia ni la pasividad podrán cambiar algo, porque es su propia esencia la que genera esta forma de vida. La democracia es la conveniencia de la autoridad, sustentada en clases y en el debate fraudulento que el poder quiere que se debata; la acción directa y el apoyo mutuo son bases fundamentales para desmantelar aquello que ha sido impuesto, y quemarlo sin miramientos, y con urgencia, en la hoguera de la libertad. A lxs invasorxs autoritarixs siempre se les ha declarado la guerra, dejando de lado la victimización, y buscando ser lo suficientemente inteligentes para no coaccionar con aquellxs que quieren reemplazar a lxs gobernantes.

Es por esto la necesidad de no esperar, avanzar hacia la ofensiva, atacar donde duela a las maquinas fascistas; desde lo individual a lo colectivx, desde la revuelta a la propaganda, de lo informal a lo multiforme, desde las tomas de terreno a generar otras formas de relaciones y como sea: inventar y deshacer, imaginar y corromper de forma iconoclasta, sin darle pie a lxs enemigxs.

Es un conflicto difícil, ahora es IIRSA: el contexto a veces nos priva de dar toda la energía suficiente. Y puede que todo esté perdido, pero qué más da: la intención es seguir generando herramientas para crear resistencias en toda la proyectualidad de la lucha; porque no quedaremos viendo pasivamente la miseria generalizada que ha generado el sistema tecno industrial del poder, esta prisión toxica. Por eso, es fundamental entender que las luchas se encuentran, no solo frente a lo evidente, sino que en su multiformidad.

Buscamos enlazar, de forma multiforme e informal, nuestras vidas en contra del sistema que nos oprime, y buscamos también, posibilidades reales y concretas de abolirlo en su totalidad. La tarea no es sencilla, pero nadie dijo que sería fácil. Hágamoslo por nuestrxs compas que han luchado hasta el final de sus días, y por aquellxs que ya no están,-sean las causas que sean-, hagámoslo por nosotrxs mismxs contra este asco de forma de vida. Hagámoslo porque la anarquía es una tensión rebelde que nunca dejará amedrentarse por la autoridad, tenga el rostro que tenga.

Hoy es IIRSA
Sea cuales sean lxs nombres y sus métodos seguiremos estando en guerra contra la autoridad
Sembraremos la tierra con el cuerpo de quienes nos oprimen!
Viva la anarquía! Viva la solidaridad! Por la liberación total!

*Texto extraído del libro “PERSPECTIVAS ANÁRQUICAS CONTRA IIRSA: COMPILACIÓN DE TEXTOS, CONVERSAS Y PRÁCTICAS CONTRA LA DEVASTACIÓN Y EL EXTRACTIVISMO” link para Descargar : //es-contrainfo.espiv.net/2019/09/18/libro-perspectivas-anarquicas-contra-el-iirsa/

Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual. (Parte II).

Escrito por Gustavo Rodríguez. Parte II de II.


—A Joaquín García Chanks y Marcelo Villarroel Sepúlveda, compañeros y co-conspiradores.

“Pues yo soy el poeta jurado de todos los intrépidos rebeldes del entero mundo,
Y quien viene conmigo deja atrás la paz y la rutina,
Y se juega a perder la vida a cada instante.”   
Walt Whitman, A un revolucionario europeo frustrado (1856), en Leaves of Grass.

“… donde hay peligro, crece lo que nos salva.”
Friedrich Hölderlin, Patmos.

A un mes y seis días de iniciada la insurrección, la Anarquía continúa viva en la región chilena. Es un acontecimiento sin precedentes en Chile y en América Latina. Ha sido el kayros de la Anarquía: el momento emancipador que acontece en el tiempo y el lugar pertinentes, la audaz encarnación de una pronunciada negación del Estado y de toda autoridad.

El eco de la vieja consigna anárquica “Ni Dios ni Estado Ni Patrón” retumbó a lo largo y ancho de la geografía austral y ha hecho vibrar corazones desde Cabo de Hornos hasta las orillas de los ríos Sama y Camarones.

Es evidente, que en su cotidiano quehacer subversivo, el anarquismo insurreccional de tendencia informalista, tensó al máximo sus potencialidades y, también exploró sus dificultades y sus propios límites, valiéndose de efímeras coyunturas –mutantes de un lugar a otro–, que le permitieron bosquejar (a partir del conflicto y las diversas contingencias) las posibilidades cromáticas de su trasfondo teórico-práctico y, fomentar los ánimos refractarios, concretando acciones  individuales y/o de pequeños grupos de afinidad abocadas al ataque y la expropiación.

Sin embargo, faltó dinamita. Escaseo el diesel y la gasolina. Se escatimó en el ataque. Hubo carencia de expropiaciones. No fueron demolidas las sedes de TODOS los partidos políticos. No se asaltaron prisiones ni manicomios. Se arremetió contra los símbolos pero faltó tiro al blanco. Quedó pendiente una fogata gigantesca con los cientos de banderas que se perciben en las marchas (incluyendo la rojinegra, porque TODAS las banderas están llenas de sangre y de mierda). Esa penuria ha permitido que la potencia negadora se desvíe hacia el “triunfo”, en lugar de inyectarle vida al conflicto y exceder los cantos instituyentes que ya amenazan  con imponer la paz de los sepulcros.

Hoy, el punto neutro de la insurrección empieza a revelarse con nitidez. La emulsión hace lo suyo y emerge la instantánea completa, mostrándonos el impasse en su justa dimensión.

Comprenderlo será un salto enorme de la pedagogía ácrata que puede contribuir al despertar de la modorra dogmática en que se encuentra sumido un sector considerable del denominado “movimiento anarquista”.

La potencia de choque de una insurrección no se mide por sus efectos ni reside en el crecimiento cuantitativo de las y los insurrectos, sino en lo que irradia ipso facto de ella. Reside en la vitalidad de su fuerza negadora, en su talante ofensivo, en la agudeza de la acción, haciendo de la insurrección un rito diferente del simbólico.

La feracidad del accionar anárquico reside en sí mismo, por eso fecunda audacias, alimenta la creatividad destructora y propugna voluntades subversivas, multiplicando la violencia antiautoritaria y la práctica ilegalista.

Instantáneas de la revuelta (segundo acercamiento) [1]

Como era de intuirse desde el primer día de la insurrección, la represión no se dejó esperar.

Hasta el momento, según las propias cifras oficiales, se contabilizan más de una veintena de muertos, cinco de ellos ha consecuencia de los disparos de las fuerzas represivas; seis mil quinientas personas detenidas, de las cuales 759 son menores de edad; dos mil trescientos noventa y una heridas (41 por disparo de arma de fuego, 964 por perdigones, entre las que se cuentan 222 con lesiones oculares –que han perdido la visión de un ojo o han quedado completamente ciegas– y 909 ha consecuencia de las brutales golpizas) y; cientos de mujeres violadas y ultrajadas sexualmente. Se pudo constatar que la Policía de Investigación (PDI), instaló un centro de torturas en el Shopping Arauco Quilicura, donde han sido atormentados cientos de manifestantes detenidos durante las revueltas.

Por su parte, las y los insurrectos han atacado con artefactos incendiarios cuarteles militares, comisarías, cabinas de peaje, iglesias, supermercados y otras instalaciones comerciales y; han logrado derribar drones de vigilancia de la policía con la ayuda de cientos de apuntadores laser.

Gracias a la oportuna diligencia de los hackers y a la aplicación que reveló el domicilio de muchos uniformados, se han multiplicado los ataques a las casas de policías en toda la región: en Viña del Mar, personas encapuchadas atacaron la residencia de un comandante de policía y varias casas de uniformados fueron grafiteadas con amenazas de muerte y sus vehículos destrozados. En San Antonio, fueron atacados los cuarteles de Tejas Verdes e incendiaron parte de sus instalaciones. En Chiguayante, un grupo de insurrectos irrumpió en las casas de algunos policías destrozando todo lo que hallaron a su paso. En Quinta Normal apuñalaron a un policía en su residencia y, en la Población de Lo Hermida, fue atacada la estación de policía, con un saldo de seis pacos heridos.

Mientras los policías dormitan en sus autos, constantemente son agredidos con artefactos incendiarios, una práctica fácil de replicar que ha comenzado ha extenderse a varios vecindarios. Durante las protestas en la ciudad de Rancagua, lanzaron un cartucho de dinamita a una patrulla de carabinaros que no llegó a explotar. En la Población La Victoria, comuna de Pedro Aguirre Cerda, al sur-centro de Santiago, fue incendiada la casa de un  uniformado, al igual que en la provincia de Coyhaique, donde fueron atacadas con docenas de bombas incendiarias propiedades de carabineros.

En pleno centro de Santiago, encapuchados atacaron la Parroquia de la Asunción y utilizaron el mobiliario y los santos para hacer barricadas; quemaron la Iglesia de los Sacramentinos y, la Iglesia de la Veracruz en el Barrio Lastarria, declarada “monumento histórico” durante la dictadura fascista del general Augusto Pinochet. La Catedral de Valparaíso, también fue atacada por una multitud, quemando algunas de sus puertas, destrozando bancos, altares y la pila de bautismo. En Puerto Montt, durante la madrugada del miércoles 20, encapuchados atacaron la casa pastoral Graciela Bórquez, en pleno centro de la ciudad y, en el sector Coihuin, quemaron la casa del sacerdote Luis Izquierdo acusado de abuso sexual.

Además de las iglesias católicas –consecuentes con la práctica anárquica y a modo de homenaje a la célebre frase kropotkiana («La única iglesia que ilumina es la que arde»)–, fueron incendiados y destrozados varios templos evangélicos, destacando el ataque del 28 de octubre en la ciudad de Santiago a los estudios de grabación y las oficinas del Ministerio de Comunicaciones GRACIA TV, en Santa Rosa. El mismo día y en la misma barriada sería atacada la Iglesia Bendecidos para Bendecir y, la Iglesia Ministerio Internacional para la Familia (MINFA), dependencia del Hotel Mercure, en Santiago Centro. En Valparaíso, el 20 de octubre fue atacado por encapuchados el Centro de Restauración Internacional (CRI-Chile) y, el día 26 de octubre, la Iglesia Presbiteriana de Valparaíso. En Temuco, en la madrugada del 20 de octubre fue atacada la Iglesia Asambleas de Dios y; en Araucanía, en el sector rural de la Púa, la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera.

En la ciudad de Los Andes, una multitud encapuchada expropió una farmacia para llevarle pañales, medicamentos y artículos de limpieza a un hogar de ancianos.

Como concierne a toda insurrección antiautoritaria, los políticos también han sido blanco de los ataques insurgentes sin importar el color ideológico de sus partidos. En Talca, personas encapuchadas quemaron la sede parlamentaria del senador ultraderechista Juan Antonio Coloma del Partido Unión Demócrata Independiente/Popular (UDI/P).  En total, ya han sido atacadas ocho sedes de la UDI y dos sedes de Renovación Nacional. El pasado viernes 22, un grupo de manifestantes de la Asamblea de Feministas de Arica, atacaron con pintura y escupitajos al senador del Partido Socialista, José Miguel Insulza, a las puertas de Radio Cappísima y; en horas de la madrugada de hoy en Punta Arenas, un grupo de afinidad atacó con bombas incendiarias el Espacio Comunitario La Idea, sede parlamentaria del diputado Gabriel Boric de Convergencia Social.

A pesar del creciente dinamismo subversivo y la participación protagónica del anarquismo insurreccional, algunos comunicados de grupos afines a la tendencia informal, señalan conductas paranoicas en  ciertos “compañeros” que apoyados en las teorías de la conspiración, en absurdas tesis sobre supuestos golpes de Estado y, otros presagios fantasiosos, llaman a la desmovilización y comienzan a generar miedo creando un clima de derrota anticipada.

Esta psicosis logró penetrar a algunos sectores formados en «la ominosa cultura ciudadana de creer que cada ataque es un montaje» y han comenzado a acusar a probados compañeros de ser “agentes encubiertos”.

Paralelamente, las estrategias impulsadas por el sistema de dominación a través de sus medios de domesticación masiva, han sido adoptadas por los manifestantes ciudadanistas que llevan a cabo una labor paramilitar anti-encapuchados que solo beneficia a nuestros enemigos. Esta atmósfera contrainsurgente, provocó que un grupo de manifestantes golpeara brutalmente a un joven y lo colgaran del puente Pio Nono, acusándolo de ser un policía infiltrado sin el menor fundamento.

Lamentablemente, estas actitudes nefastas aún prevalecen con gran arraigo en nuestras tiendas, particularmente en aquellas escenas contaminadas con el discurso liberal y entre quienes se asumen como parte integral de las llamadas “izquierdas”.

Las trampas de la paz: Coincidentia Oppositorum

Para decirlo con Bakunin: «Yo creo haber probado, y los acontecimientos no tardarán en demostrarlo mejor de lo que yo he podido hacerlo »[2] que, la primavera chilena comienza a encaminarse a una cierta extenuación. El fuego refractario está siendo sofocado. La flama anárquica empieza a languidecer.  El oxigeno que daba vida a la Anarquía se agota.

En sus Cartas a un francés sobre la crisis actual, Bakunin recomendaba «la acción inmediata no política del pueblo, por la sublevación en masa de todo el pueblo francés, organizándose espontáneamente de abajo a arriba, para la guerra de destrucción, la guerra salvaje a cuchillo» [3]; pero su exhortación data de 1870 y, definitivamente, ciento cuarenta y nueve años no han pasado en balde. De hecho, el propio Bakunin terminaría sus días muy decepcionado con la “masa” y, le apostaría más a la coordinación de voluntades afines, haciendo énfasis en la conspiración de las minorías refractarias y la propaganda por el hecho.

En nuestros tiempos, no podemos depositar la más mínima ilusión en la “masa”. Sabemos sobradamente como actúa la servidumbre voluntaria. Sí se verificara la insurrección generalizada y «la guerra de destrucción», «la guerra salvaje a cuchillo» tuviera lugar, el final de la película ya lo conocemos de antemano. Unos segundos antes que aparezca el rótulo: The End,  emerge un flautista de Hamelin que guía al rebaño de roedores a sus antojos.

Lo peligroso de la “masa” es su maleabilidad. Con la misma facilidad con que asiduamente la moldean los demócratas liberales, también la modelan los líderes religiosos y los dictadores. Su enorme plasticidad le permite –sin distingo– impulsar las más intrépidas gestas libertarias o avivar el fascismo más obsceno.

La ideología participacionista siempre juega su papel y termina retomando las riendas a través de la maquinaria de cooptación.

Basta echarle un ojo a la superproducción que desde ayer navega en las redes con tendencia a viralizarse en tiempo record, intitulada “El Pueblo Unido, Un Nuevo Amanecer”[4], para corroborar las intenciones fehacientes de los dispositivos de captura del sistema de dominación. Justo ahí, a partir de una narración aparentemente insignificante, cobra vida  la obra contrainsurgente.

Esto explica la exigencia del ángulo ancho para poder abarcar en la foto a los parlamentarios de todas las tendencias que hoy posan sonrientes por «los acuerdos alcanzados». Desde Wall Street a Zúrich los poderosos aplauden efusivos la cohesión de la clase política. ¡Histórico! Enfatizan a ocho columnas las portadas de los diarios impresos, anunciando la caída de la Constitución de Pinochet. La irreductible “Plaza de la Dignidad” (antes Plaza Baquedano o Plaza Italia) amanece mágicamente cubierta por un inmenso lienzo blanco como símbolo de paz.

La dialéctica marxista del poder constituyente comienza a monopolizar la lucha. No es casual el rol negociador de la Mesa de Unidad Social. La salida de la “crisis” por la izquierda es la receta idónea para darle continuidad a nuestro paraíso capitalista global. El “nacional populismo” –ya sea de “derecha” o de “izquierda”– es la solución. Desde América Latina a Europa nos lo imponen como el único camino de “reestructuración”, o sea, la vía para vendernos más capitalismo (pero ahora “con rostro humano”, off course).

Por eso el llamado a la “unidad popular” mediante un sonsonete meloso que rescata la trova de Quilapayún con ayuda de un novedoso arreglo musical –con cierta reminiscencia soviética–, acoplando una lírica panfletaria que reitera hasta el cansancio «la patria está forjando la unidad»[5].

Pese a las breves estrofas de un par de hiphoperos al servicio del patrioterismo vernáculo («No somos de derecha ni de izquierda/no somos de esa mierda» y, «vamos decididos como humanos sin partidos»[6]), es incuestionable la mano que mece la cuna. Las imágenes del videoclip son axiomáticas: una marcha multitudinaria y vario pinta ataviada de banderas chilenas y (en menor proporción) Mapuches, mostrando al final de la comparsa incontables pancartas y cartulinas registrando una amplia gama de demandas ciudadanas y, de cierre, con broche de oro, una gigantesca bandera nacional con el lema: «¡Vamos! Chile no se rinde»[7].

A modo de conclusión preliminar

Algunos compañeros consideran que aún no es momento de sacar conclusiones y que debemos esperar que «las aguas tomen su curso y se verifiquen los resultados de la insurrección» [8] . Aseguran que «la nueva Constitución, la nueva Asamblea Constituyente, la enminente caida de Piñera»[9] y, todo el conjunto de cambios políticos que se sucedan, son el meollo del «triunfo popular que transformará para siempre a la sociedad chilena»[10].

Estos “compañeros” insisten en que «pensemos en frío antes de emitir comentarios» [11] para poder apreciar el desenlace.

Más allá del uso de lugares comunes y el abuso de imágenes cursis, me queda claro que quienes así piensan le apuestan al restablecimiento de la normalidad.

Por el contrario, considero que el tiempo de cavilar es ahora: en caliente, conciliando el acto reflexivo con la excitación de la lucha, aún con el fuego cautivo en las pupilas y las manos negras por los residuos de la pólvora. Y, en consecuencia me pronuncio:

En estos días en que algunos ya celebran el «triunfo popular», es cuando comprendemos que nuestra carencia de libertad continuará flajelándonos con un nuevo rostro, con una nueva Constitución y, probablemente, bajo un nuevo gobierno. Es entonces cuando percibimos que nuestra meta nunca fue el subsidio al transporte público ni un alza en los salarios ni en las pensiones ni nuevas oportunidades de trabajo ni el fin del precariado ni la gratuidad de la educación; es cuando revelamos –ante propios y extraños– que nuestra lucha nunca fue por un Seguro Nacional de Salud ni por una nueva Constitución ni por una Asamblea Constituyente ni contra la corrupción ni por la transparencia democrática ni por la participación parlamentaria ni por la sensibilización de los pacos ni por el arribo al poder de un gobierno popular y, mucho menos por una nueva Patria.

Todo ese conjunto de demandas ciudadanistas sólo fue el pretexto para exacerbar la rabia y desatar las pasiones libertarias, la coyuntura sublime para extender el caos y darle vida a la Anarquía. Nosotros, las y los anarquistas, no luchamos por reformas. La lucha anárquica se lleva a cabo fuera de la esfera de los “derechos” legales. Por eso pienso que la guerra tiene que continuar.

Quizás terminaron los días en la barricada y concluyeron las expropiaciones multitudinarias pero ha llegado la hora de la natural decantación que potencializará el accionar de un reducido núcleo refractario que una vez más confirma la gravitación de los grupos de afinidad y la pertinencia de l@s lob@s solitari@s. Nuestra guerra es contra toda Autoridad, por el fin de la mercancia, por  la liquidación de la producción y de toda nocividad, por la destrucción del trabajo, por la destrucción del enemigo.

Llegó el momento de desterrar de nuestras tiendas la máscara de la corrección política y las actitudes anarco-izquierdistas que tan caro hemos tenido que solventar. Nuestro accionar no requiere de la aceptación y la empatía de la muchedumbre. Como atinadamente cuestiana Bonanno ¿cuánto nos cuesta llevar puesta la careta de la respetabilidad revolucionaria? [12]

«Los anarquistas a menudo no se presentan como lo que realmente son. No dicen de inmediato: somos anarquistas, queremos destruir al enemigo. Por lo general son más suaves, para no asustar a los que están escuchando. Porque piensan que el crecimiento cuantitativo puede fortalecer al movimiento anarquista, creen que de esa forma los anarquistas, que hoy son cien o, mil, mañana pueden ser diez mil, cien mil, y hacer posible la revolución.»[13]

En un mundo tripolar (EE.UU/China/Rusia), donde paradójicamente, ya no se enfrentan programas ideológicos “opuestos” sino tres variaciones de un expansionismo capitalista depredador con intereses y enemigos comunes[14], nos queda muy claro que no hay alternativa, no hay “triunfo” viable. No hay Revolución posible, solo un mundo que destruir.

Ante ello, la pregunta de rigor en el tema que nos ocupa es ¿hacia dónde va Chile? Es decir, que intenciones subyacen realmente tras el eslógan «¡Vamos! Chile no se rinde» que aparece a manera de epígrafe sobre la gigantesca bandera con que finaliza el videoclip antes mencionado.

Para responder esta interrogante, tal vez haya quien nos recomiende repasar antes los “vaticinios” de algunos marxistas libertarios posmodernos que vislumbran en el “aceleracionismo” el derrumbe del capitalismo mediante su exceso de desarrollo y otean supuestos signos de poscapitalismo en el propio desarrollo del capitalismo global posindustrial en transición a la Edad Colaborativa (donde se regenerará la biósfera y se establecerá «una economía global más justa, más humanizada y más sostenible para todos los seres humanos de la Tierra»)[15] .

Sin duda, estos videntes optimistas que aseveran que tras la ola de insurrecciones planetarias se entrevé  el fin del capitalismo solo intentan apaciguarnos y distraernos por el camino de la “construcción social”, enterados que no transigiremos en nuestros esfuerzos por la destrucción de todo lo que nos oprime porque nuestra lucha es por la liberación total.

Conscientes estamos que asistimos al fin de un ciclo económico y ello conlleva múltiples transformaciones generadoras de exclusión, frustraciones y desesperanza. El “consenso de Washington” ha concluido, dando paso a un modelo multicéntrico del capitalismo global. Estados Unidos, China, Rusia, Europa y, de cierta manera, América Latina[16], representan modelos específicos de ese  capitalismo global que se expande sin límites en todos los confines de la Tierra.

A pesar de las “características específicas” de cada uno de estos países o bloques de países, todos dejan intacta la economía de mercado, lo que reduce en la práctica las “diferencias” a la manera en que cada proyecto particular reprime los antagonismos locales que emergen de la dinámica del desarrollo capitalista global.

Es irrefutable el avance a paso agigantado del capitalismo desde el Congo al Ecuador. China y Viet Nam son ejemplos fidedignos de su rápido crecimiento. Pese a todos los augurios, el capitalismo se renueva con cada “crisis” y presume una salud inquebrantable. Lo que nos lleva a concluir que sea cual sea el desenlace de esta insurrección, Chile se dirije inexorablemente hacia más capitalismo.

Así, el “porvenir” [17] que pronostica el remix de El Pueblo Unido, se reduce a más de lo mismo pero ahora, probablemente de la mano de la izquierda. «La luz/de un rojo amanecer»[18]  que anuncia «la vida que vendrá»[19]  no es sino la extraña luminosidad escarlata de la niebla tóxica de las principales ciudades chilenas[20] , el aviso de la hecatombe ambiental que se aproxima por la elevada contaminación industrial, la despiadada explotación minera y la sobrecarga vehícular, todo obra y gracia de la depredación capitalista y; «la vida que vendrá», consecuentemente, será posapocalíptica pero, para entonces, seguro tendremos que agradecer a Monsanto por las provisiones de frutas y verduras a precios accesibles, en los albores de un capitalismo colaborativo.

Empero, esta certeza no nos amedrenta. Al contrario, nos invita a abandonar todos los encasillamientos utópicos y a reafirmar la Anarquía en el siglo XXI como un campo de guerra permanente. Reconocer que no hay alternativa, no es un llamado a claudicar sino la expresión gutural que nos incita al abordaje anárquico con el cuchillo entre los dientes, una propuesta de guerra cotidiana: todas las razones inmanentes para hacer que viva la Anarquía aquí y ahora, hasta que no quede huella de institución o autoridad alguna.

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 24 de noviembre de 2019.

Posdata ineludible: El enemigo de la Anarquía en Chile ya no es el gobierno represivo de Piñera (con sus pacos asesinos en la calle y los milicos bayoneta en ristre) sino aquellos que celebran sinceramente el “triunfo” y comienzan a jugar la carta de la Asamblea Constituyente y afilan sus colmillos para abril 2020. El nuevo enemigo es esa fuerza instituyente que comienza a mostrar el rostro. Combatirla  –con la misma furia con que se ha confrontado a los actuales poderes– es el objetivo. Queda poco tiempo y mucho por destruir. Aún no se ha incendiado ninguna sede del Partido Comunista ni se le ha otorgado su merecido baño de mierda al diputado Boris Barrera.

 

[1] Con información recabada a partir de los comunicados de diferentes grupos de afinidad y/o colectivos alojados en los portales afines Anarquía Info (//anarquia.info), ContraInfo (//es-contrainfo.espiv.net) y, ANA (//noticiasanarquistas.noblogs.org/) y, a través del intercambio epistolar con entrañables compañeros y compañeras, testigos y protagonistas de los acontecimientos.
[2] Bakunin,  Miguel, Cartas a un francés sobre la crisis actual, 25 de agosto de 1870, recogido en: Obras completas, tomo I, Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1977,  P.55.
[3] Ibídem, P.78.
[4] Disponible en: //www.youtube.com/watch?v=IUOF9wxrYFI
[5] Ibídem.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem.
[8] Quienes rubrican la misiva en cuestión no merecen ser citados y exigen una respuesta in situ mucho más contundente que la que les puedo dar por esta vía .
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem.
[12] Conferencia multicitada en mi carta anterior, impartida en la Universidad Pantio, Atenas. Recogida en: Alfredo M. Bonanno, Dominación y revuelta, segunda edición revisada y corregida con adiciones, Edizioni Anarchismo, Trieste, 2015. pp. 139 – 176
[13] Ibídem.
[14] O al menos, eso intentan hacernos creer. Estados Unidos, China, Rusia e incluso Irán, comparten intereses en el combate a ISIS y sus células internacionales,  aunque en realidad simulan combatirlo con el objetivo de machacar a sus verdaderos enemigos.
[15] Tal es el caso de Jeremy Rifkin y su denominado “procomún colaborativo” –que tanto ha permeado en nuestras tiendas– donde identifica un nuevo modo de producción e intercambio que renuncia a las relaciones de mercado y a la propiedad privada, de la mano del “Internet de las cosas” y las ventajas de una sociedad de coste marginal casi nulo dando paso a la “cornucopia sostenible”.  Para mayor información, Vid., Rifkin, Jeremy, La sociedad de coste marginal cero: El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el ecplipse del capitalismo, Paidós, Barcelona, 2014.
[16] Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que en Latinoamérica el capitalismo populista está en ascenso. Cuba, Nicaragua, Venezuela y la Bolivia del depuesto Evo Morales, son ejemplos concretos del Capitalismo de Estado del Siglo XXI. El Hombre Nuevo ha sufrido una contundente metamorfosis y ha devenido en Homo Capitalista, dispuesto a arrasar y devastar la Tierra. Aquel viejo chiste cubano de finales de los setentas cobra sentido: “los gusanos han regresado transformados en mariposas”.
[17] Por esas coincidencias fútiles de la vida la letra del remix ha sido sugestivamente alojada en: //www.marxists.org/subject/art/music/lyrics/es/el-pueblo.htm
[18] Ibídem.
[19] Ibídem.
[20] Chile tiene nueve de las diez urbes más contaminadas de América Latina (Padre las Casas, Osorno, Coyhaique, Valdivia, Temuco, Santiago, Linares, Rancagua y Puerto Montt). //radio.uchile.cl/2019/03/06/ciudades-chilenas-son-las-mas-contaminadas-de-sudamerica/

Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual. (Parte I).

Escrito por Gustavo Rodríguez. Parte I de II.


—A Joaquín García Chanks y Marcelo Villarroel Sepúlveda, compañeros y co-conspiradores.

“… toda opinión revolucionaria extrae su fuerza de la secreta convicción de que no se puede cambiar nada.”
– George Orwell, El camino a Wigan Pier.

“Alicia: ¿Cuánto dura para siempre?
Conejo blanco: A veces sólo un instante.”
Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.

El mal-estar es el nuevo punto de partida de las impetuosas protestas populares que recorren la geografía global. Hong Kong, Francia, Argelia, Irak, Haití, Líbano, Cataluña, Ecuador, Bolivia y Chile, son los fastuosos protagonistas de la ola de revueltas urbanas multitudinarias que estremece al mundo.

Si bien es cierto que estas profusas protestas tienen detonantes muy particulares que las explican (específicamente Hong Kong y Cataluña con sus devaneos independentistas), sería ingenuo pensar que esta rabia acumulada está desconectada. El incremento en los costos de bienes y servicios, aunado a la austeridad –con su consiguiente pérdida de empleos y la desigual supervivencia económica a medida que el crecimiento global se desacelera–, son el denominador común de la mayoría de estas movilizaciones.

Sin embargo, es innegable que estas protestas también comparten otro gran telón de fondo que rebasa con creces el análisis economicista y que muy convenientemente no se aborda en los medios de domesticación masiva e intencionalmente se escapa al análisis de los politólogos y los apologistas de la dominación: la convulsión antigobernista, el hartazgo contra quienes gobiernan y, contra todos los partidos políticos sean del color ideológico que sean. Característica que constriñe la ausencia de liderazgos y/o dirigentes y, facilita la efímera concreción de la Anarquía.

Sin duda, los rasgos específicos de este último ensamblaje antagonista, excita a priori a muchas compañeras y compañeros anarquistas, que continúan analizando los acontecimientos a través de la lente de la ideología y se mantienen varados en anquilosados paradigmas decimonónicos. Nada más letal para las ideologías que la realidad misma.

Evidentemente, aquel viejo modelo de sociedad anarquista que se configuraba alrededor de un marco valorativo, de un prototipo de sociedad, de un proyecto de cambio y de una práctica correspondiente, ya no puede ser replicado en nuestros días.

Como bien señaló el compañero Alfredo Bonanno en una de sus conferencias celebradas en Atenas, intitulada La destrucción del trabajo: «Lo primero que debemos eliminar de nuestras mentes es pensar que en el futuro, aún en el caso de concretarse la revolución, hay algo que heredar del Estado y el Capital. ¿Recuerdan los viejos análisis de compañeros de hace veinte, treinta años, cuando se pensaba que a través de la expropiación revolucionaria de los medios de producción de las manos de los capitalistas y su entrega a los proletarios –debidamente educados en la autogestión–, se crearía la nueva sociedad? Pues esto ya no es posible.»i

Hoy, no basta con la multiplicación de las revueltas espontáneas ni con la generalización de la huelga ni con el triunfo de una Revolución Social ni con expropiar los medios de producción e invertir las estructuras piramidales de dominación para que las condiciones autogestionarias y libertarias de convivencia se materialicen como posibilidad inmediata.

Empero, no podemos conformarnos con señalar que las viejas luchas ya no son válidas en nuestros días.

De nueva cuenta estamos con la misma incapacidad de siempre de poder cruzar la línea y pasar de una vez por todas al otro lado. Con la incapacidad de abandonar el callejón sin salida que nos induce el Poder, de librarnos de nosotros mismos, de desenmarañar el camino y renunciar definitivamente al recorrido circular. Nos toca entonces revisar minuciosamente nuestro andamiaje histórico, retirarle las tablas podridas y/o erosionadas por el tiempo y remplazarlas por sólidos y frescos maderos.

Tendremos que re-pensar la Anarquía o, pensar contra el pensar. Invertir los diagramas. Pensar –nos recuerda Deleuze desde el Infierno–, consiste en «lazar cada vez una flecha desde uno mismo al blanco que es el otro, hacer que brille un rayo de luz en las palabras, hacer que se oiga un grito en las cosas visibles. Pensar es lograr que ver alcance su límite, y hablar el suyo (…) es emitir singularidades, lanzar los dados. La tirada de dados expresa que pensar siempre procede del afuera (ese afuera que ya se hundía en el intersticio o constituía el límite común). Pensar no es algo innato ni adquirido. No es el ejercicio innato de una facultad, pero tampoco es un learning que se constituye en el mundo exterior.»ii

Déjà vécu

Para quienes éramos adolecentes en aquel icónico año de 1968 –y para aquellos que me aventajan en almanaques y lo vivieron lanzando adoquines o en escenarios mucho más comprometedores–, las exuberantes revueltas que hoy nos ocupan nos provocan una suerte de déjà vécu, es decir, esa sensación de “ya vivido”, de que la historia se repite o de haber enfrentado esa misma experiencia en el pasado.

En efecto, las movilizaciones masivas no son nuevas. Las manifestaciones setentayocheras también fueron multitudinarias y conformaron un movimiento arrasador de contenido antiautoritario –jamás previsto y mucho menos promovido por las iglesias del anarquismo oficial de aquel momento– que desbordó las coordenadas políticas y económicas que lo expresaron dando vida a una crisis civilizatoria que ponía en jaque a la sociedad disciplinaria y anticipaba la crisis del mundo capitalista de la década de 1970 y el derrumbe del Estado benefactor.

Después siguieron las protestas –igualmente multitudinarias– contra la guerra en Indochina (Viet Nam, Laos y Cambodia). Posteriormente, vendría el mayo del 77 italiano, seguido de las manifestaciones antinucleares y, para cerrar el siglo, en el año de 1999, se desataría una cadena de movilizaciones contra la denominada “globalización” a nivel internacional (Seattle, Washington, Praga, Quebec, Génova, Barcelona, Tesalónica, Varsovia, Guadalajara) extendiéndose hasta 2004.

Con fecha mucho más próxima en el tiempo, vimos las masivas movilizaciones y acampadas protagonizadas por el movimiento 15-M, también bautizado como “movimiento de l@s indignad@s” (2011-2015) en el Estado español y, su réplica, el movimiento Occupy Wall Street (de 2011-2012); así como las protestas en la Plaza Síntagma de Atenas y las realizadas por el movimiento Nuit debout en París y, aún más recientes, las realizadas por “Los chalecos amarillos”.

Pese al espíritu contestatario que las animó y su expontaneidad manifiesta, todas estas movilizaciones (sin excepción), agotaron su férreo ímpetu insumiso recreando la dialéctica marxista del poder constituyente y, concluyeron atrapadas en los dispositivos de captura del sistema de dominación. Como nos recuerda el compañero Bonanno «La máquina del 68 produjo los mejores funcionarios del nuevo Estado tecno-burocrático».iii

He aquí la portentosa capacidad de cooptación por parte de las estructuras de dominación de los movimientos sociales como fuente inagotable de restauración.

Así, vimos transformarse al “movimiento de l@s indignad@s” de las plazas del Estado español en Podemos y constituirse en defensores de la ley y el orden en nombre de los humildes; y a Syriza, abandonar las plazas de Atenas e implementar las políticas de austeridad de la Unión Europea, convirtiéndose en su fiel ejecutor una vez en el gobierno. O, a la Nuit debout llamando a instituir una nueva Constitución y, al movimiento Occupy Wall Street, engrosando las filas de Bernie Sanders en su contienda por la Casa Blanca.

En realidad, un vez hecho este recuento de protestas y movilizaciones pasadas, nos surge cierta incertidumbre que nos invita a cuestionarnos si realmente estamos percibiendo un déjà vécu, es decir; si de verdad se está repitiendo la historia y si tenemos la absoluta certeza de que estas vivencias ya sucedieron antes o, estamos experimentando una alteración de la memoria que nos hace creer que recordamos situaciones que nunca han ocurrido y, verdaderamente, estamos ante un fenómeno nunca visto, nunca oído y ni siquiera soñado.

Si en Mayo del 68 las protestas fueron inspiradas en la utopía constituyente –al igual que toda la retahila de movilizaciones antes mencionadas–; es evidente la ausencia de perspectiva utópica en las actuales movilizaciones que estremecen al mundo. La rabia y la desesperanza no tienen motivaciones utilitarias, no son políticas ni idiológicasiv, son “irracionales”, van más allá de la negación intrapolítica y están impulsadas por una tensión disutópica.

Aunque por momentos la protesta se entremezcle y confunda con las demandas ciudadanistas impulsadas por partidos y sindicatos –siempre prestos a sumarse a la reacción populista predominante–, la excedencia negativa que emerge de la misma articula las pasiones reprimidas y la fuerza erótica de la sedición creando subjetividades insurreccionales volátiles que dan fugaz vida a la Anarquía, subvirtiendo el orden y provocando crisis en los dispositivos de captura.

Instantáneas de la revuelta chilena (primer acercamiento)v

Desde el 18 de octubre del año en curso, Chile se ha convertido en el epicentro de la insurrección latinoamericana, regalándonos verdaderas batallas callejeras contra milicos y esbirros de la policía. Tras quince días de perenne revuelta, el fuego insurgente generalizado ha logrado interrumpir la inmunda normalidad que prevalecía tras el amañado “tránsito a la democracia”, después de largos años de fascismo, impuestos a sangre y fuego por la dictadura militar-empresarial del general Augusto Pinochet.

Sin lugar a dudas, la insurrección generalizada que hoy se vive en Chile es el rostro fehaciente de la desesperanza, el gesto nihilista de quien ha abandonado la espera, la explosión de la rabia anárquica que hemos venido intuyendo desde comienzos de siglo una nutrida órbita de afinidades subversivas, un conjunto de cómplices y co-conspiradores con vívida presencia y experiencia práctica alrededor del mundo.

Más allá de los miles de grafitis de templado puño ácrata que hoy dan aliento a la prologada rebelión en las ciudades de Santiago, Valparaíso y Concepción, la conflictividad se manifiesta de múltiples maneras a lo largo de la región chilena.

En Santiago, además de la movilización de 1.2 millones de manifestantes que ha hecho noticia en todos los telediarios –con sus efectos performativos y su magnitud simbólica–, se ha concretado el acostumbrado ataque a los íconos de la dominación, descargando toda la ira contenida contra las multinacionales capitalistas, destruyendo la mercancía, quemado decenas de autobuses del transporte público, vehículos y edificios, saboteado e incendiado estaciones del metro y, realizado numerosas expropiaciones multitudinarias en tiendas y supermercados.

Continuando con el asalto a los símbolos, fue atacado en tres ocasiones el canal de televisión “Mega” por jóvenes enmascarados con artefactos incendiarios. Una estatua en honor a la policía fue volada en pedazos en la comuna Barnechea, junto a tantos otros monumentos –símbolos icónicos de la dominación–, que han sido destruidos en incontables plazas del país.

De igual modo, ríos de manifestantes han intentado tomar La Moneda en repetidas ocasiones, enfrentando la feroz respuesta de milicos y carabineros. El asalto a la casa de gobierno, se ha convertido en el objetivo principal de la insurrección social, impulsando cierta reminiscencia de la toma del Palacio de Invierno que debería llamarnos a la reflexión.

Apuntes para una reflexión colectiva

¿Por qué tendríamos que asaltar La Moneda? Nuestro propósito no es tomar palacios sino demolerlos. O lo que es lo mismo: sustraernos del Poder. Es decir, aplastar cada vestigio del poder constituido y abortar todo intento de poder constituyente.

En este sentido, debe quedarnos muy claro que los esfuerzos convergentes de los pacos rojos y demás agentes de la izquierda del Capital, con su Mesa de Unidad Social y sus insistentes llamados al plebiscito, a «una nueva Constitución con participación ciudadana vinculante» y, a la conformación de la Asamblea Constituyente; al igual que la intentona controladora del Movimiento Allendista por una Nueva Constitución vi; o la repulsiva convocatoria del Frente Patriótico Manuel Rodríguez a «los militares patriotas, a los carabineros conscientes» a que «se subordinen al pueblo y aporten a la lucha y al término de los malos gobiernos»vii; y los alaridos esquizoides de Izquierda Libertaria y, Socialismo y Libertad clamando por la «unidad popular»; no solo son ajenos a nuestros objetivos de lucha sino que representan un nuevo intento de perpetuar la dominación y afianzar al Capital “con rostro humano”. Tentativa que debemos combatir con el mismo impetú con que enfrentamos al poder constítuido.

Incluso, ante el llamado del ala más radical de la socialdemocracia armada, el denominado Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo (FPMR-A) y el Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres (MIR-EGP), no sólo nos toca mantener una sana distancia extremadamente escéptica sino confrontar por todos los medios posibles su oferta de Poder Popular.

Desafortunadamente, aún hay compañeras y compañeros que insisten en el carácter “social” de la revuelta contemporánea y mantienen sus expectativas en una pretendida –e irrealizable en nuestros días– sociedad libertaria que, como bien señaló Alfredo en la conferencia antes citada: «estoy convencido que incluso si “la anarquía se realizara”, los anarquistas serían críticos de esa anarquía constituida. Porque ese anarquismo sería una institución anarquista, y estoy seguro que la gran mayoría de los compañeros estarían en contra de ese tipo de anarquismo»viii

Para muchos amantes de la lucha social desde las múltiples y particulares interpretaciones del anarquismo, debemos «comprender que la lucha contra el capital tiene varios frentes y formas de acción» para poder avanzar «hacia el futuro, nuestro futuro».ix

Afirmación ésta no solo difícil de “comprender” sino de digerir desde la óptica anárquica contemporánea sin sucumbir en posicionamientos reformistas de claro signo socialdemócrata. Sin duda alguna, los integrantes del colectivo editorial de este zine –y quienes lo reproducen casi seis años después–, todavía tienen fe en «nuestro futuro» y para ello, no escatiman en conformar alianzas con «otros revolucionarios» y participar en «varios frentes» y en diferentes «formas de acción».

Indiscutiblemente, cuando se buscan alianzas se termina por modificar los objetivos en aras de la justificación política de la lucha: un «futuro mejor». Sin reparar que la fe en el futuro es esencial para perpetuar la dominación. Vivir siempre en futuro es precisamente el método tradicional para no vivir aquí y ahora, apartándose para siempre del conflicto permanente implícito en el concurso de la guerra anárquica. ¡Eso ya nos lo advertía desde hace un siglo nuestro Novatori!

En el fondo, detrás de ese posicionamiento, se albergan las desfasadas aspiraciones instituyentes. Fieles al eco de los cantos de sirenas, intuímos en ellos coplas de elogio a la libertad –que siempre retumban en los albores de toda Revolución–, ignorando que en realidad son himnos de alabanza al nuevo Poder constituyente.

Después, vendrán las ingenuas elucidaciones en busca de motivaciones y causas de “las desviaciones”, de las “traiciones” y se repetira hasta el cansancio la vieja historia de la “revolución traicionada”, en vez de vislumbrar que la Revolución jamás ha estado (ni estará) del lado de la libertad sino al servicio del Poder porque toda revolución es intrísecamente instituyente.

Los Robespierre, el Comité de Salvación Pública, los Lenin, los Stalin, los Castro, la KGB, no son alteraciones y deformaciones de los llamados “procesos revolucionarios” sino su natural consecuencia.

De ahí, nuestra compulsiva obsesión por “reinventar” la Anarquía, para restituirle a la teoría –pero sobre todo a la práctica– su potencia emancipadora. Nada más obsceno en nuestros días que abandonar la Anarquía en nombre de una versión vulgar del “comunismo libertario” posmoderno al que nos convidan como alternativa. Hay que desmantelar los fetiches que nos mantienen varados y renunciar a las alternativas (a todas las alternativas a la venta). Cualquier alternativa a la Anarquía es un signo de claudicación y una salida cobarde que busca perpetuar la dominación bajo la insidiosa máscara de las transformaciones.

Lamentablemente, la visión distorsionada de la ideología –fuertemente enquistada en nuestras tiendas–, aún invita a muchos a concebir el anarquismo como una realización (que “dura para siempre”), en lugar de admitir que se trata de una tensión disutópica que nos proporciona instantes de Anarquía que tenemos que extender mediante el ataque certero pero, para poder cristalizar el ataque, para materializar la voluntad destructora, se requiere la previa organización de la insurrección anárquica; es decir, se necesita la articulación informal de pequeños grupos de afinidad capaces de coordinarse e intervenir anárquicamente durante un movimiento insurreccional espontáneo.

Así y solo así, damos vida a la Anarquía en esas interrupciones efímeras de toda “normalidad”, extendiendo el talante ilegalista, propagando el caos hasta las últimas consecuencias, destruyendo el trabajo y todos los pilares de la dominación.

Como nos recuerda Conejo blanco (Alicia en el país de las maravillas): para siempre a veces sólo dura un instante y es en ese lapso de tiempo que debemos de hacer estallar todos los puentes de retorno, quemar todas las naves de regreso e, incendiar la mercancía, demoler la máquina recuperadora. Para ello debemos de estar preparados aunque meramente se concrete un efímero instante de Anarquía, sabedores que su existencia es sólo de ocasión.

El objetivo no es luchar para instaurar el anarquismo. Lo esencial es vivir la Anarquía en la lucha cotidiana con esa pasión vital que nos inunda y potencia nuestro intransigente accionar, recordándole a los vencedores del presente que JAMÁS volverán a dormir en paz.

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 2 de noviembre de 2019.

i Conferencia impartida en la Universidad Pantio, Atenas. Recogida en: Alfredo M. Bonanno, Dominación y revuelta, segunda edición revisada y corregida con adiciones, Edizioni Anarchismo, Trieste, 2015. pp. 139 – 176

ii Deleuze, Gilles, Foucault, Ediciones Culturales Paidós, México, 2016, pp. 151-152.

iii Bonanno, Alfredo M., El placer armado, disponible en:https://zinelibrary.files.wordpress.com/2016/01/el_placer_armado.pdf (Consultado 1/11/19).

iv Vale aquí, de nueva cuenta, hacer la distinción de los casos de Hong Kong y Cataluña, donde las motivaciones sí son políticas e ideológicas.

v Con información de los portales afines Anarquía Info (//anarquia.info), ContraInfo (//es-contrainfo.espiv.net) y, ANA (//noticiasanarquistas.noblogs.org/)

vi Alianza proto stalinista conformada por el Partido Comunista-Acción Proletaria (PC-AP), Izquierda Cristiana (IC) y, el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).

vii FPMR, “Un gobierno provisional, una Asamblea constituyente, nueva constitución”. Disponible en: //www.fpmr.cl/web/ (Consultado 1/11/19).

viii Óp.Cit., Alfredo M. Bonanno, Dominación y revuelta, pp. 139 – 176.

ix V.P., Colectivo La Peste, “La organización en la lucha social: una crítica libertaria”, Publicado originalmente en Pestezine, Nº11, Mayo 2013, republicado por quienes insisten en la misma cantaleta el 22 de enero de 2019 en Portal Oaca, Disponible en: //www.portaloaca.com/opinion/14123-la-organizacion-en-la-lucha-social-una-critica-libertaria.html (Consultado 1/11/19).

México: Acciones solidarias con las revueltas de Chile y Ecuador

ACCIONES DE SOLIDARIDAD INTERNACIONAL CON LOS PROLETARIOS EN GUERRA CONTRA EL ESTADO CHILENO, ECUATORIANO O CUALQUIER OTRO DESDE EL TERRITORIO BAJO CONTROL DEL ESTADO MEXICANO

El llamado es claro, al estallido de la huelga general, la acción y lucha directa, asambleas territoriales, ollas comunitarias, saqueos y sabotajes; acciones que si bien no exentas de sus limitaciones, imponen las necesidades humanas sobre las del capital y la dictadura del valor. El estallido social que resulta de medidas y reformas económicas e incrementos en el transporte o bienes básicos, que precarizan la vida en las distintas regiones del cono sur, así como consecuencia de la miseria generalizada; impulsan al proletario a constituirse como clase revolucionaria y decidirse a tomar las riendas de su vida en lucha directa y antagónica a las normas mercantiles del Estado-Capital o reventar de hambre.

Los proletarios más conscientes de nuestra condición de clase sabemos la importancia de compartir y asumir su lucha como nuestra, acompañarlos en esta guerra de clases superando toda barrera nacional, sabemos que como sujetos históricos nos desenvolvemos bajo la misma dominación con distintas facetas y fronteras, compartimos la impotencia y las lágrimas, así como los breves momentos de victoria que de cualquier modo nos dejan una lección de vida para las futuras generaciones. En ese sentido una cantidad no definida de proletarios salvajes decidimos mandar nuestro gesto de solidaridad fraterna cortando las vías de comunicación y circulación mercantil en distintos puntos de la Ciudad de México, en el marco de una convocatoria global en apoyo a la causa de inicio.

Se sabe que las mismas acciones ejecutadas de forma aislada no representan nada más allá de un acto inmediatista o caprichoso de tal o cual grupo, que de ninguna manera suponen un “paso previo” para “construir la insurrección”, por el contrario, se reconoce en este acto la necesidad de comprender y cuestionarse la paz social en la que se ha hundido el proletariado de la región en México una vez que la socialdemocracia tomó control del Estado, aun así podemos afirmar que más temprano que tarde volverá a vislumbrarse la flama que incite a la acción una vez que se desmonte el mito del progresismo, es decir, que el endurecimiento de las condiciones de supervivencia y el agotamiento de alternativas devuelva a nuestra clase la capacidad de romper con todo tipo de programas que pretendan encuadrar la rabia.

Finalmente compartimos el llamado de los proletarios en guerra en aquellas regiones de convulsión social a no bajar la guardia, a imponer la dictadura de las necesidades humanas contra la dictadura democrática del capital, a combatir el ciudadanismo y el pacifismo anteponiendo la consciencia de clase y la violencia proletaria.

La paz social es momentánea y la insurrección puede estallar de forma inesperada para lo cual debemos estar más preparados que nunca. Estamos en guerra, sí, contra el Estado-Capital, su policía y milicia, sus partidos e iglesias, sus leyes y reformas. Estamos en guerra, una guerra de clases.

¡La guerra por el Comunismo y la Anarquía!

-Proletarios Salvajes contra el Estado Mexicano, 24 / Octubre / 2019.

Chile: Opinión sobre incendios forestales, interés empresarial y “violencia rural”

Desde la zona central de Chile.

Los incendios forestales que han afectado a la zona centro y sur de Chile son conocidamente obra humana. Esto está claro, mas hace falta especificar a los responsables reales.

Estos incendios constituyen un acto ecocida, pero no basta con esta definición, como tampoco es suficiente aquella explicación mediática que indica que estos incendios son ejecutados por personas que simplemente entraron en la “moda” de provocar incendios de gran escala por placer, misteriosos pirómanos que están al acecho de zonas vulnerables el mismo día y en el momento exacto, cuando acelera el viento y asciende la temperatura.

Estos tristes eventos generan ganancias para la clase dominante chilena e internacional de varias maneras:

Primero, las mafias forestales se aprovechan de la devaluación de las hectáreas quemadas en las que existía bosque nativo (y ecosistemas de fauna y flora endémica, obviamente), y así invierten a bajo costo en estos terrenos, ahora baldíos, para invertir con plantaciones de pino y eucalipto principalmente.

Por otro lado, se genera un espectáculo mediático que genera un estado de terror exagerado en la población, donde los grandes héroes son los empresarios que invierten recursos como brigadas, helicópteros, avionetas, equipos de comunicación, entre otras cosas. Brindan así una forzada sensación de seguridad en la población que agradece a nuestros verdaderos carceleros.

También, la clase dominante aprovecha la catástrofe para darle un uso político donde entra en juego el Estado de forma explícita y legitimada. Dado el clima de inseguridad y con un discurso expresado en tono semi-neutro, se buscan culpables y se inventan nuevos conceptos policíacos como el de “violencia rural”, que por el momento no ha presentado solvencia política más que la persecución de grupos de resistencia mapuche, específicamente en la región de la Araucanía, como si fuera ésta la única región “campesina” del país, y la única donde se desarrollan eventos de violencia armada, siendo que el uso de armas y la criminalidad es una fuerte herencia colonial y latifundista palpable en el campo desde Santiago hacia el sur, las zonas subyugadas a la explotación agrícola y ganadera a gran escala en Chile. Si la violencia relacionada a las armas en la Araucanía constituye un caso especial, no hay otro motivo que la presencia policial exacerbada en la región, y el ciclo de resentimiento que de forma legítima, parte del pueblo mapuche dirige contra el Estado y las empresas extractivistas, sobretodo forestales. Obviamente, acabarán apuntando también a los sujetos incendiarios, vale decir, el sector anarquista, para variar. Ya en las noticias durante el incendio del cerro San Cristóbal este 25 de Febrero se ha esbozado y dado a luz pública las inteligentes y curiosamente específicas sospechas de la policía, pues en el frontis del zoológico habían rayados que pugnaban, no sé si simbólicamente o no, la “quema de las jaulas”.

Sabemos que este tipo de acusaciones contra mapuche y contra anarquistas es una tergiversación respaldada sólo por los medios desinformativos que utiliza el Poder. Aprovechando la profunda ignorancia y mentalidad fascista con la que educan día a día a nuestros pares de clase a través de la televisión y la confusión informativa de internet, relacionan este tipo de actos -estamos hablando de incendiar bosque nativo y asesinar especies animales no humanas-, con personas que respetan por ideología y/o forma de vida comunitaria y en relación con la naturaleza (eso último aplicable más que nada a comunidades mapuche), la vida de la naturaleza.

El pueblo mapuche en resistencia aspira a ejercer su cultura y para ello es fundamental una interrelación con el bosque y la tierra, como mundo espiritual y económico. En el caso del anarquismo, existe una histórica tradición ecologista que tiene sus raíces en figuras y discursos del siglo XIX en adelante, el anarco primitivismo, heredero del naturismo, por ejemplo, o los discursos antidesarrollistas que aspiran a la formación de localidades agrarias y asamblearias como proceso revolucionario.

De ninguna manera victimizo a anarquistas y mapuche en este punto, pues eso sería una mentira y falta de respeto a los grupos e individuos que sí asumen una postura confrontacional y abiertamente incendiaria. Lo que hay que comprender, es que el fuego mapuche y anarquista no está dirigido al bosque, al cerro, a la tierra, al “león” o puma, al hualo, a la loica, o al chercán. El fuego anticapitalista está dirigido a las jaulas de exhibicionismo, a las industrias y sus herramientas… a todo lo que sea símbolo y recurso capitalista industrial y desarrollista, pues son fuente estructural de realidades especistas y ecocidas, explotadoras y aniquiladoras de formas de vida comunitarias como las practicadas por la mayoría de los pueblos precolombinos en la actual América, que junto al Estado someten a la naturaleza y a la humanidad a la explotación y efectos lógicos como sequías, derrumbes, deshielos, acompañados de una descomposición social tremenda, que al volcarse en rebelión, los medios represivos del Estado golpean a las clases bajas y a los pueblos indígenas doble o triplemente explotados por la maquinaria racista del sistema global.

Es importantísimo que reconozcamos, como clase dominada, que la rabia motivada por este tipo de hechos está dirigida y potenciada por los medios de comunicación. La rabia es legítima y es un arma, pero no es neutral, es decir, debemos ponerla de nuestro lado, pues es fuertemente manipulada por la clase empresaria respaldada por el Estado.

Si hacemos un recuento hacia años anteriores al 2017, preguntémonos: ¿cuánta era la preocupación de las masas ante los incendios forestales?, porque incendios forestales hay hace décadas, año tras año. Sin embargo hubo que esperar hasta el 2017, cuando los empresarios se disfrazaron de héroes y trajeron el Súper Tanker, avión protagonista de su propia película sobre ayudar a un pequeño país del sur, seguido cada día por cámaras de televisión, aunque no hizo más que otras brigadas.

Obviamente una intención política, además de una vanidosa demostración de poder y perpetración del eurocentrismo y del conformismo de las masas que prefieren sentirse al alero de empresarios, que se “hacen cargo del problema”. No lo hacen, ni lo harían, ni lo harán, ¿o pensamos que se disponen a dejar de explotar la Tierra?

Los incendios del 2017 están precedidos por otra serie de incendios el año 2014, y esto ha ido en asenso, así como el negocio forestal. Y ahora, que estamos más o menos “acostumbrados” a esta violencia, los gobiernos plantean “soluciones” que curiosamente consisten en aumentar el nivel represivo del Estado.

Se ha modificado la semilla del pino radiata en la Universidad de Concepción para hacerla adaptarse a climas más fríos y así expandir su cultivo hacia zonas más sureñas. ¿Y nos parece casualidad que los incendios se concentraran en el centro sur en el 2017, y el 2019 en la región de los Ríos, de los Lagos y de la Araucanía? ¿Nos parece aún la acción de anónimos y burdos pirómanos sin objetivos claros?

Las forestales se han extendido a zonas antes no tocadas por este tipo de explotación. Así también, se han construido más vías de traslado de mercancía, junto con potenciar el mercado turístico. Las medidas policíacas que están por aplicarse, y que se están ya aplicando, están dirigidas a los territorios rurales y rural-urbanos donde parte de la población se ha comenzado a negar a la mercantilización del territorio (explotación de tierra, madera, agua, ecoturismo, zoologización de costumbres y comunidades, etc.). Esto está totalmente relacionado con la aplicación de la IIRSA o “Iniciativa por la Integración de la Región Sudamericana”, cuya funcionalidad iniciará el año 2022. Este proyecto se ha planeado bajo un gran silencio hace más o menos dos décadas y es uno de los grandes proyectos logrados gracias a las políticas posteriores a las dictaduras latinoamericanas financiadas por el norte occidental, especialmente EE.UU. Esto incluye a la dictadura militar y todos los gobiernos democráticos desde 1990 en adelante, en el caso de Chile, por su apoyo directo a esta iniciativa colonial, o por brindar los medios necesarios para su aplicación en la actualidad, por ejemplo, los tratados de libre comercio y los “fomentos a la inversión privada” en el ámbito agrícola y forestal. Se están recrudeciendo los mecanismos de explotación, ampliando el espectro extractivista neoliberal, y reduciendo al Estado a una función represiva, deslegitimado (auque sea sólo de manera espectacular), por las propias empresas, cuyos representantes o lacayos vociferan que el Estado no tiene los medios suficientes para combatir la crisis ecológica, los conflictos territoriales o el cambio climático. En el fondo, el Poder de manera cada vez más explícita y aceptada está en manos de las empresas.

Antes de terminar, cabe responsabilizar a la clase política y empresarial del desastre ecológico y social que hoy en día se vive en Sudamérica, en el caso chileno de las forestales, a los Matte y los Angelini.

A lxs anarquistas, les invito no sólo a posicionarse de manera explícita ante estas situaciones, si no a aprender a defenderse del desprestigio y satanización que la clase dominante hace del anarquismo ante el pueblo. Con esto voy a que queramos o no, estamos inmersos en una lucha de clases donde los empresarios, el Estado y los medios de comunicación nos llevan golpeando por años y se aventajan a pasos gigantescos.

Hemos de discernir bien a la hora de fijar las responsabilidades sistémicas en lo que se refiere a los asuntos ecológicos y sociales. La misantropía no es la respuesta como tampoco lo es el pacifismo de las modas ecologistas o las ferias alternativas. ¿Por qué digo esto? Pues, porque la destrucción de la Tierra y de la vida como la comprendemos -los ciclos geoquímicos, del agua y del aire, la alimentación libre, la fauna y la flora libre y autosuficiente, por ejemplo, un medio que permite la autonomía comunitaria-, no podemos achacársela de manera abstracta a conceptos como “la Humanidad”. Es cierto que somos la única especie que se ha dedicado a explotarse a sí misma, a destruirse y a destruir la vida de otros seres y contextos naturales, pero esto se ha visto potenciado únicamente por la industrialización y las políticas globalizadoras, respaldadas por una cosmovisión totalitaria, racista y colonial inseparable del capitalismo y las ideologías europeas desde la conquista de este continente. Por lo que más que a la Humanidad como concepto abstracto, lejos de aquel romanticismo, apuntaremos a los grupos económicos, al Estado, a la clase política, a la industrialización, a los medios de desinformación masiva que contagian su ideología, a las herramientas del desarrollo y al desarrollo en sí mismo, que bajo la idea de sustentabilidad pretende mostrarse como salvación de los males eco sociales que nos amenazan cotidianamente, despolitizándola situación, mostrando el interés económico como un interés de toda la población. Sustentar el desarrollo no es otra cosa que sustentar al capitalismo, dándole más duración en el tiempo y aplazando su inevitable caída, pues las medidas actuales que se están tomando en el ámbito extractivista no demuestran otra cosa que su inminente caída, refiriéndome a décadas, por supuesto.

Por último, invitar a nuestra gente, nuestros iguales de clase, a ser crítica con la industrialización y el desarrollo económico, siempre acompañado de la explotación de recursos y generador inevitable de descomposición y crisis social, ya sea por motivos medioambientales, económicos, o por la imposición de estilos de vida sometidos al ritmo de la producción industrial.

Sudamérica, en los planes globales de dominación, cumple un rol primario, básicamente sostiene la estabilidad económica y socio-política del norte, es decir, Norteamérica y Europa. Ningún modelo estatal de gobierno interno puede superar esta imposición geopolítica.

Desde el sector anarquista, no se busca un mercado “justo” o un modelo de producción sustentable, pues la destrucción de la Tierra es inherente al capitalismo, sea empresarial o sea estatal, como en los modelos de Rusia, China o Venezuela (economías basadas en la industrialización y explotación humana pro artefactos tecnológicos, o la explotación de recursos como el petróleo). La salvedad de esta situación está en manos del pueblo organizado de forma autónoma, apartado de las empresas y las instituciones estatales, y con la fuerza suficiente para construir un medio asambleario, local y autónomo, idealmente una reconstrucción ecológica de la vida. En el centro sur, por ejemplo, por sus condiciones climáticas, es posible un estilo de vida agrario. Sin embargo, combatir será totalmente necesario y crear redes internacionales de sabotaje, de ataque y de defensa territorial en general.

Solidaridad anticarcelaria y libertad para lxs seis compañerxs del caso “21 de Mayo”.

Desde el centro sur, río Mataquito.
Lombriz de Charco.

Palabras internacionales a la memoria del Maury

Conjunto de palabras en memoria al anarquista chileno  Mauricio Morales  caido en combate el 22 de Mayo del 2009, realizadas por Internacional Negra Ediciones, compañerxs antiautoritarios de Bolivia, Marcelo Villarroel Sepúlveda y Gustavo Rodríguez.


 

Compañeras y compañeros:

Para nosotras, lxs que conformamos Internacional Negra Ediciones,acompañarles en esta jornada kontrakultural y anticarcelaria, en conmemoración a la caída en combate de nuestro querido compañero Mauricio Morales, es un honor y un compromiso. No sólo por la afinidad
teórico práctica que nos hermanaba sino en reconocimiento a su entrega total a la guerra anárquica, consecuente con sus principios antiautoritarios.

Hoy el punki Mauri vive en nuestra memoria negra pero también nos acompaña en cada acción, en cada iniciativa, en cada proyecto insurreccional. Hoy el compa Mauri está a nuestro lado en esta jornada anticarcelaria impulsando la solidaridad con nuestrxs compañerxs
secuestradxs por el Estado en todas las regiones del mundo, asestando un golpe más contra los muros de las prisiones, atizando el fuego de la Liberación Total, suscitando nuestra guerra contra todo Poder, contra toda Autoridad.

Justamente, nuestro primer libro en castellano: ¡Que se ilumine la noche! del compa Gustavo Rodríguez (editado simultáneamente en México y Chile), fue dedicado a la memoria de Mauricio Morales, caído mientras ilumina la noche de Santiago. Y cada nuevo proyecto editorial, insurreccional e informalista, implícitamente es una evocación a Mauri.

Como la mayoría de lxs presentes recordará, las ediciones Internacional Negra, surgieron entre barrotes y muros, como propuesta de lucha de nuestrxs compañerxs presxs miembrxs de la Conspiración de las Células de Fuego en Grecia. Desde sus primeros días encarceladxs en 2012, lanzaron esta propuesta que desde entonces se ha venido materializando gracias a
la solidaridad y la coordinación internacional. Procurando que viva la Anarquía,  como bien nos recuerda Mauri, no en los libreros, en las repisas y en las estanterías de las bibliotecas y librerías sino cristalizando nuestras ideas en las calles,  donde realmente se escribe la historia de la insurrección anárquica como aspiraban nuestrxs hermanxs encarceladxs de la CCF.

Internacional Negra Ediciones, hoy es una realidad que potencia la tendencia  informal anárquica abriendo paso hacia la liberación total, un proyecto autogestionado que se edita en diferentes idiomas, “auspiciado” con el dinero del enemigo, como lo soñaron nuestrxs compas
griegxs, y sus libros, llegan totalmente gratis, a las manos de nuestrxs compañerxs en prisión y esperan ansiosos ser leídos por nuestrxs afines en todas las bibliotecas antiautoritarias, aportando unos gramos más de pólvora negra a la lucha.

¡Pasemos de la lectura a la complicidad!
¡Destruyamos todas las prisiones y todas las jaulas!
¡Por la liberación total!
¡Acción Directa, Solidaridad e Internacionalismo Anárquico contra toda
Autoridad!

Internacional Negra Ediciones.
México, mayo de 2018.   

* * * * *

¡Mauricio Morales Presente!!!

Recordamos permanentemente a Mauricio Morales, quien luchó hasta su último segundo de vida por ser libre, quien sigue vivo a través de actos de rebeldía contra el Poder, a través de sus palabras que han llegado hasta nosotrxs. El compañero es recordado como alguien que llevó una vida sencilla, en la que su alma conspiraba cada vez que respiraba, lo recordamos para que la historia convencional  no lo sepulte, ni a él ni a ningúnx compañerx que caiga en combate, esa fortaleza de la vida hacia la muerte es una gran motivación para nosotrxs, para no rendirnos ni dejarnos domesticar por las hipocresías alternativas y reformistas del sistema, la liberación debe ser total, la esencia de la lucha es enfrentarnos contra toda autoridad, porque esta es la que genera desigualdades y sumisión, quizá algunxs decidan olvidar o someterse a la subordinación que engendra el Poder, pero la decisión de repudio a este
no será cercenado de nosotrxs. Luchemos permanentemente, por ser libres, por una Pacha (Tierra) libre de la dominación del Poder, para que la naturaleza, cada animal no humano y humanx respire libertad y no seamos explotados, encerrados, perseguidxs, por la autoridad infame.

Denunciamos la persecución que existe a quienes luchan por ser libres, denunciamos los proyectos extractivistas que enriquecen a los “Socialistas del Siglo XXI”, denunciamos a esxs falsxs indígenas que ocupan la silla del Poder y están eliminando a los pueblos indígenas y
ancestrales; Evo o Piñera son lo mismo, ambxs representan la destrucción de la Pacha y el avance del Capital, mediante la represión y la expansión de su civilización, esxs burgueses no podrán transmitir su poderío a nuestras mentes ni a nuestros actos. Desprecio total a la
disputa marítima entre Bolivia y Chile, porque las guerras entre nosotrxs no tiene sentido, mejor luchar contra el Poder de estos países, que se han apropiado del océano, esa guerra la han iniciado por defender sus intereses personales unxs cuantos burgueses, hoy continúa esa
disputa, y, es ajena a cualquiera que anhele un mundo libre, sin nacionalidades ni territorios delimitados.

Esperamos que estas palabras acompañen a cada hermanx que lucha, a lxs compañerxs y cercanxs del punky Mauri, a quienes vivieron con él en la Sacco, a quienes hacen posible que hoy lo sigamos recordando, todos los días, cada segundo, con la convicción firme, con la determinación permanente de destruir todo lo que nos oprime, para construir una comunidad sin democracias, sin que nadie nos represente, donde convivamos con la Pacha (Tierra), armonicemos nuestros anhelos de destruir el Capital, y a aquello que ocasiona que el Poder se apropie de nuestras vidas, enajenémonos de las normas leguleyas, porque son estas las que preparan el camino de los poderosos para someter a lxs que no son de su cúpula, miremos nuestro alrededor y encontraremos mucha miseria, ocasionada por las fronteras, por los Estados, por el negocio de las guerras; miremos las olas del mar, y encontraremos la rebelión de la naturaleza indómita, en la que ningún Poder es más fuerte que ella.

Saludamos a lxs presxs de la guerra social, al pueblo Mapuche, a quienes luchan sin temer las circunstancias.

Memoria viva por Mauricio Morales.
Jallalla Hermanxs!

Antiautoritarixs desde algún lugar del territorio denominado Bolivia
Mayo de 2018

* * * * *

HACIENDO DE LA RESISTENCIA OFENSIVA A LA PRISION EL MEJOR HOMENAJE PARA MAURICIO Y TODXS NUESTRXS HERMANXS KAIDXS!!
KON LA MEMORIA INTAKTA Y LA DECISION DE KOMBATE AUTONOMO KONTRA ELPODER, LAS JERARKIAS Y TODA AUTORIDAD!!
POR LA ANARKIA… A PESAR DE LXS ANARKISTAS!!

Por estos días se kumplen ya 9 años desde ke el korazón de Mauricio dejara de latir en una fría noche de otoño santiaguina kuando se aprestaba a ataka, mediante una karga explosiva artesanal, la eskuela de gendarmería; lugar destinado para la formación de akellos verdugos
dedikados a la represión, kontrol y kastigo de los centros de exterminio en los ke se rekluye a pobres y explotadxs en este territorio dominado por el Estado Chileno.

Pareciera ke kuando la memoria es potente y la konvixión insurrekta inkiebrantable, las vivencias pasadas se expresan kotidianamente haciéndonos konvivir kon lxs nuestrxs más allá de toda racionalidad. Por ello muchas veces decimos ke nuestrxs muertxs gozan de muy buena salud ya ke nunka nos abandonan porke kaminan en todo momento y lugar kon nosotrxs.

Así es ke Mauricio Morales Duarte, un joven kompañerx ke abraza la Anarkia a través de la teoría y la axión, komo un kompromiso libremente autoasumido de kombate kontra lo existente es kapaz de vencer las fronteras del tiempo y las geografías… de las subjetividades ke separan y fragmentan… de los miedos y exkusas ke paralizan y alimentan la kobardia… porke la potencia de su aktuar fue y es kapaz de prevalecer por encima de las infinitas difikultades ke el día a día de Resistencia Insurrekta nos presenta en este desafío ke implika kerer destruir este mundo enfermo.

La decisión de kerer vivir a kontrakorriente de este presente de mierda es lo ke amplifika el hermoso gesto de atake ke guiaba los pasos del Punky Maury y es ahí en donde nos hermanamos kienes kaminamos en el mismo pulso de la guerra social. No importa si estamos en Prisión, en klandestinidad, en kualkier lugar del planeta o mimetizadxs entre la multitud esperando dar el próximo golpe… pertenecemos a ese mirar kompartido y kolektivizado a través de valores y práktikas ke, a pesar de las eternas difikultades, kontinúa persistiendo en la Revuelta.

Una Revuelta ke se alimenta de la konspiración kotidiana para el atake… del esklarecimiento teóriko-práktiko para no perderse divagando entre konsignas vacías y masividades ciudadanas de protesta… de una konstruxión antagonika real ke posibilita krecer para Resistir Ofensivamente kon todas las herramientas posibles para el atake.

Han sido múltiples y konstantes las iniciativas ke llevan su nombre komo referencia inekivoka de un kontexto, de un tiempo, en el ke es inevitable pensarlx desde el kombate y no desde la mera anékdota vivencial. Puedo entender los diferentes aspektos de su individualidad aunke reskato esencialmente la decisión de atakar, la voluntad de atreverse, el rechazo a las exkusas y moderaciones ke enfrian la rabia tan justa y necesaria para nuestra insistencia subversiva…por ello mis respetos siempre vivos.

A través de diferentes idiomas pero en el mismo lenguaje de guerra el nombre de Mauricio es sinónimo de lucha antikarcelaria real y desde esta trinchera hago un humílde llamado a no cesar en la búskeda de los vínkulos ke mantengan a todxs lxs presxs de la guerra social en
komunikación permanente kon los diferentes entornos ke desarrollan una labor enkomiable,silenciosa y persistente en este espacio de lucha en el ke no hay espacio para pausas ni relajos….estamos kontra el tiempo, la prisión debe ser abolida y destruida asi komo la sociedad ke la sostiene y alimenta del mismo modo ke kombatidas deben ser todas las policias y komportamientos funcionales al orden de la autoridad.

A través de estas letras abrazo y saludo a kienes han mantenido y kolektivizado la memoria de Mauricio, a kienes lo konocen a través de su legado, a kienes se interesan por romper kon las imágenes idealizadas de alguien tan defektuosx komo kualkiera de nosotrxs pero kapaz komo pokxs a la hora de abrazar el kaos kon la decisión irrenunciable de armarse hasta la destruxión del último bastión de la sociedad karcelaria.

Recibe un fraterno abrazo kompañerx donde kiera ke hoy te enkuentres…
Reivindikando el atake al poder y toda autoridad, nunka renunciando a la lucha por la liberación total.

MIENTRAS EXISTA MISERIA HABRA REBELION!!

Marcelo Villarroel Sepúlveda

Prisionero libertario
Kárcel de alta seguridad
Stgo- chile. 20 mayo 2018.-

* * * * *

La paz es la desmemoria y el olvido
– A la memoria de Mauricio Morales Duarte

“El culto a los muertos no es más que un desprecio al verdadero dolor. […] Éste último también debe desaparecer, los individuos deben reaccionar con firmeza ante la fatalidad de la muerte. Debemos luchar contra el sufrimiento en lugar de exhibirlo, en lugar de pasearlo en
procesiones grotescas y falsas conmemoraciones […] Hay que tirar abajo las pirámides, las sepulturas, las tumbas; hay que pasar el arado por los muros del cementerio para librar a la humanidad de lo que llamamos el respeto a los muertos, de lo que es el culto a la carroña”.
Albert Libertad

Este es el tercer texto que escribo en su memoria a lo largo de estos nueve años de ausencia; sin embargo, el dolor no desaparece. No ha podido desvanecerse a pesar del tiempo transcurrido, como tampoco he logrado disipar el dolor por la desaparición física de mi querido Urubú, de mi entrañable Rafa (Daniel Barret), de mi hermano Canek y, tantos
otros que han partido pero viven en nuestra memoria negra. Y no es que quiera exhibir mi dolor ni recrearlo en conmemoraciones luctuosas: los anarquistas no rendimos culto a la carroña. Simplemente, estoy incapacitado para superarlo. Y no he podido –ni quiero– vencer este sentimiento porque siempre lo he transformado en furia. No pretendo hacer el menor esfuerzo por olvidarlos porque la memoria, compañeras, compañeros, es nuestra arma más potente.

No todos los que he nombrado murieron en combate pero, tampoco hay nada que enaltecer en el hecho de caer en combate. Nosotros no tenemos mártires. No creemos en el sacrificio y  la inmolación. Eso se lo dejamos a los cristianos, a los musulmanes, a los nacionalistas, a los
bolches. A nosotros lo único que nos motiva es la libertad irrestricta y la pasión por la vida, por eso luchamos por la Liberación Total. Por eso nuestra guerra es contra la domesticación y la dominación. Contra todo Poder, contra toda Autoridad, contra todo lo existente.

Desde el instante en que nos asumimos anarquistas sin remordimientos, estamos admitiendo la ilegalidad implícita en nuestro accionar, estamos aceptando las consecuencias de la guerra anárquica. Sabemos, de antemano, qué nos depara la represión en todas sus facetas: deportación, cárcel, muerte. Esos son los riesgos que asumimos todas y todos los que
hemos elegido la lucha contra toda Autoridad, consecuentes con nuestra praxis. Pero no lo hacemos en aras de un mundo mejor ni de una luminosa sociedad futura, ni en nombre de una clase o una causa, ni esperanzados en la concreción de la cada vez más inasible Revolución Social; tampoco lo hacemos por un precio a pagar sino por un lastre a tirar. Lo hacemos
por el placer que nos produce dar rienda suelta a todas nuestras pasiones, por el goce de vivir intensamente confrontando día a día la muerte en vida que nos impone el sistema de dominación, por la satisfacción de ser anarquistas hasta las últimas consecuencias, por el
deleite de impulsar los empeños de destrucción de la sedición anárquica.

La noche del 22 de mayo de 2009, nuestro querido Mauri no decidió inmolarse en nombre de ninguna causa ni concluyó que había llegado el momento de sacrificarse por un mañana mejor. Aquella fatídica noche, Mauri acomodó en su mochila la bomba artesanal con que asestaría un nuevo golpe al poder. Sería una nueva embestida –no la primera ni la última–, en esta ocasión contra la Escuela de Gendarmería de Santiago y, lo haría gozoso, con ese espíritu lúdico que le caracterizaba, asumiendo los peligros de la guerra anárquica como lo hacemos todos desde el conflicto cotidiano. Pero quien ama la vida aborrece a su opresor, detesta con furor a quien produce la muerte y lo confronta en todas las latitudes.

Aquel 22 de mayo, Mauri salió a iluminar la noche de Santiago, a procurar darle vida a la Anarquía con esa pasión facciosa que guiaba sus pasos, propagando la energía negativa de la rabia anárquica, dueño absoluto de su vida en plena libertad. Aquella noche la muerte nos lo
arrebató dejándonos las Furias atrapadas en nuestros corazones. Se lo llevó sin pedir permiso, como nos había robado veintidós días antes a la compañera Zoé Aveilla mientras instalaba una bomba al alba del Primero de Mayo, como nos podía haber acarreado a cualquiera de nosotros sin por ello renunciar a jugar el juego una vez más.

Hoy, las Furias continúan instándonos a no cesar en la lucha hasta que la rabia sea liberada, creando una potencia en el yo que es al mismo tiempo su propio sentido. Como en la mitología griega, las Furias nos exhortan al combate y a no olvidar a los caídos. Heráclito nos recuerda
que “Si el mismo Sol intentara abandonar su curso, las Furias lo encontrarían.” Por eso el arkhé de la Anarquía –ayer, hoy, mañana y siempre– es la guerra contra toda Autoridad.

En nuestros días, no hay mayor homenaje ni mejor conmemoración para Mauri que recargar cientos de miles de extinguidores, que realizar incontables expropiaciones, que facilitar múltiples fugas, que confrontar con uñas y dientes esta muerte en vida que nos imponen. La
paz es la desmemoria y el olvido: animemos la creatividad destructora, extendamos  la guerra anárquica a todos los confines de la Tierra, procuremos darle vida a la Anarquía.

¡Por la Internacional Negra!

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 20 de mayo 2018.

(Chile) Recuento de la actividad “Hacia la Liberación Total: Memoria y kontrakultura, a 9 años de la muerte en acción del Punki Mauri” + Texto repartido en actividad

El pasado 20 de mayo en conjunto con diferentes voluntades levantamos una nueva actividad en memoria de Mauri, a 9 años de su muerte en acción. Nos convoca la memoria siempre viva, las ganas latentes de expandir y colectivizar las ideas y el recuerdo de Mauri, dejando en claro que no es un mártir, héroe ni una figura de admiración sino que un compañerx anárquico que de múltiples maneras fue apuntando a la destrucción de toda autoridad, con aciertos y errores como cualquier de nosotrxs.

Saludamos la vida que se atrevió a vivir, y año a año seguimos viendo como sus ideas y reflexiones no fueron suspendidas en ese contexto sino que viajan con absoluta vigencia y transcienden diferentes tierras, generaciones, entornos anticarcelarios y realidades combativas.

Desde temprano el actuar policial fue notorio entorno al espacio y una vez iniciada la jornada se hizo más evidente el despliegue con distintos rondas y controles de identidad. Algunxs compañerxs fueron detenidxs antes de llegar, pero fueron saliendo y retornando hacia la actividad, un compañerx pasó a control de detención siendo liberadx al día siguiente… lx saludamos con fraterno cariño.

Saludamos a quienes asistieron a la actividad, buscaron evadir el control o avanzaron sin permitir que la sola presencia policial lxs espantara de ir y hacer lo que estimaran conveniente. Valoramos siempre esa actitud.

Estas dinámicas policiales no son nuevas ni nos sorprenden o espantan, es propio de toda actividad que recuerde al compa Mauricio Morales desde una memoria confrontacional que no pretende maquillarse o acomodarse en las aquietadas aguas de la pasividad victimista. Al contrario, el Punki
Mauri sigue desafiante e irrecuperable para el Poder.

Agradecemos a lxs compañerxs que se hicieron parte de la jornada mediante escritos desde otras tierras y del otro lado de los muros carcelarios. Hubo quienes no pudieron estar por castigos, tiempos y los laberintos propios de la prisión, pese a todas las dificultades siempre lo seguiremos intentando, porque un muro es solo un muro y se puede destruir… con alegría también saludamos a lxs compañerxs que habiendo salido de prisión se acercaron y fueron parte de la actividad.

Valoramos el apoyo de quienes por distintos medios ayudaron a la difusión de la jornada.

A 9 años nada ha acabado y todo continúa…
Mauricio Morales presente!!!
Hasta destruir el último bastión de la sociedad carcelaria!!!

Colectivo Sacco y Vanzetti
Mayo 2018.

TEXTO ACTIVIDAD 20 DE MAYO