La capacidad heurística de la Anarquía

Escrito del compañero Gustavo Rodríguez sobre teoria del fracaso y su relación con la actualización del anarquismo.Extraído del folleto «Covid-19: la anarquía en tiempos de pandemia»


Por que as pessoas se revoltam? - Luan Spesani - Medium

La capacidad heurística de la Anarquía

Jack Halberstam, un conocido teórico queer, comprometido con el «proyecto antisocial» y, activo militante contrasexual, da inicio a su libro El arte queer del fracaso
i, con un exergo irreverente y divertido, tomado del capítulo 20 de la primera temporada de Bob Esponja, que invita a la reflexión:

Don Cangrejo: ¡Y justo cuando crees que has encontrado la tierra prometida, te cogen de los pantalones y te suben arriba, y más arriba, y más arriba, y MÁS ARRIBA, hasta que te suben a la superficie, dando coletazos y jadeando para respirar! Y entonces te cocinan, y te comen… ¡o algo peor!
Bob Esponja (aterrorizado): ¿Qué puede ser peor que eso?
Don Cangrejo (en voz baja): Una tienda de regalos.ii

Halberstam, conservando ciertos «aires de familia» con la perspectiva queer anarco/nihilista, establece una analogía entre los miedos que horrorizan a Bob Espoja y, nuestras amenazas cotidianas en esta muerte en vida que impone la dominación: «Bob Esponja quiere saber cuál es la alternativa a trabajar todo el día para Don Cangrejo, o a ser capturado en la red de los objetos del capitalismo cuando intenta escapar»iii. Su libro, como nos advierte desde el primer párrafo de su Introducción, «es una especie de “Guía Bob Esponja” de la vida» donde abandona el «idealismo de la esperanza». Apoyándose en la «baja teoría» que toma prestada y adapta de los estudios culturales de Stuart Hall, apuesta por la reivindicación del fracaso que «conserva algo de la maravillosa anarquía de la infancia y perturba el supuesto claro límite entre adultos/as y niños/as, entre vencedores/as y perdedores/as. Y aunque es cierto que el fracaso viene acompañado de un conjunto de afectos negativos, como la decepción, la desilusión y la desesperación, también nos da la oportunidad de utilizar esos afectos negativos para crear agujeros en la positividad tóxica de la vida contemporánea»iv (subrayado mío).

En estos días de pandemia, nos ha tocado ver al anarquismo en la vidriera de la tienda de regalos. Se ha estado vendiendo con la etiqueta roja de liquidación junto a otras mercancías ideológicas como «alternativa» políticamente correcta; orientado a la positividad, la construcción, la cooperación, los cuidados, la integración y, la reforma, en busca de aceptación social y «alianzas estratégicas». Apartado de esa Anarquía sombría, abocada siempre a la negatividad-negadora, a la ilegalidad, al conflicto y la ruptura; es decir, cuidadosamente distante de esas honrosas excepciones de la manada fugitiva que hoy, consecuentes con la praxis, extienden el fuego en la pradera. Ese anarquismo crítico de la salud pública; de la gentrificación y la especulación inmobiliaria; de la carestía de la vida; de la privatización de los recursos; de la contaminación industrial; de la disparidad de género; de la precariedad y el desempleo; de la mala calidad de la educación pública; del alza a las tarifas del transporte público; de la corrupción política; de las violaciones constitucionales; de la pérdida de derechos; de las inhumanas condiciones en las cárceles; de la brutalidad policiaca; de la pena de muerte; del intervencionismo militarista; de las políticas neocolonialistas; de la degeneración de los partidos políticos; de los fraudes electorales; de los presidencialismos fascistoides y; de todas las deformaciones de la democracia y las perversiones del Estado-capital; no es la contestación y el rechazo negativo-negador de la dominación sino una extensión «mejorada» de la misma que emplea tácticas idénticas en busca de aprobación y legitimación, develándose como un pulcro y eficiente vendedor de la tienda de regalos.

En estos tiempos se han multiplicado las franquicias. Hoy La pequeña tienda de los horrores, tiene filiales alrededor del mundo, cultivando en la trastienda un sucedáneo de anarquismo que alimentan con incautos, con el mismo esmero y devoción que Seymour Krelboyne. Particularmente, en territorio norteamericano, se han centuplicado sus sucursales –desde el Río Bravo hasta la Isla Attu–, impulsando el «apoyo mutuo vecinal». Basta una visita rápida a la página web del izquierdismo libertario anti-Trump para comprobarlo.v Bajo el rótulo de «apoyo mutuo vecinal» han elaborado una súper oferta con su paquetazo de servicios que varía de franquicia a franquicia pero, puede incluir paseos de perros, cuidados de niños y ancianos, tutorías en línea, vegetales orgánicos frescos (de la huerta comunitaria), servicio de recogidas y entregas, comida gratis, albergue, ropa usada, consejería sobre inseguridad alimenticia y falta de vivienda, desayunos para niños (por cierre de las escuelas) y, transferencias de dinero hasta 150 dólares para los necesitados (después de completar la solicitud requerida), como anuncia la sucursal del Fondo de Apoyo Mutuo de Jeffco.vi Claro está –para evitar suspicacias–, el lema de todas las filiales del «apoyo mutuo vecinal» deja ver sus intenciones de antemano: «¡Esto es solidaridad, no caridad!». Así que cualquier parecido con los emprendimientos del Salvation Army o, la beneficencia de las carmelitas descalzas y, el clientelismo de los partidos políticos y el Estado, es pura coincidencia o producto de la retorcida maleficencia de esas bestias oscuras que sólo piensan en destruir todo lo existente, sembrar el caos y, darle vida a la Anarquía.

Este sustituto de anarquismo que en la actualidad impone su marca en el mercado, no es nuevo; ha estado presente en distintos momentos de la historia expresando el deseo de asimilación en busca de un espacio alternativo que permita su representación. Ejemplos recientes en territorio estadounidense son las sucursales estatales de ¡Comida, no Bombas! (Food not Bombs!) y, otros proyectos asistencialistas de claro sello edulcorante: Colectivo Tierra Común (Common Ground Collective), Sistema de Telecomunicación Emergente (Emergence Broadcasting System) e, incluso la Federación de la Cruz Negra Anarquista (ABCF) que en el pasado reciente añadió a su amplio curriculum caritativo el apoyo a cinco militares cubanos acusados de espionaje encarcelados en las mazmorras del «Imperio».

Este pseudo-anarquismo que hoy está a la venta en la tienda de regalos –junto al cangrejo disecado, el caballito de mar encapsulado y los caracoles barnizados–, como todos los sucedáneos intenta suplir «necesidades» y se ofrece «viable», o sea, «posible», «digerible», «realizable», es decir, «positivo», «saludable», «asequible» (como pregonan las empresas farmacéuticas de medicamentos similares: «lo mismo pero más barato»). Para ello no se restringe echando mano de la historia, intentando trasplantar y reproducir experiencias pasadas que, en el contexto de su historicidad podrían parecer –para algunos– radicales y anarquizantes pero hoy no sólo son estériles sino recuperables, útiles y serviles al sistema de dominación. Con este fin, invierte hasta el sentido de las palabras, las acomoda, las ajusta, las tergiversa; imponiéndole igual destino a los principios y a la ética. Así emprende colectividades de recolectores de basura, cooperativas de mensajeros, sindicatos de homeless, asambleas de vecinos, guerrillas artísticas, federaciones de filatélicos y, milicias de abueletes (Gray panthers); empeñado en resarcir la democracia agregándole un sufijo (¡directa!); en trasformar el Poder añadiéndole otro (¡popular!) y; minimizando la continuidad del Estado con asombrosos malabares semánticos (autogobierno, buen gobierno, autonomía).

Este suplente de la teoría y la práctica anárquica, como cualquier edulcorante artificial, endulza pero no provee energía. Es una parodia, una ilusión engendrada por la visión distorsionada de la ideología; un simulacro burdo que opta cínicamente por el «mal menor» y camufla la opresión. Una imitación mala del anarquismo, que hoy nos invita a quedarnos en casa o a desgastarnos mitigando el dolor de la opresión con misericordiosa solidaridad, abandonando la insurrección cotidiana. Aún así, se atreve a comparar el accionar refractario de los grupos de afinidad y de los feroces lobos solitarios en conflicto permanente con la dominación, con la ultraderecha trumpista que se manifiesta en plazas públicas negando la existencia del virus y exigiendo la «libertad de movimiento», la «libertad de expresión» y, el «derecho al trabajo». Esta suerte de anarquismo espurio confunde el ejercicio irrestricto e irreductible de nuestra libertad individual con la prédica liberal y la defensa de la «libertad de mercado». Aferrado a una conciliación forzada entre las tradiciones retóricas de la arcaica formulación clasista y las realidades contemporáneas, toma el sendero de las chapucerías teórico-prácticas más grotescas, subsumiendo al interior del concepto de «proletariado» las configuraciones identitarias más insólitas. No entiende –o no le conviene reconocer y/o admitir– que la Anarquía y sus secuaces, han abandonado de manera definitiva los proyectos futuristas y la dialéctica positiva de la arquitectura utópica, ensanchando esos agujeros en la positividad tóxica de la vida contemporánea.

En efecto, como propone Halberstam, nos toca enfrentar este exceso de positividad tóxica latente en la sociedad, multiplicando los agujeros (negros). Lamentablemente, se nos queda corto a la hora de incitar a la negatividad queer y emprender un ataque frontal contra la sociedad que pretende confrontar. En vez de apuntar la negatividad destructora contra esta sociedad optimista, dúctil, inodora, incolora e insípida (¡positiva!), fundada en la información telemática y la estimulación de las necesidades, se queda a medio camino entre la crítica y la reflexión. Sin embargo, es innegable su contribución desde la (baja) teoría, la insumisión académica y, las «formas antidisciplinarias del saber», al desarrollo consciente de la negatividad queer. Tal como sucede con la obra de Lee Edelmanvii –quizá el teórico más categórico de la negatividad queer– y otros connotados teóricos queer, la abismal separación entre su teoría y su práctica invita a «ponerlos a prueba», como sugieren los editores de la revista Baeden;viii lo que no nos impide expropiar sus tésis de «la torre de marfil de la teoría y utilizarlas como herramienta para nuestros proyectos».ix Tanto Halberstam como Edelman, abren la puerta a un goce anti-social queer que merece toda nuestra atención desde la perspectiva anárquica informal e insurreccional pero, penosamente se quedan en la puertax. Pese a que se detienen en la entrada –de alguna manera–, incitan a cruzar el umbral e incendiar la casa, tirando por la borda todo el bagaje identitario de la queernería positiva y el statu quo que ha impuesto el establishment LGBTTTIQA, con su corrección política, sus proyectos «alternativos» y, su enfoque con perspectiva de «derechos» (al matrimonio, a la adopción, a ser policías, militares y políticos), reproduciendo al infinito el sistema de dominación.

Justo esa es la propuesta anarco-queer/nihilista de Baeden, incinerando los nuevos contratos sociales y canalizando la negatividad queer hacia la destrucción de la civilización como parte de la conspiración por la liberación total que engloba a todos los enemigos de la sociedad mediante la apropiación de la negatividad antiautoritaria. Esa es también la perspectiva de la lucha anárquica contemporánea; conscientes que nos toca ir más lejos todavía, extendiendo el fuego de la insurrección permanente hasta demoler todo lo existente. Empero, para concretar la lucha, se requiere apropiarnos de nuestro tiempo. (Re) pensar la Anarquía desde nuestra presente historicidad. Crear y desarrollar nuestras concepciones analizando la dimensión histórica. Lo que exige plantearnos la necesidad de volver a nuestra historia: examinarla, descifrarla y aprovecharla para comprender y actuar sobre el presente; elaborando un modelo interpretativo de la realidad que nos imponen y asumirlo, explícita o implícitamente, en el seno de una comunidad de afines que lo tome como referencia tangible y marco de sus elaboraciones teórico-prácticas ulteriores.

Esta ingente tarea nos demanda rehacer las preguntas antes de dar respuestas. Para articular las nuevas interrogantes, necesitamos reflexionar sobre el contexto de época. Es decir, urge asaltar la caja de herramientas conceptuales contemporánea y expropiar todos los instrumentos que nos sean útiles para abastecer nuestra mochila. Algunas herramientas habrá que afilarlas alterando su cometido inofensivo; otras, tendremos que adaptarlas a nuestro quehacer nocturno y; unas pocas, podrán ser usadas tal como han sido diseñadas. El anarquismo decimonónico en ese sentido hizo lo propio, se alimentó de buena parte de la tradición de Occidente, tomando sus principales nutrientes de la Ilustración (Rousseau/Godwin) y la Revolución Francesa (Maréchal/Babeuf); mientras que el movimiento ácrata vigesimónico, se desarrolló a partir de la crítica a las elaboraciones marxianas –a veces desde posturas no tan críticas y tomando prestado de San Carlitos más de la cuenta– y para ello, echó mano de pensadores cardinales del XIX (Stirner, Darwin, Nietzsche, Schopenhauer, Baudelaire, Freud e, incluso, Malthus) y, desempolvó a otros olvidados (Godwin), reinterpretando sus producciones y reelaborándolas con matices propios; así continuó hurtando las contribuciones de infinidad de intelectuales del Siglo XX que aportaban nuevas concepciones acordes con la época desde diferentes ópticas político-filosóficas que auxiliaban el entendimiento del mundo de aquellos años (Camus, Goodman, Adorno, Castoriadis, Marcuse, Hannah Arendt, Lyotard, Derrida, Debord, Foucault, Deleauze, y un largo etcétera). Hoy, le toca al anarquismo contemporáneo otear nuevos desarrollos contrahegemónicos que nos llaman a salirnos del camino, perdernos y, sobre todo, a mantenernos perdidos.

Tal vez, un primer paso en esta dirección –contra el sentido del tráfico y la simulación del pseudoanarquismo positivo–, sea la apropiación (expropiación) de la «teoría del fracaso»; asumiendo al anarquismo como esa negatividad asociada a la informalidad, la inmadurés, el infantilismo, la irracionalidad, la improductividad, la ineficacia, la desorganización, la ausencia de futuro y todas esas «insuficiencias» que invoca el fracaso y que siempre nos han achacado nuestros enemigos. Asumir y practicar el fracaso nos llevará a abandonar la fe en el triunfo, a renunciar a los caminos rectos, a repudiar las ideas preenlatadas, a abandonar el sacrificio, a evitar la eficiencia, a olvidar el reconocimiento, a despojarnos del éxito, a prescindir de la esperanza, a detener las inercias; experimentando el fracaso como un rechazo absoluto del dominio, «una crítica de esas conexiones intuitivas que se dan dentro del capitalismo entre éxito y beneficio, y como un discurso contrahegemónico sobre la perdida».xi

El fracaso, la derrota y la pérdida, son las únicas herencias que el anarquismo nos ha dejado de una generación a otra, generando una potencia que se ha desencadenado desde la negación reafirmando la esencia de la Anarquía. A partir de esta reflexión, quizá podríamos comenzar a esbozar los primeros trazos de la prosapia de un anarquismo antisocial, parricida y antihumanista que teoriza y acciona en términos de negación del sujeto más que de su formación y, se proyecta por la interrupción del linaje más que por su continuación; siendo conscientes que toda prolongación sólo acarrea la repetición y la reproducción de todo lo que anhelamos destruir, manteniendo vivo un anarquismo cómplice de la persistencia del sistema de dominación, asegurándose la representación de los excluidos y subyugados para venderse como su única salvación.

Lo que nos lleva a rechazar ipso facto la propaganda y la violencia terrorista tal como se manifiesta en nuestros días, al quedar atrapadas en una violencia positiva motivada por fines instituyentes que se apartan de los propósitos anárquicos de no retorno. La violencia anárquica implica una violencia negativa mucho más radical y ferozmente destructiva que rompe con todos los estereotipos de lucha al negarse a reconstruir, rehacer, reproducir o repetir y; se consolida como potencia capaz de arrasar el exceso de positividad y exterminar todo lo existente; ajena a las motivaciones utilitarias (político-ideológicas), contraria a las mejoras económicas, las reformas, los cambios políticos y, las transformaciones sociales.

La posibilidad de cimentación de la negatividad anárquica sólo se robustecerá en una urdimbre multidimensional, informal y caótica, que haga posible converger y entrecruzarse todos esos hilos negros que hoy animan nuevos desarrollos teórico-prácticos correspondientes a nuestra presente historicidad. Desde el talante de la insurrección permanente aquí y ahora, con vocación parricida y cargado de negatividad radical, se abre paso un nuevo paradigma anárquico que ataca la realidad presente e incide en la actualidad, teniendo por fin el colapso civilizatorio. Instigado por una extensa galaxia de afinidades subversivas, esta potencia negativa cobra cuerpo interviniendo en un tiempo inédito, consciente que el pasado es sólo la simiente que nos dio vida, el cúmulo de experiencias y lecciones a extraer pero, jamás una camisa de fuerza que inmovilice nuestro accionar y nos impida andar por nuestros propios pasos. El pluscuampresente anárquico –Derrida dixit– carece de antecedentes. Habrá que labrarlo en actos que superen el ataque inocuo a los símbolos. Interrumpir, rupturar, desmantelar, derribar, cortar de tajo, demoler, incendiar, arrasar, es el meollo de una estética y una ética ácrata propia del proyecto de destrucción anárquico de nuestros días y, a la vez, una reafirmación consciente de nuestra esencia negativa. Que prevalezca la negatividad en pensamiento y acción, dependerá de la capacidad heurística de las y los cómplices de la Anarquía y, del vasto rechazo a las inercias y las «respuestas» oportunas, construidas desde las certezas militantes y la positividad instituyente.

La creencia en que esta crisis multifactorial se puede «solucionar» con un gigantesco estallido de «solidaridad vecinal» y «apoyo mutuo», equivale a darle cabida al pensamiento mágico en su forma más pura; significa admitir la más grotesca tergiversación de los conceptos, denota arriar nuestro trapo negro y, relegar al bidón de gasolina de nuestras prácticas presentes. Para nosotros la solidaridad y el apoyo mutuo implican afinidad y complicidad teórico-práctica y, reclaman cierta densidad de intercambios que evidencian ese sustrato común que nos anima. Por eso sólo se ejercen entre co-conspiradores que se reconocen y se asumen como tales. Obviamente, ante una hipotética insurrección generalizada, la solidaridad y el apoyo mutuo tenderán a generalizase entre los subversivos pero, fuera de esta excepcional circunstancia, todo apoyo degenera en caridad y filantropía. Lo que nos insta a plantearnos nuevas interrogantes –antes de arrogarnos respuestas– en torno a la vigencia de la inmutabilidad del fuego.

Durante la epidemia de peste de 1666 en Londres, entre el 2 y 7 de septiembre, la muchedumbre enardecida incendió 89 iglesias, 13 mil casas y, un número indeterminado de edificios públicos, almacenes de mercancías y centros manufactureros, incinerando cuatro quintas partes de la Ciudad, hecho que pasaría a la historia como The Great Fire.xii Las residencias de los poderosos también fueron saqueadas mientras el fuego iluminaba las noches. Los cautivos de la Prisión de Fleet serían liberados y sus instalaciones quedarían reducidas a cenizas.

A sólo cuatro años de la pandemia de gripe española, también conocida en Japón como «gripe del Sumo» o la «pandemia de la era Taisho» –que dejó incontables muertes y grandes penurias a causa del prolongado confinamiento–, tuvo lugar el «Gran terremoto de Kantõ» cobrando la vida de más de 150 mil personas el primero de septiembre de 1923. Un sismo de casi 8 grados en la escala Richter que devastó las ciudades de Tokio y Yokohama y, las prefecturas de Chiba, Kanagawa y Shizuoka. El fuerte movimiento telúrico también provocaría un tsunami con marejadas de 12 metros de altura que inundaron toda el área costera de la Bahía de Sagami y, el desbordamiento del río Sumida, ahogando a cientos de personas. El tsunami, además afectaría la Península de Izu, la península de Boso y la isla de Oshima, incrementando el número de víctimas mortales. El impacto del primer temblor, así como sus casi sesenta réplicas, destruyó fábricas y hospitales, aplastando a trabajadores y pacientes. La brutal sacudida derribó postes de electricidad electrocutando a decenas de transeúntes. Las tuberías de gas quedaron despedazadas, suscitando incendios repentinos en toda la ciudad de Yokohama y más de la mitad de Tokio; el fuego se propagaba intensamente con los fuertes vientos del norte intensificados por un tifón que azotaba la península de Noto. Como siempre ocurre en estas catástrofes naturales, los más castigados fueron los habitantes de los cinturones de miseria: caseríos enteros asentados en las colinas fueron barridos por los deslizamientos de tierra y arrastrados hacia el mar. Aprovechando el caos absoluto y el descontento en los sectores asalariados, los anarquistas japoneses nucleados en torno a la publicación Rodo Sna, en coordinación con compañeros anarquistas de origen coreano residentes en territorio nipón, pusieron en práctica un aguerrido proyecto insurreccional. La oportunidad era perfecta para extender el ataque a la dominación y provocar una insurrección generalizada en el espíritu de «La Gran Revuelta» de 1905. Con este objetivo realizaron ataques incendiarios contra edificios gubernamentales, bancos, almacenes y otras oficinas del sector comercial e, hicieron estallar –con la ayuda de independentistas coreanos– el arsenal militar de la Armada Imperial Japonesa en la base naval de Yokosuka, ubicada en la vecina perfectura de Kanagawa. Como era de esperarse el accionar insurreccional anárquico contó con la feroz represión de las autoridades japonesas en colaboración con los sectores reaccionarios de la sociedad nipona y los agrupamientos paramilitares nacionalistas que no sólo asesinarían con lujo de violencia a decenas de compañeros y sus familiares sino que desatarían una cacería xenófoba que exterminó a miles de coreanos y chinos residentes en Japónxiii.

En el contexto de la actual pandemia y con el telón de fondo de la «nueva normalidad» impuesta por la necropolítica del capitalismo hipertecnológico –con su consecuente proceso de histéresis en curso–, es muy probable que la más mínima chispa incendie la pradera y produzca una cadena de revueltas furibundas alrededor del mundo. Estas manifestaciones violentas podrían escenificarse primero en las megametrópolis de las denominadas «veinte economías más fuertes» y, viralizarse, por efecto contagio, alcanzando los más remotos parajes del planeta. Evidentemente, este breve lapso de desobediencia civil será una experiencia inédita de ruptura que generará una radicalización de la protesta, con prácticas e iniciativas destructivas sin añoranzas utópicas, que bien podría gravitar en próximas pulsiones anticivilización en el futuro inmediato. Sin embargo, no nos cabe la menor duda que mucha de esta rabia también estará motivada por la desesperanza y la nostalgia por el ancien régime y la vieja normalidad de esclavos asalariados; lo que seguramente atrairá a los buitres redentores de todas las religiones, a los pacificadores en defensa del civismo, a los pestilentes partidos electoreros y, a las entelequias ideológico-catequizadoras (de izquierda y derecha), intentando capturar esta tensión nihilista y sumar a los caídos al martirologio. Empero, si este escenario se concreta, una vez más no le temeremos a las ruinas y empuñaremos la tea anárquica con el viento a nuestro favor, atentos que no quede piedra sobre piedra, conscientes que no hay nada que reconstruir.

Gustavo Rodriguez,
Planera Tierra, 22 de mayo de 2020
(¡con Mauri en el corazón!)

Extraído del folleto «Covid-19: la anarquía en tiempos de pandemia», Rodríguez, Gustavo, mayo 2020

1. Halberstam, Jack, The Queer Art of Failure, Duke University Press, 2011 (Traducción al castellano, El Arte del fracaso, Egales Editorial, Barcelona-Madrid, 2018).

2. Ibíd. p. 13.

3. Íd.

4. Ibíd. p. 15.

5. Vid, Its going down, disponible en https://itsgoingdown.org/c19-mutual-aid/ (Consultado 21/5/2020). Sobre el tema también es recomendable echarle un vistazo a la nauseabunda «Guía anarquista» de Crimethinc, disponible en: https://es.crimethinc.com/2020/03/18/sobreviviendo-al-virus-una-guia-anarquista-capitalismo-en-crisis-totalitarismo-en-ascenso-estrategias-para-la-resistencia (Consultado 21/5/2020).

6. Vid., https://www.jeffcomutualaid.com/

7. Edelman, Lee, No Future: Queer Theory and the Death Drive. Duke University Press, Durham, North Carolina, 2004 (Traducción al castellano, No al futuro. La teoría queer y la pulsión de muerte, Editorial Egales, Barcelona/Madrid, 2014).

8. Baeden Nº 1, A Journal of Queer Nihilism, disponible en: https: //theanarchistlibrary. org/library/baedan-baedan (Consultado 21/5/2020).

9. Íd.

10. Por momentos, Edelman se queda un poco atrás y se resguarda tras Halberstam, como esperando que este saque la cara si llegara a ser necesario.

11. Halberstam, Jack, Op. Cit., p. 23.

12. Vid., Defoe, Daniel, Diario del año de la peste, Verbum, Madrid, 2016.

13. El asesinato del compañero Sakai Osughi, su compañera Noe Ito y, su sobrino (de tan sólo siete años), entre otros masacrados pertenecientes a la asociación obrera Yun Rodo Kumial y al grupo Rodo Sna, sería reivindicado un año después por un grupo de anarquistas de praxis que emprendieron una cruzada de ataques explosivos contra bancos y autoridades del gobierno a lo largo del país. El fallido atentado al general Fukuda, a manos del compañero Kiutado Uada, sería el motivo ideal para desatar una nueva ola represiva contra el anarquismo nipón. Varios compañeros serían condenados a severas penas de cárcel. El compañero Futura, que había estado implicado en los atentados dinamiteros, también fue arrestado. Poco después moriría en la horca el 15 de octubre de 1924. El «anarquismo positivo», rápidamente lo incorporó al altar de los beatificados, junto a Osughi, la compañera Ito y demás luchadores caídos, pasando a la historia como los «Mártires de Tokio», tras haber sido sometidos al mismo ritual de «purificación» de los «Mártires de Chicago» y, nuestros queridos Sacco y Vanzetti. La difunta Federación Anarquista Japonesa y algunos cagatintas libertarios –como Tomás Gracia (alias, Víctor García)– se encargarían de engordar el mito y remolcarlo hasta nuestros días, ocultando su legado y negando la natural negatividad del accionar anárquico .

(México) ¿Que sigue después de la pandemia? por Gustavo Rodríguez

Escrito de Gustavo Rodríguez, una refelxión sobre la pandemia y la reesctructuración del sistema global.


 

—Al querido Gabriel Pombo Da Silva y a todas las compañeras y compañeros secuestrados por el Estado en estos días de la plaga.

 

El carácter multidimensional de la «crisis» actual nos recalca que la «emergencia sanitaria» originada por la Covid-19 es solo una de sus diversas facetas. Vivimos una «crisis sitémica» –como rezan los «expertos»– donde la pandemia es el rostro visible del experimento en curso en el que se enfrentan con ahinco dos modelos de capitalismo con sus rivalidades geopolíticas. A todas luces, lo que está en crisis en este mundo tripolar (Rusia/China/Estados Unidos) es la totalidad del paradigma de dominación existente, engendrado en las entrañas del progreso con el estallido de la Segunda Revolución Industrial. O, lo que es lo mismo, la hegemonía del consenso de Washington (hoy mal llamado neoliberalismo), entendido como la voz de mando del proceso de globalización económica, cultural y política, que ha impuesto como patrón universal de gestión política a la democracia representativa (partidocracia) y, al actual modelo de expansión y acumulación de capital, como ejemplo de gestión económica.

La dominación moderna ha alcanzado su límite objetivo, generando gran escepticismo en torno al sistema y sus instituciones. Esta evidencia ha provocado una metamorfosis que está dando paso al nuevo sistema de dominación. Maquillada con la soflama del «capitalismo consciente» la nueva dominación se impone, instaurando una administración política aún más autoritaria y un capitalismo con «impacto social» mucho más regulado y centralizado, infundido en los preceptos de la Cuarta Revolución Industrial (4IR, por sus siglas en inglés);[^1] o sea, en la reconfiguración de la gestión capitalista en el Siglo XXI a través de la implantación de nuevas tecnologías, consolidando su infraestructura en el Internet de las cosas.

Con la convergencia e interacción del Internet del conocimiento, el Internet de la movilidad y, el Internet de la energía, el «capitalismo consciente» no solo consolida la prolongación del trabajo (intelectual masificado, inmaterial y comunicativo) sino la acumulación ilimitada de capital asegurando la repartición de migajas; mientras el Estado nacional –reciclado, recargado y celebrado desde los balcones de las metrópolis– se encarga de la gestión de riesgos, el análisis eficiente del Big data (con algoritmos de inteligencia artificial) y, el control progresivo de la vigilancia digital mediante las tecnologías informáticas móviles apoyadas en la red de (50 mil) satélites 5G que pueblan el espacio exteror.

Sin lugar a duda, la pandemia de la Covid-19 está dramatizando la refundación del capitalismo y su consecuente traspaso de poder hacia el Oriente, como atinadamente alerta Byung-Chul Han. Esta transferencia no será inmediata. En verdad, este cambio paradigmático –que no «crisis final» como pregonan en los círculos del bolcheviquismo posmoderno y sus ideologías satélites–[^2] se efecturá de manera paulatina, mediando mucha vaselina de por medio, hasta consolidarse como modelo hegemónico, siendo casi imperceptible para la mayoría de la gente de a pie que continuará en el precariado a pesar del incremento progresivo de su limosna que asegura la arrolladora continuidad del consumo,[^3] lo que sin duda motivará un incremento consecutivo en la percepción de bienestar en contraste con el desfase provocado por los procesos de histéresis4[^4] –en sentido bourdieuano– recién inaugurados con la intrusión de la Cuarta Revolución Industrial y la expansión del capitalismo cognitivo. Este desfase temporal entre el ejercicio de una fuerza social y el despliegue de sus efectos por la mediación retardada de su incorporación, será cada día más evidente con el incremento del desempleo en los sectores manufactureros y, la segregación de la población adulta mayor, que no solo resultará socialmente inútil en este nuevo paradigma («nueva normalidad») sino que se convertirá en estorbo para el capital –por su improductividad digital– y, en lastre para el Estado-nación remasterizado.

Concretar el cambio implicará el apogeo de guerras comerciales (¿hay otras?) y, quizá, hasta de enfrentamientos militares por el control del espacio exterior y el dominio y/o influencia geopolítica; además de la erradicación sistemática de los conflictos internos («terrorismo doméstico») incitados por una reducidísima minoría refractaria que continuará en pie de guerra frente a toda autoridad a pesar de contar con el repudio unánime de las mayorías ciudadanas. Pero, definitivamente, esta mudanza de paradigma de la mano de la ascención del imperialismo chino, no tendrá nada que ver con la «programación predictiva» de los «reptilianos pedófilos-satánicos» –en alianza con el lobby judío y los nuevos Illuminatis de Baviera– que, animados por su ambición infinita, tratan de imponer una dictadura global regida por los mandarines chinos con campos de concentración y consumo obligatorio de arroz frito, como profetiza el vulgo neonazi estadounidense. Lejos de la tesis conspiranoica sobre la instauración del Gobierno Global; el Estado nacional recargado, está reafirmando su legitimidad y autoridad en el actual proceso de desglobalización acelerada. Así se erige como la única fuerza capaz de proteger a sus ciudadanos y librar la guerra a gran escala contra el «enemigo invisible» con el auxilio incondicional de las nuevas tecnologías. El nuevo Estado nacional aprovecha la emergencia y se torna omnipresente y omnipotente: se alzan fronteras rígidas (muros y alambradas); los ejércitos se aprestan a «servir» y; se reafirma peligrosamente la identidad nacional expandiendo el repudio a todo lo «extraño». Se vislumbra el retorno a la «producción nacional» desde la óptica del «decrecimiento» (argumentando desfachatadamente que «es insostenible el crecimiento cero»). Los mandatarios de los Estados nacionales asumen poderes plenipotenciarios con el apoyo de las mayorías que cierran filas asintiendo las gestiones gubernamentales durante la pandemia. Emerge nuevamente la Hidra de Lerna con sus múltiples cabezas: el Estado, el capital, la religión y, la ciencia, consolidan su autoridad. El fascismo –en sus acepciones roja o parda–, gana aceptación y popularidad entre la muchedumbre y se alza como «solución final» frente a la «amenza» ofreciendo protección a sus connacionales.

El Nuevo Mundo parece un déjà vu de la década de 1920. Se trata de una restauración profunda. Una suerte de cambio radical de look del poder capitalista que va mucho más allá de la clásica remozada con hojalatería y pintura a la que se ha sujetado siempre de manera cíclica. Esta vez ha decidido someterse a una intervención quirúrgica de reconstrucción total a través de las nuevas tecnologías y la instrumentalización de formas inéditas de explotación que articulan y/o superponen la clásica explotación del trabajo asalariado con la autoexplotación del sujeto de rendimiento y, la hiperexplotación del ciberconsumidor: la nueva fuerza de (co)producción gratuita. Esta vez no habrá una nueva vuelta de rosca ni siquiera habrá una tuerca que apretar. En esta ocasión, los «ajustes» seran constantes y se efectuaran desde la nube.

Para reforzar esta permuta ya se anuncia la confluencia de los pares opuestos (izquierda/derecha), evidenciando, una vez más, la falsedad de sus antagonismos «irreconciliables»: marxistas y anarcocapitalistas[^5] sellan con beso de lengua la imposición global de la Cuarta Revolución Industrial, afianzando la agenda con más de lo mismo; es decir, más capitalismo in saecula seculorum. Para eso se alistan en nombre del «capitalismo social» y en defensa de las nuevas tecnologías «emancipatorias» los intelectuales orgánicos al servicio de Otro mundo posible. En este sentido, llama la atención la fusión de dos posturas político-económicas opuestas, generalmente presentadas como contradictorias: el paternalismo y el libertarismo o anarco-capitalismo.

Desde 2008, el profesor de economía y ciencias del comportamiento, Richard Thaler, catedrático por la Universidad de Chicago y Premio Nobel en Ciencias Económicas 2017 –por «sus aportes en economía conductual»–, ha venido desarrollando el concepto de «paternalismo blando» o «paternalismo libertario». Lo que lo llevó a escribir Nudget[^6] en co-autoría con Cass Sunstein, profesor de jurisprudencia de la Escuela de Leyes de Harvard. La «teoría del nudging (del “empujoncito”)» de Thaler, se basa en la factibilidad de diferentes procedimientos que coadyuvan a «empujar», o sea, a incentivar o alentar, ciertas decisiones influyendo en el «sistema automático» de las personas con el propósito de provocar cambios en el comportamiento público, impulsando decisiones más racionales que los haga felices a largo plazo. A este proceso inductivo que establece vínculos entre los análisis de la economía del comportamiento y la psicología social, lo denominan «arquitectura de las decisiones» y, lo fomentan en busca de «mejores resultados individuales y sociales». Thaler y Sunstein, consideran que «es legítimo que los arquitectos de decisiones influyan en el comportamiento de las personas haciendo sus vidas más largas, más sanas, y mejores»;[^7] diseñando la arquitectura del contexto decisional de manera que se induzca a la toma de «una decisión más consciente en función del beneficio social y del beneficio propio»,[^8] lo que embona con el tránsito hacia ese «capitalismo consciente» que comentaba antes y que hoy se presenta –en palabras de Rajendra Sisodia y John Mackey–, como «la cura del mundo».

Tampoco hay que rascarle mucho para encontrar en el bando «opuesto», es decir en marxistlandia, una veintena de impulsores de este «capitalismo social». En esas mismas latitudes (de arenas movedizas), encontraremos desde filósofos, sociólogos, economistas y catedráticos, hasta cibermarxianos optimistas de las tecnologías que plantean que su icónica «lucha de clases» se ha trasladado al terreno del conocimiento y que la batalla final se librará en el ciberespacio; apostándole a la toma del Palacio de Invierno por las comunidades cibernautas: germen de la nueva organización político-social fundada en la cooperación mutua a través de la conexión en red. Uno de estos especímenes que destaca con creces en los círculos cibermarxianos es Richard Stallman. Adorado hasta en nuestras tiendas, Stallman es fundador del movimiento del software libre, del sistema operativo GNU/Linux y de la Fundación para el Software Libre.

Otro notorio cibermarxiano es Eben Moglen, profesor de derecho e historia en la Universidad de Columbia y fundador/director del Software Freedom Law Center; autor de un texto sui géneris que imita el espíritu del Manifiesto Comunista intitulado «The dotCommunist Manifesto».[^9] Desde luego, no todos los cibermarxianos se han sentido a gusto con el tufillo que desprende semejante Manifiesto –más asociado hoy a la exégesis marxiana-leninista que a las elucubraciones del propio Carlos Enrique de Tréveris– y han recurrido a la sana distinción entre «comúnistas» (commonists) y, «comunistas», haciendo énfasis en la palabra «común» y resaltando la sutil diferencia que produce un acento o, una letra de más, como resulta con la doble «n» en lengua inglesa. Tal es el caso de Lawrence Lessig, célebre creador de la «sana distinción» entre comunista sin acento y la acentuación políticamente correcta. Fundador de la encumbrada Creative Commons, profesor de jurisprudencia de la Harvard Law School, especializado en derecho informático y, precandidato en las primarias del Partido Demócrata para la nominación presidencial de los Estados Unidos. Desde la década de 1990 detectó que los oligopolios de la computación y los Estados nacionales, comenzaban a controlar el ciberespacio y a adaptarlo a su provecho mediante la imposición del Protocolo de Internet (IP) y la acumulación de datos de los internautas, en detrimento de la idea original que promovía un Internet creativo basado en la descentralización, la libre información y la socialización del conocimiento a través del libre acceso y la posesión en común.[^10] Sin embargo, vale señalar –aunque para nosotros debería resultar obvio– la concordancia intrínseca entre las teorías fomentadas desde el cibermarxismo y el «anarco-comunismo informacional» y, los promotores del capitalismo cognitivo o cibercapitalismo en torno a las ilusiones tecnológicas y la producción de lo común. Una lectura rápida del discurso de la nueva empresa en línea, nos confirma ampliamente la instrumentalización comercial del común y, el uso permanente de la «inteligencia colectiva» y la «cooperación mutua» como recursos fundamentales del rendimiento de las empresas.

Curiosamente, las tesis en torno a la categoría de común han ido hilvanando la metanarrativa de la neoizquierda en nuestros días. El culto al común –así en singular– no es nuevo, hace un siglo que viene cocinándose en los círculos marxianos antibolcheviques.[^11] La paradoja es que desde principios del milenio, comenzaron a machacarnos el concepto dos egregios del leninismo posmoderno: Antonio Negri y Michael Hardt. En los primeros años de la década del 2000, ambos autores pusieron sobre la mesa este «producto», definiéndolo en Imperio como «la encarnación, la producción y la liberación de la multitud».[^12] Retomarían su desarrollo conceptual en las páginas de Multitud[^13] y, Commonwealth,[^14] haciendo uso de una retórica gatopardista que a veces pretende confundirse con las viejas tesis anarco-mutualistas en busca de incautos, subrayando que «el capitalismo y el socialismo, aunque en ocasiones se han visto mezclados y en otras han dado lugar a enconados conflictos, son ambos regímenes de propiedad que excluyen el común. El proyecto político de institución del común que desarrollamos en este libro traza una diagonal que se sustrae a estas falsas alternativas –ni privado ni público, ni capitalista ni socialista– y abre un nuevo espacio para la política».[^15]

No obstante, Hardt y Negri no han sido los únicos en promover[^16] este libreto. Una nutrida legión de marxianos posmodernos –muchas veces antagónicos, of course– le ha seguido el hilo, desarrollando alianzas con una fauna variopinta que, como era de esperar, incluye al neoblanquismo invisible; al situacionismo tardío; al «comunismo internacionalista» (GCI); al anarcopopulismo especificista (neoplataformismo); a sectores del trasnochado anarcosindicalismo; al anarcofederalismo de síntesis y; al ecologismo municipalista; sin olvidar a uno que otro liberal con esteroides de esos que gozan de gran reputación en nuestras tiendas, a pesar de ser confesos propagandistas del Sanderismo y ahora, inescrupulosos promotores de la candidatura presidencial de Joe Biden en nombre del «voto responsable» –léase Michael Albert, Noam Chomsky, o ese deleznable piquete de ex «radicales» de izquierda, fundadores de la Students for a Democratic Society en la década de 1960 y, firmantes de una carta de apoyo a Biden[^17] (Todd Gitlin, Carl Davidson, Robb Burlage, Casey Hayden, Bill Zimmerman, entre otros personajes «connotados»).

Entre los marxianos posmodernos que se encargan de continuar sentando las bases estructurales del común, destaca la mancuerna Pierre Dardot-Christian Laval. Fundadores del grupo Question Marx y, especializados en la obra de San Carlos Enrique de Tréveris, han publicado en coautoría varios ensayos sobre las disquisiciones del viejo gurú, así como reflexiones propias sobre la revolución en el siglo XXI. Con una prosa mucho menos densa que la metatranca discursiva de Negri y Hardt y, guardando distancia del enfoque leninista de éstos, han abordado el tema del común como alternativa socio-económica alejados de las apretadas hormas de las distintitas variedades de comunismo de Estado realmente existentes.

En ese tenor sacaron a la luz «Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI»,[^18] un texto con claras ínfulas refundacionales en el tenor marxiano-libertario con cierta reminiscencia gueríniana que coloca nuevamente en la agenda la temática de la Revolución, a partir de la disección minuciosa de la trilogía intelectual de Hardt y Negri, no sin dejar de acusar cierto «neoproudhonismo incapaz de concebir la explotación de otro modo que como “captación ilegítima de los productos del trabajo a posteriori” [que demuestra] una ceguera cargada de consecuencias acerca de las formas contemporáneas de explotación de los asalariados y las transformaciones inducidas por el neoliberalismo en las relaciones sociales y las subjetividades».[^19]

Con ese espíritu refundacional, no escatiman a la hora de echar mano extensa (a veces de manera crítica) de Proudhon y, reiterar ese distanciamiento con la alienación comunista que mencionábamos antes, ratificando que: «Lo que ellos [comunistas y socialistas] llaman “emancipación” es en realidad la opresión política absoluta y una nueva forma de explotación […] porque creen que el poder y la fuerza provienen del centro y de arriba, no de la actividad de los individuos. En el fondo ahí no hay más que un ideal de Estado organizador que generaliza la policía y que sólo toma del Estado su lado reaccionario, el de la pura coerción».[^20]

Dando rienda suelta a sus asépticas interpretaciones teóricas en torno al devenir de los «movimientos sociales» que se suscitaron a comienzos de la década pasada (2010-2012) y captaron la atención de los medios de desinformación masiva –léase las romerías de los Indignados (15-M) con su camping en la Puerta del Sol; la movilización del 15 de octubre (15-O) con su espectacular Occupy Wall Street; la ocupación de la Plaza de Syntagma en el centro de Atenas y; la ocupación de la Plaza Taksim en Estambul–, Dardot y Laval «descubren» en estos simulacros «una invención democrática» que puso en práctica el «principio de común» como crítica a la democracia representativa, evidenciándose como el principio de la democracia política bajo su forma más radical y, erigiéndose como el «término central de la alternativa política para el siglo XXI»,[^21] obviando la inmediata recuperación sistémica de estos movimientos y su compulsiva degeneración en partidos políticos (Partido X, Podemos, el Sanderismo con Biden, Syriza, etc., etc.).

Evidentemente, la ausencia de experiencia empírica de los autores de Común, debilita toda la argumentación del ensayo y, explica la carencia de propuestas fácticas y consecuentes con los tiempos a lo largo de 669 páginas. Como ya es costumbre entre los teóricos marxianos –incluidos los marxianos-libertarios– la recurrencia a extrapolar sus contemplaciones académicas a la construcción de paradigmas es una constante. Desde luego, esta afirmación no corresponde en absoluto con una postura anti-intelectual –más próxima a la vulgata fascista que a nuestra praxis–; más bien corrobora la necesidad de tamizar toda la producción académica guardando prudencial distancia con la manufactura institucionalizada y sus vacas sagradas, siempre divorciadas de la práctica y, generalmente al servicio del «establishment». Pero además, pretende ratificar la urgencia de reelaboración teórica a partir de la práctica anárquica más notoria, facilitando los contextos intelectuales que la nutran y ensanchando las arterias de la praxis. Sólo así, podremos afrontar globalmente la propia vastedad de nuestros proyectos destructivos y nuestros propósitos de emancipación total, rompiendo definitivamente con toda la alienación izquierdista, abandonando las conceptualizaciones y las prácticas ajenas, comprendida la remasterización del común.

Gustavo Rodríguez, Planera Tierra, 22 de mayo de 2020 (¡con Mauri en el corazón!)

(Extraído del folleto «Covid-19: la anarquía en tiempos de pandemia», Rodríguez, Gustavo, mayo 2020)


[^1]: Así quedó asentado a finales de enero del presente año en el nuevo manifiesto «Davos 2020», emitido en el marco de su 50 Reunión Anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés): «El propósito universal de las empresas en la Cuarta Revolución Industrial, en la cual impulsa el capitalismo de stakeholders como la nueva vía para los negocios con impacto social». Disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2019/12/davos-manifesto-2020-the-universal-purpose-of-a-company-in-the-fourth-industrial-revolution/ (Consultado 18/5/20).

[^2]: El mejor exponente de estas expresiones del bolchevismo posmoderno es el filósofo lacaniano Slavoj Žižek, quien publicara recientemente un artículo intitulado «Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo», donde asegura que la epidemia «es una especie de ataque de la ‘Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos’ contra el sistema capitalista global», en alusión al clásico de Tarantino y en detrimento de los sermones de San Carlitos de Tréveris: «Las contradicciones crean explosiones, crisis en el curso de las cuales todo trabajo se detiene temporalmente mientras que una importante parte del capital se destruye, volviendo de nuevo el capital, por la fuerza, a un punto en donde, sin suicidarse, puede volver a emplear nuevamente de forma plena su capacidad productiva» Marx, K., Le Capital, livre I, Presses Universitaires de France; París, 1993.

[^3]: Los guarismos económicos estimados por los apologetas de la Cuarta Revolución Industrial auguran la abundancia; según sus cálculos la revolución 4.0 agregará US$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años con un impacto social directo, erradicando de la faz de la tierra cualquier negatividad aún presente en la servidumbre voluntaria, argumentando ad nauseam su infinita felicidad.

[^4]: Bourdieu, Pierre: Argelia 60. Estructuras económicas y estructuras temporales, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006; y en ensayos en torno a las investigaciones sobre las «estrategias» en las prácticas de los bearneses y cabileños en Argelia.

[^5]: Este oxímoron a cobrado presencia en las últimas tres décadas al configurarse como «tendencia» al interior del autodenominado «movimiento libertario (libertariano)», también conocido como Libertarian Party. En el plano económico, mantiene los mismos postulados del libertarismo con fuerte influencia de la escuela austriaca y las «tesis» de Robert Nozick (Anarquía, Estado y utopía, 1974). En años recientes sus congresos anuales han sido motivo de notas sensacionalistas al realizarse en el enclave turístico del puerto de Acapulco, en México, bajo el pomposo rótulo de «Anarchapulco», contando con la presencia de especialistas internacionales en transacciones financieras en criptomonedas; gurús del «capitalismo social» y; activistas políticos como Rick Falkvinge, fundador del Partido Pirata Sueco y uno de los principales ideólogos de la lucha contra la corrupción política en Suecia y; Derrick Broze, periodista de investigación, conferencista, aspirante a alcalde de la ciudad de Houston (2019) y, activista indigenista, dedicado al «empoderamiento de las comunidades indígenas» y la denuncia de «la hipervigilancia del Estado sobre los ciudadanos».

[^6]: Thaler, Richard H., Sunstein, Cass R., Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness, Yale University Press, 2008 (Traducción al castellano, Un pequeño empujón: El impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad, Taurus, México, 2017).

[^7]: Ibíd.

[^8]: Ibíd.

[^9]: Moglen, Eben, The dotCommunist Manifiesto, enero 2003. Disponible en línea: http://emoglen.law.columbia.edu/publications/dcm.html (Consultado 20/5/2020)

[^10]: Vid., Lessing, Lawrence, The Future of Ideas: The Fate of the Commons in a Connected World, Random House, 2001 (Traducción al castellano, El futuro de las ideas: el destino de los comunes en un mundo conectado).

[^11]: Llama la atención que ni en las premisas del anarco-comunismo (Kropotkin, mediante) ni en la tradición anarcosindicalista, jamás se haya postulado nada sobre el «común». Siempre han teorizado sobre la propiedad colectiva de los medios de producción y la socialización de los servicios y bienes de consumo sin diferencias de clase, es decir, de manera igualitaria y nada más; sin mayores diferencias con los postulados marxista-leninistas y, guardando distancia del paradigma proudhoniano que ya identificaba la fuerza social espontánea de lo común. Salvo las críticas al secuestro burocrático de los marxianos-leninoides con la firme decisión de prolongar la vida del llamado Estado proletario que, claramente, dista de las tendencias libertarias; tanto anarco-comunistas como anarcosindicalistas, optan por instaurar un «sistema» (con bastantes imprecisiones teórico-prácticas) de colectivización y socialización, que no presenta mayores divergencias en los hechos con las prácticas burocráticas leninistas que tanto critican. Vale, agregar sobre el tópico que en los contadísimos y excepcionales casos en que los teóricos comunistas marxistas han tratado de conceptualizar lo «común», lo han hecho expresando verdaderos desatinos, como aquella afirmación de Lenin a principios del período denominado Comunismo de guerra (1918-1921): «todo es común, incluso el trabajo».

[^12]: Vid., Hardt, Michel & Negri, Antonio, Empire, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 2001 (traducción al castellano: Imperio, Paidós, Buenos Aires, 2002).

[^13]: Hardt, Michael y, Negri, Antonio, Multitud: guerra y democracia en la era del Imperio, Debate, Barcelona, 2004.

[^14]: Hardt, Michael y, Negri, Antonio, Commonwealth. El proyecto revolucionario de una revolución del común, Akal, 2011.

[^15]: Ibíd. p. 11.

[^16]: El empleo de este vocablo –aparentemente inocuo– no es casual, encubre una conceptualización bastante más intrincada que halla sus raíces en los objetivos básicos de la mercadotecnia en la denominada marketing mix, en referencia a la mezcla de tácticas o acciones empleadas para posicionar una marca o producto en el mercado mediante la intervención de las 4P: precio, producto, promoción y plaza (lugar).

[^17]: Disponible en: https://www.thenation.com/article/activism/letter-new-left-biden/(Consultado 20/5/2020).

[^18]: Laval, Christian y, Dardot, Pierre, Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, Gedisa, Barcelona, 2015.

[^19]: Ibíd. p. 223

[^20]: Ibíd. p. 243.

[^21]: Ibíd. Presentación, s/p.

Lenguaje: Origen y Significado

Del libro El Reverdecer Anárquico: Escritor de John Zerzan, Traducciones de Juan de la Tierra.


Lenguaje: Origen y significado

Torre de Babel - Wikipedia, la enciclopedia libre

John Zerzan

Una considerable parte de la antropología actual (ej: Sahalius, R.B.Lee) ha eliminado virtualmente aquella vieja y dominante concepción que definía a la prehistoria de la humanidad en términos de escasez y brutalidad. Como si las implicaciones de esto no fueran ampliamente entendidas, pareciera que esta creciendo una percepción de lo vasto de esa época como una de plenitud y gracia. Nuestro actual momento en la tierra, caracterizado por algo muy opuesto a esas cualidades, se encuentra en la profunda necesidad de revertir la dialéctica que arrancó esa plenitud de nuestra vida como especie.

La vida en la naturaleza, antes de que la abstrajéramos, debió haber envuelto una variedad de contactos y percepciones que apenas y podemos comprender debido a nuestros altos niveles de angustia y alienación. La comunicación con todo lo existente debió haber sido un exquisito juego de todos nuestros sentidos, reflejando las incontables e innombrables variedades de placeres y emociones a las que alguna vez tuvimos acceso.

Para Levy-Bruhí, Durkheim y otros, la diferencia cardinal y cualitativa entre la “mente primitiva” y la nuestra es su falta de separación al momento de la experiencia; “la mente salvaje totaliza”, como Levi-Strauss señaló. Desde luego se nos ha enseñado por mucho tiempo que esta unidad original estaba destinada a desmoronarse, que la alienación es la provincia del ser humano: la conciencia depende de eso.

En el mismo sentido, se ha considerado que el tiempo cosificado es esencial para la conciencia Hegel la llamaba “la alienación necesaria”—, de la misma manera que el lenguaje y su vez igual de falso. El lenguaje tal vez pueda ser codificado propiamente como la ideología fundamental, quizás una separación tan profunda del mundo natural que podría ser considerado como un tiempo auto-existente. Y si la ausencia de tiempo resuelve la separación entre espontaneidad y conciencia, la ausencia del lenguaje tal vez sea igualmente necesaria.

Adorno, en Minima Moralia escribió: “tanto para la felicidad como para la verdad aplica lo mismo: una nunca la tiene, pero está ahí”. Esto podría considerarse como una excelente descripción de la humanidad anterior a la emergencia del tiempo y el lenguaje, anterior a la división y distanciamiento de esa exhaustiva autenticidad.

El lenguaje es el sujeto en ésta exploración, queremos entenderlo en su más virulento sentido. Una cita de Nietzche introduce su perspectiva central: “las palabras diluyen y brutalizan; las palabras despersonalizan; las palabras hacen de lo no común algo común.”

Por otro lado el lenguaje puede seguir siendo descrito por los estudiantes en frases como “el trabajo más colosal y significante que el espíritu humano ha desarrollado,” esta caracterización ocurre ahora en un contexto de extremismo, en el cual nos vemos forzados a cuestionar el conjunto de la obra del “espíritu humano”. De manera similar, tenemos la estimación de Coward y Ellis, el “rasgo más significativo del desarrollo intelectual del siglo XX” ha sido la luz que arroja la lingüística sobre la realidad social. Este enfoque apunta a qué tan fundamental debe ser nuestro escrutinio para comprender nuestra moderna y mutilada vida. Tal vez suene positivista afirmar que el lenguaje debe, de alguna manera, apoderarse de todos los “avances” de la sociedad, pero en la civilización parece ser que todo significado es en última instancia lingüístico; la cuestión sobre el significado del lenguaje, considerado en su totalidad, se ha convertido inevitablemente en el siguiente paso.

Los escritores antiguos podrían definir la conciencia de una manera muy simple, como aquello que puede ser verbalizado, e incluso argumentar que el pensamiento sin palabras es imposible (a pesar de los contra argumentos sobre la creación musical y el jugar ajedrez). Pero en nuestro estrecho presente, tenemos que reconsiderar el significado del nacimiento y carácter del lenguaje, en vez de asumirlo como un hecho meramente neutral, si no es benigno, es algo inevitablemente presente. Los filósofos ahora están forzados a reconocer el cuestionamiento con un interés intenso; Gadamer, por ejemplo: “Absolutamente, la naturaleza del lenguaje es una de las interrogantes más misteriosas que tiene el hombre por reflexionar”

La ideología, esa mirada blindada de la alienación, es una forma de dominación incrustada a través de un falso sistema de conciencia. Es más fácil localizar el lenguaje en estos términos, si uno toma otra definición común tanto para la ideología como para el lenguaje: encontraremos que ambos son un sistema de comunicación distorsionada entre dos polos y que cada uno está basado en la simbolización.

Al igual que la ideología, el lenguaje crea falsas separaciones y cosificaciones a través de su poder simbolizante. Esta falsificación es posible gracias al acuerdo, y en última instancia, actúa viciando la participación del sujeto en el mundo físico. Los lenguajes modernos, por ejemplo, emplean la palabra “mente” para describir esa cosa que reside independientemente en nuestros cuerpos, a comparación del sanscrito donde significa “trabajar en conjunto”, implicando un abrazo activo entre sensación, percepción y cognición. La lógica de la ideología que va de lo activo a lo pasivo, de lo unitario a la separación, se ve reflejada de manera muy similar en la decadencia de la percepción del verbo. Es digno de mencionar que las culturas cazadoras-recolectoras más libres y sensoriales, dieron paso a la imposición neolítica de la propiedad, el trabajo y la civilización, al mismo tiempo que se redujeron los verbos a, aproximadamente, la mitad del total de las palabras que componían su lenguaje; en el inglés moderno, los verbos son menores al 10% de las palabras.

A pesar de que las características definitivas del lenguaje parecieran estar completas desde su nacimiento, su progreso está marcado por un constante proceso de degradación. El proceso de abstracción de la naturaleza, su reducción a conceptos y equivalencias, ocurre a lo largo de las líneas establecidas por los patrones del lenguaje. Y mientras más se sujeta la existencia a la maquinaria del lenguaje, al igual que a la ideología, más imperceptible se vuelve su rol en la reproducción de la sociedad de la subyugación.

El navajo ha sido catalogado como un lenguaje “excesivamente literal”, a partir de la tendencia característica de nuestro tiempo hacia lo general y lo abstracto. En un tiempo mucho más remoto, se nos recuerda la directa y concreta inclinación que tomamos; existió una “gran cantidad de términos para lo que se puede tocar y ver.” (Mellers 1960). Toynbee observó la “increíble riqueza de las inflexiones” en los lenguajes tempranos y la posterior tendencia hacia la simplificación del lenguaje a través del abandono de las inflexiones. Cassirer notó la “asombrosa variedad de términos para acción específica” entre las tribus Amerindias y entendió que tales términos guardan una relación de yuxtaposición entre ellos, en lugar que una de subordinación. Pero es importante repetir una vez más, que si bien desde el principio se obtuvo una magnifica prodiga de símbolos, esto fue un confinamiento de los mismos, un acotamiento en convenciones abstractas, que incluso a este punto, podría ser interpretado como una ideología adolescente.

Considerado como el paradigma de la ideología, el lenguaje también debe ser reconocido como el factor determinante que organiza la cognición. Como bien lo notó el lingüista pionero Sapir, los humanos están muy a merced del lenguaje afectando la concepción de lo que constituye la “realidad social”. Whorf, otro prolífico lingüista antropológico, llevo estas aseveraciones más allá al proponer que el lenguaje determina por completo la forma de la vida del sujeto, incluyendo el pensamiento y todas las otras formas de actividad mental. Utilizar el lenguaje es limitarse a los modos de percepción concebidos por cada lenguaje. El hecho de que el lenguaje sea solo forma y que además moldea todo lo que nos rodea apunta al núcleo de lo que es la ideología.

La realidad se revela ideológicamente como un estrato separado de nosotros. De esta manera el lenguaje crea y degrada el mundo. “El habla humana oculta mucho más de lo que comunica; enturbia más de lo que clarifica; distancia más de lo que conecta,” esa fue la conclusión de George Steiner.

Más concretamente, la esencia de aprender un lenguaje es la de aprender un sistema, un modelo que delimita y controla el habla. A este punto es aún más fácil reconocer el carácter ideológico del lenguaje, dado a las arbitrariedades esenciales de las reglas fonológicas, sintácticas y semánticas que se imponen para aprender cada lenguaje humano. Lo innatural es impuesto como una fase necesaria para la reproducción del mundo innatural.

Incluso en los lenguajes más primitivos, raramente las palabras guardan una similaridad reconocible a lo que denotan; son claramente convenciones. Por supuesto que esto es parte de la tendencia a observar la realidad de manera simbólica, a lo que Cioran se refería como “la pegajosa red simbólica” del lenguaje, una regresión infinita que nos cercena del mundo. La arbitraria naturaleza auto contenida del lenguaje simbólico, genera un creciente espectro de falsas certezas donde la duda, la multiplicidad y la no equivalencia deben prevalecer. La descripción de Barthes sobre el lenguaje como algo “absolutamente terrorista” viene mucho al caso; él observo que la naturaleza sistemática del lenguaje “para estar completa solo necesita ser válida, y no necesariamente verdadera.” El lenguaje afecta la separación original entre método y conocimiento.

A lo largos de estas líneas, en términos estructurales, se hace evidente que la “libertad de expresión” no existe; la gramática es aquel “policía invisible del pensamiento” en nuestra prisión inmaterial. Con el lenguaje nos hemos adaptado a un mundo que no es libre.

La reificación, esa tendencia de tomar lo conceptual como lo que se percibe, y de tratar los conceptos como algo tangible, es algo tan básico para el lenguaje como lo es parta la ideología. El lenguaje representa la reificación de las experiencias de la mente, esto es, un análisis en partes que al igual que los conceptos, pueden ser manipulados como si fueran objetos. Horkheimer señaló que la ideología consiste más concretamente en cómo es la gente sus constricciones mentales, y su completa dependencia a esquemas impuestos que en lo que realmente cree. En una declaración que parece pertinente tanto para el lenguaje como para la ideología, agregó que la gente experimenta todo a través de un marco convencional de conceptos dados.

Se ha asegurado que la reificación es necesaria para el funcionamiento mental, que la formación de conceptos, los cuales pueden confundirse con relaciones y propiedades vivas, eliminan por otro lado la casi intolerable experiencia de relacionar una experiencia con otra.

Cassirer agrega en torno al distanciamiento de la experiencia que, “la realidad física se reduce en proporción del avance en la actividad simbólica humana”. Con el lenguaje inicia la representación y la uniformidad, recordándonos la insistencia de Heidegger de que algo extraordinariamente importante ha sido olvidado por la civilización.

La civilización es a menudo percibida no como un olvido sino como un recuerdo en donde el lenguaje activa el conocimiento acumulado listo para ser transmitido, permitiéndonos tomar beneficio de las experiencias de otros mientras pensamos que fueron nuestras. Tal vez lo que ha sido olvidado es simplemente que las experiencias de otros no son las propias, y que el proceso civilizatorio es por lo tanto, vicario e inauténtico. Cuando el lenguaje, por una buena razón, se toma como algo virtualmente equiparable con la vida, estamos tratando con otra forma de decir que la vida se ha alejado progresivamente de la experiencia vivida directamente.

Tanto el lenguaje como la ideología median el aquí y el ahora, atacando directamente las conexiones espontaneas. Un ejemplo descriptivo fue provisto por una madre que se resistía la presión de aprender a leer: “Una vez que un niño ha sido alfabetizado, ya no hay vuelta atrás. Camina por los pasillos de un museo de arte. Mira a los estudiantes ya alfabetizados leer los títulos de las obras antes de ver las pinturas para asegurarse que saben lo que están viendo. O míralos leer los títulos de las obras e ignorar las pinturas por completo…Como los cuadernillos lo señalan, leer abre puertas. Pero una vez que esas puertas se abren, es muy difícil observar el mundo sin asomarse a través de ellas.”

El proceso de transformar todas las experiencias directas en una expresión simbólica suprema, es decir en el lenguaje, monopoliza la vida. Al igual que la ideología, el lenguaje concilia y justifica, convenciéndonos de suspender nuestras dudas sobre la validez. El código dinámico de la naturaleza alienada de la civilización, se encuentra en sus raíces. Siendo el paradigma de la ideología, el lenguaje se posiciona detrás de todas legitimaciones necesarias que sirven para dar sustento a la civilización. A nosotros nos queda clarificar que formas nacientes de dominación engendraron esta justificación, creando la necesidad de lenguaje como un instrumento básico de represión.

Antes que nada, se debe aclarar que la arbitraria y decisiva asociación de un sonido particular con una cosa específica es difícilmente inevitable o accidental. El lenguaje es una invención por la razón de que el proceso cognitivo debe proceder su expresión en lenguaje. Asegurar que la humanidad es solamente humana por el uso del lenguaje generalmente olvida el corolario de qué, ser humano es la precondición para inventar el lenguaje.

La pregunta aquí es ¿Cómo es que las palabras llegaron a ser aceptadas como signos? ¿Cómo se originó el primer símbolo? Los lingüistas contemporáneos encuentran esto como un “problema muy serio en el que uno podría caer en la desesperación de encontrar una salida para sus dificultades”. De entre los más de diez mil trabajos sobre el origen del lenguaje, incluso los más recientes, admiten que las discrepancias teoréticas se están tambaleando. La pregunta a cuando comenzó el lenguaje, ha traído una diversidad extrema de opiniones. No hay fenómeno cultural tan trascendental como éste, pero ninguna otra investigación ofrece siquiera algunos datos sobre sus orígenes.

No es de sorprender que Bernard Campbell esté muy lejos de encontrarse aislado por haber declarado que “simplemente no sabemos y nunca sabremos, como y cuando inicio el lenguaje.”

Muchas de las teorías puestas en marcha sobre el origen del lenguaje son triviales: no explican nada sobre lo cualitativo ni los cambios intencionales introducidos por el lenguaje. La teoría del “ding-dong” sostiene que de alguna manera existe una conexión innata entre sonido y significado; la teoría del “pooh-pooh” dice que en un inicio el lenguaje consistió en eyaculaciones de sorpresa, miedo, placer, dolor, etc.; la teoría del “ta-ta” posiciona la imitación de los movimientos corporales como la génesis del lenguaje, y así un montón de explicaciones que solo excusan la pregunta. La hipótesis de que los requerimientos de la caza hicieron necesario el lenguaje, por la otra mano se refuta fácilmente; los animales cazan en conjunto sin la necesidad de lenguaje, y para los humanos, es frecuentemente necesario mantenerse en silencio para poder cazar.

Algo más cercano a la raíz del problema, creo yo, es el acercamiento que nos proporciona el lingüista contemporáneo E. H. Sturtevant: desde el momento que todas nuestras intenciones y emociones son involuntariamente expresadas por los gestos, la mirada o los sonidos; la comunicación voluntaria, como el lenguaje, debe haber sido inventada con el propósito de mentir o engañar. En una vena más circunspecta, el filósofo Caws insistió en que “la verdad… es un comparativo recién llegado a la escena lingüística, y es ciertamente un error el suponer que el lenguaje fue inventado con el propósito de decirla.”

Pero es en contexto social específico de nuestra exploración, dentro de los términos y preferencias de actividades y relaciones concretas, donde debemos encontrar una mayor comprensión de la génesis del lenguaje. Olivia Vlahos sentenció que “el poder de las palabras” debe haber aparecido muy tempranamente; “tal vez… no mucho tiempo después de que el hombre empezó a confeccionar herramientas moldeadas a partir de un patrón especificó. “No obstante, parece ser mucho más apropiado afirmar que las técnicas de tallado o astillamiento de herramientas de piedra, durante los uno o dos millones de años que duro la vida paleolítica, fueron compartidas directamente a través de demostraciones intimas, en vez que por instrucciones verbales.

Sin embargo, desde mi punto de vista, la propuesta de que el lenguaje apareció con los comienzos de la tecnología Esto es, en el sentido de la división del trabajo y sus concomitantes, tales como la estandarización de cosas y eventos, y el poder efectivo de los especialistas sobre otros se encuentra en la matriz del problema. Sería muy difícil desvincular la división del trabajo “La fuente de la civilización,” en palabras de Durkheim del lenguaje en cualquiera de sus fases, quizás al menos en el principio. La división del trabajo necesita controlar la acción grupal de una manera relativamente compleja; en efecto demanda que toda comunidad sea organizada y dirigida. Esto ocurre a través del quiebre de las funciones previamente desarrolladas por la comunidad, dirigiéndolas progresivamente a una diferenciación de tareas más grande, y por lo tanto a la aparición de roles y distinciones.

Mientras que Vlahos sintió que el habla surgió muy tempranamente gracias a la confección de herramientas de piedra sencillas y su reproducción, quizás Julian Jaynes haya leventado una pregunta mucho más interesante, la cual es asumida en una opinión contraria donde afirma que el lenguaje apareció mucho después. Él pregunta, ¿Porque, si la humanidad tuvo lenguaje por un par de millones de años, cómo es que prácticamente no hubo un virtual desarrollo tecnológico? La pregunta de Jaynes implica un valor utilitario inherente al lenguaje, una supuesta emanación de las potencialidades latentes de una naturaleza positiva. Pero dado a la dinámica destructiva de la división del trabajo, a la que nos referimos anteriormente, puede ser que mientras el lenguaje y la tecnología están estrechamente ligadas, ambas fueron resistidas exitosamente por miles de generaciones.

En sus orígenes el lenguaje tuvo que encontrarse con los requerimientos de un problema que existió fuera del lenguaje. A la luz de la congruencia del lenguaje y la ideología, se hace evidente que tan pronto como el humano habló, él o ella fueron separados. Esta ruptura es el momento de la disolución de la unidad original entre humanidad y naturaleza; y esto coincide con el inicio de la división del trabajo. Marx reconoció que la llegada de la conciencia ideológica fue establecida por la división del trabajo; el lenguaje para él fue el paradigma primario del “trabajo productivo”. Todo paso dado en el avance de la civilización ha significado añadir más trabajo, en ese sentido la realidad alienada al trabajo productivo es realizada y desarrollada a través del lenguaje.

Engels, valorizando el trabajo mucho más explícitamente que Marx, explicó el origen del lenguaje desde y con el trabajo, el “dominio de la naturaleza.” Él expresó esta conexión esencial con la frase, “primero con el trabajo, después y luego con el lenguaje.” Para ponerla más críticamente, el lenguaje, esa comunicación artificial fue y es la voz de la separación artificial que es (la división) del trabajo. (En la usual y represiva comunicación hablada, esto se piensa de manera positiva, desde luego, en los términos de esa invaluable característica del lenguaje para organizar las “responsabilidades individuales.”)

El lenguaje fue elaborado para la supresión de los sentimientos; como código de la civilización, expresa la sublimación del Eros, la represión del instinto que está en las raíces de la civilización. En un párrafo que dedicó al origen del lenguaje, Freud conectó el origen del habla a un vínculo sexual, instrumentalizado para hacer del trabajo algo aceptable como “una equivalencia y sustituto de la actividad sexual.” Esta transferencia de sexualidad libre al trabajo, es la sublimación original y Freud vio en la constitución del lenguaje, el establecimiento del nexo entre los llamados de apareamiento y el proceso laboral.

El neo-freudiano Lacan lleva este análisis aún más lejos, aseverado que el inconsciente está formado por la represión primaria derivada de la adquisición del lenguaje. Para Lacan el inconsciente está por lo tanto “estructurado como el lenguaje” y funciona lingüísticamente, no instintiva o simbólicamente como lo decía el freudianismo tradicional.

Para mirar el problema del origen en un plano figurado, es interesante considerar el mito de la Torre de Babel. La historia de la confusión del lenguaje, al igual que la historia de La caída del Edén, vertida en el Génesis, es un intento de llegar a un acuerdo sobre el origen del mal.

Yo he argumentado por todos lados, que La Caída puede ser entendida como la caída al tiempo. Del mismo modo, el fracaso de la Torre de Babel sugiere, como Russell Fraser lo escribió, “el aislamiento del hombre en el tiempo histórico.” Pero la Caída también tiene un significado en términos del origen del lenguaje. Benjamín la descubrió en la mediación, que es el lenguaje, y en el origen de la abstracción también, como una facultad del lenguaje-mente.” “La Caída es al lenguaje.” Según Norman O. Brown.

Otra parte del Génesis nos provee de un comentario bíblico sobre la esencia del lenguaje, los nombres, y sobre la noción de que nombrar algo es un acto de dominación. Hago referencia al mito de la creación, que incluye “y en absoluto, Adán llamó a toda criatura viviente, y a partir de eso ese fue su nombre.” Esto se sostiene directamente del componente lingüístico necesario para la dominación de la naturaleza: el hombre se convirtió en el amo de las cosas solo porque fue el primero que las nombró, según la formulación de Dufrenne. Como Spengler lo entendía, “llamar algo con un nombre es ganar poder sobre ello.”

Por lo tanto, el origen de la separación y conquista del mundo por parte de la especie humana, se encuentra localizado en el nombramiento del mundo. El mismo Logos como dios, está involucrado en el primer nombramiento de las cosas, lo que representa la dominación de la deidad. El conocido pasaje esta vertido en el Evangelio de Juan: “Al principio fue la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.”

Volviendo a la cuestión del origen del lenguaje en términos reales, regresamos a la noción de que el problema del lenguaje es el problema de la civilización. El antropólogo Lizot notó que el modo de vida cazador-recolector exhibió esa falta de tecnología y división del trabajo que Jynes sintió, debió haber sido hablada en ausencia de lenguaje; “el desprecio (de la gente primitiva) por el trabajo y su desinterés en el progreso tecnológico, en sí están más allá de la interrogante. Lo que es más, “la mayoría de los estudios recientes,” según Lee en 1981, muestran que los cazadores-recolectores estaban “bien alimentados y abrían tenido tiempo libre en abundancia.”

La humanidad temprana no fue disuadida del lenguaje por las constantes presiones de la supervivencia; el tiempo para la reflexión y el desarrollo lingüístico estaba disponible, pero aparentemente este camino fue rechazado por muchos miles de años. Ni la concluyente victoria de la agricultura, la piedra angular de la civilización, tuvo lugar (en la forma de la revolución Neolítica) por la escases de comida y las presiones poblacionales. De hecho, como Lewis Binford concluyó, “la cuestión que debemos preguntarnos no es porque la agricultura y las técnicas de almacenamiento de comida no fueron desarrolladas en ningún lado, sino porqué se tuvieron que desarrollar.”

El dominio de la agricultura, incluidos la propiedad privada, las leyes, las ciudades, las matemáticas, los excesos, la jerarquía permanente, la especialización y la escritura, solo por mencionar algunos de sus elementos, no eran un paso obligatorio en el “progreso” humano; ni siquiera el lenguaje mismo. La realidad de la vida pre-Neolítica demuestra la degradación y la derrota ocurrida en lo que ha sido generalmente visto como un paso enorme, una admirable transcendencia de la naturaleza, etc. A la luz de esto, muchas de las intuiciones de Horkheimer y Adorno en Dialectic Of Enlightment [Dialéctica de la Iluminación] (tales como conectar el progreso en el control instrumental como una regresión en las experiencias afectivas) se hacen dudosas por su falsa conclusión de que “El hombre siempre ha tenido que elegir entre su subyugación a la naturaleza o la subyugación de la naturaleza así mismo.”

En ningún lugar la civilización se refleja tan perfectamente como en el lenguaje,” comenta Pei, y de muchas maneras muy significativas, el lenguaje no solo ha reflejado, sino que incluso ha determinado cambios en la vida humana. El profundo y poderoso quiebre anunciado por el nacimiento del lenguaje, prefiguro y eclipsó la llegada de la civilización y la historia a no más de 10,000 años atrás. Con la llegada del lenguaje, “toda la Historia se unifica y completa a la manera de un Orden Natural,” dice Barthes.

La mitología, que como lo notó Cassirer, “es desde sus inicios una religión en potencia,” puede ser entendida como una función del lenguaje sujeta a sus requerimientos, justo como cualquier producto ideológico. En el siglo XIX el lingüista Miller describió la mitología como una “enfermedad del lenguaje”; el lenguaje deforma el pensamiento por su incapacidad de describir las cosas directamente. “La mitología es inevitable, es natural, es una necesidad inherente al lenguaje… (es) la sombra oscura que se arroja sobre el pensamiento, y que nunca puede desaparecer hasta que el lenguaje se vuelva enteramente equivalente al pensamiento, algo que nunca pasará.”

Genera cierta sorpresa entonces, que el viejo sueño de una lingua Adamica, un lenguaje “real”, consistente no en signos convencionales sino en uno que exprese el significado directo y sin mediaciones de las cosas, ha sido una parte integral en la vida de la humanidad durante un estado primitivo perdido. Como se remarcó anteriormente, la Torre de Babel es uno de los significados más perdurables de este anhelo de comunicarse verdaderamente entre sí y con la naturaleza.

En esa temprana (y duradera) condición, naturaleza y sociedad formaron un todo coherente, interconectado por los vínculos más cercanos. El paso para la participación en la totalidad de la naturaleza a la religión implico una desconexión de las fuerzas y los seres hacia lo exterior, invirtiendo las existencias. Esta separación tomo la forma de deidades, y quien estaba facultado para la religión, el chamán, fue el primer especialista.

Las mediaciones decisivas de la mitología y la religión no son, sin embargo, los únicos desarrollos culturales profundos subalternando nuestro moderno extrañamiento. También, en la era del Paleolítico Superior, mientras las especies Neandertal dieron paso al Cromañón (y a la disminución del tamaño cerebral), nació el arte. En las celebradas pinturas rupestres de aproximadamente 30,000 mil años, se encontró una amplia variedad de signos abstractos; el simbolismo en el arte del Paleolítico tardío lentamente da pie a las formas mucho más estilizadas del Neolítico agricultural. Durante este período, que es también sinónimo de los inicios del lenguaje o en donde se registra su dominio primigenio, es cuando surge un malestar creciente. John Pfeiffer describió esto en términos de la erosión de las tradiciones igualitarias de los cazadores-recolectores, a la vez que el Cromañón establecía su hegemonía. Considerando que “no había pistas de esta línea hasta el Paleolitico Superior, la emergente división del trabajo y sus inmediatas consecuencias sociales, demandaron el disciplinamiento de aquellos que se resistían al gradual acercamiento de la civilización. Como un dispositivo de formalización y adoctrinamiento, el dramático poder del arte vino a llenar esta necesidad de coherencia cultural y continuidad de la autoridad. Por lo tanto, el lenguaje, el mito, la religión y el arte, avanzaron como condiciones profundamente “políticas” de la vida social, por las cuales el medio artificial de las formas simbólicas, remplazó la calidad de la vida sin mediaciones que existía antes de la división del trabajo. A partir de este momento, la humanidad no pudo volver a ver la realidad cara a cara; la lógica de la dominación dibujo un velo sobre el juego, la libertad y la abundancia.

Al término de la Era Paleolítica, mientras el decrecimiento en la proporción de verbos reflejaba el declive de actos únicos y libremente elegidos, a consecuencia de la división del trabajo, el lenguaje aún no poseía tiempos verbales. Aunque la creación de un mundo simbólico fue la condición para la existencia del tiempo, no se habían desarrollado diferenciaciones fijas antes de que el modelo de vida cazador-recolector fuera desplazado por la agricultura del Neolítico. Pero cuando un verbo se conjuga, el lenguaje “exige un servicio labial al tiempo, incluso cuando el tiempo es lo más alejado de nuestros pensamientos.” (Van Orman Quine, 1960). En este punto uno puede preguntarse si el tiempo existe aparte de la gramática. Una vez que la estructura del lenguaje incorpora el tiempo y por lo tanto está animado por él en cada expresión, la división del trabajo destruye concluyentemente una realidad temprana. Con Derrida, uno puede referirse con precisión al “lenguaje como el origen de la historia.” El lenguaje es en sí mismo una represión, y a lo largo de su progreso la represión se acumula –al igual que con la ideología y el trabajo- para generar tiempo histórico. Sin el lenguaje toda la historia desaparecería.

La prehistoria es el momento previo a la escritura; escribir alguna letra es la clara señal de que la civilización ha comenzado. “Se llega a la impresión,” escribe Freud en The Future of an Ilution [El Futuro de una Ilusión], “que la civilización es algo que fue impuesto a una mayoría renegada, por un grupo minoritario que comprendió la manera de obtener la posesión del significado del poder y la coerción.” Si la cuestión del tiempo y del lenguaje pueden parecer problemáticos, la escritura como parte de un estadio del lenguaje, hace su aparición contribuyendo la subyugación de una manera bastante desnuda. Freud pudo haber señalado legítimamente al lenguaje escrito, como la palanca con la cual la civilización fue impuesta y consolidada.

Alrededor de 10,000 a.C., la extensiva división del trabajo había producido un tipo de control social que se veía reflejado por ciudades y templos. Los escritos más antiguos son registros de impuestos, leyes y términos del servilismo laboral. Esta cosificación de la dominación se originó, por lo tanto, desde las necesidades prácticas de la economía política. Prontamente, el incremento del uso de cartas y tablillas permitió a los mandatarios alcanzar nuevos niveles de poder y conquista, tal como se ejemplifica en la nueva forma de gobierno comandada por Hammurabi de Babilonia. Como bien dijo Levi- Strauss, “parece que (la escritura) ha favorecido más a la explotación que a la iluminación de la humanidad… la escritura en su primera aparición entre nosotros, se alió con la falsedad.”

El lenguaje, en este punto se vuelve la representación de la representación, primero en la escritura jeroglífica e ideográfica y luego en la fonética-alfabética. El progreso de la simbolización, desde las palabras simbólicas, pasando por las silabas y finalmente las letras del alfabeto, impuso un creciente e irresistible sentido de orden y control. Y luego con la reificación que la escritura permite, el lenguaje deja de estar atado a un sujeto o a una comunidad discursiva, sino que crea un campo autónomo en el que cualquier sujeto puede estar ausente.

En el mundo contemporáneo, la vanguardia del arte, ha preformado de manera notable actos de rechazo a la prisión del lenguaje. Desde Mallarme, una considerable cantidad de poesía y prosa modernista se ha rebelado contra lo que se ha considerado como el lenguaje normal. Al cuestionamiento de “¿Quién está hablando?” Mallarme contestó, “el lenguaje está hablando.” Después de esta respuesta, y especialmente desde el explosivo periodo de la Primera Guerra Mundial cuando Joice, Stein y otros procuraron una nueva sintaxis así como un nuevo vocabulario, las restituciones y distorsiones del lenguaje han asaltado toda la literatura. Los futuristas rusos, Dada (ejemplo: los esfuerzos de Hugo Ball en la época de 1920 de crear “una poesía sin palabras”), Artaud, los surrealistas y letristas se encontraban entre los elementos más exóticos de una resistencia general contra el lenguaje.

Los poetas Simbolistas y muchos de los que podían ser considerados sus descendientes, tomaron ese desafío contra la sociedad que al mismo tiempo llevaba consigo el desafío hacia su lenguaje. Pero la construcción de un cimiento inadecuado impidió el éxito de la escalera, llevando a uno a preguntarse si los esfuerzos de los vanguardistas pueden llegar a ser algo más que un gesto abstracto y hermético. El lenguaje, que en cualquier momento dado encarna la ideología de una cultura en particular, debe terminarse para poder abolir ambas categorías de extrañamiento; déjennos decir que estos serían un proyecto de dimensiones colosales. Esos textos literarios (ejemplo: Finnegans Wake, la poesía de los e.e. cummings) rompen con las reglas de un lenguaje que parece tener el efecto paradójico de evocar las mismas reglas. Al permitir el libre juego de ideas sobre el lenguaje, la sociedad no hace más que tratar estas ideas como eso, un juego.

Esa gigantesca cantidad de mentiras oficiales, comerciales o de otro tipo es quizás suficiente para explicar por qué Johnny No Puede Leer o Escribir, porqué el analfabetismo está creciendo en la metrópoli. En cualquiera de los casos no es solo que “la presión sobre el lenguaje se ha vuelto muy grande” como lo dice Canetti, sino que “desaprender” se ha convertido “en una fuerza en casi cada campo del pensamiento,” como lo estima Robert Harbison.

En la actualidad palabras como “increíble” y “sorprendente” son aplicadas para lo más trivial y aburrido, no es accidental que palabras poderosas e impactantes apenas y existan. El deterioro del lenguaje refleja un extrañamiento más general; se ha convertido en algo casi totalmente externo a nosotros. Desde Kafka hasta Pinter el silencio en sí, es la voz adecuada para nuestros tiempos. “Pocos libros son perdonables. El negro en los lienzos, el silencio en las pantallas, una hoja blanca sin contenido, son quizás factibles,” como bien lo dijo R. D. Laing. Mientras tanto, los estructuralistas Levi- Strauss, Barthes, Foucault, Lacan, Derrida han estado casi enteramente ocupados con la duplicidad del lenguaje en sus interminables excavaciones exegéticas hacia su interior. Han renunciado virtualmente al proyecto de extraer el significado del lenguaje.

Yo estoy escribiendo (obviamente) dentro de los límites del lenguaje, consciente de que el lenguaje reifica la resistencia a la reificación. Como T. S. Eliots Sweeney explica, “Tengo que usar palabras cuando te hablo.” Uno puede imaginarse el sustituir el aprisionamiento del tiempo por un presente brillante Solo imaginando un mundo sin división del trabajo, sin ese divorcio de la naturaleza por el cual toda ideología y autoridad se acumula. No podríamos vivir en este mundo sin el lenguaje y esto significa qué debemos transformar este mundo con tal profundidad.

Las palabras revelan una tristeza; son usadas para humedecer el vacío de un tiempo que se erige con desdén. Todos hemos tenido el deseo de ir más allá, más profundo que las palabras, el sentimiento de querer terminar con todo el parloteo, sabiendo que el permitirnos vivir coherentemente elimina la necesidad de formular coherencia.

Hay una profunda verdad en la noción de que “los amantes no necesitan palabras.” El punto es que debemos tener un mundo de amantes, un mundo cara a cara, en donde incluso los nombres pueden ser olvidados, un mundo que sepa que la magia es lo opuesto a la ignorancia. Solo una política que deshaga el lenguaje y el tiempo, y que por lo tanto sea visionaria al punto de comprender la importancia del placer de los sentidos, tendría sentido para nosotros.

Traducción terminada el 9 de septiembre del 2019.

Del libro El Reverdecer Anárquico: Escritos de John Zerzan, Traducciones de Juan de la Tierra. Editorial Revuelta Rústica, Mexico. 2019.

Degeneraciones: entre orgullo y victimismo de género por Anna Benniamino

Soy anarquista, no soy feminista porque percibo el feminismo como un retroceso sectorial y victimista, nunca he hecho discriminación de género aunque no utilizo convenciones lingüísticas gender-friendly, por el contrario utilizo a menudo un lenguaje grosero y políticamente incorrecto. Considero que en la aspiración a la anarquía, es decir en la práctica de relaciones antiautoritarias, está ya contenida y ha de ser cultivada la anulación de los privilegios y opresión de género. Ah, se me olvidaba, detesto la autoconsciencia en sede pública y asimismo considero las asambleas un instrumento romo. Entiendo y tengo la voluntad de encuentro, pero veo como demasiado a menudo el momento asambleario decae en la autorrepresentación estéril. Ahí lo tenemos, en estos tiempos se arriesga deber abrir con un preámbulo como éste para meterse en el jardín de los lugares comunes sobre género y feminismo, desenmarañándose en la enmarañadísima incapacidad e ineptitud para relacionarse en la nebulosa anarquista, con una variabilidad de comportamientos que va desde la hiperemotividad al burocrático cálculo de la posición a asumir (y del nivel de acuerdo negociable) en una lucha. No creo que comportamientos autoritarios y sexistas se combatan tratando de difundir nuevas convenciones lingüísticas y recalentando en salsa alternativa cachitos de retórica indignada mainstream (entre #niunamenos, contadores de feminicidios en tv, el orgullo, zapatitos rojos y bandas arco iris).

Más bien sería necesario reconocer éstos como indicios de la enésima operación en marcha de deconstrucción de los significados reales y de recuperación. O sea, creyendo oponérseles, de hecho se está adaptando a los mismos códigos comportamentales y normativos concedidos por el dominio como válvulas de escape de la tensión.

No es ninguna novedad que el poder económico y político tiende a fagocitar y redigerirlo todo, cada vez más rápido, véase por ejemplo las perlas de neoconservadurismo y conformismo antisexista, antirracista y todo el resto que a diario son regaladas con generosidad por los medios.

Un malentendido inicial creo que es la incapacidad de situar determinados comportamientos, reduciendo a clave de problemas de género cuanto debería ser proprio de una más amplia crítica en sentido antiautoritario de las relaciones y de la capacidad de comunicación e interacción entre individuos.

Sería necesario dejar las categorizaciones por géneros, tipo LGTBI (XYZ…) a quien siente la necesidad de ser categoría protegida, dentro de encasillamientos dignos más de una clasificación linneana de las variedades de combinaciones entre individuos que de cuerpos y mentes libres. Nos hallamos sin embargo teniéndonos que confrontar con tales encasillamientos en ámbitos antiautoritarios, que deberían haber interiorizado ya el rechazarlos.

Vaya como inciso que estoy bien lejos de pensar que los denominados espacios liberados lo sean realmente siempre, por el contrario a menudo se convierten en aparcamientos de malestares diversos que en lugar de elevar la calidad de vida y de relaciones arriesgan bajarla aún más.

Por ejemplo no es posible leer en clave de sexismo, imposición autoritaria o violencia de género toda incapacidad de interactuar precisamente en el ámbito asambleario: leo en un folleto1 en circulación el año pasado, para estigmatizar la violencia latente en las relaciones entre compañeros “entonces el más viejo ejercita poder sobre el más joven, quien tiene más experiencia se impone a quien tiene menos, quien es más fuerte a quien lo es menos, recreando en un espejo las relaciones del existente que se dice querer subvertir”.

La crítica pretendía ser a actitudes autoritarias en ambientes antiautoritarios y tendría un sentido, pero así banaliza y lo aplana todo: existe una diferencia fundamental entre imposición de la fuerza y expresión de la experiencia. La incapacidad de expresarse o de hacer no es autoritaria o antiautoritaria y no puede más que resolverse individualmente… si no se llega al idiotismo del elogio a la incapacidad y a la inacción.

El concepto de violencia emotiva o de violación de la integridad emocional es como mínimo lábil, ¿por qué promover semejante análisis de pacotilla entre individuos antiautoritarios que deberían tener armas críticas y capacidad práctica de intervención mucho más punzantes? Además vaciando de significado la violencia súbita y brutal con la que se equipara. ¿Cómo pretendemos comprometernos en una lucha sin cuartel contra la autoridad y disertar sobre violencia revolucionaria y liberadora si no alcanzamos siquiera a reaccionar individualmente a un “comentario no demandado por la calle” (tomándolo por lo que es. Y tratando consecuentemente a quien lo ha proferido) o a sostener una discusión acalorada, en un encuentro, sin recurrir al pretexto de la sensibilidad mancillada? ¿Por qué tenemos que vernos leyendo la desconcertante y palmaria idiotez que aconseja, para evitar un aborto no deseado, hacer el amor con una mujer 2 ? ¿Por qué codificar preferiblemente en ámbito de género, para “bandas de mujeres” sólo, como conquista, la autodefensa frente a agresiones y molestias? ¿No es acaso un problema común a los géneros, entre seres liberados?

¿Por qué desempolvar del armario del feminismo de los años 70 sus productos más ajados como el de los encuentros separados… llamándolos incluso work-shop/Taller (feísimo término que conjuga trabajo y negocio, tomado de las convenciones empresariales e indigno de la libre discusión)?

El espectro de un mecanismo reductivista y banalizante similar lo leo en otra publicación reciente, la edición italiana de los textos reivindicados por las Rote Zora3 , o sea el intento de sensibilizar sólo a un público feminista sobre un grupo de mujeres practicantes de la lucha armada en los años 80/90 en Alemania, de fortísimo interés en algunas temáticas feministas, insistiendo en la opción de género como una discriminante privilegiada y para sacarlas del olvido… visto que no se querría “que entre a formar parte de la historia oficial. Aquella escrita por los hombres”4 … ¿Cómooohh?!? ¿No será que la historiografía oficial tiende a no tratarlas por furiosas, no feministas furiosas? ¿Del mismo modo que no trata o tergiversa la historia, las acciones, los escritos de tantos otros furiosos y furiosas? La visión parcial no es de las Rote Zora, que experimentaron un recorrido propio de lucha y liberación individual y colectiva en el ámbito de una más amplia acción antiimperialista y anticapitalista, sino de quien trata de hacer de ellas una bandera para dar mayor credibilidad y peso específico a su propia teorización, encima para reducirse después a buscar “trayectos de autodefensa”.

¿Por qué enrocarse en un discurso “feminista y lésbico”5, por qué otra jaula protectora, en vez de desarrollar la belleza y los infinitos principios más avanzados de crítica al dominio (no sólo de género) ofrecidos y experimentados?

La “sororidad” me ha parecido siempre una forma de alienación alusiva a alianzas políticas trasversales entre oprimidos y opresores, entre bandos adversos… “interclasistas”, como se ha vuelto de moda llamarlas. En estos días me ha llegado también un librito6 que recogía las entrevistas efectuadas por una feminista italiana a unas supervivientes de la revolución española de 1936, buscando una discutible “sororidad” entre anarquistas implicadas en el frente (y en la retaguardia con Mujeres Libres), poumistas y estalinistas. Era sin embargo significativo que las revolucionarias anarquistas casi centenarias fuesen mucho más lúcidas y abiertas en la crítica a los límites del feminismo que su entrevistadora, empapada de los lugares comunes de los años 70: con la tranquilidad extrema de una vida vivida plenamente, conseguían explicar con sencillez la relación paritaria entre compañeras y compañeros, cómo consiguieron ridiculizar y neutralizar los machismos que emergían de entre los más retrógados y estúpidos de entre sus compañeros. En definitiva las prácticas y la aportación teórica de estas mujeres son mucho más avanzadas en el camino de liberación del individuo y en la negación de dinámicas autoritarias que las de las feministas que picotean sobre sus experiencias, defendiendo simulacros de lucha en vez de la propia lucha. La necesidad de autos de fe, la “deconstrucción de los privilegios propios del macho”, la búsqueda de espacios de discusión separados, la autoconsciencia y autoanálisis en sede publica parecen un tanto demasiado el signo de estos tiempos de sobreexposición e inconsistencia, abanderar “luchas” por categorías y luchas interiores para acabar por no luchar por nada.

Anna

cárcel de mujeres de Rebibbia

octubre 2018

tomado de VETRIOLO, giornale anarchico, invierno del 19, número 3


1.  Violenza di genere in ambienti antiautoritari ed in spazi liberati. Edición italiana traducida del español en 2017

2. Critica all’aborto, Jauria, Pubblicazione transfemminista per la liberazione animale, n.º 1, verano/otoño 2015

3. Rote Zora – guerriglia urbana femminista, Autoproduzione Femminista, 2018

4. De la introducción del mismo libro

5. Que entre otras cosas las propias Rote Zora no consideraban caracterizador. De la entrevista a las Rote Zora de 1984: “Algunas de nosotras tienen hijos, muchas otras no. Unas son lesbianas, a otras les gustan los hombres” pág 51, ibídem

6. Donne contro, Isabella Lorusso, de. CSA editrice, 2013

Chile: Opinión sobre incendios forestales, interés empresarial y “violencia rural”

Desde la zona central de Chile.

Los incendios forestales que han afectado a la zona centro y sur de Chile son conocidamente obra humana. Esto está claro, mas hace falta especificar a los responsables reales.

Estos incendios constituyen un acto ecocida, pero no basta con esta definición, como tampoco es suficiente aquella explicación mediática que indica que estos incendios son ejecutados por personas que simplemente entraron en la “moda” de provocar incendios de gran escala por placer, misteriosos pirómanos que están al acecho de zonas vulnerables el mismo día y en el momento exacto, cuando acelera el viento y asciende la temperatura.

Estos tristes eventos generan ganancias para la clase dominante chilena e internacional de varias maneras:

Primero, las mafias forestales se aprovechan de la devaluación de las hectáreas quemadas en las que existía bosque nativo (y ecosistemas de fauna y flora endémica, obviamente), y así invierten a bajo costo en estos terrenos, ahora baldíos, para invertir con plantaciones de pino y eucalipto principalmente.

Por otro lado, se genera un espectáculo mediático que genera un estado de terror exagerado en la población, donde los grandes héroes son los empresarios que invierten recursos como brigadas, helicópteros, avionetas, equipos de comunicación, entre otras cosas. Brindan así una forzada sensación de seguridad en la población que agradece a nuestros verdaderos carceleros.

También, la clase dominante aprovecha la catástrofe para darle un uso político donde entra en juego el Estado de forma explícita y legitimada. Dado el clima de inseguridad y con un discurso expresado en tono semi-neutro, se buscan culpables y se inventan nuevos conceptos policíacos como el de “violencia rural”, que por el momento no ha presentado solvencia política más que la persecución de grupos de resistencia mapuche, específicamente en la región de la Araucanía, como si fuera ésta la única región “campesina” del país, y la única donde se desarrollan eventos de violencia armada, siendo que el uso de armas y la criminalidad es una fuerte herencia colonial y latifundista palpable en el campo desde Santiago hacia el sur, las zonas subyugadas a la explotación agrícola y ganadera a gran escala en Chile. Si la violencia relacionada a las armas en la Araucanía constituye un caso especial, no hay otro motivo que la presencia policial exacerbada en la región, y el ciclo de resentimiento que de forma legítima, parte del pueblo mapuche dirige contra el Estado y las empresas extractivistas, sobretodo forestales. Obviamente, acabarán apuntando también a los sujetos incendiarios, vale decir, el sector anarquista, para variar. Ya en las noticias durante el incendio del cerro San Cristóbal este 25 de Febrero se ha esbozado y dado a luz pública las inteligentes y curiosamente específicas sospechas de la policía, pues en el frontis del zoológico habían rayados que pugnaban, no sé si simbólicamente o no, la “quema de las jaulas”.

Sabemos que este tipo de acusaciones contra mapuche y contra anarquistas es una tergiversación respaldada sólo por los medios desinformativos que utiliza el Poder. Aprovechando la profunda ignorancia y mentalidad fascista con la que educan día a día a nuestros pares de clase a través de la televisión y la confusión informativa de internet, relacionan este tipo de actos -estamos hablando de incendiar bosque nativo y asesinar especies animales no humanas-, con personas que respetan por ideología y/o forma de vida comunitaria y en relación con la naturaleza (eso último aplicable más que nada a comunidades mapuche), la vida de la naturaleza.

El pueblo mapuche en resistencia aspira a ejercer su cultura y para ello es fundamental una interrelación con el bosque y la tierra, como mundo espiritual y económico. En el caso del anarquismo, existe una histórica tradición ecologista que tiene sus raíces en figuras y discursos del siglo XIX en adelante, el anarco primitivismo, heredero del naturismo, por ejemplo, o los discursos antidesarrollistas que aspiran a la formación de localidades agrarias y asamblearias como proceso revolucionario.

De ninguna manera victimizo a anarquistas y mapuche en este punto, pues eso sería una mentira y falta de respeto a los grupos e individuos que sí asumen una postura confrontacional y abiertamente incendiaria. Lo que hay que comprender, es que el fuego mapuche y anarquista no está dirigido al bosque, al cerro, a la tierra, al “león” o puma, al hualo, a la loica, o al chercán. El fuego anticapitalista está dirigido a las jaulas de exhibicionismo, a las industrias y sus herramientas… a todo lo que sea símbolo y recurso capitalista industrial y desarrollista, pues son fuente estructural de realidades especistas y ecocidas, explotadoras y aniquiladoras de formas de vida comunitarias como las practicadas por la mayoría de los pueblos precolombinos en la actual América, que junto al Estado someten a la naturaleza y a la humanidad a la explotación y efectos lógicos como sequías, derrumbes, deshielos, acompañados de una descomposición social tremenda, que al volcarse en rebelión, los medios represivos del Estado golpean a las clases bajas y a los pueblos indígenas doble o triplemente explotados por la maquinaria racista del sistema global.

Es importantísimo que reconozcamos, como clase dominada, que la rabia motivada por este tipo de hechos está dirigida y potenciada por los medios de comunicación. La rabia es legítima y es un arma, pero no es neutral, es decir, debemos ponerla de nuestro lado, pues es fuertemente manipulada por la clase empresaria respaldada por el Estado.

Si hacemos un recuento hacia años anteriores al 2017, preguntémonos: ¿cuánta era la preocupación de las masas ante los incendios forestales?, porque incendios forestales hay hace décadas, año tras año. Sin embargo hubo que esperar hasta el 2017, cuando los empresarios se disfrazaron de héroes y trajeron el Súper Tanker, avión protagonista de su propia película sobre ayudar a un pequeño país del sur, seguido cada día por cámaras de televisión, aunque no hizo más que otras brigadas.

Obviamente una intención política, además de una vanidosa demostración de poder y perpetración del eurocentrismo y del conformismo de las masas que prefieren sentirse al alero de empresarios, que se “hacen cargo del problema”. No lo hacen, ni lo harían, ni lo harán, ¿o pensamos que se disponen a dejar de explotar la Tierra?

Los incendios del 2017 están precedidos por otra serie de incendios el año 2014, y esto ha ido en asenso, así como el negocio forestal. Y ahora, que estamos más o menos “acostumbrados” a esta violencia, los gobiernos plantean “soluciones” que curiosamente consisten en aumentar el nivel represivo del Estado.

Se ha modificado la semilla del pino radiata en la Universidad de Concepción para hacerla adaptarse a climas más fríos y así expandir su cultivo hacia zonas más sureñas. ¿Y nos parece casualidad que los incendios se concentraran en el centro sur en el 2017, y el 2019 en la región de los Ríos, de los Lagos y de la Araucanía? ¿Nos parece aún la acción de anónimos y burdos pirómanos sin objetivos claros?

Las forestales se han extendido a zonas antes no tocadas por este tipo de explotación. Así también, se han construido más vías de traslado de mercancía, junto con potenciar el mercado turístico. Las medidas policíacas que están por aplicarse, y que se están ya aplicando, están dirigidas a los territorios rurales y rural-urbanos donde parte de la población se ha comenzado a negar a la mercantilización del territorio (explotación de tierra, madera, agua, ecoturismo, zoologización de costumbres y comunidades, etc.). Esto está totalmente relacionado con la aplicación de la IIRSA o “Iniciativa por la Integración de la Región Sudamericana”, cuya funcionalidad iniciará el año 2022. Este proyecto se ha planeado bajo un gran silencio hace más o menos dos décadas y es uno de los grandes proyectos logrados gracias a las políticas posteriores a las dictaduras latinoamericanas financiadas por el norte occidental, especialmente EE.UU. Esto incluye a la dictadura militar y todos los gobiernos democráticos desde 1990 en adelante, en el caso de Chile, por su apoyo directo a esta iniciativa colonial, o por brindar los medios necesarios para su aplicación en la actualidad, por ejemplo, los tratados de libre comercio y los “fomentos a la inversión privada” en el ámbito agrícola y forestal. Se están recrudeciendo los mecanismos de explotación, ampliando el espectro extractivista neoliberal, y reduciendo al Estado a una función represiva, deslegitimado (auque sea sólo de manera espectacular), por las propias empresas, cuyos representantes o lacayos vociferan que el Estado no tiene los medios suficientes para combatir la crisis ecológica, los conflictos territoriales o el cambio climático. En el fondo, el Poder de manera cada vez más explícita y aceptada está en manos de las empresas.

Antes de terminar, cabe responsabilizar a la clase política y empresarial del desastre ecológico y social que hoy en día se vive en Sudamérica, en el caso chileno de las forestales, a los Matte y los Angelini.

A lxs anarquistas, les invito no sólo a posicionarse de manera explícita ante estas situaciones, si no a aprender a defenderse del desprestigio y satanización que la clase dominante hace del anarquismo ante el pueblo. Con esto voy a que queramos o no, estamos inmersos en una lucha de clases donde los empresarios, el Estado y los medios de comunicación nos llevan golpeando por años y se aventajan a pasos gigantescos.

Hemos de discernir bien a la hora de fijar las responsabilidades sistémicas en lo que se refiere a los asuntos ecológicos y sociales. La misantropía no es la respuesta como tampoco lo es el pacifismo de las modas ecologistas o las ferias alternativas. ¿Por qué digo esto? Pues, porque la destrucción de la Tierra y de la vida como la comprendemos -los ciclos geoquímicos, del agua y del aire, la alimentación libre, la fauna y la flora libre y autosuficiente, por ejemplo, un medio que permite la autonomía comunitaria-, no podemos achacársela de manera abstracta a conceptos como “la Humanidad”. Es cierto que somos la única especie que se ha dedicado a explotarse a sí misma, a destruirse y a destruir la vida de otros seres y contextos naturales, pero esto se ha visto potenciado únicamente por la industrialización y las políticas globalizadoras, respaldadas por una cosmovisión totalitaria, racista y colonial inseparable del capitalismo y las ideologías europeas desde la conquista de este continente. Por lo que más que a la Humanidad como concepto abstracto, lejos de aquel romanticismo, apuntaremos a los grupos económicos, al Estado, a la clase política, a la industrialización, a los medios de desinformación masiva que contagian su ideología, a las herramientas del desarrollo y al desarrollo en sí mismo, que bajo la idea de sustentabilidad pretende mostrarse como salvación de los males eco sociales que nos amenazan cotidianamente, despolitizándola situación, mostrando el interés económico como un interés de toda la población. Sustentar el desarrollo no es otra cosa que sustentar al capitalismo, dándole más duración en el tiempo y aplazando su inevitable caída, pues las medidas actuales que se están tomando en el ámbito extractivista no demuestran otra cosa que su inminente caída, refiriéndome a décadas, por supuesto.

Por último, invitar a nuestra gente, nuestros iguales de clase, a ser crítica con la industrialización y el desarrollo económico, siempre acompañado de la explotación de recursos y generador inevitable de descomposición y crisis social, ya sea por motivos medioambientales, económicos, o por la imposición de estilos de vida sometidos al ritmo de la producción industrial.

Sudamérica, en los planes globales de dominación, cumple un rol primario, básicamente sostiene la estabilidad económica y socio-política del norte, es decir, Norteamérica y Europa. Ningún modelo estatal de gobierno interno puede superar esta imposición geopolítica.

Desde el sector anarquista, no se busca un mercado “justo” o un modelo de producción sustentable, pues la destrucción de la Tierra es inherente al capitalismo, sea empresarial o sea estatal, como en los modelos de Rusia, China o Venezuela (economías basadas en la industrialización y explotación humana pro artefactos tecnológicos, o la explotación de recursos como el petróleo). La salvedad de esta situación está en manos del pueblo organizado de forma autónoma, apartado de las empresas y las instituciones estatales, y con la fuerza suficiente para construir un medio asambleario, local y autónomo, idealmente una reconstrucción ecológica de la vida. En el centro sur, por ejemplo, por sus condiciones climáticas, es posible un estilo de vida agrario. Sin embargo, combatir será totalmente necesario y crear redes internacionales de sabotaje, de ataque y de defensa territorial en general.

Solidaridad anticarcelaria y libertad para lxs seis compañerxs del caso “21 de Mayo”.

Desde el centro sur, río Mataquito.
Lombriz de Charco.

(México) En permanente lucha contra el Estado y su control: ¡Abajo la Ley de Seguridad Interior!

Escrito realizado por Chaya Tlilli donde se hace un análisis anarquista sobre la Ley de Seguridad Interior en México, dejando en claro que más allá de una lucha específica contra una ley en particular, la propuesta anti-autoritaria es una lucha constante y permanente contra el control y la vigilancia que ejerce el Estado en sí y contra el desarrollo de cualquier sistema de dominación, en este caso el sistema tecno-industrial el cual marca la pauta de muchos de los aberrantes acontecimientos sociales  que vivimos en la actualidad.


La aprobación de la Ley de Seguridad Interior (LSI) en México, es un síntoma de la necesidad del capitalismo global por renovar sus cotos de poder y la expansión de su progreso económico en beneficio de la sociedad de clases y su cosmovisión antropocéntrica. En orden a la represión de expresiones contrarias a sus intereses o que no favorezcan al dominio global, el cual va acompañado del despojo y apoderamiento de tierras, vientos y aguas, de explotación de “recursos energéticos” y de cuerpos humanxs y animales, el Estado ha venido generando los cambios legales pertinentes para alcanzar sus objetivos. Si bien la LSI es una expresión latente a nivel jurídico del avance tecnológico industrial mediante el totalitarismo y la militarización de la sociedad, desde nuestra perspectiva anarquista, su aprobación no señala el punto de partida de la militarización del país o de su actividad endurecida contra las resistencias, ya que en los hechos el ejército ha sido desplegado social o específicamente desde prácticamente siempre en los momentos de tensión política y económica en México, ejemplos históricos que visibilizan esta práctica sobran:

  • 1968, la histórica masacre de Tlatelolco, donde fueron muertxs miles de estudiantes.

  • La cacería de guerrillerxs y comunistas en los 60’s, consolidando prácticas de tortura.

  • La militarización y combate armado en Chiapas en los 90’s, contra la insurrección indígena y zapatista.

  • Resalta un caso poco conocido a raíz del temblor que destruyó la Ciudad de México en 1985, donde por motivos de las labores de rescate, salieron a relucir de entre los escombros de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal diversas cárceles clandestinas donde se torturaba y asesinaba a personas no gratas1.

  • La matanza de Acteal en 1997, donde militares dispararon contra indígenas tzotziles y abrieron los vientres de mujeres embarazadas llenándolos de piedras.

En la actualidad lejos de disminuir esta tendencia, la violencia perpetrada desde las fuerzas estatales ha incrementado, los cuerpos de seguridad han ido adquiriendo y actualizándose en su equipo e infraestructura, han expandido su sofisticación a otros sectores de las fuerzas de control, adiestrando militarmente a las antiguas policías y creando nuevos cuerpos policiacos como la gendarmería, la fuerza civil, la policía estatal o la policía militar, desplegando a la Marina en ciertas zonas y concretando pactos y alianzas con el narco y con el gobierno de Estados Unidos. Precisamente uno de los pactos que permitió el desarrollo cuantitativo y cualitativo de los aparatos de represión estatales fue la Iniciativa Mérida2, una medida de cooperación internacional contra el crimen organizado llevada a cabo cuando el presidente de México era Felipe Calderón y el de Estados Unidos George Bush, un antecedente que no se puede dejar de lado si queremos trazar una línea histórica del estado actual de control y represión.

No hay que dejar de lado que el narco se ha configurado como el “sujeto político enemigo” para justificar la militarización, sin embargo desde una perspectiva anti-autoritaria y sumando esto a la crítica anti-estatal, el narco y la denominada delincuencia organizada no deben ser tomados como enemigxs montándose a la visión ciudadanista y simplista de la inseguridad, o de que son grupos que actúan fuera del marco de la ley, sino porque estos en los hechos llevan a cabo la búsqueda del Poder mediante las mismas herramientas, vías y objetivos, contribuyendo de la misma manera a la dominación social y a la explotación de la Tierra; no es casualidad que para mantenerse con poder, estos grupos tengan que estar vinculados y participando en los gobiernos y sirviendo como brazo paramilitar o parapolicial para atacar a las diversas luchas y a sus participantes encarcelándolxs, desapareciéndolxs o asesinándolxs. Una de las más conocidas tácticas gubernamentales en México es achacar a lxs rebeldes cualquier nexo con el narco para perjudicarlxs y desacreditar las luchas.

La brutalidad de la represión estatal nunca ha disminuido, por el contrario se ha mantenido, y en ocasiones ha incrementado, como lo demuestran los siguientes ejemplos más o menos actuales:

  • En el 2006 México experimentó el inicio de la denominada “guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado” la cual ha servido de pretexto para reprimir, encarcelar o asesinar a activistas sociales de diversa índole, contando hasta la fecha con un aproximado de 200 mil muertos, 39 mil desaparecidos y 350 mil desplazados, atribuyendo muchos de estos casos a algún vínculo con el “crimen organizado”.

  • También en el 2006 durante la insurrección popular en Oaxaca, las desapariciones y torturas de sublevados estuvieron a la orden del día, muchos de lxs desaparecidxs eran trasladadxs en helicópteros y aventados desde los aires, llevados cárceles clandestinas donde eran torturadxs y asesinadxs.

  • En el 2014, la desaparición y asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en Guerrero, caso en el que por diversos medios se ha comprobado la participación del Ejercito Nacional.

  • En 2015, en Ostula, Michoacán, militares abrieron fuego contra un bloqueo carretero de comuneros en respuesta a la detención de un autodefensa, muriendo un niño de 12 años. Esta comunidad se ha organizado en autodefensa y ha recuperado tierras acaparadas por caciques y narcos3.

  • También en 2015 tenemos el Caso Narvarte en donde fueron asesinadxs el activista de fotoperiodismo Rubén Espinosa y la activista social Nadia Vera junto con otras tres personas, en situaciones no muy claras, en donde salían a relucir huellas de violación a las mujeres y heridas de bala en las cabezas de las víctimas, hecho del cual se responsabilizaba al Gobernador de Veracruz Javier Duarte4.

  • El 2016 en Huajuapan, Oaxaca fue torturado, atropellado y finalmente asesinado por la policía el compañero anarcopunk Salvador Olmos García quien participaba en la Radio Comunitaria Tu Un Ñuu Savi y siempre se mantuvo en diversos proyectos autónomos y solidarizándose con diversas causas regionales y relacionadas con la movida punk/anarquista5.

  • En 2018 se reporta que dentro de una academia de policías en Veracruz, estos practicaban técnicas de tortura con personas secuestradas por policías de elite y posteriormente eran aventadas a un espacio donde tenían tigres y cocodrilos para ser aniquilados o enterradas bajo las instalaciones6.

  • También en febrero del 2018 en Santa María Huatulco, Oaxaca, fueron asesinadxs por un grupo de sicarios judiciales 3 integrantes de la organización indígena CODEDI, mientras se encontraban realizando una caravana. Uno de los integrantes de esta caravana Abraham Rodríguez ya habría sido encarcelado por 7 años por su involucramiento en las luchas y la organización. En esta zona de Oaxaca se viene resistiendo desde varios años atrás contra la aniquilación y cooptación de los pueblos indígenas, la destrucción de sus áreas naturales y su acaparación por empresas nacionales y extranjeras para gestionar megaproyectos productivos e industriales7.

La tecnología siempre apunta al control

A todos estos hechos sumamos los adelantos tecnológicos en cuestión de espionaje y vigilancia, que el Estado y los grupos corporativos han venido utilizando contra opositores, activistas, periodistas e inclusive anarquistas, prueba de ello acontece en el 2016 cuando algunos compas recibieron mensajes de spyware en sus teléfonos8. En el 2011, agencias federales mexicanas gastaron aproximadamente 80 millones de dólares en un programa de espionaje de la empresa israelí Pegasus9, que mediante virus y links falsos acceden a computadoras y teléfonos celulares con el fin de monitorear su actividad y obtener información. La filtración de datos personales por  facebook y la comparecencia de Zuckenberg frente a los tribunales Estadounidenses no debería de pasar desapercibida, estos hechos nos van mostrando la vulnerabilidad en estos medios. En las calles el incremento exponencial de las cámaras de video vigilancia CCTV, nos siguen dando indicios del futuro de control tecnológico al que nos acercamos; por más bondades que nos ofrezcan, estas tecnologías complejas nacen desde el Poder, desde el capitalismo y sus necesidades y por lo tanto nunca dejaran de apuntar al control y al consumismo, es por ello que ya que estamos inmersos dentro de una realidad de dominación tecnológica se haga importantísimo para todxs lxs que se atreven a desafiar el orden establecido el actualizarse en los mecanismos de seguridad cibernéticos en esta era del Big Brother digital y/o limitar la influencia de este en nuestras vidas. Esperemos que esto dicho no haya sido nada nuevo para lxs compañerxs.

Contra el Estado en sí

En conclusión lejos de las visiones reformistas que exigen al Estado un óptimo y no corrupto uso de las fuerzas armadas apegado a la legalidad, que reclaman por la inconstitucionalidad de los militares en las calles, por su uso únicamente en cuestión de amenazas a la Soberanía Nacional, entre otras de este tipo, los anarquistas debemos mantenernos firmes en nuestro principio anti-autoritario y por lo tanto contra el Estado y su aparato militar sean estos del color que sean. El hecho de que la LSI apruebe legalmente cateos o actos judiciales sin la necesidad de una resolución judicial específica, es un hecho que agrava la situación totalitaria a la que México se va acercando, pero que en realidad ya era una práctica histórica del Estado Mexicano. Es importante recalcar que esta situación, como lo habíamos expresado anteriormente, es un síntoma local de una cuestión global: una nueva vuelta de tuerca del capitalismo, y que esto no se restringe a una cuestión meramente administrativa, en cuanto a si es la izquierda, el centro o la derecha la que está en el Poder; independientemente de sus propias agendas políticas e ideológicas, el proyecto tecno-industrial tiene una lógica inamovible en la cual los Estados Nacionales activan sus fuerzas armadas militares, paramilitares y policiacas cuando el mercado lo demanda, siempre en favor de las corporaciones nacionales y multinacionales, legales o ilegales, con el fin de implementar los proyectos extractivistas para generar más energías (“limpias” o no limpias) y más producción de mercancías con las que dar continuidad a la expansión capitalismo, a los avances tecnológicos dirigidos a la artificialización de la vida y a proyectar el consumo de las masas y el enriquecimiento de las cúpulas; y de paso, con todo esto, poner a raya a las diversas fuerzas de oposición que obstaculizan de diversas maneras los planes del dominio.

Para afirmar estas cuestiones nos basamos en los hechos: el creciente y selectivo encarcelamiento, asesinato y tortura de activistas, indígenas y campesinos que defienden mares, bosques, selvas, montañas, desiertos y ríos y de la represión selectiva a otros movimientos anti-sistémicos o sociales; podríamos decir que esto es una tendencia a nivel mundial que ha venido acompañada del aumento de manifestaciones de carácter racista, xenófobo, nacionalista, sexista y de diversos tipos de autoritarismos propagados socialmente.

Hablar en general de activistas y no solamente de los compañerxs anarquistas, no significa que apoyemos las formas y las ideologías desde las cuales emprenden su forma de lucha, que por lo regular están enmarcadas desde la idea del Estado de Derecho, los Derechos Humanos, la constitucionalidad o los buenos gobiernos, y que por lo tanto son manejadas y cooptadas muchas veces por el Estado, limitando la revuelta y las posibilidades de la autogestión de la lucha. Hay que tener en claro que la represión no solo nos toca a los anarquistas si no a cualquier estorbo social. Es por eso que creemos en el posicionamiento permanentemente contra las dinámicas de la autoridad. Mencionar los diversos acontecimientos y personajes nos ayuda a dar seguimiento a una línea histórica del Estado que reafirma y nutre nuestra postura, y nos dota de argumentos reales y hechos concretos para seguir extendiendo y propagando la crítica y práctica anti-autoritaria, preparándonos para afrontar las nuevas condiciones y teniendo siempre presente que sin importar las transformaciones del Estado y las reformas legales, estas tienen un carácter siempre temporal, que en cualquier momento podrán desobedecer, como toda la vida lo han hecho; los Estados tienen un mal congénito que es la hipocresía entre lo que dicen y lo que hacen. Para nosotros la libertad, la autonomía, la autodeterminación y el respeto por la naturaleza y lo salvaje no se encuentran en los códigos jurídicos sino en nuestras propias manos, en nuestra conciencia y nuestra voluntad de actuar. Como bien dicen por ahí “Quien hace la ley hace la trampa”.

México, Junio del 2018.

Chaya Tlilli

Notas:

1 https://www.proceso.com.mx/142160/con-el-sismo-aparecieron-carceles-clandestinas-en-la-procuraduria-del-distrito-y-en-hoteles-cercanos

2 https://expansion.mx/nacional/2017/04/09/10-anos-de-la-iniciativa-merida-un-recuento-de-la-cooperacion-entre-mexico-y-eu

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150213_mexico_eeuu_iniciativa_merida_narcotrafico_an

5 https://www.centrodemedioslibres.org/2016/06/26/policia-de-nochixtlan-asesina-a-salvador-olmos-companero-punk-de-los-medios-libres/

7 http://colectivoautonomomagonista.blogspot.com/2018/02/no-mas-muerte-y-miseria-para-nuestros.html

8 https://es-contrainfo.espiv.net/2016/03/01/mexico-irreductibles-ante-el-poder-y-ante-su-represion/

9 https://www.nytimes.com/es/2017/06/19/mexico-pegasus-nso-group-espionaje/

México: Viejos y nuevos mitos, con la opresión de siempre

El siguiente escrito elaborado por el venezolano Humberto Decarli quien ha colaborado en diversas ocasiones con el periodico El Libertario,  realiza una comparación entre AMLO y el Chavismo y los regímenes castrenses (o con una gran preponderancia militar) que se han desarrollado en ambos paises. Todos los sectores que compiten contra MORENA vienen hablando de que este movimiento llevará a México a una realidad como la que en la actualidad se vive Venezuela. A millones de años luz de pensar en cualquier sector partidista y pro-estatal como una opción, si vale la pena desmontar mitos y conocer la linea histórica que se ha vivido en esta región.

También tenemos que recalcar que nos alejamos de la idea del autor de “incorporar al país de los aztecas al mundo institucional, de desarrollo sostenido y de respeto a los derechos humanos, que tanta falta le hace.” Por lo que siempre propagaremos la idea de la ruptura con el Estado, el Capitalismo,la artificialización industrial y por la recuperación de nuestras vidas de manera autónoma.

¡Muerte al Estado! ¡Contra el sistema tecno-industrial! ¡Contra la democracia y su reformismo!  ¡Contra la institucionalización de la rebeldía! ¡Siempre anti-militaristas! ¡Gane quien gane siempre en subversión anárquica! ¡Por la Anarquía y la Autonomía!


México: Viejos y nuevos mitos, con la opresión de siempre

El próximo domingo primero de julio se define el destino electoral en México. Compiten dos candidaturas con posibilidades de éxito, la de Andrés Manuel López Obrador (también conocido como AMLO o el Peje) y Ricardo Anaya. El primero encabezando una coalición abigarrada, integrada por su partido Morena aunado al Partido del Trabajo y una formación de centro derecha. El último apoyado por el conservador P.A.N, y el antiguo movimiento de AMLO, el PRD. Son bloques populistas donde no hay proposiciones para incorporar al país de los aztecas al mundo institucional, de desarrollo sostenido y de respeto a los derechos humanos, que tanta falta le hace.

Es menester darle unas pinceladas al proceso independentista, al devenir del siglo diecinueve y a la Revolución Mexicana para entender los resultados de unas iniciativas cuya génesis todavía repercuten en la subjetividad social de los mexicanos. Prescindir de esas referencias sería dejar un vacío en el análisis.

México independiente

El esfuerzo de separación del imperio español fue adelantado por los sacerdotes: Los curas Morelos e Hidalgo fueron los precursores y murieron abatidos por el imperio español en el contexto de una lucha heroica. Ulteriormente hubo la organización del ejército trigarante que dio frutos para que el Virreinato de Nueva España rompiera con los hispanos. Fueron tres ejércitos comandados por Vicente Guerrero, Antonio López de Santa Anna y una organización bélica al servicio de los ibéricos cuya cabeza fue Agustín de Iturbide. El trío de organizaciones armadas se unió para decretar la secesión del imperio español.

De los tres oficiales, Iturbide se declaró emperador en un tiempo corto; Guerrero quedó fuera del ámbito político y López de Santa Anna fue el caudillo que copó la escena del poder mexicano durante parte del siglo diecinueve. Es importante destacar que la independencia continuó con la segregación de los aborígenes como lo había efectuado durante la etapa colonial. Incluso fueron aplastados, con amplia resistencia, las tribus del norte como los apaches y los comanches, en una actitud excluyente y racista.

El siglo diecinueve fue aciago

Hubo acontecimientos estelares como la reclamación financiera francesa culminada con la ocupación gala del territorio azteca posteriormente retirada por haber satisfecho sus acreencias pero un alto militar, Maximiliano de Habsburgo, se declaró emperador apoyado por algunos generales mexicanos. Todo terminó con su derrota y fusilamiento, al igual que a los cuadros militares nativos.

También aconteció la provocación americana con la autonomía de Texas, llena de colonos del norte. Se declaró independiente pero después de las batallas de San Jacinto y El Álamo, Sam Houston formalizó la separación del vecino del sur. Ulteriormente se incorporó como un Estado de la unión.

Siguió una invasión yanqui que le costó a México más de la mitad de su espacio físico, los estados de California, Nuevo México, Arizona, parte de Nevada, Colorado, Oklahoma, Wyoming y Kansas incluyendo la toma de ciudad de México por tropas americanas culminado en el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, con las pérdidas territoriales mencionadas allí reconocidas. El expansionismo norteño se había completado.

La defenestración de Porfirio Díaz

La larga dictadura de Porfirio Díaz culminó con su derrocamiento dado el desgaste de tan cruel gobierno. Se exilió en Francia y un empresario moderado, Francisco Madero, asumió la primera magistratura por haber ganado los comicios. Concomitante se dio la llamada Revolución Mexicana con el ejército campesino de Emiliano Zapata al sur; Pancho Villa al norte y los ácratas dirigidos por el periodista y luchador social Ricardo Flores Magón además de Librado Rivera y un intelectual prestado a la lucha armada, Práxides Guerrero, quien murió en combate en el norte. Los libertarios del prístino Partido Liberal Mexicano formaron la comuna de Tijuana, en alianza con los obreros americanos nucleados en los Trabajadores Industriales del Mundo, los wobblies. Sin embargo, Madero en combinación con Washington, atacó desde el límite norte de la frontera al permitirse al ejército mexicano entrar a territorio estadounidense y por el sur desde territorio mexicano, alcanzando derrotar ese experimento social.

Zapata presentó el interesante Plan de Ayala proponiendo una reforma agraria y a la postre fue asesinado por un miembro de las fuerzas armadas infiltrado. Doroteo Arango, “Pancho Villa”, fue muerto después de su retiro de la política. Madero y su vicepresidente, fueron asesinados en una carretera y Ricardo Flores Magón, en una cárcel de San Luis, Missouri, y sus hermanos también fueron perseguidos.

La posibilidad de una transformación social fue truncada por los militares. Si bien es cierto que el porfiriato fue superado, las fuerzas armadas permanecieron incólumes y de allí todos esos atentados contra los políticos no vinculados a los sectores castrenses. Solo quedó de la caída de Díaz la conciencia de la no reelección, precisamente para evitar la eternización de los mandatarios y hasta ahora se ha cumplido ese principio.

Instalación de la dictadura priista

El proceso devino en gobiernos militares sucediéndose como presidentes los generales Álvaro Obregón, Venustiano Carranza, Plutarco Elías Calle, Adolfo Huerta y Victoriano Huerta. Se institucionalizó la dictadura perfecta, Vargas Llosa dixit, con el Partido Nacional Revolucionario llamado tiempo después P.R.I. Fueron años de represión, corrupción, malas decisiones y sobre todo, ese temor ante el vecino de Norteamérica.

Así las cosas, la larga noche del PRI tuvo su némesis con el sempiterno partido menor y alterno, el PAN, liderizado por Vicente Fox un empresario recordado por su ignorancia, como señalar que “José Luis” Borges fueuno de los premios Nóbel de literatura de América Latina, o las frases infelices y misóginas como sostener que durante su mandato se redujeron las lavadoras de tres patas, en clara alusión a las mujeres.

Nuestra región está plagada de cuadros políticos organizados presentados como alternativas pero simplemente cubren el espectro necesitado por el poder para conservarse y reproducirse. En el caso mexicano en principio fue un modelo unipartidista con el PRI mas hubo necesidad de remozarse y apostaron al conservador PAN como dispositivo de mantenimiento del estatus. Además, la escisión del PRI, el PRD, nada distinto ha demostrado. Para colmo, en 1981 el ministro de finanzas Silva Herzog reunió a los acreedores para anunciarles la cesación de pagos por los exangües activos públicos y tuvo que avenirse con los organismos multilaterales para seguir la operación pública así como pagar la descomunal deuda externa.

Finalizado el mandato de Fox el PRI recuperó el gobierno con la dudosa elección del presidente Felipe Calderón, quien tuvo la desacertada política de militarización del combate al narcotráfico con pésimos resultados traducidos en más de cien mil muertos en violación reiterada de los derechos humanos pero el tráfico siguió intacto.

Cuando el mundo del dominio internacional celebraba la asunción de un tecnócrata, Carlos Salinas de Gortari, un hecho ocurrido al inicio del año 1994 le aulló al mundo que México estaba postrado socialmente. Fueron los zapatistas quienes al comienzo pretendieron elaborar nuevas formas de administración comunal, insurgiendo con las armas y en un juego político magistral supieron alternar el fusil con las iniciativas pacíficas.

La oscuridad priista estuvo signada por un control absoluto del poder concentrado, una ingente corrupción estructuralizada, una sociedad desigual, una emigración enorme hacia el norte y la represión como parte de la cotidianidad. Era la nación estereotipo de la “mordida”, la pobreza era un referente de identificación y las masacres han sido su marca de fábrica. Tlatelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, en la cual murieron más de cuatrocientos estudiantes, el “halconazo” en la UNAM, la de Aguas Blancas, la de Acteal, la de Atenco y Ayotzinapa, fueron las más connotadas y hay un estigma caracterizador para todas: la impunidad para los cuerpos militares y policiales.

Ni que agregar con el establecimiento del narcotráfico en las zonas fronterizas con Estados Unidos, donde reside el gran consumo de estupefacientes y el rentable negocio del lavado proveniente de ese comercio. Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nogales y Monterrey son urbes significantes de este grave flagelo.

Igualmente, en materia electoral no existe excepción ante estos valores de las cúpulas. Los fraudes han sido palmarios como por ejemplo el realizado a Cuauhtémoc Cárdenas, a quien se le impidió ganar en el año 1988y a López Obrador en el año 2006.

Surgimiento de El Peje

AMLO es un dirigente surgido de las filas del PRI y cuando hubo la división generadora del PRD, con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo a la cabeza, se fue con la disidencia. Allí hizo carrera y ante las dos fallidas candidaturas del hijo del general Lázaro Cárdenas, irrumpió como Jefe de Gobierno del Distrito Federal y desde ese cargo siguió como candidato presidencial. Le impidieron el triunfo en la elección de 2006 mediante un espantoso fraude urdido por el gobierno y las organizaciones PAN y PRI. Concurrió nuevamente para competir por la máxima magistratura en el año 2012 y perdió con un mayor margen ante Enrique Peña Nieto pero de todas maneras cantó su protesta por el ventajismo existente.

Finalmente, renunció al PRD y formó MORENA y en una coalición denominada Juntos Haremos Historia, en asociación con el Partido del Trabajo y el derechista Encuentro Social, conforma la plataforma electoral actual. Ha sido un obsesionado con la presidencia del país, como Salvador Allende en Chile y Rafael Caldera en Venezuela, y ahora, en su tercera ocasión, tiene reales posibilidades de ganar reproduciendo la experiencia de los dos líderes antes mencionados en ese esfuerzo, quienes lo lograron tras varias oportunidades negativas.

Significación de su triunfo en la región

A escasos días del acto comicial, la ventaja de López Obrador parece inalcanzable, estimada en más de un veinte por ciento sobre su más cercano seguir, el panista Ricardo Anaya. La victoria de López Obrador ha suscitado muchas interpretaciones, preocupaciones y angustia porque lo ubican en el populismo de izquierda con aproximaciones ciertas hacia el totalitarismo. Los más escépticos lo señalan de querer llevar a México a las experiencias tétricas de Venezuela, Nicaragua o Cuba y quizá no les falte razón pero las circunstancias determinan lo poco probable de reeditar en el país de Carlos Fuentes esos fracasos.

Existen muchos motivos para pensar algo como lo antes expuesto. Primero, AMLO es un populista sin hesitación alguna. Proviene de ese aparato demagógico, el PRI, siguió con algo similar, el PRD, y ahora tiene una réplica, MORENA. Sus tesis se afincan en la intervención exacerbada del Estado en los asuntos nacionales. Segundo, a pesar de su cercanía con sectores de la izquierda estalinista no tiene una plena identificación con ellos. Tercero, el ejército mexicano viene de una larga formación que data del siglo diecinueve. Es una organización bien consolidada con el modelo establecido por el PRI y la corrupción ancestral de la nación. Existe algún grado de institucionalidad, muy precaria, pero la hay.

López Obrador no es Chávez

Si hiciéramos alguna comparación con Venezuela veríamos las diferencias entre ambos Estados. El ejército venezolano es creado por Juan Vicente Gómez para lo cual contrató al chileno de mentalidad prusiana Samuel Mc Gill. Lo fundó con criterios profundamente autoritarios y rígidos y así se mantuvo durante todo el siglo veinte y el actual. El aparato armado mexicano, como ya lo aseveramos, viene de una gran tradición severa desde el siglo diecinueve. Venezuela puede catalogarse como cuasipretoriana si atenemos la taxonomía del coronel José Machillanda. México también lo es pero en menor grado.

El puntofijismo fue incapaz de apuntalar un proceso de institucionalidad democrática, razón por la cual Hugo Chávez cometió toda clase de desafueros y todo se sostuvo inalterado. Un poder judicial, una fiscalía del ministerio público, una contraloría y una defensoría del pueblo al servicio del gobernante de turno y con una filosofía de hegemonía del poder no podían resultar de otra manera. El pacto de Nueva York funcionó bien en Venezuela en materia de corrupción pero no en convertir a los administradores de la violencia del Estado en una organización profesional sino en una guardia pretoriana. En México se ha respetado el principio de no reelección y difícilmente AMLO pueda cambiarlo al igual que su relación con los uniformados porque no se puede preterir que es un civil y el ejército siempre estuvo coaligado con el PRI impidiendo un desbordamiento de sus competencias.

Finalmente, El Peje no es Hugo Chávez. El primero proviene de las filas del PRI, esun civil, es autor de varios libros sobre políticas públicas y su ideología es el clientelismo. El caudillo se Sabanetano tuvo trayectoria política, fue un militar conocido por su efímera aparición mediática ante un país desesperado por el fracaso de la llamada cuarta república, su ideología era una mezclade populismo peronista, neofascismo y castrismo. Coinciden en el populismo pero uno tiene un componente militarista que no posee el otro.

Colofón

Definitivamente AMLO continuará la tradición política inaugurada por la frustración de la Revolución Mexicana implementará las decisiones propias de un devenir como el del PRI y el PAN. Se ha denunciado la existencia de un pacto con Peña Nieto para garantizarle la impunidad y seguramente se ha reunido con representantes de Donald Trump para darle seguimiento a las perturbadas relaciones entre los complicados vecinos.

En conclusión, esta nación tendrá una administración de naturaleza populista con contenido de la izquierda tradicional pero tiene un corsé significado por el entramado de descomposición del modelo de poder y el grave peligro del narcotráfico instalado en sus entrañas. Ciertamente configura una continuidad de la trayectoria instaurada por los milicos destructores del acontecimiento que pudo cambiar de rumbo, la insurrección popular surgida a la caída de Porfirio Díaz. Como lo describimos y narramos antes, hasta el presente ha sido muy aciaga la historia del país del tequila, las tortillas y los charros…

Humberto Decarli

Venezuela, 2018.