(Publicación) Diálogos incendiarios – Internacional Negra Ediciones (ESP-POR)

(Español)

Presentamos un nuevo libro de la Internacional Negra Ediciones, proyecto internacionalista de difusión anárquica que, desde voluntades anarcoinsurreccionales informales y sediciosas, vuelve a resurgir en español, portugués e italiano con un nuevo título: «Diálogos Incendiarios: por la propagación de la sedición anárquica», cimentado en el intercambio epistolar en torno al curso de la guerra anárquica entre los compañeros Alfredo Cóspito, Gustavo Rodríguez y Gabriel Pombo da Silva.

Hemos decidido de manera consciente hacer este lanzamiento el 22 de mayo, en oportuna celebración del Día del Caos, recordando al compañero anarquista Mauricio Morales, quien un día como hoy en el año 2009 dejó esta vida luchando contra el Poder al estallar la bomba que cargaba en su mochila, la cual detonó antes de tiempo a pocos metros de la Escuela de Gendarmería de Chile.

Dedicamos este libro a todxs nuestrxs compañerxs en prisión alrededor del mundo, con especial dedicatoria al compañero Alfredo Cóspito encarcelado en Italia y, al querido Gabriel Pombo Da Silva, quien fuera detenido en Portugal y extraditado a Estado español en el momento que este libro salía a la luz. Enviamos toda nuestra fuerza al compañero Gabriel frente a esta nueva venganza de las autoridades por su eterna lucha irreductible.

Este libro contará de versiones impresas que circularán en espacios afines, entre compañerxs y proyectos anárquicos diversos alrededor del mundo. Invitamos a apoyar activamente su difusión compartiendo su versión digital, imprimiendo ejemplares y/o realizando presentaciones y lanzamientos allí donde existan voluntades dispuestas a hacer hasta lo imposible por propagar el Caos y extender la guerra anárquica.

Voluntades y colaboradorxs editoriales de Internacional Negra Ediciones.

22 de mayo de 2020.

edicionesinternacionalnegra@riseup.net (Chile)
internacionalnegramx@riseup.net (México)
internacionalnegra-br@riseup.net (Brasil)
black-international-editions-it@riseup.net (Italia)

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Portada:

 

(Portugues)

Apresentamos um novo livro da Internacional Negra Edições, projeto internacionalista de difusão anárquica que, desde as vontades anarco-insurrecionais, informais e sediciosas, volta a brotar em espanhol, português e italiano, com uma nova publicação: «Diálogos Incendiários: Pela Propagação da Sedição Anárquica», concretizado a partir da troca de idéias sobre o rumo da guerra anárquica, que tiveram, mediante cartas, os companheiros Alfredo Cóspito, Gustavo Rodriguez e Gabriel Pombo da Silva.

Decidimos fazer este lançamento no dia 22 de maio, oportuna rememoração do Dia do Caos, em memória do companheiro anarquista Mauricio Morales, quem, num dia como hoje, no ano 2009, se despediu da vida lutando contra o poder, quando a bomba que carregava na mochila explodiu acidentalmente a poucos metros da Escola de Agentes Penitenciários do Chile.

Dedicamos este livro a todxs nossxs companheiros em prisão mundo afora, especialmente para os companheiros Alfredo Cóspito, encarcerado na Itália e para o querido Gabriel Pombo da Silva, que foi detido em Portugal e extraditado para Espanha, no momento em que este livro saía à luz. Mandamos toda nossa força para o compa Gabriel diante desta nova vingança das autoridades contra sua irredutível luta.

Este livro tem versões impressas que circularão nos espaços afins, entre companheiros e em diversos projetos anárquicos ao redor do mundo. Convidamos a apoiar ativamente sua difusão compartilhando sua versão digital, imprimindo exemplares ou realizando atividades e apresentações ali onde existam vontades dispostas para fazer o impossível pela propagação do caos e a expansão da guerra anárquica.

Vontades e colaborações editorias da Internacional Negra.

22 Maio 2020.

internacionalnegra-br@riseup.net (Brasil)
internacionalnegramx@riseup.net (México)
edicionesinternacionalnegra@riseup.net (Chile)
black-international-editions-it@riseup.net (Italia)

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Portada:

 

La capacidad heurística de la Anarquía

Escrito del compañero Gustavo Rodríguez sobre teoria del fracaso y su relación con la actualización del anarquismo.Extraído del folleto «Covid-19: la anarquía en tiempos de pandemia»


Por que as pessoas se revoltam? - Luan Spesani - Medium

La capacidad heurística de la Anarquía

Jack Halberstam, un conocido teórico queer, comprometido con el «proyecto antisocial» y, activo militante contrasexual, da inicio a su libro El arte queer del fracaso
i, con un exergo irreverente y divertido, tomado del capítulo 20 de la primera temporada de Bob Esponja, que invita a la reflexión:

Don Cangrejo: ¡Y justo cuando crees que has encontrado la tierra prometida, te cogen de los pantalones y te suben arriba, y más arriba, y más arriba, y MÁS ARRIBA, hasta que te suben a la superficie, dando coletazos y jadeando para respirar! Y entonces te cocinan, y te comen… ¡o algo peor!
Bob Esponja (aterrorizado): ¿Qué puede ser peor que eso?
Don Cangrejo (en voz baja): Una tienda de regalos.ii

Halberstam, conservando ciertos «aires de familia» con la perspectiva queer anarco/nihilista, establece una analogía entre los miedos que horrorizan a Bob Espoja y, nuestras amenazas cotidianas en esta muerte en vida que impone la dominación: «Bob Esponja quiere saber cuál es la alternativa a trabajar todo el día para Don Cangrejo, o a ser capturado en la red de los objetos del capitalismo cuando intenta escapar»iii. Su libro, como nos advierte desde el primer párrafo de su Introducción, «es una especie de “Guía Bob Esponja” de la vida» donde abandona el «idealismo de la esperanza». Apoyándose en la «baja teoría» que toma prestada y adapta de los estudios culturales de Stuart Hall, apuesta por la reivindicación del fracaso que «conserva algo de la maravillosa anarquía de la infancia y perturba el supuesto claro límite entre adultos/as y niños/as, entre vencedores/as y perdedores/as. Y aunque es cierto que el fracaso viene acompañado de un conjunto de afectos negativos, como la decepción, la desilusión y la desesperación, también nos da la oportunidad de utilizar esos afectos negativos para crear agujeros en la positividad tóxica de la vida contemporánea»iv (subrayado mío).

En estos días de pandemia, nos ha tocado ver al anarquismo en la vidriera de la tienda de regalos. Se ha estado vendiendo con la etiqueta roja de liquidación junto a otras mercancías ideológicas como «alternativa» políticamente correcta; orientado a la positividad, la construcción, la cooperación, los cuidados, la integración y, la reforma, en busca de aceptación social y «alianzas estratégicas». Apartado de esa Anarquía sombría, abocada siempre a la negatividad-negadora, a la ilegalidad, al conflicto y la ruptura; es decir, cuidadosamente distante de esas honrosas excepciones de la manada fugitiva que hoy, consecuentes con la praxis, extienden el fuego en la pradera. Ese anarquismo crítico de la salud pública; de la gentrificación y la especulación inmobiliaria; de la carestía de la vida; de la privatización de los recursos; de la contaminación industrial; de la disparidad de género; de la precariedad y el desempleo; de la mala calidad de la educación pública; del alza a las tarifas del transporte público; de la corrupción política; de las violaciones constitucionales; de la pérdida de derechos; de las inhumanas condiciones en las cárceles; de la brutalidad policiaca; de la pena de muerte; del intervencionismo militarista; de las políticas neocolonialistas; de la degeneración de los partidos políticos; de los fraudes electorales; de los presidencialismos fascistoides y; de todas las deformaciones de la democracia y las perversiones del Estado-capital; no es la contestación y el rechazo negativo-negador de la dominación sino una extensión «mejorada» de la misma que emplea tácticas idénticas en busca de aprobación y legitimación, develándose como un pulcro y eficiente vendedor de la tienda de regalos.

En estos tiempos se han multiplicado las franquicias. Hoy La pequeña tienda de los horrores, tiene filiales alrededor del mundo, cultivando en la trastienda un sucedáneo de anarquismo que alimentan con incautos, con el mismo esmero y devoción que Seymour Krelboyne. Particularmente, en territorio norteamericano, se han centuplicado sus sucursales –desde el Río Bravo hasta la Isla Attu–, impulsando el «apoyo mutuo vecinal». Basta una visita rápida a la página web del izquierdismo libertario anti-Trump para comprobarlo.v Bajo el rótulo de «apoyo mutuo vecinal» han elaborado una súper oferta con su paquetazo de servicios que varía de franquicia a franquicia pero, puede incluir paseos de perros, cuidados de niños y ancianos, tutorías en línea, vegetales orgánicos frescos (de la huerta comunitaria), servicio de recogidas y entregas, comida gratis, albergue, ropa usada, consejería sobre inseguridad alimenticia y falta de vivienda, desayunos para niños (por cierre de las escuelas) y, transferencias de dinero hasta 150 dólares para los necesitados (después de completar la solicitud requerida), como anuncia la sucursal del Fondo de Apoyo Mutuo de Jeffco.vi Claro está –para evitar suspicacias–, el lema de todas las filiales del «apoyo mutuo vecinal» deja ver sus intenciones de antemano: «¡Esto es solidaridad, no caridad!». Así que cualquier parecido con los emprendimientos del Salvation Army o, la beneficencia de las carmelitas descalzas y, el clientelismo de los partidos políticos y el Estado, es pura coincidencia o producto de la retorcida maleficencia de esas bestias oscuras que sólo piensan en destruir todo lo existente, sembrar el caos y, darle vida a la Anarquía.

Este sustituto de anarquismo que en la actualidad impone su marca en el mercado, no es nuevo; ha estado presente en distintos momentos de la historia expresando el deseo de asimilación en busca de un espacio alternativo que permita su representación. Ejemplos recientes en territorio estadounidense son las sucursales estatales de ¡Comida, no Bombas! (Food not Bombs!) y, otros proyectos asistencialistas de claro sello edulcorante: Colectivo Tierra Común (Common Ground Collective), Sistema de Telecomunicación Emergente (Emergence Broadcasting System) e, incluso la Federación de la Cruz Negra Anarquista (ABCF) que en el pasado reciente añadió a su amplio curriculum caritativo el apoyo a cinco militares cubanos acusados de espionaje encarcelados en las mazmorras del «Imperio».

Este pseudo-anarquismo que hoy está a la venta en la tienda de regalos –junto al cangrejo disecado, el caballito de mar encapsulado y los caracoles barnizados–, como todos los sucedáneos intenta suplir «necesidades» y se ofrece «viable», o sea, «posible», «digerible», «realizable», es decir, «positivo», «saludable», «asequible» (como pregonan las empresas farmacéuticas de medicamentos similares: «lo mismo pero más barato»). Para ello no se restringe echando mano de la historia, intentando trasplantar y reproducir experiencias pasadas que, en el contexto de su historicidad podrían parecer –para algunos– radicales y anarquizantes pero hoy no sólo son estériles sino recuperables, útiles y serviles al sistema de dominación. Con este fin, invierte hasta el sentido de las palabras, las acomoda, las ajusta, las tergiversa; imponiéndole igual destino a los principios y a la ética. Así emprende colectividades de recolectores de basura, cooperativas de mensajeros, sindicatos de homeless, asambleas de vecinos, guerrillas artísticas, federaciones de filatélicos y, milicias de abueletes (Gray panthers); empeñado en resarcir la democracia agregándole un sufijo (¡directa!); en trasformar el Poder añadiéndole otro (¡popular!) y; minimizando la continuidad del Estado con asombrosos malabares semánticos (autogobierno, buen gobierno, autonomía).

Este suplente de la teoría y la práctica anárquica, como cualquier edulcorante artificial, endulza pero no provee energía. Es una parodia, una ilusión engendrada por la visión distorsionada de la ideología; un simulacro burdo que opta cínicamente por el «mal menor» y camufla la opresión. Una imitación mala del anarquismo, que hoy nos invita a quedarnos en casa o a desgastarnos mitigando el dolor de la opresión con misericordiosa solidaridad, abandonando la insurrección cotidiana. Aún así, se atreve a comparar el accionar refractario de los grupos de afinidad y de los feroces lobos solitarios en conflicto permanente con la dominación, con la ultraderecha trumpista que se manifiesta en plazas públicas negando la existencia del virus y exigiendo la «libertad de movimiento», la «libertad de expresión» y, el «derecho al trabajo». Esta suerte de anarquismo espurio confunde el ejercicio irrestricto e irreductible de nuestra libertad individual con la prédica liberal y la defensa de la «libertad de mercado». Aferrado a una conciliación forzada entre las tradiciones retóricas de la arcaica formulación clasista y las realidades contemporáneas, toma el sendero de las chapucerías teórico-prácticas más grotescas, subsumiendo al interior del concepto de «proletariado» las configuraciones identitarias más insólitas. No entiende –o no le conviene reconocer y/o admitir– que la Anarquía y sus secuaces, han abandonado de manera definitiva los proyectos futuristas y la dialéctica positiva de la arquitectura utópica, ensanchando esos agujeros en la positividad tóxica de la vida contemporánea.

En efecto, como propone Halberstam, nos toca enfrentar este exceso de positividad tóxica latente en la sociedad, multiplicando los agujeros (negros). Lamentablemente, se nos queda corto a la hora de incitar a la negatividad queer y emprender un ataque frontal contra la sociedad que pretende confrontar. En vez de apuntar la negatividad destructora contra esta sociedad optimista, dúctil, inodora, incolora e insípida (¡positiva!), fundada en la información telemática y la estimulación de las necesidades, se queda a medio camino entre la crítica y la reflexión. Sin embargo, es innegable su contribución desde la (baja) teoría, la insumisión académica y, las «formas antidisciplinarias del saber», al desarrollo consciente de la negatividad queer. Tal como sucede con la obra de Lee Edelmanvii –quizá el teórico más categórico de la negatividad queer– y otros connotados teóricos queer, la abismal separación entre su teoría y su práctica invita a «ponerlos a prueba», como sugieren los editores de la revista Baeden;viii lo que no nos impide expropiar sus tésis de «la torre de marfil de la teoría y utilizarlas como herramienta para nuestros proyectos».ix Tanto Halberstam como Edelman, abren la puerta a un goce anti-social queer que merece toda nuestra atención desde la perspectiva anárquica informal e insurreccional pero, penosamente se quedan en la puertax. Pese a que se detienen en la entrada –de alguna manera–, incitan a cruzar el umbral e incendiar la casa, tirando por la borda todo el bagaje identitario de la queernería positiva y el statu quo que ha impuesto el establishment LGBTTTIQA, con su corrección política, sus proyectos «alternativos» y, su enfoque con perspectiva de «derechos» (al matrimonio, a la adopción, a ser policías, militares y políticos), reproduciendo al infinito el sistema de dominación.

Justo esa es la propuesta anarco-queer/nihilista de Baeden, incinerando los nuevos contratos sociales y canalizando la negatividad queer hacia la destrucción de la civilización como parte de la conspiración por la liberación total que engloba a todos los enemigos de la sociedad mediante la apropiación de la negatividad antiautoritaria. Esa es también la perspectiva de la lucha anárquica contemporánea; conscientes que nos toca ir más lejos todavía, extendiendo el fuego de la insurrección permanente hasta demoler todo lo existente. Empero, para concretar la lucha, se requiere apropiarnos de nuestro tiempo. (Re) pensar la Anarquía desde nuestra presente historicidad. Crear y desarrollar nuestras concepciones analizando la dimensión histórica. Lo que exige plantearnos la necesidad de volver a nuestra historia: examinarla, descifrarla y aprovecharla para comprender y actuar sobre el presente; elaborando un modelo interpretativo de la realidad que nos imponen y asumirlo, explícita o implícitamente, en el seno de una comunidad de afines que lo tome como referencia tangible y marco de sus elaboraciones teórico-prácticas ulteriores.

Esta ingente tarea nos demanda rehacer las preguntas antes de dar respuestas. Para articular las nuevas interrogantes, necesitamos reflexionar sobre el contexto de época. Es decir, urge asaltar la caja de herramientas conceptuales contemporánea y expropiar todos los instrumentos que nos sean útiles para abastecer nuestra mochila. Algunas herramientas habrá que afilarlas alterando su cometido inofensivo; otras, tendremos que adaptarlas a nuestro quehacer nocturno y; unas pocas, podrán ser usadas tal como han sido diseñadas. El anarquismo decimonónico en ese sentido hizo lo propio, se alimentó de buena parte de la tradición de Occidente, tomando sus principales nutrientes de la Ilustración (Rousseau/Godwin) y la Revolución Francesa (Maréchal/Babeuf); mientras que el movimiento ácrata vigesimónico, se desarrolló a partir de la crítica a las elaboraciones marxianas –a veces desde posturas no tan críticas y tomando prestado de San Carlitos más de la cuenta– y para ello, echó mano de pensadores cardinales del XIX (Stirner, Darwin, Nietzsche, Schopenhauer, Baudelaire, Freud e, incluso, Malthus) y, desempolvó a otros olvidados (Godwin), reinterpretando sus producciones y reelaborándolas con matices propios; así continuó hurtando las contribuciones de infinidad de intelectuales del Siglo XX que aportaban nuevas concepciones acordes con la época desde diferentes ópticas político-filosóficas que auxiliaban el entendimiento del mundo de aquellos años (Camus, Goodman, Adorno, Castoriadis, Marcuse, Hannah Arendt, Lyotard, Derrida, Debord, Foucault, Deleauze, y un largo etcétera). Hoy, le toca al anarquismo contemporáneo otear nuevos desarrollos contrahegemónicos que nos llaman a salirnos del camino, perdernos y, sobre todo, a mantenernos perdidos.

Tal vez, un primer paso en esta dirección –contra el sentido del tráfico y la simulación del pseudoanarquismo positivo–, sea la apropiación (expropiación) de la «teoría del fracaso»; asumiendo al anarquismo como esa negatividad asociada a la informalidad, la inmadurés, el infantilismo, la irracionalidad, la improductividad, la ineficacia, la desorganización, la ausencia de futuro y todas esas «insuficiencias» que invoca el fracaso y que siempre nos han achacado nuestros enemigos. Asumir y practicar el fracaso nos llevará a abandonar la fe en el triunfo, a renunciar a los caminos rectos, a repudiar las ideas preenlatadas, a abandonar el sacrificio, a evitar la eficiencia, a olvidar el reconocimiento, a despojarnos del éxito, a prescindir de la esperanza, a detener las inercias; experimentando el fracaso como un rechazo absoluto del dominio, «una crítica de esas conexiones intuitivas que se dan dentro del capitalismo entre éxito y beneficio, y como un discurso contrahegemónico sobre la perdida».xi

El fracaso, la derrota y la pérdida, son las únicas herencias que el anarquismo nos ha dejado de una generación a otra, generando una potencia que se ha desencadenado desde la negación reafirmando la esencia de la Anarquía. A partir de esta reflexión, quizá podríamos comenzar a esbozar los primeros trazos de la prosapia de un anarquismo antisocial, parricida y antihumanista que teoriza y acciona en términos de negación del sujeto más que de su formación y, se proyecta por la interrupción del linaje más que por su continuación; siendo conscientes que toda prolongación sólo acarrea la repetición y la reproducción de todo lo que anhelamos destruir, manteniendo vivo un anarquismo cómplice de la persistencia del sistema de dominación, asegurándose la representación de los excluidos y subyugados para venderse como su única salvación.

Lo que nos lleva a rechazar ipso facto la propaganda y la violencia terrorista tal como se manifiesta en nuestros días, al quedar atrapadas en una violencia positiva motivada por fines instituyentes que se apartan de los propósitos anárquicos de no retorno. La violencia anárquica implica una violencia negativa mucho más radical y ferozmente destructiva que rompe con todos los estereotipos de lucha al negarse a reconstruir, rehacer, reproducir o repetir y; se consolida como potencia capaz de arrasar el exceso de positividad y exterminar todo lo existente; ajena a las motivaciones utilitarias (político-ideológicas), contraria a las mejoras económicas, las reformas, los cambios políticos y, las transformaciones sociales.

La posibilidad de cimentación de la negatividad anárquica sólo se robustecerá en una urdimbre multidimensional, informal y caótica, que haga posible converger y entrecruzarse todos esos hilos negros que hoy animan nuevos desarrollos teórico-prácticos correspondientes a nuestra presente historicidad. Desde el talante de la insurrección permanente aquí y ahora, con vocación parricida y cargado de negatividad radical, se abre paso un nuevo paradigma anárquico que ataca la realidad presente e incide en la actualidad, teniendo por fin el colapso civilizatorio. Instigado por una extensa galaxia de afinidades subversivas, esta potencia negativa cobra cuerpo interviniendo en un tiempo inédito, consciente que el pasado es sólo la simiente que nos dio vida, el cúmulo de experiencias y lecciones a extraer pero, jamás una camisa de fuerza que inmovilice nuestro accionar y nos impida andar por nuestros propios pasos. El pluscuampresente anárquico –Derrida dixit– carece de antecedentes. Habrá que labrarlo en actos que superen el ataque inocuo a los símbolos. Interrumpir, rupturar, desmantelar, derribar, cortar de tajo, demoler, incendiar, arrasar, es el meollo de una estética y una ética ácrata propia del proyecto de destrucción anárquico de nuestros días y, a la vez, una reafirmación consciente de nuestra esencia negativa. Que prevalezca la negatividad en pensamiento y acción, dependerá de la capacidad heurística de las y los cómplices de la Anarquía y, del vasto rechazo a las inercias y las «respuestas» oportunas, construidas desde las certezas militantes y la positividad instituyente.

La creencia en que esta crisis multifactorial se puede «solucionar» con un gigantesco estallido de «solidaridad vecinal» y «apoyo mutuo», equivale a darle cabida al pensamiento mágico en su forma más pura; significa admitir la más grotesca tergiversación de los conceptos, denota arriar nuestro trapo negro y, relegar al bidón de gasolina de nuestras prácticas presentes. Para nosotros la solidaridad y el apoyo mutuo implican afinidad y complicidad teórico-práctica y, reclaman cierta densidad de intercambios que evidencian ese sustrato común que nos anima. Por eso sólo se ejercen entre co-conspiradores que se reconocen y se asumen como tales. Obviamente, ante una hipotética insurrección generalizada, la solidaridad y el apoyo mutuo tenderán a generalizase entre los subversivos pero, fuera de esta excepcional circunstancia, todo apoyo degenera en caridad y filantropía. Lo que nos insta a plantearnos nuevas interrogantes –antes de arrogarnos respuestas– en torno a la vigencia de la inmutabilidad del fuego.

Durante la epidemia de peste de 1666 en Londres, entre el 2 y 7 de septiembre, la muchedumbre enardecida incendió 89 iglesias, 13 mil casas y, un número indeterminado de edificios públicos, almacenes de mercancías y centros manufactureros, incinerando cuatro quintas partes de la Ciudad, hecho que pasaría a la historia como The Great Fire.xii Las residencias de los poderosos también fueron saqueadas mientras el fuego iluminaba las noches. Los cautivos de la Prisión de Fleet serían liberados y sus instalaciones quedarían reducidas a cenizas.

A sólo cuatro años de la pandemia de gripe española, también conocida en Japón como «gripe del Sumo» o la «pandemia de la era Taisho» –que dejó incontables muertes y grandes penurias a causa del prolongado confinamiento–, tuvo lugar el «Gran terremoto de Kantõ» cobrando la vida de más de 150 mil personas el primero de septiembre de 1923. Un sismo de casi 8 grados en la escala Richter que devastó las ciudades de Tokio y Yokohama y, las prefecturas de Chiba, Kanagawa y Shizuoka. El fuerte movimiento telúrico también provocaría un tsunami con marejadas de 12 metros de altura que inundaron toda el área costera de la Bahía de Sagami y, el desbordamiento del río Sumida, ahogando a cientos de personas. El tsunami, además afectaría la Península de Izu, la península de Boso y la isla de Oshima, incrementando el número de víctimas mortales. El impacto del primer temblor, así como sus casi sesenta réplicas, destruyó fábricas y hospitales, aplastando a trabajadores y pacientes. La brutal sacudida derribó postes de electricidad electrocutando a decenas de transeúntes. Las tuberías de gas quedaron despedazadas, suscitando incendios repentinos en toda la ciudad de Yokohama y más de la mitad de Tokio; el fuego se propagaba intensamente con los fuertes vientos del norte intensificados por un tifón que azotaba la península de Noto. Como siempre ocurre en estas catástrofes naturales, los más castigados fueron los habitantes de los cinturones de miseria: caseríos enteros asentados en las colinas fueron barridos por los deslizamientos de tierra y arrastrados hacia el mar. Aprovechando el caos absoluto y el descontento en los sectores asalariados, los anarquistas japoneses nucleados en torno a la publicación Rodo Sna, en coordinación con compañeros anarquistas de origen coreano residentes en territorio nipón, pusieron en práctica un aguerrido proyecto insurreccional. La oportunidad era perfecta para extender el ataque a la dominación y provocar una insurrección generalizada en el espíritu de «La Gran Revuelta» de 1905. Con este objetivo realizaron ataques incendiarios contra edificios gubernamentales, bancos, almacenes y otras oficinas del sector comercial e, hicieron estallar –con la ayuda de independentistas coreanos– el arsenal militar de la Armada Imperial Japonesa en la base naval de Yokosuka, ubicada en la vecina perfectura de Kanagawa. Como era de esperarse el accionar insurreccional anárquico contó con la feroz represión de las autoridades japonesas en colaboración con los sectores reaccionarios de la sociedad nipona y los agrupamientos paramilitares nacionalistas que no sólo asesinarían con lujo de violencia a decenas de compañeros y sus familiares sino que desatarían una cacería xenófoba que exterminó a miles de coreanos y chinos residentes en Japónxiii.

En el contexto de la actual pandemia y con el telón de fondo de la «nueva normalidad» impuesta por la necropolítica del capitalismo hipertecnológico –con su consecuente proceso de histéresis en curso–, es muy probable que la más mínima chispa incendie la pradera y produzca una cadena de revueltas furibundas alrededor del mundo. Estas manifestaciones violentas podrían escenificarse primero en las megametrópolis de las denominadas «veinte economías más fuertes» y, viralizarse, por efecto contagio, alcanzando los más remotos parajes del planeta. Evidentemente, este breve lapso de desobediencia civil será una experiencia inédita de ruptura que generará una radicalización de la protesta, con prácticas e iniciativas destructivas sin añoranzas utópicas, que bien podría gravitar en próximas pulsiones anticivilización en el futuro inmediato. Sin embargo, no nos cabe la menor duda que mucha de esta rabia también estará motivada por la desesperanza y la nostalgia por el ancien régime y la vieja normalidad de esclavos asalariados; lo que seguramente atrairá a los buitres redentores de todas las religiones, a los pacificadores en defensa del civismo, a los pestilentes partidos electoreros y, a las entelequias ideológico-catequizadoras (de izquierda y derecha), intentando capturar esta tensión nihilista y sumar a los caídos al martirologio. Empero, si este escenario se concreta, una vez más no le temeremos a las ruinas y empuñaremos la tea anárquica con el viento a nuestro favor, atentos que no quede piedra sobre piedra, conscientes que no hay nada que reconstruir.

Gustavo Rodriguez,
Planera Tierra, 22 de mayo de 2020
(¡con Mauri en el corazón!)

Extraído del folleto «Covid-19: la anarquía en tiempos de pandemia», Rodríguez, Gustavo, mayo 2020

1. Halberstam, Jack, The Queer Art of Failure, Duke University Press, 2011 (Traducción al castellano, El Arte del fracaso, Egales Editorial, Barcelona-Madrid, 2018).

2. Ibíd. p. 13.

3. Íd.

4. Ibíd. p. 15.

5. Vid, Its going down, disponible en https://itsgoingdown.org/c19-mutual-aid/ (Consultado 21/5/2020). Sobre el tema también es recomendable echarle un vistazo a la nauseabunda «Guía anarquista» de Crimethinc, disponible en: https://es.crimethinc.com/2020/03/18/sobreviviendo-al-virus-una-guia-anarquista-capitalismo-en-crisis-totalitarismo-en-ascenso-estrategias-para-la-resistencia (Consultado 21/5/2020).

6. Vid., https://www.jeffcomutualaid.com/

7. Edelman, Lee, No Future: Queer Theory and the Death Drive. Duke University Press, Durham, North Carolina, 2004 (Traducción al castellano, No al futuro. La teoría queer y la pulsión de muerte, Editorial Egales, Barcelona/Madrid, 2014).

8. Baeden Nº 1, A Journal of Queer Nihilism, disponible en: https: //theanarchistlibrary. org/library/baedan-baedan (Consultado 21/5/2020).

9. Íd.

10. Por momentos, Edelman se queda un poco atrás y se resguarda tras Halberstam, como esperando que este saque la cara si llegara a ser necesario.

11. Halberstam, Jack, Op. Cit., p. 23.

12. Vid., Defoe, Daniel, Diario del año de la peste, Verbum, Madrid, 2016.

13. El asesinato del compañero Sakai Osughi, su compañera Noe Ito y, su sobrino (de tan sólo siete años), entre otros masacrados pertenecientes a la asociación obrera Yun Rodo Kumial y al grupo Rodo Sna, sería reivindicado un año después por un grupo de anarquistas de praxis que emprendieron una cruzada de ataques explosivos contra bancos y autoridades del gobierno a lo largo del país. El fallido atentado al general Fukuda, a manos del compañero Kiutado Uada, sería el motivo ideal para desatar una nueva ola represiva contra el anarquismo nipón. Varios compañeros serían condenados a severas penas de cárcel. El compañero Futura, que había estado implicado en los atentados dinamiteros, también fue arrestado. Poco después moriría en la horca el 15 de octubre de 1924. El «anarquismo positivo», rápidamente lo incorporó al altar de los beatificados, junto a Osughi, la compañera Ito y demás luchadores caídos, pasando a la historia como los «Mártires de Tokio», tras haber sido sometidos al mismo ritual de «purificación» de los «Mártires de Chicago» y, nuestros queridos Sacco y Vanzetti. La difunta Federación Anarquista Japonesa y algunos cagatintas libertarios –como Tomás Gracia (alias, Víctor García)– se encargarían de engordar el mito y remolcarlo hasta nuestros días, ocultando su legado y negando la natural negatividad del accionar anárquico .

(México) ¿Que sigue después de la pandemia? por Gustavo Rodríguez

Escrito de Gustavo Rodríguez, una refelxión sobre la pandemia y la reesctructuración del sistema global.


 

—Al querido Gabriel Pombo Da Silva y a todas las compañeras y compañeros secuestrados por el Estado en estos días de la plaga.

 

El carácter multidimensional de la «crisis» actual nos recalca que la «emergencia sanitaria» originada por la Covid-19 es solo una de sus diversas facetas. Vivimos una «crisis sitémica» –como rezan los «expertos»– donde la pandemia es el rostro visible del experimento en curso en el que se enfrentan con ahinco dos modelos de capitalismo con sus rivalidades geopolíticas. A todas luces, lo que está en crisis en este mundo tripolar (Rusia/China/Estados Unidos) es la totalidad del paradigma de dominación existente, engendrado en las entrañas del progreso con el estallido de la Segunda Revolución Industrial. O, lo que es lo mismo, la hegemonía del consenso de Washington (hoy mal llamado neoliberalismo), entendido como la voz de mando del proceso de globalización económica, cultural y política, que ha impuesto como patrón universal de gestión política a la democracia representativa (partidocracia) y, al actual modelo de expansión y acumulación de capital, como ejemplo de gestión económica.

La dominación moderna ha alcanzado su límite objetivo, generando gran escepticismo en torno al sistema y sus instituciones. Esta evidencia ha provocado una metamorfosis que está dando paso al nuevo sistema de dominación. Maquillada con la soflama del «capitalismo consciente» la nueva dominación se impone, instaurando una administración política aún más autoritaria y un capitalismo con «impacto social» mucho más regulado y centralizado, infundido en los preceptos de la Cuarta Revolución Industrial (4IR, por sus siglas en inglés);[^1] o sea, en la reconfiguración de la gestión capitalista en el Siglo XXI a través de la implantación de nuevas tecnologías, consolidando su infraestructura en el Internet de las cosas.

Con la convergencia e interacción del Internet del conocimiento, el Internet de la movilidad y, el Internet de la energía, el «capitalismo consciente» no solo consolida la prolongación del trabajo (intelectual masificado, inmaterial y comunicativo) sino la acumulación ilimitada de capital asegurando la repartición de migajas; mientras el Estado nacional –reciclado, recargado y celebrado desde los balcones de las metrópolis– se encarga de la gestión de riesgos, el análisis eficiente del Big data (con algoritmos de inteligencia artificial) y, el control progresivo de la vigilancia digital mediante las tecnologías informáticas móviles apoyadas en la red de (50 mil) satélites 5G que pueblan el espacio exteror.

Sin lugar a duda, la pandemia de la Covid-19 está dramatizando la refundación del capitalismo y su consecuente traspaso de poder hacia el Oriente, como atinadamente alerta Byung-Chul Han. Esta transferencia no será inmediata. En verdad, este cambio paradigmático –que no «crisis final» como pregonan en los círculos del bolcheviquismo posmoderno y sus ideologías satélites–[^2] se efecturá de manera paulatina, mediando mucha vaselina de por medio, hasta consolidarse como modelo hegemónico, siendo casi imperceptible para la mayoría de la gente de a pie que continuará en el precariado a pesar del incremento progresivo de su limosna que asegura la arrolladora continuidad del consumo,[^3] lo que sin duda motivará un incremento consecutivo en la percepción de bienestar en contraste con el desfase provocado por los procesos de histéresis4[^4] –en sentido bourdieuano– recién inaugurados con la intrusión de la Cuarta Revolución Industrial y la expansión del capitalismo cognitivo. Este desfase temporal entre el ejercicio de una fuerza social y el despliegue de sus efectos por la mediación retardada de su incorporación, será cada día más evidente con el incremento del desempleo en los sectores manufactureros y, la segregación de la población adulta mayor, que no solo resultará socialmente inútil en este nuevo paradigma («nueva normalidad») sino que se convertirá en estorbo para el capital –por su improductividad digital– y, en lastre para el Estado-nación remasterizado.

Concretar el cambio implicará el apogeo de guerras comerciales (¿hay otras?) y, quizá, hasta de enfrentamientos militares por el control del espacio exterior y el dominio y/o influencia geopolítica; además de la erradicación sistemática de los conflictos internos («terrorismo doméstico») incitados por una reducidísima minoría refractaria que continuará en pie de guerra frente a toda autoridad a pesar de contar con el repudio unánime de las mayorías ciudadanas. Pero, definitivamente, esta mudanza de paradigma de la mano de la ascención del imperialismo chino, no tendrá nada que ver con la «programación predictiva» de los «reptilianos pedófilos-satánicos» –en alianza con el lobby judío y los nuevos Illuminatis de Baviera– que, animados por su ambición infinita, tratan de imponer una dictadura global regida por los mandarines chinos con campos de concentración y consumo obligatorio de arroz frito, como profetiza el vulgo neonazi estadounidense. Lejos de la tesis conspiranoica sobre la instauración del Gobierno Global; el Estado nacional recargado, está reafirmando su legitimidad y autoridad en el actual proceso de desglobalización acelerada. Así se erige como la única fuerza capaz de proteger a sus ciudadanos y librar la guerra a gran escala contra el «enemigo invisible» con el auxilio incondicional de las nuevas tecnologías. El nuevo Estado nacional aprovecha la emergencia y se torna omnipresente y omnipotente: se alzan fronteras rígidas (muros y alambradas); los ejércitos se aprestan a «servir» y; se reafirma peligrosamente la identidad nacional expandiendo el repudio a todo lo «extraño». Se vislumbra el retorno a la «producción nacional» desde la óptica del «decrecimiento» (argumentando desfachatadamente que «es insostenible el crecimiento cero»). Los mandatarios de los Estados nacionales asumen poderes plenipotenciarios con el apoyo de las mayorías que cierran filas asintiendo las gestiones gubernamentales durante la pandemia. Emerge nuevamente la Hidra de Lerna con sus múltiples cabezas: el Estado, el capital, la religión y, la ciencia, consolidan su autoridad. El fascismo –en sus acepciones roja o parda–, gana aceptación y popularidad entre la muchedumbre y se alza como «solución final» frente a la «amenza» ofreciendo protección a sus connacionales.

El Nuevo Mundo parece un déjà vu de la década de 1920. Se trata de una restauración profunda. Una suerte de cambio radical de look del poder capitalista que va mucho más allá de la clásica remozada con hojalatería y pintura a la que se ha sujetado siempre de manera cíclica. Esta vez ha decidido someterse a una intervención quirúrgica de reconstrucción total a través de las nuevas tecnologías y la instrumentalización de formas inéditas de explotación que articulan y/o superponen la clásica explotación del trabajo asalariado con la autoexplotación del sujeto de rendimiento y, la hiperexplotación del ciberconsumidor: la nueva fuerza de (co)producción gratuita. Esta vez no habrá una nueva vuelta de rosca ni siquiera habrá una tuerca que apretar. En esta ocasión, los «ajustes» seran constantes y se efectuaran desde la nube.

Para reforzar esta permuta ya se anuncia la confluencia de los pares opuestos (izquierda/derecha), evidenciando, una vez más, la falsedad de sus antagonismos «irreconciliables»: marxistas y anarcocapitalistas[^5] sellan con beso de lengua la imposición global de la Cuarta Revolución Industrial, afianzando la agenda con más de lo mismo; es decir, más capitalismo in saecula seculorum. Para eso se alistan en nombre del «capitalismo social» y en defensa de las nuevas tecnologías «emancipatorias» los intelectuales orgánicos al servicio de Otro mundo posible. En este sentido, llama la atención la fusión de dos posturas político-económicas opuestas, generalmente presentadas como contradictorias: el paternalismo y el libertarismo o anarco-capitalismo.

Desde 2008, el profesor de economía y ciencias del comportamiento, Richard Thaler, catedrático por la Universidad de Chicago y Premio Nobel en Ciencias Económicas 2017 –por «sus aportes en economía conductual»–, ha venido desarrollando el concepto de «paternalismo blando» o «paternalismo libertario». Lo que lo llevó a escribir Nudget[^6] en co-autoría con Cass Sunstein, profesor de jurisprudencia de la Escuela de Leyes de Harvard. La «teoría del nudging (del “empujoncito”)» de Thaler, se basa en la factibilidad de diferentes procedimientos que coadyuvan a «empujar», o sea, a incentivar o alentar, ciertas decisiones influyendo en el «sistema automático» de las personas con el propósito de provocar cambios en el comportamiento público, impulsando decisiones más racionales que los haga felices a largo plazo. A este proceso inductivo que establece vínculos entre los análisis de la economía del comportamiento y la psicología social, lo denominan «arquitectura de las decisiones» y, lo fomentan en busca de «mejores resultados individuales y sociales». Thaler y Sunstein, consideran que «es legítimo que los arquitectos de decisiones influyan en el comportamiento de las personas haciendo sus vidas más largas, más sanas, y mejores»;[^7] diseñando la arquitectura del contexto decisional de manera que se induzca a la toma de «una decisión más consciente en función del beneficio social y del beneficio propio»,[^8] lo que embona con el tránsito hacia ese «capitalismo consciente» que comentaba antes y que hoy se presenta –en palabras de Rajendra Sisodia y John Mackey–, como «la cura del mundo».

Tampoco hay que rascarle mucho para encontrar en el bando «opuesto», es decir en marxistlandia, una veintena de impulsores de este «capitalismo social». En esas mismas latitudes (de arenas movedizas), encontraremos desde filósofos, sociólogos, economistas y catedráticos, hasta cibermarxianos optimistas de las tecnologías que plantean que su icónica «lucha de clases» se ha trasladado al terreno del conocimiento y que la batalla final se librará en el ciberespacio; apostándole a la toma del Palacio de Invierno por las comunidades cibernautas: germen de la nueva organización político-social fundada en la cooperación mutua a través de la conexión en red. Uno de estos especímenes que destaca con creces en los círculos cibermarxianos es Richard Stallman. Adorado hasta en nuestras tiendas, Stallman es fundador del movimiento del software libre, del sistema operativo GNU/Linux y de la Fundación para el Software Libre.

Otro notorio cibermarxiano es Eben Moglen, profesor de derecho e historia en la Universidad de Columbia y fundador/director del Software Freedom Law Center; autor de un texto sui géneris que imita el espíritu del Manifiesto Comunista intitulado «The dotCommunist Manifesto».[^9] Desde luego, no todos los cibermarxianos se han sentido a gusto con el tufillo que desprende semejante Manifiesto –más asociado hoy a la exégesis marxiana-leninista que a las elucubraciones del propio Carlos Enrique de Tréveris– y han recurrido a la sana distinción entre «comúnistas» (commonists) y, «comunistas», haciendo énfasis en la palabra «común» y resaltando la sutil diferencia que produce un acento o, una letra de más, como resulta con la doble «n» en lengua inglesa. Tal es el caso de Lawrence Lessig, célebre creador de la «sana distinción» entre comunista sin acento y la acentuación políticamente correcta. Fundador de la encumbrada Creative Commons, profesor de jurisprudencia de la Harvard Law School, especializado en derecho informático y, precandidato en las primarias del Partido Demócrata para la nominación presidencial de los Estados Unidos. Desde la década de 1990 detectó que los oligopolios de la computación y los Estados nacionales, comenzaban a controlar el ciberespacio y a adaptarlo a su provecho mediante la imposición del Protocolo de Internet (IP) y la acumulación de datos de los internautas, en detrimento de la idea original que promovía un Internet creativo basado en la descentralización, la libre información y la socialización del conocimiento a través del libre acceso y la posesión en común.[^10] Sin embargo, vale señalar –aunque para nosotros debería resultar obvio– la concordancia intrínseca entre las teorías fomentadas desde el cibermarxismo y el «anarco-comunismo informacional» y, los promotores del capitalismo cognitivo o cibercapitalismo en torno a las ilusiones tecnológicas y la producción de lo común. Una lectura rápida del discurso de la nueva empresa en línea, nos confirma ampliamente la instrumentalización comercial del común y, el uso permanente de la «inteligencia colectiva» y la «cooperación mutua» como recursos fundamentales del rendimiento de las empresas.

Curiosamente, las tesis en torno a la categoría de común han ido hilvanando la metanarrativa de la neoizquierda en nuestros días. El culto al común –así en singular– no es nuevo, hace un siglo que viene cocinándose en los círculos marxianos antibolcheviques.[^11] La paradoja es que desde principios del milenio, comenzaron a machacarnos el concepto dos egregios del leninismo posmoderno: Antonio Negri y Michael Hardt. En los primeros años de la década del 2000, ambos autores pusieron sobre la mesa este «producto», definiéndolo en Imperio como «la encarnación, la producción y la liberación de la multitud».[^12] Retomarían su desarrollo conceptual en las páginas de Multitud[^13] y, Commonwealth,[^14] haciendo uso de una retórica gatopardista que a veces pretende confundirse con las viejas tesis anarco-mutualistas en busca de incautos, subrayando que «el capitalismo y el socialismo, aunque en ocasiones se han visto mezclados y en otras han dado lugar a enconados conflictos, son ambos regímenes de propiedad que excluyen el común. El proyecto político de institución del común que desarrollamos en este libro traza una diagonal que se sustrae a estas falsas alternativas –ni privado ni público, ni capitalista ni socialista– y abre un nuevo espacio para la política».[^15]

No obstante, Hardt y Negri no han sido los únicos en promover[^16] este libreto. Una nutrida legión de marxianos posmodernos –muchas veces antagónicos, of course– le ha seguido el hilo, desarrollando alianzas con una fauna variopinta que, como era de esperar, incluye al neoblanquismo invisible; al situacionismo tardío; al «comunismo internacionalista» (GCI); al anarcopopulismo especificista (neoplataformismo); a sectores del trasnochado anarcosindicalismo; al anarcofederalismo de síntesis y; al ecologismo municipalista; sin olvidar a uno que otro liberal con esteroides de esos que gozan de gran reputación en nuestras tiendas, a pesar de ser confesos propagandistas del Sanderismo y ahora, inescrupulosos promotores de la candidatura presidencial de Joe Biden en nombre del «voto responsable» –léase Michael Albert, Noam Chomsky, o ese deleznable piquete de ex «radicales» de izquierda, fundadores de la Students for a Democratic Society en la década de 1960 y, firmantes de una carta de apoyo a Biden[^17] (Todd Gitlin, Carl Davidson, Robb Burlage, Casey Hayden, Bill Zimmerman, entre otros personajes «connotados»).

Entre los marxianos posmodernos que se encargan de continuar sentando las bases estructurales del común, destaca la mancuerna Pierre Dardot-Christian Laval. Fundadores del grupo Question Marx y, especializados en la obra de San Carlos Enrique de Tréveris, han publicado en coautoría varios ensayos sobre las disquisiciones del viejo gurú, así como reflexiones propias sobre la revolución en el siglo XXI. Con una prosa mucho menos densa que la metatranca discursiva de Negri y Hardt y, guardando distancia del enfoque leninista de éstos, han abordado el tema del común como alternativa socio-económica alejados de las apretadas hormas de las distintitas variedades de comunismo de Estado realmente existentes.

En ese tenor sacaron a la luz «Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI»,[^18] un texto con claras ínfulas refundacionales en el tenor marxiano-libertario con cierta reminiscencia gueríniana que coloca nuevamente en la agenda la temática de la Revolución, a partir de la disección minuciosa de la trilogía intelectual de Hardt y Negri, no sin dejar de acusar cierto «neoproudhonismo incapaz de concebir la explotación de otro modo que como “captación ilegítima de los productos del trabajo a posteriori” [que demuestra] una ceguera cargada de consecuencias acerca de las formas contemporáneas de explotación de los asalariados y las transformaciones inducidas por el neoliberalismo en las relaciones sociales y las subjetividades».[^19]

Con ese espíritu refundacional, no escatiman a la hora de echar mano extensa (a veces de manera crítica) de Proudhon y, reiterar ese distanciamiento con la alienación comunista que mencionábamos antes, ratificando que: «Lo que ellos [comunistas y socialistas] llaman “emancipación” es en realidad la opresión política absoluta y una nueva forma de explotación […] porque creen que el poder y la fuerza provienen del centro y de arriba, no de la actividad de los individuos. En el fondo ahí no hay más que un ideal de Estado organizador que generaliza la policía y que sólo toma del Estado su lado reaccionario, el de la pura coerción».[^20]

Dando rienda suelta a sus asépticas interpretaciones teóricas en torno al devenir de los «movimientos sociales» que se suscitaron a comienzos de la década pasada (2010-2012) y captaron la atención de los medios de desinformación masiva –léase las romerías de los Indignados (15-M) con su camping en la Puerta del Sol; la movilización del 15 de octubre (15-O) con su espectacular Occupy Wall Street; la ocupación de la Plaza de Syntagma en el centro de Atenas y; la ocupación de la Plaza Taksim en Estambul–, Dardot y Laval «descubren» en estos simulacros «una invención democrática» que puso en práctica el «principio de común» como crítica a la democracia representativa, evidenciándose como el principio de la democracia política bajo su forma más radical y, erigiéndose como el «término central de la alternativa política para el siglo XXI»,[^21] obviando la inmediata recuperación sistémica de estos movimientos y su compulsiva degeneración en partidos políticos (Partido X, Podemos, el Sanderismo con Biden, Syriza, etc., etc.).

Evidentemente, la ausencia de experiencia empírica de los autores de Común, debilita toda la argumentación del ensayo y, explica la carencia de propuestas fácticas y consecuentes con los tiempos a lo largo de 669 páginas. Como ya es costumbre entre los teóricos marxianos –incluidos los marxianos-libertarios– la recurrencia a extrapolar sus contemplaciones académicas a la construcción de paradigmas es una constante. Desde luego, esta afirmación no corresponde en absoluto con una postura anti-intelectual –más próxima a la vulgata fascista que a nuestra praxis–; más bien corrobora la necesidad de tamizar toda la producción académica guardando prudencial distancia con la manufactura institucionalizada y sus vacas sagradas, siempre divorciadas de la práctica y, generalmente al servicio del «establishment». Pero además, pretende ratificar la urgencia de reelaboración teórica a partir de la práctica anárquica más notoria, facilitando los contextos intelectuales que la nutran y ensanchando las arterias de la praxis. Sólo así, podremos afrontar globalmente la propia vastedad de nuestros proyectos destructivos y nuestros propósitos de emancipación total, rompiendo definitivamente con toda la alienación izquierdista, abandonando las conceptualizaciones y las prácticas ajenas, comprendida la remasterización del común.

Gustavo Rodríguez, Planera Tierra, 22 de mayo de 2020 (¡con Mauri en el corazón!)

(Extraído del folleto «Covid-19: la anarquía en tiempos de pandemia», Rodríguez, Gustavo, mayo 2020)


[^1]: Así quedó asentado a finales de enero del presente año en el nuevo manifiesto «Davos 2020», emitido en el marco de su 50 Reunión Anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés): «El propósito universal de las empresas en la Cuarta Revolución Industrial, en la cual impulsa el capitalismo de stakeholders como la nueva vía para los negocios con impacto social». Disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2019/12/davos-manifesto-2020-the-universal-purpose-of-a-company-in-the-fourth-industrial-revolution/ (Consultado 18/5/20).

[^2]: El mejor exponente de estas expresiones del bolchevismo posmoderno es el filósofo lacaniano Slavoj Žižek, quien publicara recientemente un artículo intitulado «Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo», donde asegura que la epidemia «es una especie de ataque de la ‘Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos’ contra el sistema capitalista global», en alusión al clásico de Tarantino y en detrimento de los sermones de San Carlitos de Tréveris: «Las contradicciones crean explosiones, crisis en el curso de las cuales todo trabajo se detiene temporalmente mientras que una importante parte del capital se destruye, volviendo de nuevo el capital, por la fuerza, a un punto en donde, sin suicidarse, puede volver a emplear nuevamente de forma plena su capacidad productiva» Marx, K., Le Capital, livre I, Presses Universitaires de France; París, 1993.

[^3]: Los guarismos económicos estimados por los apologetas de la Cuarta Revolución Industrial auguran la abundancia; según sus cálculos la revolución 4.0 agregará US$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años con un impacto social directo, erradicando de la faz de la tierra cualquier negatividad aún presente en la servidumbre voluntaria, argumentando ad nauseam su infinita felicidad.

[^4]: Bourdieu, Pierre: Argelia 60. Estructuras económicas y estructuras temporales, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006; y en ensayos en torno a las investigaciones sobre las «estrategias» en las prácticas de los bearneses y cabileños en Argelia.

[^5]: Este oxímoron a cobrado presencia en las últimas tres décadas al configurarse como «tendencia» al interior del autodenominado «movimiento libertario (libertariano)», también conocido como Libertarian Party. En el plano económico, mantiene los mismos postulados del libertarismo con fuerte influencia de la escuela austriaca y las «tesis» de Robert Nozick (Anarquía, Estado y utopía, 1974). En años recientes sus congresos anuales han sido motivo de notas sensacionalistas al realizarse en el enclave turístico del puerto de Acapulco, en México, bajo el pomposo rótulo de «Anarchapulco», contando con la presencia de especialistas internacionales en transacciones financieras en criptomonedas; gurús del «capitalismo social» y; activistas políticos como Rick Falkvinge, fundador del Partido Pirata Sueco y uno de los principales ideólogos de la lucha contra la corrupción política en Suecia y; Derrick Broze, periodista de investigación, conferencista, aspirante a alcalde de la ciudad de Houston (2019) y, activista indigenista, dedicado al «empoderamiento de las comunidades indígenas» y la denuncia de «la hipervigilancia del Estado sobre los ciudadanos».

[^6]: Thaler, Richard H., Sunstein, Cass R., Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness, Yale University Press, 2008 (Traducción al castellano, Un pequeño empujón: El impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad, Taurus, México, 2017).

[^7]: Ibíd.

[^8]: Ibíd.

[^9]: Moglen, Eben, The dotCommunist Manifiesto, enero 2003. Disponible en línea: http://emoglen.law.columbia.edu/publications/dcm.html (Consultado 20/5/2020)

[^10]: Vid., Lessing, Lawrence, The Future of Ideas: The Fate of the Commons in a Connected World, Random House, 2001 (Traducción al castellano, El futuro de las ideas: el destino de los comunes en un mundo conectado).

[^11]: Llama la atención que ni en las premisas del anarco-comunismo (Kropotkin, mediante) ni en la tradición anarcosindicalista, jamás se haya postulado nada sobre el «común». Siempre han teorizado sobre la propiedad colectiva de los medios de producción y la socialización de los servicios y bienes de consumo sin diferencias de clase, es decir, de manera igualitaria y nada más; sin mayores diferencias con los postulados marxista-leninistas y, guardando distancia del paradigma proudhoniano que ya identificaba la fuerza social espontánea de lo común. Salvo las críticas al secuestro burocrático de los marxianos-leninoides con la firme decisión de prolongar la vida del llamado Estado proletario que, claramente, dista de las tendencias libertarias; tanto anarco-comunistas como anarcosindicalistas, optan por instaurar un «sistema» (con bastantes imprecisiones teórico-prácticas) de colectivización y socialización, que no presenta mayores divergencias en los hechos con las prácticas burocráticas leninistas que tanto critican. Vale, agregar sobre el tópico que en los contadísimos y excepcionales casos en que los teóricos comunistas marxistas han tratado de conceptualizar lo «común», lo han hecho expresando verdaderos desatinos, como aquella afirmación de Lenin a principios del período denominado Comunismo de guerra (1918-1921): «todo es común, incluso el trabajo».

[^12]: Vid., Hardt, Michel & Negri, Antonio, Empire, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 2001 (traducción al castellano: Imperio, Paidós, Buenos Aires, 2002).

[^13]: Hardt, Michael y, Negri, Antonio, Multitud: guerra y democracia en la era del Imperio, Debate, Barcelona, 2004.

[^14]: Hardt, Michael y, Negri, Antonio, Commonwealth. El proyecto revolucionario de una revolución del común, Akal, 2011.

[^15]: Ibíd. p. 11.

[^16]: El empleo de este vocablo –aparentemente inocuo– no es casual, encubre una conceptualización bastante más intrincada que halla sus raíces en los objetivos básicos de la mercadotecnia en la denominada marketing mix, en referencia a la mezcla de tácticas o acciones empleadas para posicionar una marca o producto en el mercado mediante la intervención de las 4P: precio, producto, promoción y plaza (lugar).

[^17]: Disponible en: https://www.thenation.com/article/activism/letter-new-left-biden/(Consultado 20/5/2020).

[^18]: Laval, Christian y, Dardot, Pierre, Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, Gedisa, Barcelona, 2015.

[^19]: Ibíd. p. 223

[^20]: Ibíd. p. 243.

[^21]: Ibíd. Presentación, s/p.

Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual (III y última)

Tercera parte de “Carta a Un/a Chileno/a” por Gustavo Rodriguez.


Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual (III y última)

—A Joaquín García Chanks y Marcelo Villarroel Sepúlveda, compañeros y co-conspiradores.

Continuemos el asalto a lo existente por todos los medios, sin inmutarnos por quienes nos silenciarán con las armas de reserva de la reacción, ya sea la patada de la bota democrática, la charla vacía de opinión o los llamados de sirena de los dulces hombres de la esperanza.”

Jean Weir; Palabras domesticadas desde un corazón salvaje.

Quien está decidido a llevar a cabo sus actos no es una persona valiente, es simplemente alguien que ha clarificado sus ideas, que se ha dado cuenta de la futilidad de esforzarse en jugar bien el papel que le ha asignado el Capital en la representación. Consciente, ataca con fría determinación. Y al hacerlo se realiza como ser humano. Se realiza a sí mismo en el placer. El reino de la muerte desaparece ante sus ojos.

Alfredo Maria Bonanno; Selección de Textos.

Terminemos de una vez por todas con los ilusionismos de la

dialéctica. Los explotados no son portadores de ningún proyecto

positivo, así fuese la sociedad sin clases […] Su única comunidad

es el Capital, de la cual solo pueden escapar a condición de destruir

todo aquello que los hace existir como explotados…

Ai ferri corti.

Cuando se escriba la Historia –así con mayúsculas, esa que siempre han escrito y escribirán los vencedores– sobre la insurrección generalizada en Chile a finales de la primera década del siglo XXI, habrá que leerla con meticulosidad extrema, ya que en ella quedarán plasmadas las supuestas motivaciones de la “crisis” que produjo la revuelta.

Una vez más, prevalecerá el análisis economicista –con énfasis en “la obscenidad de la miseria” que ha provocado esa denominación incierta que llaman “neoliberalismo”– y, la poca capacidad negociadora de un gobierno soberbio que no supo atender las demandas populares y optó por la continuidad de un régimen de corrupción e impunidad, heredero (constitucional) de una de las dictaduras fascistas más sangrientas del continente americano.

Sin embargo, nada quedará registrado de esa potencia anónima que le dio forma a la rabia de la desesperanza, de ese accionar nihilista que se transformó en energía arrasadora interrumpiendo la normalidad y atacando despiadadamente la realidad que nos oprime.

Esta potencia será invisibilizada (en el mejor de los casos) y/o, reducida a una turba de «elementos anarquistas y lumpen, amén de grupos aliados a narcotraficantes para desatar saqueos y vandalismos»i, haciendo ahínco en la condición pacífica de la “legitima” protesta y la trascendental importancia del nuevo fetiche constitucional como garante leguleyo de “las necesidades del Pueblo”.

De tal manera, quedó registrado a lo largo de veintidós páginas en un panfleto con pretensiones literarias escrito por el intelectual socialdemócrata Ariel Dorfman y publicado oportunamente por el Fondo de Cultura Económica (FCE)ii.

Empero, este tipo de especulaciones siempre se esperan de los letrados al servicio de la izquierda del Capital. Como también eran de esperarse las nuevas adaptaciones al libreto marxiano contemporáneo, en franca tentativa resucitadora de una ideología caduca y comprobadamente fallida que quedó sepultada en el cementerio de Highgate hace más de un siglo.

Por eso hoy –no mañana– nos toca el consecuente ejercicio de hacer historia a contrapelo (Benjamin, dixit); es decir, de potenciar la narrativa insurreccional, esa que no se escribe con tinta sino que se hilvana y borronea con nafta y dinamita en el libro de nuestro propio cuerpo.

Llamamientos y propuestas panfletarias

Si bien la verborrea leninoide –desde el Partido Comunista de Chile (PCC) hasta los bolcheviques extraparlamentarios (léase Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo; el Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres y; los remanentes del MAPU-Lautaro)– apegada a la retórica economicista, no dista mucho del análisis de Dorfman; también es cierto que (a diferencia de este personaje y del PCC) los pocos grupos leninistas que aún permanecen al margen de las instituciones, hoy enaltecen la “espontaniedad de la violencia” y aplauden la “autogestión en las calles”, pasándose por el arco todas las tesis de papá Vladimir en sus encontronazos dialécticos con Rabóchei Dieloiii y, mostrando su legendario oportunismo a través de una puntual mercadotecnia –destinada al consumo en masa– que intenta vendernos chatarra a toda costa.

Así lo manifiesta el pasquín publicado por el FPMR-A y el MIR-EGP, que han distribuido en algunas de las zonas urbanas más radicalizadas y con fuerte tradición de lucha (Villa Francia, Lo Hermida, Maipú, la Florida, Puente Alto, entre otras.), innovando un travestismo semántico que celebra: «las luchas que tienen nuevas dinámicas de organización, de modalidades, de expresión, de medios y convocatoria» y, aplaude «La contradicción modernidad y consumo global versus parto cosmogónico, autonomía y autogestión»iv.

Por si esto no fuera suficiente (para vomitarnos), agrega: «Las reivindicaciones feministas no son sólo para las mujeres, sino condición indispensable para una sociedad libertaria, sin dominación, de ahí su aguda dimensión política»v. Continúa con la pretensión de que ésta prolongada insurrección: «sea el reflejo de una nueva forma de construirnos como sujetos sociales, una forma de poder popular insurgente y comunitario que lejos de buscar un conjunto de normas o una forma de gobierno que nos rija, siempre tenga el propósito de luchar una y otra vez por la disolución de toda forma de alienación, dominación, autoritarismo, injusticia, despojo y represión. Que sea a la vez expresión política de la vida organizada en redes solidarias y horizontales de las comunidades y territorios»vi. Y, para cierre, a modo de declaración de principios, machaca: «Nuestro horizonte es desplegar nuestros propios mundos y formas de vida para construir una subjetividad emancipada y terminar con toda dominación. Luchamos por crear un poder propio, autónomo y autogestionario […] Nuestro horizonte es libertario, incompatible con la moderación que requieren los poderosos para mantener sus privilegios […] La verdadera paz, con justicia y dignidad, es finalmente el objetivo más preciado de una revolución social y libertaria».vii

Justo desde este nuevo epítome, los leninistas extraparlamentarios han comenzado a impulsar las llamadas “asambleas territoriales” en un ensayo más por recuperar –en términos político-ideológicos– la (hasta ahora incontrolable) insurrección, ensayando un confuso guión con afinados matices demagogos que pone de manifiesto la poca recepción de su soflama entre las y los jóvenes protagonistas de la revuelta, evidenciando el nulo arraigo del marxismo leninismo en el nuevo no-sujeto subversivo (imposible de sujetar) que hoy incita a la insurrección a lo largo de la geografía chilena y, la urgente necesidad de camuflaje: la inmemorial estrategia del lobo disfrazado de abuelita asechando a Caperucita.

En este mismo tenor, reaparecieron en escena, los “marxistas revolucionarios”, autodenominados “comunistas internacionalistas”, aportando sus elucubraciones al groucho marxismo posmoderno. Y, como era de esperarse, no escatimaron a la hora de rechazar la farsa constituyente y reafirmar su repudio a toda la pestilencia parlamentaria, denunciando, de paso, el histórico oportunismo de los bolcheviques chilenos. Sin embargo, corroboraron coincidencias en torno a las llamadas “asambleas territoriales” promoviendo su proliferación.

Con tal objetivo, pusieron en circulación un nuevo comic intitulado “Ya no hay vuelta atrás”viii, editado a la sazón por el Grupo Comunista Internacionalista (GCI), que no ha dejado de sorprenderme por el estratégico reacomodo semántico del discurso en su reiterado afán de reclutar incautos en tiendas anárquicas.

Vale señalar el superlativo cinismo con que ha sido redactado el panfleto en cuestión, donde además de reconocer que «la rebelión del 18/10 fue espontánea, popular, masiva y anárquica» llegan a admitir, sin aparentes cortapisas, que «en esta nueva oleada global de rebeliones contra el sistema de dominación las insurrecciones ya no tienen por horizonte una “conquista del poder” (como se entendía desde las revoluciones burguesas: mediante la captura del poder estatal), sino que son verdaderas “insurrecciones permanentes” que desafían al poder»ix.

[¡Waooo! ¿dónde quedaron las tesis de orientación programática y aquel anhelo de instaurar la Dictadura del proletariado para la abolición del trabajo asalariado? ¿acaso abandonaron el dogma de la religión fundada por el mayor de los hermanos Marx y abrazaron entusiastas el desparpajo iconoclasta de Bakunin? ]

Ya ni mencionar la fastuosidad con que remarcan las diferencias entre «las revoluciones burguesas» y, «las verdaderas “insurrecciones permanentes”», echando mano de las teorizaciones contemporáneas del informalismo anárquico que tanto han criticado durante la última décadax.

Pero, lo que más me asombró del nuevo panfletillo del GCI, fue la reconceptualización que hacen de la idea de “clase”, introduciendo la noción de «clase/especie»xi en un intento desesperado –e increíblemente arbitrario– de subsumir dentro del concepto “proletariado” a toda la especie humanaxii. Aunque tampoco podemos soslayar el conveniente reajuste teórico que innovan en derredor de “la revolución social” como «una posibilidad para la humanidad de reconciliarse consigo misma, con los otros animales y con la naturaleza»xiii, en guiño desvergonzado a los partidarios del Frente de Liberación Animal (ALF) y al anarco-ecologismo radical nucleado en derredor del Frente de Liberación de la Tierra (ELF); ambas posturas muy criticadas en el pasado por este grupo marxiano que atribuía una “visión ideologizada”, propia del “desviacionismo pequeñoburgués”, a estos colectivos en lucha por la Liberación total y contra la domesticación de lo salvaje.

Pese a la absoluta desfachatez de su nuevo discurso cazabobos, lo verdaderamente preocupante es la evidente concomitancia de todos los clanes de ascendencia marxiana en torno al desarrollo de las “asambleas territoriales” como vehículo eficaz para la resolución de problemas y tareas (de “orden práctico”) de cara al futuro comunizador:

«lo que tenemos claro es que las asambleas territoriales son órganos creados a partir del 18 de octubre por las comunidades en lucha. Nuestro lugar es ahí, donde tendremos que por una parte discutir abiertamente con quienes abrazan más o menos conscientemente posiciones institucionalistas y socialdemócratas, que se expresan hasta ahora en un sentir mayoritario a favor de un “proceso constituyente”.»

«Pero no se trata sólo de eso: el mayor potencial de las asambleas territoriales, en la medida que mantenga su autonomía, actuando desde afuera y contra el Estado, tiene que ver con cuestiones y tareas de orden práctico (auto-defensa, alimentación, comunicaciones, cuidado de niñxs y adultos mayores) que habría que empujar hacia sus límites para poder plantear a partir de ellas los objetivos comunizadores.»

«Las asambleas son el espacio desde el cuál pueden surgir nuevas formas de relación social, que superen y manden al basurero de la historia a las relaciones sociales capitalistas. Se hace necesario coordinarlas a todasxiv (Subrayados míos).

Y ya que estoy encarrilado en esta reseña crítica de la producción panfletariaxv en el ámbito de la insurrección en la región austral, lamento no poder incluir en este texto el análisis de los neoblanquistas. Me comentan –algunos enterados– que el folletín del Comité (Central) Invisible sobre los acontecimientos en Chile, aún se encuentra en preparación. Todavía no están listas las acostumbradas traducciones simultaneas. Así que habrá que esperarse; aunque no se requiere demasiado ingenio para vislumbrar el total apoyo a las “asambleas territoriales” por parte de los adalides invisibles en su avidez “comunizadora”.

Seguramente recurrirán a los malabares semánticos y, de nueva cuenta, establecerán un falso dilema como aquél que urdieron entre “asambleas” y “campamentos”, instaurando diferencias inexistentes y cambiando un término por otro. Quizá en este momento recurran a su vieja circunscripción favorita, apelando a su adorable “comuna” e insistiendo en que “la autoorganización” de la vida cotidiana (alimentación, guarderías, infraestructura, enfermería, etc.) es el “paradigma del habitar” y que éste no se manifiesta en las asambleas generales pero, curiosamente, en la práctica, en todos los campamentos instalados en las plazas okupadas, era la asamblea –en nombre de la democracia directa– la que regía y determinaba el curso de los acontecimientos. Esto pudimos constatarlo en todas las rebeliones y protestas de los últimos años (el “movimiento piquetero” en Argentina, la “comuna” de Oaxaca, la “Primavera árabe”, el 15M español, Syntagma, “Occupy Wall St.”, Gezi…) y, por ello, su pronta recuperación sistémica.

Pero los neoblanquistas no sólo concordarán con los “marxistas sinceros” (como cariñosamente llaman a los militantes del GCI y a los sobrevivientes de la autonomía marxiana) e incluso, con los leninistas extraparlamentarios, en la “necesidad” de la extensión de las asambleas territoriales en Chile; en aras de la armonía ideológica; también coinciden con ese elenco en la añoranza por la Revolución («las insurrecciones han venido, no la revolución»xvi), considerando la insurrección una suerte de intentona “menor”, algo que aún no cuaja: «una brecha dentro del reino organizado de la necedad, la mentira y la confusión»xvii; el síntoma furtivo que puede hacer viable la posibilidad revolucionaria en las sociedades centrales y, con mayores oportunidades, en las sociedades periféricasxviii.

Las Islas felices

Si bien es cierto que no me tomó por sorpresa la cómoda articulación de los partidos neoplataformistas (anarco-comunistas) chilenos con el discurso político en favor de las asambleas territoriales –tampoco me extrañó que impulsaran desde los primeros momentos la propuesta de Asamblea Constituyentexix de la mano de leninistas y allendistas–; uno esperaba que desde los posicionamientos informales de la praxis anárquica contemporánea se insistiera más en una reflexión teórico-práctica renovada que refutara de manera contundente las inercias y los ritos democráticos, asumiendo que la práctica no admite caprichos ni miopías ideológicas, conscientes que el anarquismo no puede ser concebido como un ceremonial litúrgico ni como un axioma inmutable ni como una realización inquebrantable sino como tensión inconmovible, encarnada en una nueva forma de insurrección, distinta e incluso opuesta a la insurrección mecánica (tradicional) y a la insurrección orgánica (instrumental y de acuerdo a un programa) a la que quizás podríamos denominar insurrección permanente.

Sin embargo, algunos nucleamientos de la galaxia informal en Chile, le han apostado a las prácticas democráticas y han optado por avivar las asambleas territoriales; olvidando que la democracia bajo cualquiera de sus formas (representativa, asamblearia, directa, popular, etc.) es enemiga de la Anarquía. La potencia anárquica no radica en las asambleas sino en su aliento destructor manifiesto en miles de prácticas diferentes. En las asambleas se asfixia la responsabilidad individual, la libre iniciativa y el disenso, en busca del consenso se separa el verbo de la acción, se induce al inmovilismo, se neutraliza la insurrección.

Frente a estas desvirtuaciones, aspiré entablar un diálogo abierto y fraterno con

varios compañeros afines a la tendencia informal anárquica, de probada trayectoria insurreccional, con la intención de evitar a tiempo un desenlace contraproducente (la recuperación política de la insurgencia) y/o, lo que es peor, una profunda decepción que inmovilice por décadas el significativo avance del accionar insurreccional del anarquismo informal en la región chilena. Lamentablemente, muchas compañeras y compañeros ven con gran simpatía la función de las “asambleas territoriales” y la interpretan como una herramienta autónoma que da –o puede dar– atención de manera “autogestiva” a las tareas de orden práctico (alimentación, comunicaciones, servicios sanitarios, auto-defensa, etc.) a nivel comunitario.

Desde luego que entiendo que en la cotidianidad de la insurrección se manifiesten este tipo de inquietudes frente a las necesidades y urgencias comunitarias y que, como personas sensibles y solidarias que somos, queramos (o intentamos) darle solución, desdeñando todo lo aprendido de las experiencias pasadas y repitiendo los mismos errores de siempre.

Claro está, en todo esto, tenemos que reconocer que hay mucho de adulteración, deformación, asimilación, omisión y reacomodo, de la historiografía anarquista –particularmente anarcosindicalista–, que le ha otorgado a ciertos episodios de nuestra travesía sediciosa un aura mitológica y, esta visión distorsionada se ha prolongado hasta nuestros días con el telón de fondo y la referencia insustituible de la Revolución española de 1936.

Exactamente en este punto, quiero traer a colación una reflexión oportuna de los compañeros y compañeras que editan la revista Kalinov Most que subraya una carencia que comparto plenamente: «Aprendemos de experiencias pasadas, pero necesitamos actualizarlas»xx. Esa necesidad de “actualización” de la teoría pero, sobre todo, de la práctica anárquica, se hace evidente no sólo en la insurrección chilena sino en todas las revueltas mundiales donde de una manera u otra participan y/o inciden nuestros compañeros y compañeras. Evidentemente, dicha actualización sigue siendo nuestra asignatura pendiente.

En esta misma contribución del colectivo editorial de Kalinov Most –escrita desde las entrañas–, a modo de “raudo balance” de la insurrección generalizada contra el Estado chileno, donde predomina el corazón y las ganas de ser consecuentes con los principios anárquicos (mismos que recalcan una y otra vez en cada intento de respuesta ante las interrogantes que van surgiendo sobre la propia lucha), acto seguido de la reafirmación en torno a la necesaria actualización teórico-práctica, exponen: «Siempre hemos apostado a que nuestros medios se encuentren directamente acorde a nuestros fines, pues entonces, desde las proyecciones anárquicas informales y negadoras, nos permitimos soñar despiertos mirando el presente. ¿Cuáles son nuestros fines?»xxi. Y, aunque no dan respuesta directa a la interrogante, inmediatamente afirman: «Apostamos por la asociación entre pequeñas comunidades, que apoyen y aporten entre sí, sin estructuras estables por sobre los individuos, manteniendo la tensión permanente y el cuestionamiento permanente sin nunca creer en una realización ni final ni finalizada. Nuestras prácticas en el presente tienen que saber ir en esa dirección»xxii.

Empero, pese al reconocimiento consciente de que la Anarquía no es una realización sino una tensión permanente, esta declaración no responde a la necesaria “actualización” teórico-práctica que mencionaban anteriormente. Al apostarle a «la asociación entre pequeñas comunidades, que (se) apoyen y aporten entre sí» –lo que de hecho sí implica una realización–, no hacemos otra cosa que calcar al pie de la letra el “manual revolucionario” de 1936. Evidentemente, bastante trasnochado.

Visto desde la perspectiva que nos ofrece la distancia enorme que nos separa de aquellos hechos, la Revolución española parece haber sido el canto de cisne del anarquismo clásico; sin embargo, a pesar del impacto que produjo en el inconsciente colectivo de aquellos anarquistas la icónica frase de Durrutixxiii, no se demolió asaz –dejando en pié demasiados templos, puentes, almacenes, manicomios, fábricas, cárceles y cuarteles– ni se expropiaron los bancos ni se desmanteló la producción ni se destruyó el trabajo (pretendiendo que éste podía liberarse a través de las mismas cadenas de montaje capitalistas con sólo apoderarse de los medios de producción). Hoy, el desenlace de la Revolución española es bien conocido: la inmediata recuperación sistémica en manos del fascismo.

Con la asociación de pequeñas comunidades «que (se) apoyen y aporten entre sí», como plantea entusiasta Kalinov Most, a lo sumo se concretaría una confederación de islas felices que sin duda podría resolver las necesidades comunitarias inmediatas –mientras le muestra al sistema de dominación las fallas a corregir– pero, esos no son ni pueden ser los fines del anarquismo en el Siglo XXI.

Como bien expone nuestro compañero Costantino Cavalleri en su más reciente aporte en cuanto a «nuestras posibles deficiencias al no cultivar hoy (o descuidar) esos momentos-elementos que se asumen autogestivosxxiv» o «lo que podría resumirse como la posibilidad de construir momentos del futuro a partir de ahora, que sirvan de “inspiración”, de manera “educativa”, para la postrevolución o como “bases” para el futuroxxv»; definitivamente «NO EXISTEN LAS ISLAS FELICES dentro de este sistemaxxvi» (Mayúsculas en el original).

«La radiación atómica de Chernobyl, los vapores cancerígenos de Rumianca, las plagas de Piana di Ottana, la niebla contaminante de las fábricas y los motores, las micropartículas tóxicas de las bases militares, invaden nuestros huertos de papas, también penetran nuestros pulmones en cualquier supuesta isla a la que huyamos y, las relaciones demenciales de dominación-sujeción, de mando-obediencia, las frustraciones y opresiones, las limitaciones e imposiciones de todo tipo, propias de la sociedad del Estado-capital, nos rodean e impiden nuestra existencia»xxvii.

Debemos estar conscientes de la imposibilidad de las islas. Hoy no hay afuera. En nuestros días todo es adentro (es decir, al interior del Capital). Con sólo vivir reproducimos el sistema por mucho que nos esforcemos en evitarlo. Lo único que podemos autogestionar son nuestras miserias. El capitalismo global nos ha impuesto la noche perpetua. Pero, paradójicamente, la noche es nuestra mejor arma. Tendremos entonces que volver a accionar con la oscuridad de compañera, iluminando las noches con el fuego refractario del anarquismo insurreccional.

Peligrosas conjunciones político-ideológicas

Basta con leer entrelíneas algunos de los textos de elaboración reciente en el entorno de las luchas globales contemporáneas para ratificar que asistimos a una convergencia político-ideológica que evoca –melancólica– un útero compartido; una especie de “matriz revolucionaria”, una suerte de árbol común del que se presume que absorbieron nutrientes diferentes “ramas” teórico-prácticas que hoy (ante las condiciones “objetivas y subjetivas”) rastrean sus genes con la intención de revalidar su linaje.

De tal modo, neoblanquistas, marxistas posmodernos de toda calaña (incluidas las diferentes variedades leninistas) y, uno que otro engendro, concebido in vitro y criado en incubadora (léase anarco-populismo), hoy reclaman parentescos lejanos con la amplia y variopinta familia ácrata –teniendo en cuenta los contradictorios orígenes que se le achacan al anarquismo– en aras de la consanguineidad revolucionaria.

Fingiendo amnesia total, pretenden hacernos creer que ya dejamos de ser el “pariente incómodo” que nunca invitan a las fiestas, que jamás incluyen en la foto y siempre han repudiado con enjundia. Todo en busca de una “alianza” que permita el pujante desarrollo de “la lutte finale”.

Claro está, la sola reminiscencia de esta emotiva estrofa –creación del eterno huésped de Père Lachaisse– aún provoca sentimentalismos que hacen convulsionar a más de un quijote, lo que induce a diferentes capillas anarco-izquierdistas a prestar oído a estos llamados y actuar como acto reflejo, cerrando la puerta a cualquier reflexión medianamente consecuente.

Lamentablemente, hoy podemos identificar al interior de nuestra “galaxia” posturas ideologizadas que se autoproclaman placenteramente “izquierdistas” y, se dejan encandilar fácilmente por esta narrativa. Un connotado ejemplo son los frentistas compulsivos, que reiteradamente establecen alianzas con diferentes sectas ideológicas y/o las cofradías nacionalistas, en nombre de la Revolución, del anti-imperialismo, el anti-fascismo o el anti-capitalismo.

La ausencia de reflexión (la mayoría de las veces) y/o la visión distorsionada de la ideología, impide esclarecer el objetivo. Nuestro objetivo no es otro que la Liberación Total. La guerra anárquica –nuestra guerra– es por la Libertad y el único camino para alcanzarla es la Libertad misma. Conscientes que la Anarquía no es una realización sino una tensión permanente, no albergamos esperanza alguna en la “lucha final”. Cuando incitamos a la insurrección generalizada, lo hacemos impulsando la insurrección permanente: sin triunfos que alcanzar ni palacios que tomar.

Por eso, ante las profusas convocatorias a “la unidad”, las reiteradas invitaciones a “la suma de todas las fuerzas”xxviii y la inoculación de ansias “constructivistas”, tenemos que hacer oídos sordos. Penosamente, estos llamados en ocasiones afectan a muchos compañeros y compañeras y, les induce a integrarse a los proyectos más improcedentes y alejados de la perspectiva anárquica (el neozapatismo en Chiapas; la APPO en Oaxaca; las “policías comunitarias” en Cherán y Ostula; el “confederalismo democrático” del PKK en Rojava; la instauración del Estado Wallmapu, la defensa de la Wiphala, las aspiraciones independentistas en Hong Kong o Cataluña…), estimulando la recreación de proyectos insólitos, confundiendo nuestros pasos con un tributo a la tradición ajena condenado a la repetición eterna.

La necesidad de reabrir la cuestión insurreccional desde la perspectiva anárquica

Hoy que vemos recrudecerse las insurrecciones alrededor del mundo y advertimos la innegable interconexión entre las diferentes protestas, cabría preguntarnos si este “mal-estar” –esta suerte de rabia de la desesperanza que provoca las revueltas populares en todos los confines del planeta dando curso a la ira acumulada contra quienes gobiernan y, contra todos los partidos políticos sean del color ideológico que sean– ciertamente responde al impulso arrasador de una potencia anticapitalista y antiautoritaria, dispuesta a no dejar vestigio de la dominación o; concurrimos al ánimo de nostalgia generalizada que anhela el retorno a lo que ya no hay; es decir, que añora el Estado benefector, el capitalismo industrial y la sociedad del trabajo.

Sin duda, en lo más intrínseco de estas manifestaciones de nihilismo (donde se liberan y reinventan las pasiones sediciosas), surgen indicios de una nueva crisis civilizatoria desbordante de las coordenadas políticas y económicas del momento. En medio de esa urdimbre, también se incuba el germen del caos y urden esos efímeros intantes de Anarquía. Empero, no toda manifestación nihilista converge siempre en una acción anárquicaxxix. Si la multitud que protagoniza las actuales manifestaciones de nihilismo ansía recuperar la “normalidad”, regresar a “lo malo conocido” y que le devuelvan su viejo rol de esclavo asalariado, enfrentamos el inminente peligro de la madurez del huevo de la serpiente: la propagación del populismo (más allá de cual sea su tendencia) y su consolidación a escala global. Y, ante esta perentoria amenaza debemos de mantenernos en estado de alerta y, en pie de guerra permanente.

¿Cómo afrontar esta contingencia desde el anarquismo? Modestamente, considero que con más anarquismo, es decir, desde la insurrección permanente, con mayor profundización teórica y con más praxis; con una práctica consecuente que nos desborde y permita reflexionar a cada paso y elaborar más teoría congruente con los tiempos.

La única respuesta a esta y todas las adversidades es y será siempre más y más anarquismo. Hacer anarquismo cotidiano, o sea, continuar asaltando lo existente por todos los medios –como nos recuerda Jean–, “sin inmutarnos por quienes nos silencian” y; ofrecer lo más sublime que podemos brindar: el goce de la insurrección, poniendo en práctica nuestra voluntad destructora, incrementando la potencia anárquica más allá de las “islas felices” y los espacios de sobrevivencia (siempre e invariablemente en vías de recuperación del sistema de dominación), radicalizando las manifestaciones de nihilismo, es decir, superando su pureza impotente y contagiándolas del deseo de libertad pero sin quedar atrapados en el desgaste de la ofensiva innocua reduciendo nuestra guerra al sometimiento a las órdenes de los especialistas y a la lógica autoritaria de la lucha armada.

Tendremos que ser capaces de destruir el trabajo desde la consecuente ilegalidad: «con la palabra, con la letra impresa, con el puñal, con el fusil, con la dinamita…»xxx. Si logramos concretar nuestra guerra, no será por la trillada transformación de la realidad, sino tendrá que ser por su demolición total. De ahí la urgencia de replantearnos la cuestión insurreccional, asumiendo la insurrección no tanto como objetivo –y mucho menos como un ruido de temporada– sino como causa, es decir, como cimiento de la tensión anárquica.

Si frente a esta resolución recibimos descalificaciones, insultos y burlas, sabremos que hemos elegido un buen camino acorde con los principios; la ruta que nos permitirá apropiarnos de nuestra vida y vivirla a plenitud, en absoluta e irrestricta libertad.

Gustavo Rodríguez,

Planeta Tierra, 18 de febrero de 2020

(A tres meses de iniciada la insurrección en territorio chileno)

i Dorfman, Ariel, Adiós al oasis chileno. Disponible en: https://www.proceso.com.mx/612865/adios-al-oasis-chileno (Consultado el 6 de enero de 2020).

ii Dorfman, Ariel, Chile: juventud rebelde, FCE, Colec. Vientos del Pueblo, México, 2019.

iii Vid, V. I. Lenin., Capítulo II, “La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia”, en ¿Qué hacer?, recogido en Obras completas de V.I. Lenin, Tomo 6, Editorial Progreso, Moscú, 1981.

iv Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo/Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres, 11º Comunicado conjunto: la rebelión de los colgados, volante impreso, Chile, 1 de Enero de 2020.

v Ibídem.

vi Id.

vii Id.

viii Grupo Comunista Internacionalista (GCI), Ya no hay vuelta atrás, Boletín de reflexiones en torno a la revuelta, Número 1, diciembre 2019.

ix Ibídem.

x Vid., Proletarios Internacionalistas, Crítica de la ideología insurreccionalista, Ediciones Comunidad de Lucha, 2012.

xi Op.Cit., GCI, Ya no hay vuelta atrás.

xii Resultan insuficientes la incorporación y el auxilio teórico de categorías incluyentes que resuelvan las limitaciones y estrecheces de la visión marxista. Nos queda claro que el Poder y la dominación política son anteriores a la explotación económica en cualquiera de sus definiciones. Precisamente por eso, la guerra antiautoritaria, y no la de clases (es decir, la lucha permanente contra el Poder y la dominación), ha sido el motor de la historia. Esa es la tesis fundacional del anarquismo y el meollo de su cuerpo teórico-práctico, asumiendo la Anarquía como praxis de enfrentamiento permanente contra el Poder y no como expresión radical de la lucha de clases.

xiii Op.Cit., GCI, Ya no hay vuelta atrás.

xiv Ibídem.

xv A propósito de la producción panfletaria en la región chilena en derredor de la insurrección generalizada, no puedo pasar por alto otro baldón de pretendida manufactura “ácrata” que ha provocado (desde la primera página) todo mi asombro. Se trata de una butifarra a mitad de camino entre la literatura de ficción (las historietas de zombis) y el revoltijo ideológico de la nomenclatura “anarco-leninista” contemporánea. Este engendro, cargado de conspiraciones paranoicas en la misma tónica del Nostradamus bolivariano (senador Navarro), está firmado por los Núcleos Antagónicos de la Nueva Guerrilla Urbana y, definitivamente, requiere el concurso de nuestras modestas reflexiones pero, de momento, seguiremos debiéndonoslo por lo que queda pendiente un texto mucho más extenso con estas intenciones. Vid. “Sobre fantasmas insurreccionales y banderas falsas”, disponible en: https://vozcomoarma.noblogs.org/files/2019/12/Fantasmas-Insurreccionales-Lectura.pdf (Consultado 11/02/20).

xvi Comité Invisible, A nuestros amigos, Pepitas de calabaza ed., Logroño, Estado español, mayo 2015, P.12.

xvii Ibídem, contraportada.

xviii La Revolución francesa y la Comuna de Parí﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽a de Parn revolución esís de 1871, siguen siendo el canto de cisne del blanquismo contemporáneo –léase Comité (Central) Invisible. Por eso sus “novedosos” planteamientos siempre nos huelen a viejo.

xix «[…] El viernes 25 de octubre, más de 2 millones de personas marcharon por todo Chile y el Wallmapu llamando al Presidente Piñera a renunciar y en favor de una Asamblea Popular Constituyente […] En todo Chile, lentamente pero sin pausa, pujan por consolidarse decenas de Asambleas Territoriales, Cabildos, Onces y Ollas comunitarias. Se están recuperando formas de organización históricas de nuestra clase, se hurga en la memoria para levantar los cimientos de una nueva institucionalidad que brota de la rabia y la protesta si; pero que también es profundamente constructiva y de anchas miras. Lograr el adecuado oxígeno y tareas, la coordinación y planificación y la necesidad de una amplia unidad popular desde abajo serán las tareas del momento[…] La agenda, las tareas del momento y las perspectivas emancipatorias las tiene que poner el pueblo trabajador, en la calle. Pero también en cada lugar de trabajo y estudio. Generando y promoviendo Asambleas democráticas en cada territorio que debata las iniciativas y construya un programa de reivindicaciones a corto, mediano y largo plazo […]¡SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO CHILENO QUE SE LEVANTA Y LUCHA! ¡POR LA CONSTRUCCIÓN, GENERALIZACIÓN Y COORDINACIÓN DE ASAMBLEAS TERRITORIALES QUE DEBATAN UNA VERDADERA ASAMBLEA POPULAR CONSTITUYENTE PLURINACIONAL Y FEMINISTA! ¡POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD! ¡ARRIBA LXS QUE LUCHAN! Primeras firmas: Solidaridad (Chile), Acción Socialista Libertaria (Argentina), Federación Anarquista Rosa Negra (Estados Unidos)» . Mayúsculas en el texto original.

Disponible en: http://www.anarkismo.net/article/31688 (Consultado 14/02/2020).

xx Kalinov Most, Más de dos meses de revuelta contra el Estado de Chile: raudos balances, instintivas proyecciones y permanentes negaciones, región chilena, enero 2020, P.12. Disponible en: https://es-contrainfo.espiv.net/2020/01/15/mas-de-dos-meses-de-revuelta-contra-el-estado-de-chile-raudos-balances-instintivas-proyecciones-y-permanentes-negaciones/ (Consultado 14/02/2020).

xxi Ibídem, P. 13.

xxii Id.

xxiii «Las ruinas no nos dan miedo […] no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante.»

xxiv Cavalleri, Costantino, Approfondimenti di un discorso isolato?, artículo inédito, fechado febrero 2020, de próxima aparición en la revista NurKuntra Nro. 6, Cerdeña.

xxv Id.

xxvi Id.

xxvii Id.

xxviii Curiosamente en la rama estática de la física, la suma de todas las fuerzas es igual a cero cuando un sistema se encuentra en equilibrio, es decir, cuando no tiene modificación o perturbación alguna [∑ F=0, primera ley de equilibrio (Newton)].

xxix Para el sistema de dominación toda acción anárquica es una manifestación nihilista; sin embargo, la manifestación nihilista no es otra cosa que el estallido de la rabia de la desesperanza que deposita todas sus esperanzas en la destrucción purificadora apostándole a la nada, de ahí su inherente impotencia.

xxx Kropotkin, dixit.

Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual. (Parte II).

Escrito por Gustavo Rodríguez. Parte II de II.


—A Joaquín García Chanks y Marcelo Villarroel Sepúlveda, compañeros y co-conspiradores.

“Pues yo soy el poeta jurado de todos los intrépidos rebeldes del entero mundo,
Y quien viene conmigo deja atrás la paz y la rutina,
Y se juega a perder la vida a cada instante.”   
Walt Whitman, A un revolucionario europeo frustrado (1856), en Leaves of Grass.

“… donde hay peligro, crece lo que nos salva.”
Friedrich Hölderlin, Patmos.

A un mes y seis días de iniciada la insurrección, la Anarquía continúa viva en la región chilena. Es un acontecimiento sin precedentes en Chile y en América Latina. Ha sido el kayros de la Anarquía: el momento emancipador que acontece en el tiempo y el lugar pertinentes, la audaz encarnación de una pronunciada negación del Estado y de toda autoridad.

El eco de la vieja consigna anárquica “Ni Dios ni Estado Ni Patrón” retumbó a lo largo y ancho de la geografía austral y ha hecho vibrar corazones desde Cabo de Hornos hasta las orillas de los ríos Sama y Camarones.

Es evidente, que en su cotidiano quehacer subversivo, el anarquismo insurreccional de tendencia informalista, tensó al máximo sus potencialidades y, también exploró sus dificultades y sus propios límites, valiéndose de efímeras coyunturas –mutantes de un lugar a otro–, que le permitieron bosquejar (a partir del conflicto y las diversas contingencias) las posibilidades cromáticas de su trasfondo teórico-práctico y, fomentar los ánimos refractarios, concretando acciones  individuales y/o de pequeños grupos de afinidad abocadas al ataque y la expropiación.

Sin embargo, faltó dinamita. Escaseo el diesel y la gasolina. Se escatimó en el ataque. Hubo carencia de expropiaciones. No fueron demolidas las sedes de TODOS los partidos políticos. No se asaltaron prisiones ni manicomios. Se arremetió contra los símbolos pero faltó tiro al blanco. Quedó pendiente una fogata gigantesca con los cientos de banderas que se perciben en las marchas (incluyendo la rojinegra, porque TODAS las banderas están llenas de sangre y de mierda). Esa penuria ha permitido que la potencia negadora se desvíe hacia el “triunfo”, en lugar de inyectarle vida al conflicto y exceder los cantos instituyentes que ya amenazan  con imponer la paz de los sepulcros.

Hoy, el punto neutro de la insurrección empieza a revelarse con nitidez. La emulsión hace lo suyo y emerge la instantánea completa, mostrándonos el impasse en su justa dimensión.

Comprenderlo será un salto enorme de la pedagogía ácrata que puede contribuir al despertar de la modorra dogmática en que se encuentra sumido un sector considerable del denominado “movimiento anarquista”.

La potencia de choque de una insurrección no se mide por sus efectos ni reside en el crecimiento cuantitativo de las y los insurrectos, sino en lo que irradia ipso facto de ella. Reside en la vitalidad de su fuerza negadora, en su talante ofensivo, en la agudeza de la acción, haciendo de la insurrección un rito diferente del simbólico.

La feracidad del accionar anárquico reside en sí mismo, por eso fecunda audacias, alimenta la creatividad destructora y propugna voluntades subversivas, multiplicando la violencia antiautoritaria y la práctica ilegalista.

Instantáneas de la revuelta (segundo acercamiento) [1]

Como era de intuirse desde el primer día de la insurrección, la represión no se dejó esperar.

Hasta el momento, según las propias cifras oficiales, se contabilizan más de una veintena de muertos, cinco de ellos ha consecuencia de los disparos de las fuerzas represivas; seis mil quinientas personas detenidas, de las cuales 759 son menores de edad; dos mil trescientos noventa y una heridas (41 por disparo de arma de fuego, 964 por perdigones, entre las que se cuentan 222 con lesiones oculares –que han perdido la visión de un ojo o han quedado completamente ciegas– y 909 ha consecuencia de las brutales golpizas) y; cientos de mujeres violadas y ultrajadas sexualmente. Se pudo constatar que la Policía de Investigación (PDI), instaló un centro de torturas en el Shopping Arauco Quilicura, donde han sido atormentados cientos de manifestantes detenidos durante las revueltas.

Por su parte, las y los insurrectos han atacado con artefactos incendiarios cuarteles militares, comisarías, cabinas de peaje, iglesias, supermercados y otras instalaciones comerciales y; han logrado derribar drones de vigilancia de la policía con la ayuda de cientos de apuntadores laser.

Gracias a la oportuna diligencia de los hackers y a la aplicación que reveló el domicilio de muchos uniformados, se han multiplicado los ataques a las casas de policías en toda la región: en Viña del Mar, personas encapuchadas atacaron la residencia de un comandante de policía y varias casas de uniformados fueron grafiteadas con amenazas de muerte y sus vehículos destrozados. En San Antonio, fueron atacados los cuarteles de Tejas Verdes e incendiaron parte de sus instalaciones. En Chiguayante, un grupo de insurrectos irrumpió en las casas de algunos policías destrozando todo lo que hallaron a su paso. En Quinta Normal apuñalaron a un policía en su residencia y, en la Población de Lo Hermida, fue atacada la estación de policía, con un saldo de seis pacos heridos.

Mientras los policías dormitan en sus autos, constantemente son agredidos con artefactos incendiarios, una práctica fácil de replicar que ha comenzado ha extenderse a varios vecindarios. Durante las protestas en la ciudad de Rancagua, lanzaron un cartucho de dinamita a una patrulla de carabinaros que no llegó a explotar. En la Población La Victoria, comuna de Pedro Aguirre Cerda, al sur-centro de Santiago, fue incendiada la casa de un  uniformado, al igual que en la provincia de Coyhaique, donde fueron atacadas con docenas de bombas incendiarias propiedades de carabineros.

En pleno centro de Santiago, encapuchados atacaron la Parroquia de la Asunción y utilizaron el mobiliario y los santos para hacer barricadas; quemaron la Iglesia de los Sacramentinos y, la Iglesia de la Veracruz en el Barrio Lastarria, declarada “monumento histórico” durante la dictadura fascista del general Augusto Pinochet. La Catedral de Valparaíso, también fue atacada por una multitud, quemando algunas de sus puertas, destrozando bancos, altares y la pila de bautismo. En Puerto Montt, durante la madrugada del miércoles 20, encapuchados atacaron la casa pastoral Graciela Bórquez, en pleno centro de la ciudad y, en el sector Coihuin, quemaron la casa del sacerdote Luis Izquierdo acusado de abuso sexual.

Además de las iglesias católicas –consecuentes con la práctica anárquica y a modo de homenaje a la célebre frase kropotkiana («La única iglesia que ilumina es la que arde»)–, fueron incendiados y destrozados varios templos evangélicos, destacando el ataque del 28 de octubre en la ciudad de Santiago a los estudios de grabación y las oficinas del Ministerio de Comunicaciones GRACIA TV, en Santa Rosa. El mismo día y en la misma barriada sería atacada la Iglesia Bendecidos para Bendecir y, la Iglesia Ministerio Internacional para la Familia (MINFA), dependencia del Hotel Mercure, en Santiago Centro. En Valparaíso, el 20 de octubre fue atacado por encapuchados el Centro de Restauración Internacional (CRI-Chile) y, el día 26 de octubre, la Iglesia Presbiteriana de Valparaíso. En Temuco, en la madrugada del 20 de octubre fue atacada la Iglesia Asambleas de Dios y; en Araucanía, en el sector rural de la Púa, la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera.

En la ciudad de Los Andes, una multitud encapuchada expropió una farmacia para llevarle pañales, medicamentos y artículos de limpieza a un hogar de ancianos.

Como concierne a toda insurrección antiautoritaria, los políticos también han sido blanco de los ataques insurgentes sin importar el color ideológico de sus partidos. En Talca, personas encapuchadas quemaron la sede parlamentaria del senador ultraderechista Juan Antonio Coloma del Partido Unión Demócrata Independiente/Popular (UDI/P).  En total, ya han sido atacadas ocho sedes de la UDI y dos sedes de Renovación Nacional. El pasado viernes 22, un grupo de manifestantes de la Asamblea de Feministas de Arica, atacaron con pintura y escupitajos al senador del Partido Socialista, José Miguel Insulza, a las puertas de Radio Cappísima y; en horas de la madrugada de hoy en Punta Arenas, un grupo de afinidad atacó con bombas incendiarias el Espacio Comunitario La Idea, sede parlamentaria del diputado Gabriel Boric de Convergencia Social.

A pesar del creciente dinamismo subversivo y la participación protagónica del anarquismo insurreccional, algunos comunicados de grupos afines a la tendencia informal, señalan conductas paranoicas en  ciertos “compañeros” que apoyados en las teorías de la conspiración, en absurdas tesis sobre supuestos golpes de Estado y, otros presagios fantasiosos, llaman a la desmovilización y comienzan a generar miedo creando un clima de derrota anticipada.

Esta psicosis logró penetrar a algunos sectores formados en «la ominosa cultura ciudadana de creer que cada ataque es un montaje» y han comenzado a acusar a probados compañeros de ser “agentes encubiertos”.

Paralelamente, las estrategias impulsadas por el sistema de dominación a través de sus medios de domesticación masiva, han sido adoptadas por los manifestantes ciudadanistas que llevan a cabo una labor paramilitar anti-encapuchados que solo beneficia a nuestros enemigos. Esta atmósfera contrainsurgente, provocó que un grupo de manifestantes golpeara brutalmente a un joven y lo colgaran del puente Pio Nono, acusándolo de ser un policía infiltrado sin el menor fundamento.

Lamentablemente, estas actitudes nefastas aún prevalecen con gran arraigo en nuestras tiendas, particularmente en aquellas escenas contaminadas con el discurso liberal y entre quienes se asumen como parte integral de las llamadas “izquierdas”.

Las trampas de la paz: Coincidentia Oppositorum

Para decirlo con Bakunin: «Yo creo haber probado, y los acontecimientos no tardarán en demostrarlo mejor de lo que yo he podido hacerlo »[2] que, la primavera chilena comienza a encaminarse a una cierta extenuación. El fuego refractario está siendo sofocado. La flama anárquica empieza a languidecer.  El oxigeno que daba vida a la Anarquía se agota.

En sus Cartas a un francés sobre la crisis actual, Bakunin recomendaba «la acción inmediata no política del pueblo, por la sublevación en masa de todo el pueblo francés, organizándose espontáneamente de abajo a arriba, para la guerra de destrucción, la guerra salvaje a cuchillo» [3]; pero su exhortación data de 1870 y, definitivamente, ciento cuarenta y nueve años no han pasado en balde. De hecho, el propio Bakunin terminaría sus días muy decepcionado con la “masa” y, le apostaría más a la coordinación de voluntades afines, haciendo énfasis en la conspiración de las minorías refractarias y la propaganda por el hecho.

En nuestros tiempos, no podemos depositar la más mínima ilusión en la “masa”. Sabemos sobradamente como actúa la servidumbre voluntaria. Sí se verificara la insurrección generalizada y «la guerra de destrucción», «la guerra salvaje a cuchillo» tuviera lugar, el final de la película ya lo conocemos de antemano. Unos segundos antes que aparezca el rótulo: The End,  emerge un flautista de Hamelin que guía al rebaño de roedores a sus antojos.

Lo peligroso de la “masa” es su maleabilidad. Con la misma facilidad con que asiduamente la moldean los demócratas liberales, también la modelan los líderes religiosos y los dictadores. Su enorme plasticidad le permite –sin distingo– impulsar las más intrépidas gestas libertarias o avivar el fascismo más obsceno.

La ideología participacionista siempre juega su papel y termina retomando las riendas a través de la maquinaria de cooptación.

Basta echarle un ojo a la superproducción que desde ayer navega en las redes con tendencia a viralizarse en tiempo record, intitulada “El Pueblo Unido, Un Nuevo Amanecer”[4], para corroborar las intenciones fehacientes de los dispositivos de captura del sistema de dominación. Justo ahí, a partir de una narración aparentemente insignificante, cobra vida  la obra contrainsurgente.

Esto explica la exigencia del ángulo ancho para poder abarcar en la foto a los parlamentarios de todas las tendencias que hoy posan sonrientes por «los acuerdos alcanzados». Desde Wall Street a Zúrich los poderosos aplauden efusivos la cohesión de la clase política. ¡Histórico! Enfatizan a ocho columnas las portadas de los diarios impresos, anunciando la caída de la Constitución de Pinochet. La irreductible “Plaza de la Dignidad” (antes Plaza Baquedano o Plaza Italia) amanece mágicamente cubierta por un inmenso lienzo blanco como símbolo de paz.

La dialéctica marxista del poder constituyente comienza a monopolizar la lucha. No es casual el rol negociador de la Mesa de Unidad Social. La salida de la “crisis” por la izquierda es la receta idónea para darle continuidad a nuestro paraíso capitalista global. El “nacional populismo” –ya sea de “derecha” o de “izquierda”– es la solución. Desde América Latina a Europa nos lo imponen como el único camino de “reestructuración”, o sea, la vía para vendernos más capitalismo (pero ahora “con rostro humano”, off course).

Por eso el llamado a la “unidad popular” mediante un sonsonete meloso que rescata la trova de Quilapayún con ayuda de un novedoso arreglo musical –con cierta reminiscencia soviética–, acoplando una lírica panfletaria que reitera hasta el cansancio «la patria está forjando la unidad»[5].

Pese a las breves estrofas de un par de hiphoperos al servicio del patrioterismo vernáculo («No somos de derecha ni de izquierda/no somos de esa mierda» y, «vamos decididos como humanos sin partidos»[6]), es incuestionable la mano que mece la cuna. Las imágenes del videoclip son axiomáticas: una marcha multitudinaria y vario pinta ataviada de banderas chilenas y (en menor proporción) Mapuches, mostrando al final de la comparsa incontables pancartas y cartulinas registrando una amplia gama de demandas ciudadanas y, de cierre, con broche de oro, una gigantesca bandera nacional con el lema: «¡Vamos! Chile no se rinde»[7].

A modo de conclusión preliminar

Algunos compañeros consideran que aún no es momento de sacar conclusiones y que debemos esperar que «las aguas tomen su curso y se verifiquen los resultados de la insurrección» [8] . Aseguran que «la nueva Constitución, la nueva Asamblea Constituyente, la enminente caida de Piñera»[9] y, todo el conjunto de cambios políticos que se sucedan, son el meollo del «triunfo popular que transformará para siempre a la sociedad chilena»[10].

Estos “compañeros” insisten en que «pensemos en frío antes de emitir comentarios» [11] para poder apreciar el desenlace.

Más allá del uso de lugares comunes y el abuso de imágenes cursis, me queda claro que quienes así piensan le apuestan al restablecimiento de la normalidad.

Por el contrario, considero que el tiempo de cavilar es ahora: en caliente, conciliando el acto reflexivo con la excitación de la lucha, aún con el fuego cautivo en las pupilas y las manos negras por los residuos de la pólvora. Y, en consecuencia me pronuncio:

En estos días en que algunos ya celebran el «triunfo popular», es cuando comprendemos que nuestra carencia de libertad continuará flajelándonos con un nuevo rostro, con una nueva Constitución y, probablemente, bajo un nuevo gobierno. Es entonces cuando percibimos que nuestra meta nunca fue el subsidio al transporte público ni un alza en los salarios ni en las pensiones ni nuevas oportunidades de trabajo ni el fin del precariado ni la gratuidad de la educación; es cuando revelamos –ante propios y extraños– que nuestra lucha nunca fue por un Seguro Nacional de Salud ni por una nueva Constitución ni por una Asamblea Constituyente ni contra la corrupción ni por la transparencia democrática ni por la participación parlamentaria ni por la sensibilización de los pacos ni por el arribo al poder de un gobierno popular y, mucho menos por una nueva Patria.

Todo ese conjunto de demandas ciudadanistas sólo fue el pretexto para exacerbar la rabia y desatar las pasiones libertarias, la coyuntura sublime para extender el caos y darle vida a la Anarquía. Nosotros, las y los anarquistas, no luchamos por reformas. La lucha anárquica se lleva a cabo fuera de la esfera de los “derechos” legales. Por eso pienso que la guerra tiene que continuar.

Quizás terminaron los días en la barricada y concluyeron las expropiaciones multitudinarias pero ha llegado la hora de la natural decantación que potencializará el accionar de un reducido núcleo refractario que una vez más confirma la gravitación de los grupos de afinidad y la pertinencia de l@s lob@s solitari@s. Nuestra guerra es contra toda Autoridad, por el fin de la mercancia, por  la liquidación de la producción y de toda nocividad, por la destrucción del trabajo, por la destrucción del enemigo.

Llegó el momento de desterrar de nuestras tiendas la máscara de la corrección política y las actitudes anarco-izquierdistas que tan caro hemos tenido que solventar. Nuestro accionar no requiere de la aceptación y la empatía de la muchedumbre. Como atinadamente cuestiana Bonanno ¿cuánto nos cuesta llevar puesta la careta de la respetabilidad revolucionaria? [12]

«Los anarquistas a menudo no se presentan como lo que realmente son. No dicen de inmediato: somos anarquistas, queremos destruir al enemigo. Por lo general son más suaves, para no asustar a los que están escuchando. Porque piensan que el crecimiento cuantitativo puede fortalecer al movimiento anarquista, creen que de esa forma los anarquistas, que hoy son cien o, mil, mañana pueden ser diez mil, cien mil, y hacer posible la revolución.»[13]

En un mundo tripolar (EE.UU/China/Rusia), donde paradójicamente, ya no se enfrentan programas ideológicos “opuestos” sino tres variaciones de un expansionismo capitalista depredador con intereses y enemigos comunes[14], nos queda muy claro que no hay alternativa, no hay “triunfo” viable. No hay Revolución posible, solo un mundo que destruir.

Ante ello, la pregunta de rigor en el tema que nos ocupa es ¿hacia dónde va Chile? Es decir, que intenciones subyacen realmente tras el eslógan «¡Vamos! Chile no se rinde» que aparece a manera de epígrafe sobre la gigantesca bandera con que finaliza el videoclip antes mencionado.

Para responder esta interrogante, tal vez haya quien nos recomiende repasar antes los “vaticinios” de algunos marxistas libertarios posmodernos que vislumbran en el “aceleracionismo” el derrumbe del capitalismo mediante su exceso de desarrollo y otean supuestos signos de poscapitalismo en el propio desarrollo del capitalismo global posindustrial en transición a la Edad Colaborativa (donde se regenerará la biósfera y se establecerá «una economía global más justa, más humanizada y más sostenible para todos los seres humanos de la Tierra»)[15] .

Sin duda, estos videntes optimistas que aseveran que tras la ola de insurrecciones planetarias se entrevé  el fin del capitalismo solo intentan apaciguarnos y distraernos por el camino de la “construcción social”, enterados que no transigiremos en nuestros esfuerzos por la destrucción de todo lo que nos oprime porque nuestra lucha es por la liberación total.

Conscientes estamos que asistimos al fin de un ciclo económico y ello conlleva múltiples transformaciones generadoras de exclusión, frustraciones y desesperanza. El “consenso de Washington” ha concluido, dando paso a un modelo multicéntrico del capitalismo global. Estados Unidos, China, Rusia, Europa y, de cierta manera, América Latina[16], representan modelos específicos de ese  capitalismo global que se expande sin límites en todos los confines de la Tierra.

A pesar de las “características específicas” de cada uno de estos países o bloques de países, todos dejan intacta la economía de mercado, lo que reduce en la práctica las “diferencias” a la manera en que cada proyecto particular reprime los antagonismos locales que emergen de la dinámica del desarrollo capitalista global.

Es irrefutable el avance a paso agigantado del capitalismo desde el Congo al Ecuador. China y Viet Nam son ejemplos fidedignos de su rápido crecimiento. Pese a todos los augurios, el capitalismo se renueva con cada “crisis” y presume una salud inquebrantable. Lo que nos lleva a concluir que sea cual sea el desenlace de esta insurrección, Chile se dirije inexorablemente hacia más capitalismo.

Así, el “porvenir” [17] que pronostica el remix de El Pueblo Unido, se reduce a más de lo mismo pero ahora, probablemente de la mano de la izquierda. «La luz/de un rojo amanecer»[18]  que anuncia «la vida que vendrá»[19]  no es sino la extraña luminosidad escarlata de la niebla tóxica de las principales ciudades chilenas[20] , el aviso de la hecatombe ambiental que se aproxima por la elevada contaminación industrial, la despiadada explotación minera y la sobrecarga vehícular, todo obra y gracia de la depredación capitalista y; «la vida que vendrá», consecuentemente, será posapocalíptica pero, para entonces, seguro tendremos que agradecer a Monsanto por las provisiones de frutas y verduras a precios accesibles, en los albores de un capitalismo colaborativo.

Empero, esta certeza no nos amedrenta. Al contrario, nos invita a abandonar todos los encasillamientos utópicos y a reafirmar la Anarquía en el siglo XXI como un campo de guerra permanente. Reconocer que no hay alternativa, no es un llamado a claudicar sino la expresión gutural que nos incita al abordaje anárquico con el cuchillo entre los dientes, una propuesta de guerra cotidiana: todas las razones inmanentes para hacer que viva la Anarquía aquí y ahora, hasta que no quede huella de institución o autoridad alguna.

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 24 de noviembre de 2019.

Posdata ineludible: El enemigo de la Anarquía en Chile ya no es el gobierno represivo de Piñera (con sus pacos asesinos en la calle y los milicos bayoneta en ristre) sino aquellos que celebran sinceramente el “triunfo” y comienzan a jugar la carta de la Asamblea Constituyente y afilan sus colmillos para abril 2020. El nuevo enemigo es esa fuerza instituyente que comienza a mostrar el rostro. Combatirla  –con la misma furia con que se ha confrontado a los actuales poderes– es el objetivo. Queda poco tiempo y mucho por destruir. Aún no se ha incendiado ninguna sede del Partido Comunista ni se le ha otorgado su merecido baño de mierda al diputado Boris Barrera.

 

[1] Con información recabada a partir de los comunicados de diferentes grupos de afinidad y/o colectivos alojados en los portales afines Anarquía Info (//anarquia.info), ContraInfo (//es-contrainfo.espiv.net) y, ANA (//noticiasanarquistas.noblogs.org/) y, a través del intercambio epistolar con entrañables compañeros y compañeras, testigos y protagonistas de los acontecimientos.
[2] Bakunin,  Miguel, Cartas a un francés sobre la crisis actual, 25 de agosto de 1870, recogido en: Obras completas, tomo I, Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1977,  P.55.
[3] Ibídem, P.78.
[4] Disponible en: //www.youtube.com/watch?v=IUOF9wxrYFI
[5] Ibídem.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem.
[8] Quienes rubrican la misiva en cuestión no merecen ser citados y exigen una respuesta in situ mucho más contundente que la que les puedo dar por esta vía .
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem.
[12] Conferencia multicitada en mi carta anterior, impartida en la Universidad Pantio, Atenas. Recogida en: Alfredo M. Bonanno, Dominación y revuelta, segunda edición revisada y corregida con adiciones, Edizioni Anarchismo, Trieste, 2015. pp. 139 – 176
[13] Ibídem.
[14] O al menos, eso intentan hacernos creer. Estados Unidos, China, Rusia e incluso Irán, comparten intereses en el combate a ISIS y sus células internacionales,  aunque en realidad simulan combatirlo con el objetivo de machacar a sus verdaderos enemigos.
[15] Tal es el caso de Jeremy Rifkin y su denominado “procomún colaborativo” –que tanto ha permeado en nuestras tiendas– donde identifica un nuevo modo de producción e intercambio que renuncia a las relaciones de mercado y a la propiedad privada, de la mano del “Internet de las cosas” y las ventajas de una sociedad de coste marginal casi nulo dando paso a la “cornucopia sostenible”.  Para mayor información, Vid., Rifkin, Jeremy, La sociedad de coste marginal cero: El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el ecplipse del capitalismo, Paidós, Barcelona, 2014.
[16] Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que en Latinoamérica el capitalismo populista está en ascenso. Cuba, Nicaragua, Venezuela y la Bolivia del depuesto Evo Morales, son ejemplos concretos del Capitalismo de Estado del Siglo XXI. El Hombre Nuevo ha sufrido una contundente metamorfosis y ha devenido en Homo Capitalista, dispuesto a arrasar y devastar la Tierra. Aquel viejo chiste cubano de finales de los setentas cobra sentido: “los gusanos han regresado transformados en mariposas”.
[17] Por esas coincidencias fútiles de la vida la letra del remix ha sido sugestivamente alojada en: //www.marxists.org/subject/art/music/lyrics/es/el-pueblo.htm
[18] Ibídem.
[19] Ibídem.
[20] Chile tiene nueve de las diez urbes más contaminadas de América Latina (Padre las Casas, Osorno, Coyhaique, Valdivia, Temuco, Santiago, Linares, Rancagua y Puerto Montt). //radio.uchile.cl/2019/03/06/ciudades-chilenas-son-las-mas-contaminadas-de-sudamerica/

Carta a un(a) chileno(a) sobre la situación actual. (Parte I).

Escrito por Gustavo Rodríguez. Parte I de II.


—A Joaquín García Chanks y Marcelo Villarroel Sepúlveda, compañeros y co-conspiradores.

“… toda opinión revolucionaria extrae su fuerza de la secreta convicción de que no se puede cambiar nada.”
– George Orwell, El camino a Wigan Pier.

“Alicia: ¿Cuánto dura para siempre?
Conejo blanco: A veces sólo un instante.”
Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.

El mal-estar es el nuevo punto de partida de las impetuosas protestas populares que recorren la geografía global. Hong Kong, Francia, Argelia, Irak, Haití, Líbano, Cataluña, Ecuador, Bolivia y Chile, son los fastuosos protagonistas de la ola de revueltas urbanas multitudinarias que estremece al mundo.

Si bien es cierto que estas profusas protestas tienen detonantes muy particulares que las explican (específicamente Hong Kong y Cataluña con sus devaneos independentistas), sería ingenuo pensar que esta rabia acumulada está desconectada. El incremento en los costos de bienes y servicios, aunado a la austeridad –con su consiguiente pérdida de empleos y la desigual supervivencia económica a medida que el crecimiento global se desacelera–, son el denominador común de la mayoría de estas movilizaciones.

Sin embargo, es innegable que estas protestas también comparten otro gran telón de fondo que rebasa con creces el análisis economicista y que muy convenientemente no se aborda en los medios de domesticación masiva e intencionalmente se escapa al análisis de los politólogos y los apologistas de la dominación: la convulsión antigobernista, el hartazgo contra quienes gobiernan y, contra todos los partidos políticos sean del color ideológico que sean. Característica que constriñe la ausencia de liderazgos y/o dirigentes y, facilita la efímera concreción de la Anarquía.

Sin duda, los rasgos específicos de este último ensamblaje antagonista, excita a priori a muchas compañeras y compañeros anarquistas, que continúan analizando los acontecimientos a través de la lente de la ideología y se mantienen varados en anquilosados paradigmas decimonónicos. Nada más letal para las ideologías que la realidad misma.

Evidentemente, aquel viejo modelo de sociedad anarquista que se configuraba alrededor de un marco valorativo, de un prototipo de sociedad, de un proyecto de cambio y de una práctica correspondiente, ya no puede ser replicado en nuestros días.

Como bien señaló el compañero Alfredo Bonanno en una de sus conferencias celebradas en Atenas, intitulada La destrucción del trabajo: «Lo primero que debemos eliminar de nuestras mentes es pensar que en el futuro, aún en el caso de concretarse la revolución, hay algo que heredar del Estado y el Capital. ¿Recuerdan los viejos análisis de compañeros de hace veinte, treinta años, cuando se pensaba que a través de la expropiación revolucionaria de los medios de producción de las manos de los capitalistas y su entrega a los proletarios –debidamente educados en la autogestión–, se crearía la nueva sociedad? Pues esto ya no es posible.»i

Hoy, no basta con la multiplicación de las revueltas espontáneas ni con la generalización de la huelga ni con el triunfo de una Revolución Social ni con expropiar los medios de producción e invertir las estructuras piramidales de dominación para que las condiciones autogestionarias y libertarias de convivencia se materialicen como posibilidad inmediata.

Empero, no podemos conformarnos con señalar que las viejas luchas ya no son válidas en nuestros días.

De nueva cuenta estamos con la misma incapacidad de siempre de poder cruzar la línea y pasar de una vez por todas al otro lado. Con la incapacidad de abandonar el callejón sin salida que nos induce el Poder, de librarnos de nosotros mismos, de desenmarañar el camino y renunciar definitivamente al recorrido circular. Nos toca entonces revisar minuciosamente nuestro andamiaje histórico, retirarle las tablas podridas y/o erosionadas por el tiempo y remplazarlas por sólidos y frescos maderos.

Tendremos que re-pensar la Anarquía o, pensar contra el pensar. Invertir los diagramas. Pensar –nos recuerda Deleuze desde el Infierno–, consiste en «lazar cada vez una flecha desde uno mismo al blanco que es el otro, hacer que brille un rayo de luz en las palabras, hacer que se oiga un grito en las cosas visibles. Pensar es lograr que ver alcance su límite, y hablar el suyo (…) es emitir singularidades, lanzar los dados. La tirada de dados expresa que pensar siempre procede del afuera (ese afuera que ya se hundía en el intersticio o constituía el límite común). Pensar no es algo innato ni adquirido. No es el ejercicio innato de una facultad, pero tampoco es un learning que se constituye en el mundo exterior.»ii

Déjà vécu

Para quienes éramos adolecentes en aquel icónico año de 1968 –y para aquellos que me aventajan en almanaques y lo vivieron lanzando adoquines o en escenarios mucho más comprometedores–, las exuberantes revueltas que hoy nos ocupan nos provocan una suerte de déjà vécu, es decir, esa sensación de “ya vivido”, de que la historia se repite o de haber enfrentado esa misma experiencia en el pasado.

En efecto, las movilizaciones masivas no son nuevas. Las manifestaciones setentayocheras también fueron multitudinarias y conformaron un movimiento arrasador de contenido antiautoritario –jamás previsto y mucho menos promovido por las iglesias del anarquismo oficial de aquel momento– que desbordó las coordenadas políticas y económicas que lo expresaron dando vida a una crisis civilizatoria que ponía en jaque a la sociedad disciplinaria y anticipaba la crisis del mundo capitalista de la década de 1970 y el derrumbe del Estado benefactor.

Después siguieron las protestas –igualmente multitudinarias– contra la guerra en Indochina (Viet Nam, Laos y Cambodia). Posteriormente, vendría el mayo del 77 italiano, seguido de las manifestaciones antinucleares y, para cerrar el siglo, en el año de 1999, se desataría una cadena de movilizaciones contra la denominada “globalización” a nivel internacional (Seattle, Washington, Praga, Quebec, Génova, Barcelona, Tesalónica, Varsovia, Guadalajara) extendiéndose hasta 2004.

Con fecha mucho más próxima en el tiempo, vimos las masivas movilizaciones y acampadas protagonizadas por el movimiento 15-M, también bautizado como “movimiento de l@s indignad@s” (2011-2015) en el Estado español y, su réplica, el movimiento Occupy Wall Street (de 2011-2012); así como las protestas en la Plaza Síntagma de Atenas y las realizadas por el movimiento Nuit debout en París y, aún más recientes, las realizadas por “Los chalecos amarillos”.

Pese al espíritu contestatario que las animó y su expontaneidad manifiesta, todas estas movilizaciones (sin excepción), agotaron su férreo ímpetu insumiso recreando la dialéctica marxista del poder constituyente y, concluyeron atrapadas en los dispositivos de captura del sistema de dominación. Como nos recuerda el compañero Bonanno «La máquina del 68 produjo los mejores funcionarios del nuevo Estado tecno-burocrático».iii

He aquí la portentosa capacidad de cooptación por parte de las estructuras de dominación de los movimientos sociales como fuente inagotable de restauración.

Así, vimos transformarse al “movimiento de l@s indignad@s” de las plazas del Estado español en Podemos y constituirse en defensores de la ley y el orden en nombre de los humildes; y a Syriza, abandonar las plazas de Atenas e implementar las políticas de austeridad de la Unión Europea, convirtiéndose en su fiel ejecutor una vez en el gobierno. O, a la Nuit debout llamando a instituir una nueva Constitución y, al movimiento Occupy Wall Street, engrosando las filas de Bernie Sanders en su contienda por la Casa Blanca.

En realidad, un vez hecho este recuento de protestas y movilizaciones pasadas, nos surge cierta incertidumbre que nos invita a cuestionarnos si realmente estamos percibiendo un déjà vécu, es decir; si de verdad se está repitiendo la historia y si tenemos la absoluta certeza de que estas vivencias ya sucedieron antes o, estamos experimentando una alteración de la memoria que nos hace creer que recordamos situaciones que nunca han ocurrido y, verdaderamente, estamos ante un fenómeno nunca visto, nunca oído y ni siquiera soñado.

Si en Mayo del 68 las protestas fueron inspiradas en la utopía constituyente –al igual que toda la retahila de movilizaciones antes mencionadas–; es evidente la ausencia de perspectiva utópica en las actuales movilizaciones que estremecen al mundo. La rabia y la desesperanza no tienen motivaciones utilitarias, no son políticas ni idiológicasiv, son “irracionales”, van más allá de la negación intrapolítica y están impulsadas por una tensión disutópica.

Aunque por momentos la protesta se entremezcle y confunda con las demandas ciudadanistas impulsadas por partidos y sindicatos –siempre prestos a sumarse a la reacción populista predominante–, la excedencia negativa que emerge de la misma articula las pasiones reprimidas y la fuerza erótica de la sedición creando subjetividades insurreccionales volátiles que dan fugaz vida a la Anarquía, subvirtiendo el orden y provocando crisis en los dispositivos de captura.

Instantáneas de la revuelta chilena (primer acercamiento)v

Desde el 18 de octubre del año en curso, Chile se ha convertido en el epicentro de la insurrección latinoamericana, regalándonos verdaderas batallas callejeras contra milicos y esbirros de la policía. Tras quince días de perenne revuelta, el fuego insurgente generalizado ha logrado interrumpir la inmunda normalidad que prevalecía tras el amañado “tránsito a la democracia”, después de largos años de fascismo, impuestos a sangre y fuego por la dictadura militar-empresarial del general Augusto Pinochet.

Sin lugar a dudas, la insurrección generalizada que hoy se vive en Chile es el rostro fehaciente de la desesperanza, el gesto nihilista de quien ha abandonado la espera, la explosión de la rabia anárquica que hemos venido intuyendo desde comienzos de siglo una nutrida órbita de afinidades subversivas, un conjunto de cómplices y co-conspiradores con vívida presencia y experiencia práctica alrededor del mundo.

Más allá de los miles de grafitis de templado puño ácrata que hoy dan aliento a la prologada rebelión en las ciudades de Santiago, Valparaíso y Concepción, la conflictividad se manifiesta de múltiples maneras a lo largo de la región chilena.

En Santiago, además de la movilización de 1.2 millones de manifestantes que ha hecho noticia en todos los telediarios –con sus efectos performativos y su magnitud simbólica–, se ha concretado el acostumbrado ataque a los íconos de la dominación, descargando toda la ira contenida contra las multinacionales capitalistas, destruyendo la mercancía, quemado decenas de autobuses del transporte público, vehículos y edificios, saboteado e incendiado estaciones del metro y, realizado numerosas expropiaciones multitudinarias en tiendas y supermercados.

Continuando con el asalto a los símbolos, fue atacado en tres ocasiones el canal de televisión “Mega” por jóvenes enmascarados con artefactos incendiarios. Una estatua en honor a la policía fue volada en pedazos en la comuna Barnechea, junto a tantos otros monumentos –símbolos icónicos de la dominación–, que han sido destruidos en incontables plazas del país.

De igual modo, ríos de manifestantes han intentado tomar La Moneda en repetidas ocasiones, enfrentando la feroz respuesta de milicos y carabineros. El asalto a la casa de gobierno, se ha convertido en el objetivo principal de la insurrección social, impulsando cierta reminiscencia de la toma del Palacio de Invierno que debería llamarnos a la reflexión.

Apuntes para una reflexión colectiva

¿Por qué tendríamos que asaltar La Moneda? Nuestro propósito no es tomar palacios sino demolerlos. O lo que es lo mismo: sustraernos del Poder. Es decir, aplastar cada vestigio del poder constituido y abortar todo intento de poder constituyente.

En este sentido, debe quedarnos muy claro que los esfuerzos convergentes de los pacos rojos y demás agentes de la izquierda del Capital, con su Mesa de Unidad Social y sus insistentes llamados al plebiscito, a «una nueva Constitución con participación ciudadana vinculante» y, a la conformación de la Asamblea Constituyente; al igual que la intentona controladora del Movimiento Allendista por una Nueva Constitución vi; o la repulsiva convocatoria del Frente Patriótico Manuel Rodríguez a «los militares patriotas, a los carabineros conscientes» a que «se subordinen al pueblo y aporten a la lucha y al término de los malos gobiernos»vii; y los alaridos esquizoides de Izquierda Libertaria y, Socialismo y Libertad clamando por la «unidad popular»; no solo son ajenos a nuestros objetivos de lucha sino que representan un nuevo intento de perpetuar la dominación y afianzar al Capital “con rostro humano”. Tentativa que debemos combatir con el mismo impetú con que enfrentamos al poder constítuido.

Incluso, ante el llamado del ala más radical de la socialdemocracia armada, el denominado Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo (FPMR-A) y el Movimiento de Izquierda Revolucionario-Ejército Guerrillero de los Pobres (MIR-EGP), no sólo nos toca mantener una sana distancia extremadamente escéptica sino confrontar por todos los medios posibles su oferta de Poder Popular.

Desafortunadamente, aún hay compañeras y compañeros que insisten en el carácter “social” de la revuelta contemporánea y mantienen sus expectativas en una pretendida –e irrealizable en nuestros días– sociedad libertaria que, como bien señaló Alfredo en la conferencia antes citada: «estoy convencido que incluso si “la anarquía se realizara”, los anarquistas serían críticos de esa anarquía constituida. Porque ese anarquismo sería una institución anarquista, y estoy seguro que la gran mayoría de los compañeros estarían en contra de ese tipo de anarquismo»viii

Para muchos amantes de la lucha social desde las múltiples y particulares interpretaciones del anarquismo, debemos «comprender que la lucha contra el capital tiene varios frentes y formas de acción» para poder avanzar «hacia el futuro, nuestro futuro».ix

Afirmación ésta no solo difícil de “comprender” sino de digerir desde la óptica anárquica contemporánea sin sucumbir en posicionamientos reformistas de claro signo socialdemócrata. Sin duda alguna, los integrantes del colectivo editorial de este zine –y quienes lo reproducen casi seis años después–, todavía tienen fe en «nuestro futuro» y para ello, no escatiman en conformar alianzas con «otros revolucionarios» y participar en «varios frentes» y en diferentes «formas de acción».

Indiscutiblemente, cuando se buscan alianzas se termina por modificar los objetivos en aras de la justificación política de la lucha: un «futuro mejor». Sin reparar que la fe en el futuro es esencial para perpetuar la dominación. Vivir siempre en futuro es precisamente el método tradicional para no vivir aquí y ahora, apartándose para siempre del conflicto permanente implícito en el concurso de la guerra anárquica. ¡Eso ya nos lo advertía desde hace un siglo nuestro Novatori!

En el fondo, detrás de ese posicionamiento, se albergan las desfasadas aspiraciones instituyentes. Fieles al eco de los cantos de sirenas, intuímos en ellos coplas de elogio a la libertad –que siempre retumban en los albores de toda Revolución–, ignorando que en realidad son himnos de alabanza al nuevo Poder constituyente.

Después, vendrán las ingenuas elucidaciones en busca de motivaciones y causas de “las desviaciones”, de las “traiciones” y se repetira hasta el cansancio la vieja historia de la “revolución traicionada”, en vez de vislumbrar que la Revolución jamás ha estado (ni estará) del lado de la libertad sino al servicio del Poder porque toda revolución es intrísecamente instituyente.

Los Robespierre, el Comité de Salvación Pública, los Lenin, los Stalin, los Castro, la KGB, no son alteraciones y deformaciones de los llamados “procesos revolucionarios” sino su natural consecuencia.

De ahí, nuestra compulsiva obsesión por “reinventar” la Anarquía, para restituirle a la teoría –pero sobre todo a la práctica– su potencia emancipadora. Nada más obsceno en nuestros días que abandonar la Anarquía en nombre de una versión vulgar del “comunismo libertario” posmoderno al que nos convidan como alternativa. Hay que desmantelar los fetiches que nos mantienen varados y renunciar a las alternativas (a todas las alternativas a la venta). Cualquier alternativa a la Anarquía es un signo de claudicación y una salida cobarde que busca perpetuar la dominación bajo la insidiosa máscara de las transformaciones.

Lamentablemente, la visión distorsionada de la ideología –fuertemente enquistada en nuestras tiendas–, aún invita a muchos a concebir el anarquismo como una realización (que “dura para siempre”), en lugar de admitir que se trata de una tensión disutópica que nos proporciona instantes de Anarquía que tenemos que extender mediante el ataque certero pero, para poder cristalizar el ataque, para materializar la voluntad destructora, se requiere la previa organización de la insurrección anárquica; es decir, se necesita la articulación informal de pequeños grupos de afinidad capaces de coordinarse e intervenir anárquicamente durante un movimiento insurreccional espontáneo.

Así y solo así, damos vida a la Anarquía en esas interrupciones efímeras de toda “normalidad”, extendiendo el talante ilegalista, propagando el caos hasta las últimas consecuencias, destruyendo el trabajo y todos los pilares de la dominación.

Como nos recuerda Conejo blanco (Alicia en el país de las maravillas): para siempre a veces sólo dura un instante y es en ese lapso de tiempo que debemos de hacer estallar todos los puentes de retorno, quemar todas las naves de regreso e, incendiar la mercancía, demoler la máquina recuperadora. Para ello debemos de estar preparados aunque meramente se concrete un efímero instante de Anarquía, sabedores que su existencia es sólo de ocasión.

El objetivo no es luchar para instaurar el anarquismo. Lo esencial es vivir la Anarquía en la lucha cotidiana con esa pasión vital que nos inunda y potencia nuestro intransigente accionar, recordándole a los vencedores del presente que JAMÁS volverán a dormir en paz.

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 2 de noviembre de 2019.

i Conferencia impartida en la Universidad Pantio, Atenas. Recogida en: Alfredo M. Bonanno, Dominación y revuelta, segunda edición revisada y corregida con adiciones, Edizioni Anarchismo, Trieste, 2015. pp. 139 – 176

ii Deleuze, Gilles, Foucault, Ediciones Culturales Paidós, México, 2016, pp. 151-152.

iii Bonanno, Alfredo M., El placer armado, disponible en:https://zinelibrary.files.wordpress.com/2016/01/el_placer_armado.pdf (Consultado 1/11/19).

iv Vale aquí, de nueva cuenta, hacer la distinción de los casos de Hong Kong y Cataluña, donde las motivaciones sí son políticas e ideológicas.

v Con información de los portales afines Anarquía Info (//anarquia.info), ContraInfo (//es-contrainfo.espiv.net) y, ANA (//noticiasanarquistas.noblogs.org/)

vi Alianza proto stalinista conformada por el Partido Comunista-Acción Proletaria (PC-AP), Izquierda Cristiana (IC) y, el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).

vii FPMR, “Un gobierno provisional, una Asamblea constituyente, nueva constitución”. Disponible en: //www.fpmr.cl/web/ (Consultado 1/11/19).

viii Óp.Cit., Alfredo M. Bonanno, Dominación y revuelta, pp. 139 – 176.

ix V.P., Colectivo La Peste, “La organización en la lucha social: una crítica libertaria”, Publicado originalmente en Pestezine, Nº11, Mayo 2013, republicado por quienes insisten en la misma cantaleta el 22 de enero de 2019 en Portal Oaca, Disponible en: //www.portaloaca.com/opinion/14123-la-organizacion-en-la-lucha-social-una-critica-libertaria.html (Consultado 1/11/19).

¡Aplastémosle la cabeza!

Escrito realizado por Gustavo Rodríguez aparecido en la publicación chilena Madre Tierra.


«…esos socialistas […] no pudiendo decir que nosotros traficamos con los principios o explotamos a nuestros compañeros, fingen tenernos lástima y dan a entender que somos ilusos o estamos locos; cuando subimos las gradas del cadalso y vamos por cientos a las prisiones, enmudecen por el despecho […] Va siendo ya tiempo que les arranquemos el antifaz y los presentemos tal cual son. Tenedlo entendido, esas figurillas son más perjudiciales que los mismos capitalistas […] tratándose de tales sabandijas, se hace un gran servicio a la causa de nuestra emancipación aplastándoles la cabeza.»

José Cayetano Campos,
Mayo de 1888.

Le sobraba razón y clarividencia a J.C. Campos –por allá de los ochenta del Siglo XIX– para fustigar a la repulsiva izquierda que, desde aquellos años, intentaba desprestigiar, desarticular e infiltrar al movimiento anarquista a ambas orillas del Atlántico, imponiéndonos su visión economicista y, su programa autoritario y reformista. Desde las páginas de su periódico (El Despertar), en la ciudad de Nueva York y, El Productor de Barcelona, Campos incitaba a los anarquistas a aplastarle la cabeza a “tales sabandijas”, oponiéndose radicalmente al legalismo izquierdista que hacía estragos en nuestras tiendas. En efecto, frente a estas desviaciones –ya desde 1885–, Campos dejaba constancia de su propuesta ilegalista en una ponencia que enviara al Primer Certamen Socialista Libertario a celebrarse en Reus, donde planteaba la insurrección anárquica en total oposición a la tendencia legalista que por aquellas fechas dominaba el anarquismo ibérico bajo la tutela de la Comisión Federal de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE)i. Con sus crónicas, artículos y cartas –publicadas en El Productor de Barcelona y, El Productor de La Habana–, influyó de manera terminante en las reflexiones del anarquismo castellanoparlanteii, impulsando las resoluciones del Congreso Internacional Anarquista de Londres (1881) y el llamado a la «propaganda por el hecho» de manera individual y colectiva, invitando a abandonar las ataduras de la legalidad. Fue él quién promovió el radical accionar anárquico contra los representantes del Estado y los amos capitalistas, además de avivar la organización informal en pequeños grupos de afinidad. Estas propuestas verían sus frutos en la década de 1890 en la región española (metodología que se prolonga hasta entrados los años treinta del siglo XX, propagándose en todos los confines de la Tierra donde hubiese presencia anárquica) y pondrían fin a la FTRE en el Congreso de Valencia (1888), disolviendo esta pesada estructura que «caminaba anémica en su mal llamado anárquico»iii, dando paso a la Organización Anarquista de la Región Española (OARE). Decisión que marcaba el «nuevo rumbo tomado por la mayoría de los anarquistas de España»iv e inducía la coordinación en red de los grupos de afinidad para la acción anárquica, con plena autonomía para los grupos locales. Esta «evolución» teórico-práctica, se concretaba en 1890 con un portentoso salto cualitativo que rompía con las tácticas izquierdistas y marcaba distancia con la penetración progresiva de los «discípulos de Marx». En una invocación, publicada en la edición número 197 de El Productor, con fecha 30 de abril de 1890, se exponía sin tapujos: «La libertad no se pide, se toma […] obran muy mal los compañeros que se limitan a hacer una manifestación y acudir a las autoridades para que sea atendida su petición». Y, en otro artículo de ese mismo número, dejaba en claro que «Las ocho horas es un grito de guerra; mejor dicho, un episodio de guerra, pero no el objetivo de nuestra guerra»v. Como era de esperarse, tras este ejercicio consciente de demarcación, la edición número 198 de El Productor, del viernes 4 de julio de 1890, vería las calles sin el acostumbrado subtítulo de “periódico socialista”, calificativo que «no podemos ya con decoro ostentar un minuto más» y, en su lugar, se asumiría resueltamente anarquista.

Me tomé la licencia de traer a colación esta riquísima página de nuestra historia con dos finalidades. La primera, demostrar, una vez más, que el anarquismo y la izquierda –incluidas las mil y una sectas leninistas–, transitamos sendas opuestas desde el antediluviano nacimiento del mismísimo Matusalén. Y, la segunda, invitar a todas y todos los lectores afines a cuestionarnos cuándo y por qué abandonamos la anárquica práctica de aplastarles la cabeza (sin misericordia) a “tales sabandijas”. No como una actividad específica en la que pongamos particular empeño, sino como una práctica consecuente, que nos motive a cultivar la misma enjundia que ponemos en machacarle la cabeza a la derecha, ratificando que no somos (ni hemos sido, ni seremos) de izquierda, ni tampoco somos (ni podemos ser) sus “compañeros de viaje”, porque tenemos objetivos antagónicos.

El viejo movimiento anárquico de los siglos XIX y XX, combatió constantemente y sin reserva todos los intentos recuperadores y/o represores de la socialdemocracia (cuartelera o electoral), confrontando las traiciones de la izquierda en todos los confines. Sobran ejemplos que ilustran y corroboran esta práctica:

El editorial del periódico «Anárjiya» del 25 de septiembre de 1919, es una evidencia indiscutible del llamado de los anarquistas rusos a desatar e intensificar una ola de atentados contra los bolcheviques, proclamando la “era de la dinamita” en respuesta a la represión que Lenin y Trotsky habían iniciado en su contra. Ese mismo día, la sede del Comité Central del Partido Comunista de Moscú, sería destruida por una potente carga explosiva, dando muerte a doce miembros del partido y dejando heridos a más de medio centenar, entre los que se encontraban Emilián Yaraslavski y Nikolái Bujarín. De 1919 a 1922, los anarquistas rusos, realizarían múltiples atentados dinamiteros y represalias armadas contra los leninistas, ejecutando en las calles de Moscú a cuadros medios y bases del Partido Comunista. Lamentablemente, la llamada «Tercera Revolución», fue aplastada por el Estado bolchevique, encarcelando y asesinando a todos los anarquistas que no lograron exilarse.vi

El 28 de julio de 1933, la Ciudad de La Habana quedó paralizada al estallar una huelga del sector de Motoristas y Conductores, a la iniciativa también se sumaron los obreros tranviarios. La «Guerra de Brazos Caídos»vii–promovida por los anarcosindicalistas de la Federación Obrera de La Habana (FOH), la Federación de Grupos Anarquistas de Cuba (FGAC) y, los sectores revolucionarios más radicales–, se extendió por toda la Isla, concretándose la invocada huelga general hasta el derrocamiento del tirano (Gerardo Machado). «El día 7 de agosto, cuando el gran movimiento de brazos caídos contra el Machadato se mantenía firme en toda la Isla»viii y era indudable el derrocamiento de la dictadura, el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), siguiendo órdenes de Moscú, pactaba con el tirano el fin de la huelga, llamando a todos los sectores a regresar al trabajo, a cambio del reconocimiento del Partido Comunista y el brazo de la Komintern en la Isla (Defensa Obrera Internacional), así como la administración y dirección del Campamento Provisional General Machado. Ese mismo día, los esbirros de Machado salieron a las calles con la orden de asesinar, ametrallando al pueblo en general. Sin embargo, la huelga no se detuvo, haciendo caso omiso al llamado de los bolcheviques caribeños. En represalia, la noche del 27 de agosto, los comunistas protagonizaban el asalto armado al local de la FOH, asesinando a un compañero e hiriendo a otros. La Federación de Grupos Anarquistas de Cuba, respondería con un «Manifiesto» en el que dejaba constancia que «consciente de su responsabilidad histórica en el actual momento de confusión, debido a la infiltración de los bolcheviques (Confederación Nacional Obrera de Cuba y Partido Comunista) en el movimiento obrero de Cuba, se ve obligada a exponer […] la rastrera labor del Partido Comunista y de la CNOC, mientras se desarrollaba en los últimos días el gran movimiento de brazos caídos que se extendió por toda la República y que, indudablemente, sacudió y aceleró la caída del Machadato»ix, reafirmando su postura anti-leninistax y, retomando la guerra sin cuartel contra los eternos traidores.xi

Entre los días 3 y 8 de mayo de 1937, tendrían lugar las famosas «Jornadas de Mayo» en Barcelona. El lunes 3, más de un centenar de policías a las órdenes del consejero de Orden Público de la Generalitat, irrumpieron en la Central Telefónica –gestionada, mediante un decreto legal, por la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT)–, con el objetivo de controlar ese estratégico centro de comunicaciones. Ante la agresión, los trabajadores anarcosindicalistas respondieron con fuego, lo que provocó que las autoridades policiacas pidieran refuerzos. Tres camiones de las repudiadas Guardias de Asalto (controladas por los stalinistas), acudirían al llamado junto al jefe de la Comisaría (“anarquista”) y el jefe de las Patrullas de Control (también “anarquista”). Tras el enfrentamiento, Dionisio Eroles, jefe de la Comisaría, exigió a los anarcosindicalistas deponer las armas, permitiendo la ocupación militar de las instalaciones. Siendo esta la gota que derramaría la copa de las tensiones entre las fuerzas que constituían el gobierno frentepopulista del Consell de la Generalitat (Esquerra Republicana de Cataluña, la Confederación Nacional del Trabajo, la Federación Anarquista Ibérica, la Unió de Rabassaires, la Unión General de Trabajadores y el Partido Socialista Unificado de Cataluña) y, las fuerzas revolucionarias, donde destacaba la base anarcosindicalista. La respuesta de los anarquistas –particularmente las Juventudes Libertarias– y, los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), junto a otros grupos minoritarios como la Asociación Amigos de Durruti (proto plataformista) y la trotskista Sección Bolchevique-Leninista de España (SBLE), no se hicieron esperar, levantando barricadas y confrontando con las armas a la coalición de partidos reformistas y sindicatos que conformaban el Frente Popularxii. En pocas horas, se desató en Barcelona una verdadera guerra social al interior de la propia guerra civil que se extendería a otras ciudades vecinas como Tarragona y Reus y, continuaría hasta las primeras horas del día 8 de mayo. Al día siguiente (4/5), grupos de anarquistas armados atacaron los cuarteles de los Guardias de Asalto, edificios partidistas y gubernamentales. Mientras los ministros “anarquistas”, García Oliver y Federica Montseny, exhortaban por la radio a los anarquistas a deponer las armas y regresar al trabajo. De igual forma, Mariano Rodríguez Vázquez, secretario general de la CNT y, Jacinto Toryho, director del tabloide anarcosindicalista “Solidaridad Obrera”, llamaban al cese de la insurrección. En horas de la mañana del 5 de mayo, los Guardias de Asalto, atacaron el local de la Federación Local de Juventudes Libertarias y la sede del sindicato médico. Ese mismo día por la tarde, serían asesinados los anarquistas italianos Camilo Berneri y Francesco Barbieri, a manos de la policía y miembros del stalinista PSUC. Francotiradores anarquistas ejecutarían al bolchevique excenetista Antonio Sesé Artasoxiii, secretario general de la UGT, impidiendo que asumiera su reciente nombramiento al nuevo consejo de la Generalitat de Cataluña. El día 7 los anarquistas destruyeron las vías del ferrocarril y volaron todos los puentes que permitían el acceso de las Guardias de Asalto a la ciudad de Barcelona. Paralelamente, la CNT insistía por la radio en su llamado a deponer las armas y regresar al trabajo con la consigna: «¡Abajo las barricadas! ¡Que cada ciudadano se lleve su adoquín! ¡Volvamos a la normalidad!»xiv. La tarde del 8 de mayo la insurrección había sido aplastada con la complicidad cobarde de la dirigencia anarcosindicalista. La Generalidad de Cataluña, los comunistas y los anarcosindicalistas de la CNT/FAI (bajo las “orientaciones” de sus ministros), estaban dispuestos a actuar conjuntamente contra quienes se les opusieran.

Lamentablemente, en todos los casos antemencionados, los anarquistas habían ceñido su agenda (teórico-práctica) a la zaga del pensamiento marxista, adoptando una conceptualización que no les resultaría funcional y mucho menos coherente con su accionar sedicioso (contra todo Poder) y sus aspiraciones de liberación total. Lo que les llevó a asumir objetivos ajenos como propios, estableciendo “compañerismos” y alianzas en función de tales fines. La ilusa convicción de que la Anarquía es una realización –tan en boga en el siglo XIX y XX–, enfiló a muchos de nuestros antecesores por senderos equivocados: identificando a la Revolución como el vehículo indiscutible hacía la realización de la sociedad ideal. Y, al no contar con “las masas” para hacerla, había entonces que forjar todas las alianzas habidas y por haber (incluso con los leninistas) para conseguir el Triunfo.

Así, compañeros extremadamente lúcidos, de claro posicionamiento antibolchevique y críticos acérrimos del “etapismo”, como Enricco Malatesta, también sucumbirían ante las tácticas aliancistas, en busca de «la realización del ideal», concluyendo que: «la revolución será lo que podrá ser, y nuestra tarea es acelerarla y esforzarnos para que sea lo más radical posible […] La revolución no será anarquista si, como verdaderamente ocurre actualmente, las masas no son anarquistas. Pero nosotros somos anarquistas, debemos seguir siéndolo y obrar como tales antes, durante y después de la revolución.xv», poniendo el pecho a priori ante los futuros pelotones de fusilamiento de los dictadores revolucionarios.

Pero, las maniobras de penetración teórica, cooptación, desarticulación e infiltración, no solo eran (y son) la estrategia de la socialdemocracia cuartelera (leninistas); de igual modo, la socialdemocracia electorera, con su consigna «todas las formas de lucha son válidas contra la clase dominante» y, su opción por “el mal menor”, también ha hecho lo propio, provocando profundas desviaciones de las que puede dar cuenta una legión de conversos temerosos «del arribo de la reacción» (el triunfo del fascismo). Con estos mismos argumentos, en 1897, el ex-anarquista Saverio Merlino afinaba su reformismo: «Hay que perfeccionar al sistema, no destruirlo»xvi. Bajo esta falsa premisa –inspirada en los devaneos reformistas de Proudhonxvii–, se fundó en Italia en 1891, el Partido Socialista Anarchico Rivoluzionario. Desde entonces a la fecha, ha crecido y se ha multiplicado una caterva de conversos que han intentado desviar el itinerario de la guerra anárquica, manifestándose inconmensurables “propuestas” al interior de nuestras tiendas.

Respuestas del pasado a necesidades del presente

Adoptar conceptualizaciones ajenas e incoherentes con nuestras aspiraciones de liberación total, compelió a muchos compañeros –entre los que me incluyo–, a identificar la Revolución, la lucha armada o el golpe de Estado, como el vehículo indiscutible que nos conduciría a la realización de la Anarquía. Esta confusión semántica (en realidad, teórica), no solo provocó falsas expectativas en nuestras tiendas, sino produjo lealtades y compromisos insensatos con proyectos íntegramente opuestos a nuestros fines, impactando de manera grave en nuestros círculos, con su inevitable comparsa de rupturas y conversiones con funestas consecuencias. La revolución mexicana de 1910, la revolución bolchevique de 1917, la revolución española de 1936, la castrista de 1959, la sandinista de 1978 o, la neo-zapatista de 1994, son ejemplos fehacientes de inextricables desviaciones que aún están vigentes en nuestras tiendas, ya sea por falta de análisis, carencia de información o (de plano), por deformación teórico-práctica.

Las revoluciones políticas y/o sociales –TODAS–, han sido siempre un radiante polo de atracción para los anarquistas. Indiscutiblemente, nos excita la explosión de las pasiones y el despliegue espontaneo e impetuoso de la multitud –aletargada y conservadora hasta la noche anterior– sedienta de venganza y estremecida por el espectáculo del que se siente partícipe. Confundimos el espíritu de la masa ávida de indemnización, con nuestras ansias demoledoras de toda dominación y nuestros deseos de liberación total.

La porfiada reproducción del mismo error, nos ha llevado y nos lleva a seguir tropezando reiteradamente con la misma piedra (let’s not forget Rojava). Ignorando que no hay una sola revolución en el curso de la historia que nos haya conducido a la liberación total. Siempre e irremediablemente, las revoluciones han estado en función del Poder y, por ende, opuestas a la libertad. No es que se descarrilen de “su cause” ni que traicionen sus ideales primigenios, como ingenuamente siempre hemos pensado. Es el proceso nomotético de su naturaleza autoritaria. Se fraguan con la clara intención de instituir y consolidar un nuevo Poder. En cuanto cesa la efervescencia y la multitud regresa a su habitual letargo –aterrorizada por las ruinas y acuciosa de “normalidad”–, aclama nuevos amos en quienes delegar la vida. Y estos amos no aparecen de la nada. No llegan al poder de manera fortuita, se han estado preparando toda su vida para ejercer un Poder aún más absoluto que el depuesto. Es entonces cuando los anarquistas nos lamentamos pero, resulta demasiado tarde: es el crepúsculo de la libertad y la hora de los dictadores.

Igualmente, amparados en conceptualizaciones ajenas, en nuestras tiendas se ha promovido (y se promueve) el voto o la participación electorera y, hasta se ha inculcado la colaboración parlamentaria. Infundidos de un leninismo posmoderno, que renueva el maquillaje ocultando sus arrugas, algunos sectores del denominado “movimiento” apoyan candidaturas electorales de claro signo socialdemócrata u, optan por conformar estructuras partidistas sumándose a los añejos Frentes Populares –también denominados Frentes Amplios–, en busca de escaños parlamentarios. Tal es el caso de las elecciones presidenciales del 28 de abril en el Estado español y, las de México en el pasado reciente. Pero, más ignominioso aún, es el desastre que se aproxima en Chile y Estados Unidos, donde estructuras pretendidamente “anarquistas”, se aprestan a establecer alianzas políticas para «la toma del Poder» por la vía electoral.

Sin duda, las experiencias mexicana e ibérica guardan grandes similitudes, pese a sutiles diferencias. Substancialmente, en la cínica convocatoria a votar desde supuestas reflexiones “ácratas” comprometidas con la contención de las opciones conservadoras y de ultraderecha. Sin mayor creatividad –y menor talla intelectual–, el llamado a participar en el circo electoral se limitaba a pregonar, como si se tratara del viejo cuento de Los Tres Cerditos, «el advenimiento del fascismo». Si bien los elementos anarco-izquierdistas (neo-plataformistas, socialistas libertarios, neozapatistas y/o anarco-bolcheviques), en ambos casos, aún carecen de la fuerza requerida para conformarse en partido político y establecer las alianzas necesarias y participar en la contienda desde alguna plataforma política; hicieron el proselitismo ineludible (la mayoría de las veces de manera anónima) a favor de sus candidaturas preferidas.

Quizá, la experiencia mexicana ha sido doblemente patética. En un primer momento, los anarco-izquierdistas unieron sus lacónicos esfuerzos al neozapatismo electorero (otrora Ejército Zapatista de Liberación Nacional), apoyando la candidatura independiente de Marichuyxviii y, al no alcanzar las firmas solicitadas por la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales vigente, quedaron fuera del juego democrático. Sin embargo, desde una plataforma anónima, se avocaron a desalentar el abstencionismo consciente, inspirados en la máxima de «Crear un Pueblo fuerte, crear barrio, crear comunidad, crear sindicato, crear Colectivos Locales de Abastecimiento y Producción y Comités de Defensa Revolucionaria, es crear Poder Popular, es decir, crear soberanía y autodeterminación, es crear Comunismo Libertario»xix. Aclarando de antemano que «esto no ocurrirá espontáneamente», especificaban que “su rol” es «hacer que las ideas anarco-comunistas se conviertan en ideas guías, en ideas orientadoras, tomando el «liderazgo de las ideas«». Y reafirmaban que «la disyuntiva (una vez más) es entre el fascismo o el Frente Popular»; llamando a votar por el candidato de la coalición Juntos haremos historia «que con su honestidad ha sabido aglutinar a las fuerzas populares más dignas y concientes de nuestro país, indignadas por la corrupción, la impunidad, la violencia del crimen organizado, y la depredación del neoliberalismo, y se presenta como la posibilidad de triunfo de un proyecto muy otro que sitúe a México en el marco de la lucha anti-imperialista latinoamericana»xx.

Con idénticas palabras y frases grandilocuentes similares, pero adaptadas al contexto ibérico, los anarco-izquierdistas peninsulares hacían la misma labor proselitista, llamando a votar para «no hacerle el juego al fascismo». Con este emplazamiento, quedaba al descubierto la labor de zapa de la Federación Estudiantil Libertaria, Embat, Apoyo Mutuo y elementos camuflados al interior de las orgánicas anarcosindicalistas (CNT/CGT), que le apuestan a consolidar «más pronto que tarde […] una política de alianzas constructiva y transformadora, que nos permita engranar con el resto de la izquierda (Izquierda Castellana, Anticapitalistas, Endavant, Poble Lliure, PCE, Comunes, Podemos, Sortu…) en lo local y lo regional. Todo este trabajo nos permitirá a los anarquistas contribuir al movimiento popular y difundir el programa revolucionario en la misión de transformar el país»xxi (Joder, si este discurso es anarquista: ¡que me borren de la lista!).

Lo cierto, es que tanto en el territorio ibérico como en el mexicano, los anarco-bolcheviques –aún sin la fuerza suficiente para constituirse abierta y descaradamente en partido político– lo único que concretaron fue más de lo mismo. En el Estado español, regresaron el poder al Partido Socialista Obrero Español (en la primera de tres citas de estas elecciones adelantadas), tejiéndole un traje a la medida a Pedro Sánchez y, legitimando su presencia en La Moncloa. En México, le devuelven la silla presidencial al viejo Partido Revolucionario Institucional (ahora con “nuevo” rostro y diferente nombre: MORENA). Aquello de “cuidado qué viene el lobo” (perdón: el fascismo), quedó sin sustento al certificar en el poder a estas variantes regionales de ese fascismo que nunca ha dejado de existir a ambas orillas del Atlántico. Sin embargo, es evidente que el “anarco”-leninismo posmoderno, continúa proporcionando respuestas del pasado a las necesidades del presente, aplicando la tesis del “posibilismo libertario”xxii. Lo hicieron en México en 1917-20, lo repitieron en España en 1934 y 1936, en Francia en 1956…

Tentaciones desviacionistas

El desviacionismo tiene una larga tradición en nuestras tiendas. Gracias a la penetración marxista (primero) y leninista (después), podemos enumerar una copiosa lista de giros y desvaríos de claro signo socialdemócrata, acontecidos desde el mencionado desliz proudhoniano hasta la fecha. Sería extraordinariamente tedioso, intentar siquiera enumerar estos episodios y/o dotarlos de fundamentación bibliográfica; sin embargo, no podemos soslayar que todos y cada uno de ellos, exhiben nuestras enormes debilidades en materia de elaboración teórica y, la urgente necesidad de contrastación, refutación y actualización en términos teórico-prácticos. Desafortunadamente, este proceso de penetración no ha hecho sino acentuarse durante un vasto período histórico que comprende desde la Revolución bolchevique hasta el fin de la llamada “guerra fría”, pero que, curiosamente, se redobla con la vertiginosa caída del socialismo realmente existente y la masiva evacuación de militantes de los partidos satélites de Moscú hacia orgánicas antiautoritarias, tratando de cimentar nuevos rostros más presentables.

En este sentido, los constantes desvaríos presentes en el anarquismo en Chile, cobran particular importancia. Después de haber gozado de una presencia preponderante en la región durante los años finales de la última década del siglo XIX y las dos primeras del XX, redujo significativamente su potencia. En un primer momento, a consecuencia de las expectativas generadas por la Revolución bolchevique y la progresiva integración de los trabajadores en las democracias parlamentarias auspiciada por el Partido Demócrata y, posteriormente, por el Partido Obrero Socialista; seguido del apogeo nacionalista que acompañó a la Primera Guerra Mundial y, los cambios ocurridos en las formas productivas. En un segundo período, su decadencia estará marcada por los nefastos efectos del creciente control de los sindicatos por parte del naciente Partido Comunista Chileno –previo Partido Obrero Socialista antes de ser cooptado en 1922 por la Komintern–, imponiendo un sindicalismo autoritario, legalista y manipulado, que quedaría reglamentado con el «Código del Trabajo» de 1931; rematando con el triunfo electoral en la contienda por la presidencia del Frente Popular (integrado por el Partido Comunista, Partido Socialista, Partido Democrático, Partido Radical y la Confederación de Trabajadores de Chile) en 1938. Y, la liquidación definitiva de la anarcosindicalista Confederación General de Trabajadores.

Un confuso y descolorido anarcosindicalismo quedaría por décadas en la penumbra, hasta reaparecer en 1961 en contubernio con el catolicismo social del santón Clotario Blest. La intención sería darle vida a un Frankenstein, bautizado como Movimiento de Fuerzas Revolucionarias (de tendencia anarco-castro-guevarista-cristiano-trotskista-maoísta). Con esta desviación, se diluía la especificidad del anarquismo chileno en un amasijo de tendencias ideológicas, totalmente opuestas a la esencia ácrata, haciendo aún más visible el retroceso progresivo de las ideas antiautoritarias en Chile.

Tras una prolongada ausencia, las ideas anarquistas renacen en la región chilena a finales de la dictadura militar-empresarial del general Augusto Pinochet, contando con escasísimos referentes teórico-prácticos. La influencia directa y el predominio de las organizaciones paramilitares de corte marxista-leninista, sería decisivo en los primeros instantes de este “renacer” sobre un puñado de jóvenes contestatarios en busca de tesis menos autoritarias que les permitiera la participación espontánea en la lucha, sin tener que militar en tales orgánicas políticas. Tuve la oportunidad de conocer por aquellos años (1985/90), en Santiago y en Concepción, a varios de esos jóvenes, algunos exmilitantes de la juventudes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y a otros, entonces cercanos o, aún involucrados, con el Movimiento Juvenil Lautaro/Movimiento de Acción Popular Unitaria –con los que todavía mantengo relaciones afectivas y hoy son consecuentes anarquistas de praxis–, que deseaban empaparse de toda la teoría contemporánea anarquista (que emanaba principalmente de la experiencia italiana post 1977) y, conformar grupos de afinidad y emprender acciones contra la dominación.

Empero, aquellos jóvenes fueron la excepción. Con el fin de la dictadura, tanto el MAPU-Lautaro como el MIR –inclusive el Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo (FPMR/A)–, se dieron a la tarea de captar jóvenes rebeldes y/o contestatarios, aprovechándose de ciertas simpatías “libertarias”, del confusionismo reinante y, del fetichismo por los “fierros”. De tal suerte, con la retractación definitiva del uso de las armas por parte de estas orgánicas paramilitares y su legalización política de la mano de la habitual opción electorera, la inmensa mayoría de esta juventud ávida de acción, se separa de tales formaciones y, comienza a constituir organizaciones y agrupamientos pretendidamente anarquistas o, en su defecto, a acercarse a las configuraciones existentes.

Los más autónomos, expresarían un máximo de independencia y un mínimo de fidelidad respecto a su formación marxista-leninista, lo que les permitiría integrarse rápidamente al incipiente desarrollo ácrata, asimilando sin dificultad un modelo reticular basado en la organización informal y, asumiendo la guerra permanente contra la dominación. Sin embargo, a muchos de estos compañeros, la fascinación por las armas, la propensión por la especialización y la tendencia a la compartimentación, los conduciría a poner en práctica una interpretación equivocada de las tesis insurreccionales anárquicas. Por su parte, los más “adoctrinados”, consecuentes con su ethos bolchevique, manifestarían un comportamiento contrario; es decir, un mínimo de independencia y un máximo de fidelidad a la ideología marxista-leninista, lo que les impulsará a retomar el discurso del Poder Popular proclamado por el MIR durante el gobierno de la Unidad Popular allendista y, escudriñar en la historia de las deviaciones libertarias, echando mano de la trasnochada Plataforma Organizacional, del Manifiesto Comunista Libertario de Fontenis y, la experiencia proto guevarista de la Federación Anarquista Uruguaya/Partido de la Victoria del Pueblo. De este melting pot, a finales de noviembre de 1999, nacería la madre de todas las desviaciones izquierdistas y de las deformaciones ideológicas contemporáneas del anarquismo chileno: el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (C.U.A.C).

El culebrón protagonizado por el anarco-bolchevismo chileno, con su estrategia de dos caras, merece un estudio profundo que incluya el impacto de sus “propuestas” y, una exposición pormenorizada de los efectos inmediatos de esta facción en nuestras tiendasxxiii. Desde luego, esto no corresponde con los objetivos de la presente contribución; no obstante, consideramos necesario exponer a grades rasgos el itinerario de este desatino.

A raíz del Congreso de Unificación Anarco-Comunista (C.U.A.C), vería la luz un engendro de corte neoplataformista que llevaría el mismo nombre. Su autoritarismo congénito y sus influjos leninistas, quedarían plasmados en los Estatutos constitutivos, donde se exige «unidad teórica-práctica», «acción colectiva», y, «disciplina», a toda costa. El segundo punto de sus ordenanzas, dejaría inscritas «las categorías de Simpatizante, Pre-militante y Militante»; mientras, el inciso tres, especifica “los derechos y deberes” de las diferentes categorías. Si bien el punto cinco, sobre la «Ceremonia de recibimiento», no tiene desperdicio y da irremediablemente lugar a una sonora carcajada: «consistirá en la lectura que hará el nuevo compañero, al inicio de la asamblea, de un acta de compromiso que selle su fidelidad ante sus nuevos compañeros y la causa revolucionaria, luego de lo cual se entonarán los himnos «Hijo del Pueblo» y «A las Barricadas». Una vez efectuado esto, se procederá a hacerle entrega de su cartilla de militante y de su distintivo (pañuelo y/o brazalete). Para la ocasión, todos los compañeros deberán asistir con su distintivo puesto. Posteriormente, todos los compañeros procederán a hacer un saludo personalizado cordialmente al compañero». El punto ocho, deja establecida su siniestra política de «alianzas» y; el nueve, enumera las «faltas» que demandan sanciones: «El no cumplimiento de acuerdos contraídos ante los compañeros; la impuntualidad e inasistencias reiteradas, sin justificación razonable; insultar o agredir a un compañero; asumir la representación de la organización, sin consulta a la asamblea y sin su mandato expreso; no pago injustificado de cotizaciones; colaboración con organismos externos para fines contrarrevolucionarios; delación de un compañero; exposición pública de documentación interna o acuerdos reservados; traición de los principios que sustenta la organización»xxiv.

Esta aberración, albergaría dos vertientes del desvarío anarcobolche en Chile, que –pese a sus aparentes discrepancias en cuanto a la participación institucional– persiguen un mismo objetivo: localizar puntos de encuentro con la izquierda de matriz leninista en aras de establecer alianzas que conduzcan a la implantación del Poder Popular (eufemismo con el que se evita nombrar la obsoleta “dictadura del proletariado”). De tal modo, se desarrollarían en su interior dos proyectos paralelos –pero complementarios–, la vertiente de “inserción social” y, la de “inserción institucional” (electorera).

La Organización Comunista Libertaria (OCL-Chile), sería la heredera natural del C.U.A.C., continuando con su proyecto bicéfalo, hasta el año 2013 cuando la vertiente electorera, cobraría fuerzas y tendría nombre propio (Red Libertaria), uniéndose a la plataforma electoral “Tod@s a la Moneda” e, impulsando la candidatura presidencial de Marcel Henri Claude, del Partido Humanista; junto al desaparecido Partido Izquierda Unida; al stalinista Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez; la Unión Nacional Estudiantil y; sectores disidentes del Movimiento Amplio Social. En ese mismo año, y ya encarrerados en contiendas electorales, ganan la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Luego de diferentes desgajes y reagrupamientos de los exmilitantes de la OCL, se haría más evidente la estrategia de los dos proyectos paralelos, apareciendo y desapareciendo infinidad de orgánicas que representaban uno u otro propósito. Tras estos malabares político-ideológicos, los anarcobolcheviques volverían a confluir en un nuevo Congreso Comunista Libertario que duraría dos años (¡!), después de ese largo “proceso”, surge en escena Solidaridad, Federación Comunista Libertaria, consolidando el “frentismo político-social” a pesar de la significativa merma de militantes provocada por el creciente auge de la vertiente electorera.

En junio de 2016, volvería a tomar fuerza la propuesta parlamentaria en los círculos anarcobolches con la presentación pública de Izquierda Libertaria, como resultante de la unión de la OCL, el Frente de Estudiantes Libertarios, la Unidad Muralista Luchador Ernesto Miranda y otros agrupamientos menores; haciendo énfasis en la necesidad de inserción en la institucionalidad del Estado. En abril de 2017, durante un encuentro entre «militantes históricos del proyecto comunista-libertario», feministas y «socialistas independientes», se constituiría el Movimiento Político Socialismo y Libertad (SOL); organización que inmediatamente eligió el trampolín electorero «en la línea de la creación de poder popular […] a través de la movilización social que le dé viabilidad y se articule positivamente con los avances electorales»xxv, sumándose, junto a Izquierda Libertaria, a la denominada «bancada convergente» en el Frente Amplio, compartiendo plataforma con stalinistas, trotskistas, autónomos, liberales, socialdemócratas, ecologistas y otras especies de similar pelaje. En días recientes, la diputada por el Distrito 13 de Izquierda Libertaria, Gael Yeomans, anunciaba la fusión de su grupo político con Nueva Democracia, Socialismo y Libertad (SOL) y el Movimiento Autonomista, conformando el nuevo proyecto político electoral: Partido Socialista Libertario Feminista, que será «uno de los protagonistas en la escena política de la izquierda chilena»xxvi

A modo de conclusión

La mayor de las críticas a la tendencia informal anarquista, proveniente de los círculos anarco-bolcheviques, nos acusa de prácticas endogámicas y, nos señala como “sectarios ingénitos”; motivos por los cuales, estamos condenados, de antemano, a no poder confrontar “de manera seria” al sistema de dominación. Por estas mismas razones, se nos adjudica la incapacidad de comprender “las necesidades del pueblo” y de poder “tomarle el pulso a las luchas”, vislumbrando “las diferentes alternativas que se presentan en virtud de las condiciones”.

Es indiscutible que los anarquistas de praxis, llevamos años conviviendo en un circuito cerrado pero, también es irrefutable que el aislamiento ha erigido un concentrado anárquico reconfortante, que ha dado paso a la revaloración teórico-práctica que hoy asistimos. Desde esta galaxia de plaza sitiada, se ha consolidado la tendencia anárquica más incisiva. Robusteciendo nuestra esencia, hemos cargado pilas y vuelto a salir, convirtiéndonos nuevamente en la peor pesadilla del Poder. Cristalizamos una tendencia radical e inclaudicable, dotada de una crítica trasgresora y consagrada al enfrentamiento permanente con todas las formas y estrategias del Poder. Le hemos dado más vida a la Anarquía –parafraseando al entrañable Mauri– que las multitudes confusas, aletargadas y manipulables que anhela la izquierda revolucionaria para concretar sus oscuros propósitos.

Para las y los anarquistas de praxis del siglo XXI, es evidente que la Anarquía no es una realización, sino una tensión disutópica: la guerra permanente contra el sistema de dominación y contra todo Poder. No un sistema de producción y/o de gobierno, que pueda alcanzarse mediante la toma del Poder (ya sea por la vía electoral o mediante la lucha armada) como reclama para sí el socialismo o el comunismo cuartelero. Estamos conscientes que el objetivo de nuestra guerra –la guerra anárquica–, es la destrucción total de todo lo que nos oprime, no la edificación de un nuevo sistema dispuesto a autogestionar la nocividad y la miseria planetaria.

Sabedores que no hay nada a conquistar, solo un mundo que destruir. Es hora de eliminar de nuestras tiendas los desvaríos y reafirmar principios. La Anarquía existe y se reconoce en nuestras acciones, narrando con hechos la larga historia de nuestra guerra. No necesitamos a la izquierda para concretar la Anarquía. Ella cobra vida en esos efímeros instantes en que se ilumina la noche, rugen nuestras pasiones y retumban los cimientos de la civilización. Hagámosle «un gran servicio a la causa de nuestra emancipación aplastándoles la cabeza.» Nos toca incorporar –de nueva cuenta– a la Izquierda en nuestra nutrida lista de objetivos y, confrontarla en todos los confines a través de la práctica continuada de la libertad intransigente.

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 5 de mayo de 2019.

Posdata perentoria: ¡Solidaridad directa con nuestrxs compañerxs italianxs condenados a largas penas de prisión: Alfredo Cospito, Anna Beniamino, Nicola Gai, Marco Bisesti y Alessandro Mercogliano!

¡Solidaridad directa con lxs compañerxs de la Conspiración de Células de Fuego (CCF), sepultados en vida en las mazmorras del Estado griego! ¡Qué nuestro apoyo se escuche en todos los rincones del planeta! ¡Qué se ilumine la noche!

*Texto original extraído de Madre Tierra, publicación anárquica, No.3, Stgo. De Chile, Mayo 2019.

i Morales Muñoz, Manuel; La subcultura anarquista en España: El Primer Certamen Socialista (1885); en Mélanges de la Casa de Velázquez, t. XXVIII, 1991, pp.56-59.

ii José Cayetano Campos, anarquista cubano radicado en New York, tipógrafo de oficio, amigo y compañero de John Most, tuvo una influencia decisiva en el anarquismo de habla castellana de finales de la década del 80 y a lo largo de los años noventa del siglo XIX –particularmente entre los españoles, cubanos, puertorriqueños y mexicanos, residentes en Estados Unidos y, los lectores de El Productor de Barcelona (en la Península Ibérica) y El Productor de La Habana (en toda la extensión del archipiélago cubano)–, provocando su evolución hacia posiciones de praxis. Gracias a Antonio Pellicer Peraire, que le pusiera en contacto con compañeros catalanes y le invitara a participar en El Productor de Barcelona, se dio a conocer su prosa en la Ciudad Condal. A través de sus descriptivas crónicas sobre los sucesos de Haymarket y la difusión de las propuestas teórico-prácticas de los llamados Mártires de Chicago –donde no ocultaba su adscripción a la propaganda por el hecho–, sensibilizaría profundamente a sus lectores, incitándolos a abandonar el inmovilismo reformista y a apropiarse de la acción directa anárquica. Los primeros en asumir la “evolución” serían los propios redactores de El Productor de Barcelona, destacando el influjo teórico-práctico sobre los compañeros catalanes José Esteve y Palmiro de Lidia (Adrián del Valle) y, el también cubano, Tarrida de Mármol.

iii Serie de cuatro cartas enviadas a El Productor de Barcelona, firmadas por “C”, donde se expone la necesidad de abandonar el reformismo de la FTRE y, dar paso al desarrollo de la guerra anárquica. Vid, El Productor, los números consecutivos publicados del 30 de noviembre al 28 de diciembre de 1888.

iv Ibídem.

v “La Víspera”, El Productor, 30 de abril de 1890.

vi Era demasiado tarde para derrocar a la nueva dictadura. Los propios anarquistas (principalmente los anarco-sindicalistas y las tropas anarco-comunistas ucranianas bajo el mando de Makhno), cometieron el error táctico de aliarse con los socialdemócratas y los bolcheviques con la finalidad de derrocar al Tzar y, colaboraron en la consolidación del régimen (a través de tratados, particularmente en 1920), seducidos por los cantos de sirena de «todo el Poder a los soviets» .

vii Comité de Relaciones de la Federación de Grupos Anarquistas de Cuba, “A los trabajadores de Cuba y al pueblo en general”, mimeógrafo, La Habana, 28 de agosto de 1933.

viii Ibídem.

ixIb.

x El semanario anarquista ¡Tierra! (segunda etapa), editado en La Habana por la Federación de Grupos Anarquistas de Cuba, del 30 de octubre de 1924, enfilaba sus cañones contra «los cuatro gatos del comunismo cuartelero cubano» y, exponía a sus lectores: «como los políticos subvencionan a los periódicos burgueses para que halaguen sus personas y propaguen sus candidaturas, así Moscow subvenciona y reparte rublos a los periodistas comunistas de América y Europa». Desde mediados del año 1920, los anarquistas cubanos comienzan a conocer los primeros testimonios de sus homólogos rusos, sobre la feroz represión autoritaria del partido bolchevique contra el movimiento ácrata y los alertan sobre las estrategias de infiltración de los comunistas.

xi Sobre los enfrentamientos entre ácratas y bolcheviques en Cuba, a raíz de los hechos de agosto de 1933: «los comunistas han traicionado dos revoluciones en Cuba y se han aliado con tres dictadores […] para lograr sus objetivos […] todo lo han hecho por tener el poder […] después de la traición de los comunistas en agosto del 33, la gente de la Federación [Federación de Grupos Anarquistas de Cuba] se quedó caliente. Había sido una cabronada y había que pasarles la cuenta […], dijeron, primero, que había que cepillarse a [César] Villar y al bizco [Ordoqui], después que había que llevarse al polaco [Fabio Grobart], era la cabeza detrás de todo eso y la mano de Stalin en Cuba pero, no era fácil, eran peligrosos y tenían protección […], enseguida se pegaron a [Fulgencio] Batista […] por órdenes de la Komintern, de Moscú, con lo del Frente Popular y, no era fácil entrarle a tiros en plena calle a esos cabrones […], la otra idea era mejor: envenenarlos como hacían los italianos de Vermont y Chicago [en referencia a Nestor Dondoglio, del grupo de Luigi Galleani], esos italianos no se andaban con cuentos […], había una chiquita que trabajaba en El Carmelo […] y ellos iban mucho a comer y a merendar allí […], entonces, con los gastronómicos, se iba a coordinar el envenenamiento […], estuvo más de un mes con el paquetico de arsénico en los ajustadores, esperando a que fueran a comer.», entrevista a Claudio Martínez, Miami, Fl., enero 2012.

xii Las Juventudes Libertarias, el POUM y Los Amigos de Durruti, podían plantearse una alianza táctica temporal, impulsando la insurrección generalizada contra el gobierno frentepopulista (ERC, CNT, FAI, UdR, UGT y, PSUC), conscientes de que la “unidad antifacista” era un pretexto para no hacer la Revolución Social. En base a este mínimo denominador común (teórico-práctico), incitaban la Revolución en la retaguardía, rompiendo tajatemente con las organizaciones de la burguesía. Convencidos que la guerra contra el fascismo no podía desvincularse de la guerra social. Sin embargo, la mancuerda FIJL-POUM, estaba llamada al fracaso por la incompatibilidad de objetivos: los jóvenes anarquistas luchaban por la destrucción del Estado-capital, mientras los leninistas lo hacían por la consolidación de un Estado obrero. Por su parte el grupo de Los amigos de Durruti –cada vez más alejados de los principios anárquicos–, conformaban junto al POUM la Junta Revolucionaria, siguiendo los lineamientos de este partido con su propuesta de Frente Obrero Revolucionario, encaminados hacia un mismo objetivo: la dictadura del proletariado.

xiii Afiliado a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) desde su juventud, fue miembro fundador de los sindicalistas pro-bolcheviques de la CNT encabezados por Joaquín Maurín y, militante de la Federación Comunista Catalano-Balear (FCCB) dirigida por éste y como tal participó en la fundación del Bloque Obrero y Campesino (BOC) en 1930. Fue expulsado del mismo en 1931 por sus posiciones favorables a la Tercera Internacional, dominada por Satalin —a los que se oponía el BOC—. En la misma etapa también fue expulsado de la CNT, al igual que ocurrió con numerosos sindicalistas comunistas, por lo que se adherió a la socialista Unión General de Trabajadores (UGT). En 1932 constituyó junto a otros expulsados del BOC, el Partido Comunista de Cataluña (PCC), la rama catalana del Partico Comunista Español (PCE). A partir de esas fechas también pasó a colaborar en la publicación del periódico Octubre, órgano del PCC. Asistió como delegado de la UGT al Comité Ejecutivo de la Alianza Obrera de Cataluña en 1934. El 11 de junio de 1936 fue designado secretario de organización de la UGT de Cataluña y posteriormente fue nombrado secretario general de forma provisional. Como dirigente del PCC participó en la fundación del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) ese mismo año, formación de la que fue uno de sus más destacados líderes. En sustitución de José del Barrio, que había marchado al Frente de Aragón, Sesé se convirtió en el nuevo secretario general de la UGT en Cataluña. Durante los enfrentamientos entre anarquistas y revolucionarios catalanes contra las fuerzas frentepopulistas en mayo de 1937, fue nombrado consejero del gobierno de la Generalidad de Cataluña. Puesto que no llegaría a asumir. El 5 de mayo de 1937, cuando se dirigía en automóvil a tomar posesión de su cargo fue ejecutado por francotiradores anarquistas en represalias por la represión comunista en Barcelona.

xiv Thomas, Hugh, Historia de la Guerra Civil Española. Círculo de lectores, Barcelona, 1976, p.712.

xv Malatesta, Ericco, “Más sobre la revolución en la práctica”, en Estrategia y tácticas en la práctica anarquista, recopilación de artículos de Ericco Malatesta, Un Gato Negro Editores, Bogotá, 2013, p. 99.

xvi De, L ‘Italia del Popolo, del 3 – 4 de noviembre de 1897, recogido en Malatesta, Ericco y, Merlino, Severino, Elecciones y Anarquismo, Ediciones Antorcha, segunda edición cibernética, México, 2006. Disponible en:

//www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/elecciones_y_anarquismo/indice.html (Revisado 1°/5/2019).

xvii Pierre Joseph Proudhon, considerado el precrsor de sociología moderna y padre del mutualismo, fue diputado de la Asamblea Nacional durante la segunda república francesa (febrero 1848-diciembre 1852).

xviii María de Jesús Patricio Martínez, también conocida como Marichuy, es médica tradicional y defensora de los derechos humanos de origen Nahua. Fue elegida por el Congreso Nacional Indígena (CNI) de México y, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), como precandidata para las elecciones federales de 2018, por lo que intentó su registro ante el Instituto Nacional Electoral como candidata independiente a la presidencia de la República para dicha contienda.

xix Construir un pueblo fuerte para consolidar un México libertario y soberano donde quepan muchos mundos, (Manifiesto Anarco-comunista), Algunxs Libertarixs Organizadxs, 5 de junio de 2018, disponible en:

//www.alasbarricadas.org/noticias/node/40136 (Revisado 2/5/2019).

xx Ibídem.

xxi Frente a la derecha rearmada, reanimar la izquierda desde lo libertario. Disponible en: //www.regeneracionlibertaria.org/frente-a-la-derecha-rearmada-reanimar-la-izquierda (Revisado 2/5/2019).

xxii El “posibilismo libertario” ha sido la estrategia desviacionista por excelencia de los anarcomarxianos y anarcobolcheviques desde los tiempos de la Primera Internacional. Consiste en la introducción de las tácticas socialdemócratas –en torno a la toma del poder por cualquier medio necesario– en nuestra agenda, mediante la penetración teórica y la infiltración física. De tal modo, cada vez que consideran que el Partido ha logrado el crecimiento cuantitativo y cualitativo requerido y, tienen el control absoluto de las masas, gracias a la intervención en la dirección de organizaciones sociales, partidos y sindicatos y, a las alianzas tácticas con las organizaciones políticas que no dominan (condiciones objetivas), impulsan la “vía revolucionaria”, es decir, la lucha armada y/o el golpe de Estado ; cuando no cuentan con estos requerimientos pero consideran que han realizado suficiente labor pública y de masas capaz de influenciar en las decisiones de las mayorías (condiciones subjetivas), optan por la vía reformista promoviendo el camino electoral y la participación parlamentaria. Vale señalar, a modo de colofón, que los neo-anarcobolches, actualmente denominan esta estrategia desviacionista “política prefigurativa”, impulsando el “poder dual” en aras de su cacareado Poder Popular, pero, en realidad, todo se limita a una cuestión semántica, hablamos de la misma cama solo que ahora bien tendida.

xxiii Desde comienzos de siglo, vengo pronosticando que el desviacionismo neoplataformista «más temprano que tarde habrá de provocar algún desbarajuste teórico-práctico de proporciones adversas». Hoy, esto puede comprobarse en los medios anárquicos, con mayor enjundia en territorio uruguayo y en la región chilena, así como en su área de influencia inmediata: Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú; sin embargo, sus efectos ya comienzan a sentirse en el Estado español y, particularmente al norte del Río Bravo, donde empezamos a ver articularse estrategias electoreras con “asesoría” chilena.

xxiv Estatutos del Congreso de Unificación Anarco-Comunista (C.U.A.C.), disponible en: //struggle.ws/inter/groups/cuac/estatutos.html (Revisado 3/5/2019).

xxv Disponible en: //mpsol.cl/quienes-somos/historia/ (Revisado 3/5/2019).

xxvi Disponible en: //radio.uchile.cl/2019/03/27/socialista-feminista-y-libertaria-la-convergencia-en-el-frente-amplio-toma-forma/ (Revisado 3/5/2019).

Más reflexiones ingobernables (y consecuentemente anárquicas) – A propósito de “los que se nos van” y, la pertinaz respuesta de “algunxs anarquistas incontroladxs desde algunos barrios de Madrid”

Escrito por Gustavo Rodríguez.


Se requiere una poderosa carga que haga estallar en pequeños pedazos esta pelota de lodo, que devore con fuego la pestilente civilización, que atruene y siembre la destrucción de esta sociedad liberticida.

Bruno Filippi

No hay nada más placentero que corroborar la presencia de afines en otras latitudes; particularmente en el territorio dominado por el Estado español, donde el eco de aquél mea culpa de “los gatitos de Sutullena”, entorpeció tan significativamente el desarrollo de la tendencia insurreccional anarquista a lo largo y ancho de la Península Ibérica.

Si bien es cierto que la intrépida ruptura (con el reformismo anarcosindicalista que predominaba en esa época) de las Juventudes Libertarias, la consciente autocrítica de amplios sectores de la Coordinadora Lucha Autónoma (que les llevó a alejarse de toda la bazofia izquierdista y del análisis economicista proto marxista), y la decidida actuación de expropiadores y saboteadores de clara estirpe individualista (influenciados por las Tesis Insurreccionalistas llegadas de Italia), contribuyeron teórica y prácticamente al auge de la insurrección anárquica por allá de mediados de la década del noventa; también es innegable el inmovilismo resultante de las constantes condenas de arrepentidos y traidores, subsiguiente a esa etapa de desarrollo.

Sin duda, a pesar de los pesares, el informalismo ácrata hoy vuelve a cobrar bríos en tierras ibéricas. Prueba de ello son los frecuentes ataques a los símbolos de la dominación y la extensión de las expropiaciones. Ya sean anónimas o reivindicadas, ambas acciones han venido ensanchando la confrontación cotidiana al sistema de dominación, lo que aunado a la contestación anarco-ecologista, ha comenzado a dar cuenta de la guerra anárquica en la región.

En este sentido, la reciente lectura de “Algunas reflexiones ingobernables frente a la catástrofe”, firmada por Algunxs anarquistas incotroladxs e ingobernables, desde algunos barrios de Madridi, en respuesta al proselitismo instituyente de Arturo Martínezii, es muchísimo más que la confirmación de esa presencia refractaria: es un guiño cómplice a miles de kilómetros de distancia. En efecto, solo desde la reflexión teórico-práctica del informalismo insurreccional podía refutarse de forma contundente esta pestilencia, infestada por la política y el izquierdismo, que ha hecho nido en nuestras tiendas.

Empero, las reflexiones de las compañeras y compañeros madrileños, sortearon las interrogantes de Martínez, dejando sin respuesta la pregunta generadora que da inicio a su texto: «¿Cuantas manos y cabezas más vamos a tener que perder antes de reflexionar acerca de los por qués (se nos van)?» Inmediatamente, Martínez se autocontesta: «El valor de la crítica y autocrítica debe estar siempre presente, debemos replantearnos constantemente si nuestra práctica política sirve a nuestros objetivos. Y claro, para ello debemos tener claro cuáles son nuestros objetivos»iii.

En realidad, en su respuesta queda implícita la total negación de sus posteriores “argumentos”. Si tenemos claro nuestros objetivos y nos replanteamos constantemente si nuestra práctica sirve o no a tales objetivos, todas sus propuestas quedan sin sustento desde un posicionamiento anárquico. Es decir, desde una óptica consecuente y contundentemente antipoder.

Nuestros objetivos no son ni pueden ser otros que darle vida a la Anarquía. Lo que se traduce en la beligerancia inclaudicable contra todas las formas y estrategias del Poder; en la práctica lujuriosa de nuestras pasiones insurreccionales; en la destrucción de todo lo que nos domina. Y esa práctica anárquica no cabe en otro espacio que no sea la ilegalidad.

Definitivamente, “los que se nos van”, es porque nunca estuvieron. Porque en ningún momento tuvieron claro sus objetivos. Porque jamás vivieron la pasión anárquica en sus corazones ni le dieron rienda suelta a los deseos de liberación total ni comprendieron que la Anarquía es una tensión disutópica y no una realización sistémica. Los que “se nos van” le temen a la Libertad irrestricta y a la responsabilidad individual; añoran mandar y obedecer; dudan de sus capacidades; extrañan el redil; reclaman el corral; requieren la familia, la escuela, la fábrica, el ejército y la prisión; necesitan ser parte de la masa, estar en el rebaño, contarse entre la multitud, ser dóciles, maleables, sumisos, gobernables.

Pero, lamentablemente, entre los que “se nos van”, no solo hay que enlistar a quienes optan por el circo electorero; también tenemos que incluir a todos los que entregan la vida a causas diametralmente opuestas a la Anarquía, como todos esos jóvenes que han muerto en Rojava, víctimas del porno revolucionario. Lo realmente sorprendente es que Arturo Martínez, desde su defensa a ultranza de «una alternativa institucional, organizativa y de base»iv, nos recete “el camino a Kurdistán” junto al travestismo neozapatista –a pesar de que esta última organización político-militar sí eligió la vía de las urnas (con su conocido fracaso) y negoció el desarme en lo oscurito–, como “alternativas” más plausibles a la farsa electorera.

Si leemos entre líneas su articulo, inmediatamente detectamos el tufo de su estrategia y su filiación ideológica. Sigue, al pie de la letra, la cartilla de procedimientos del leninismo posmoderno que tanto ha penetrado en nuestras tiendas, de la mano del neoplataformismo y la maniobra “anarco”-populista del Poder Popular. Por eso, se inclina por el camino electorero pero con una profunda añoranza por “el poder del fusil”v. Cuando, para nosotros, el fusil no resulta más anarquista que el voto. Ambas vías (la lucha armada y la lucha electoral), conducen al Poder. El poder de las armas y el poder de las urnas, conjugan toda la esencia autoritaria de la dominación

La guerra anárquica necesariamente pasa por la confrontación permanente al Poder. A todo Poder. A toda Autoridad. Ya sea monárquica, teocrática, democrática, parlamentaria, militar o populista. Es evidente que por esas latitudes internautas donde se publicó el texto de Arturo Martínez (Regeneración libertaria, con su consecuente reproducción en Kaos), el Poder Popular es incuestionable, dado el talante “anarco”-leninista de sus promotores.

Vale resaltar que la tendencia insurreccional anárquica, no plantea la lucha armada como estrategia, muy al contrario, la ha señalado siempre como una desvirtuación de la guerra anárquica, propia de las influencias burguesas (Blanqui) y de la penetración marxiana que tanta mella ha hecho en nuestras tiendas.

Desde la visión rupturista del nuevo informalismo anárquico –que invita a pensar un anarquismo “postclásico” capaz de ofrecer nuevos itinerarios –, la nefasta ideología de la lucha armada solo puede conducirnos a la dictadura de su vanguardia y al gregarismo más elemental. La lucha armada es una estrategia históricamente utilizada por un sinnúmero de proyectos políticos siempre encaminados a la toma del Poder.

El empleo de las armas no implica en sí el carácter o ideal de dicho proyecto. Incontables organizaciones políticas de claro signo socialdemócrata continúan utilizando en nuestros días la estrategia lucharmadista. La socialdemocracia electorera y la socialdemocracia armada, han contagiado a amplios sectores anarquistas con su verborrea izquierdista, usándonos como carne de cañón para sus fines, completamente opuestos a nuestros objetivos de liberación total.

Claro está, esta reafirmación teórico-práctica, no significa que renunciemos a la violencia ácrata contra toda dominación. Por el contrario, optamos por la violencia refractaria como único método factible contra la violencia sistémica –lo que nos brinda la posibilidad de apuntar las armas contra las ideologías, incluidas la ideología reformista y la ideología de la lucha armada–, conscientes que tenemos un mundo que destruir. Porque, como nos recuerdan nuestros afines madrileños «es mejor un mundo asolado y destruido que el salto adelante que nos propone la izquierda del Capital y el capitalismo verde. Al fin y al cabo, lxs anarquistas, nunca le tuvimos miedo a las ruinas».

Gustavo Rodríguez,

Planeta Tierra, 29 de marzo de 2019.

Posdata aclaratoria: Quienes me conocen saben que no escribo estas notas “desde una torre de marfil ideológica” sino desde la práctica cotidiana y que, al igual que muchas compañeras y compañeros que impulsamos la insurrección anárquica, hace rato largo que rebasé los veinte años, solo que siempre habremos viejos que moriremos siendo jóvenes y, jóvenes que se pudren de vejez prematura.

Segunda posdata (ineludible): Un fuerte abrazo cómplice al entrañable Alfredo Cospito y todxs lxs anárquicxs encarceladxs alrededor del mundo. Solidaridad directa con lxs compañerxs griegxs de la Conspiración de Células del Fuego (CCF). Solidaridad directa, con nuestrxs hermanxs prófugxs Gabriel Pombo Da Silva y Elisa Di Bernardo (¡libres y peligrosxs!), asechados de nueva cuenta por el Estado (español e italiano).

i Algunas reflexiones ingobernables frente a la catástrofe. Disponible en: https://contramadriz.espivblogs.net/2019/03/22/analisis-algunas-reflexiones-ingobernables-frente-a-la-catastrofe-respuesta-al-articulo-quot-los-que-se-nos-van-libertarios-en-el-mundo-electoral-quot/ (Consultado 27/03/19).

ii Los que se nos van ¿Libertarios en el mundo electoral? Disponible en: https://www.regeneracionlibertaria.org/los-que-se-nos-van-libertarios-en-el-mundo-electoral (Consultado 27/03/19).

iii Id.

iv Id.

v Mao Tse-tung, Problemas de la Guerra y la Estrategia, La Revolución China y el Partido Comunista de China, Sobre la Nueva Democracia, Editorial Abraxas, Buenos Aires, 1972, P. 115.

Si es Bayer ¿es bueno? –Apostillas en torno a un oportunista embaucador, hoy difunto.

Un gran aporte en el rescate a la verdadera memoria histórica anti-autoritaria, que tanto ha sido calumniada y ninguneada desde el izquierdismo y otros sectores autoritarios, pero tan utilizada para llenarse de meritos y dineros. Esto nos recuerda  un poco la crítica hacia la institucionalización del ideal libertario que pretende llevar acabo el progresismo social democrata morenista o del que sea, como lo fue la exposición en la capital mexicana “Anarquistas” o a personajes como Paco Ignacio Taibo II. Aquí el compañero Gustavo Rodriguez nos expone la situación en torno a Osvaldo Bayer.


Siempre ha sido difícil ser anarquista pero los hay. Seguramente menos de los que se dicen o se cree. Los hay, los hubo y los habrá.

Amanecer Fiorito

Que el obituario se publicara en el tabloide socialdemócrata argentino Página/12 era de esperarse, no solo por los lazos de amistad que le unieron a su fundador Osvaldo Soriano, si no porque desde sus inicios puso su pluma al servicio de este proyecto editorial y político, siendo siempre un consentido asalariado de esta empresa. Que su muerte fuera noticia a lo largo y ancho del territorio argentino tampoco causa sorpresa, era considerado “uno de los intelectuales más respetados que dio el país”, además de haber sido galardonado con el Premio Konex, presea que entrega anualmente la Fundación del mismo nombre desde 1980 en reconocimiento a “las personalidades, empresas e instituciones más distinguidas en las ramas del quehacer nacional” y, desde el año 2002, a “las personalidades vivas más relevantes de los países vinculados al Mercosur en la categoría “Premios Konex Mercosur.”i Que el fallecimiento conmocionara a la comunidad académica de su tierra natal también era natural, había recibido el doctorado Honoris Causa en 2003 por la Universidad Nacional del Centro (UNC), “por su trayectoria en el campo de los derechos humanos, la literatura y el periodismo”; asimismo, lo envistieron con igual título varias universidades argentinas. Que lamentaran su “pérdida” en los círculos político-intelectuales de izquierda, particularmente en la región latinoamericana, y que le dedicaran un par de segundos de silencio los jerarcas de La Habana, Managua, Caracas y La Paz, sin duda se enmarca de antemano dentro del protocolo esperado pero, que la nota necrológica se reprodujera en Portal Oaca y de ahí se remedara en ContraMadrid; La Rebelión de las Palabras; Anarquia.Info; ContraInfo y, un sinfín de páginas de contrainformación afines –ciertamente, con este adjetivo quedan excluidos los portales anarco-populistas del tipo Kaos en la Red y, el circuito neoplataformista (anarkismo.net y alasbarricadas) que, por obvias razones, siempre incorporan a priori al santoral anarquista a cuanto personaje se acomode a su guion–, eso sí nos toma de sorpresa y nos preocupa sobremanera.

Agregar a Osvaldo Bayer al panteón de les ilustres de la Anarquía, bajo el rótulo de “historiador anarquista” por haber incursionado en la historiografía social y elaborar su historia del anarquismo en la región astral –no exenta de acomodos ideológicos, distorsiones, imprecisiones, verdades a medias, mentiras completas y un oportunismo superlativo–, abre la puerta a Ángel Herrerín, Juán Avilés Farré y un larga lista de académicos distorsionadores de similar calaña que, en un futuro nada distante, se tomarán por “plumas autorizadas” de nuestra historia o, una vez fallecidos les cobijarán en nuestras tiendas bajo el epígrafe de “anarquistas” como ahora hacen con el difunto en cuestión al que han llegado a considerar como “el último gran anarquista del siglo XX”.

Si diseccionáramos al occiso –en términos ideológicos, claro está–, extraeríamos por lo menos cuatro o cinco Bayer’s: el peronista, el leninista, el guevarista, el castrista y, el “socialista libertario”, siendo este último término el que con más frecuencia utilizaba a manera de aclaración pertinente cada vez que le preguntaban si él se consideraba “anarquista”.ii En realidad, sin necesidad de someterlo a costosos exámenes post mortem, podríamos afirmar que su ADN arroja un socialdemócrata confeso, que a lo sumo, podríamos empacar bajo el rótulo de “liberal de avanzada”, contumaz izquierdista o, demócrata optimista. Bajo esta etiqueta también se autodenominó en diferentes ocasiones, insistiendo en que “la democracia es un sistema perfectible”, olvidando cínicamente que el Krátos, el poder, es siempre y por naturaleza autoritario, jerárquico y por ende, coercitivo, sin importar si lo detentan las mayorías o una minoría, porque inexorablemente se instituye en (y por) la fuerza.

Al respecto, dejó muy clara su posición en una de las múltiples entrevistas que le realizaran –a lo largo de su vida dio más entrevistas que una estrella de cine–, al ser cuestionado sobre la vigencia del anarquismo:

«Lo que tiene vigencia son las ideas anarquistas, no el movimiento. El Estado se ha complicado muchísimo. Antes el anarquismo no reconocía al Estado, y por ejemplo, los obreros discutían directamente con los patrones las leyes laborales, y no querían para nada al Estado.

Después el Estado se inmiscuyó y mientras los anarquistas hacían las huelgas, los convenios con el gobierno los firmaban los socialistas. Así fueron perdiendo vigencia los anarquistas, por no querer reconocer al Estado. No se lo puede negar hoy, lo que sí hay que hacer es democratizarlo. Eso es un principio anarquista. Después en los principios anarquistas está la educación antiautoritaria, que tiene vigencia. […] Después el antiautoritarismo en la sociedad, la defensa de la ecología. El Partido Verde alemán tiene muchos principios anarquistas. El feminismo y la lucha por la reivindicación de la mujer es iniciada por los anarquistas. Las ideas anarquistas marcan mucho futuro. El problema es que hay muchos intentos que se denominan anarquistas que son muy simpáticos pero no pasan de eso.»iii (Las “negritas” son nuestras, remarcando las convicciones “anarquistas” del interfecto).

Pero, dos meses más tarde, y de nueva cuenta en el suplemento Radar del diario Página/12, aún ahonda más en su contradictorio posicionamiento y puntualiza los motivos que lo llevaron a centrar su obra de investigación en el anarquismo y, a acompañarle “como hombre y como historiador”: «Cuando se le pregunta a Osvaldo Bayer por qué eligió el anarquismo como tema central de su obra de investigación histórica contesta así: “Para rescatarlo del olvido, ya que el peronismo había escondido la historia del movimiento obrero anterior a 1945. Durante muchos años la gente creyó que el sindicalismo y la lucha obrera habían nacido con Perón, cosa que no es así. Trotsky dijo alguna vez que si los anarquistas no existieran habría que inventarlos, porque le han hecho mucho bien a la humanidad con su incorruptible oposición. Demostraron tener una línea que no abandonaron nunca. La cual en éste o cualquier otro tiempo histórico implica mucho sacrificio. El anarquista sabe que nunca llegará a ocupar un cargo político, ni tampoco un cargo sindical. Fue y es una ideología al servicio de la sociedad, y no para ocupar cargos. Es en gestos como ese en donde se hacen visibles sus deseos de una vida digna para la humanidad. Eso me atrae mucho de ellos; por eso los he acompañado como hombre y como historiador. Lo cual no los exime de mis críticas. Creo que el movimiento tiene que superar ciertos totalitarismos de pensamiento, si es que no quiere caer en el sectarismo. Recientemente en La Protesta, me criticaron por una nota que escribí reconociendo la figura del Che Guevara. Digan lo que digan, no renuncio a reconocer a los hombres que fueron protagonistas de la historia, aunque no hayan sido anarquistas. ¿O acaso se puede desconocer a hombres como Zapata o Sandino? Creo que el error está en erigirse como juez de la historia. En casos como esos es cuando se puede caer en el sectarismo. Hay que luchar contra eso: por el bien del anarquismo y por su salud; el anarquista tiene que ser todo menos sectario.”»iv

Evidentemente, con esta respuesta, refiriéndose a los anarquistas en tercera persona, hacía hincapié en “ellos” evitando asumirse como tal, muy a pesar de aquellos compañeros que aún insisten en la pretendida afición ácrata del personaje. Pero, más allá de la distancia que guardaba con “ellos”, cabe resaltar las simpatías que mostraba hacia otros, no solo ajenos al ideal anárquico sino declarados enemigos de todo lo que oliera a antiautoritarismo, como era el caso de San Ernesto de La Higuera, también conocido y venerado como Che Guevara.

Precisamente, quien le “criticaba” su idolatría guevarista desde las páginas de La Protesta por aquellas fechas, era el compañero Amanecer (Negro) Fiorito, inquebrantable expropiador anárquico con amplio prontuario policial a ambas orillas del Río de la Plata. Fiorito, no solo cuestionó su patético “anarco”-guevarismo en esa ocasión sino que le reprochó sus constantes acomodos a nuestra historia y su fidelidad a la dictadura nacionalista de los hermanos Castro en todo momento y en todos los foros que estuvieron a su alcance hasta el último minuto de su incansable vida iconoclasta, desenmascarando el oportunismo de Bayer y cuestionando su inexplicable aceptación en nuestras tiendas.

En la réplica en cuestión, intitulada “La vieja historia del hombre nuevo” Fiorito subrayaba la necesidad “insoslayable” de darle oportuna respuesta a Bayer, con esa ironía inteligente que le caracterizaba:

«El Che Guevara, era leninista, trotskista, stalinista, castrista, guevarista… es marxista. Y para un marxista en el poder, no hay nada mejor que un anarquista muerto… fueron consecuentes […] No necesitamos de estadísticas, para saber de los miles de muertos, desaparecidos y perseguidos por el régimen cubano, en sus casi cuarenta años. Y no hablamos de las minorías derrocadas. El Che Guevara, era la segunda o tercera jerarquía, en la etapa (1959-1967) seguramente más fructífera de éstas matemáticas. […] En una entrevista que hizo a Bayer la revista Acción de Credicoop (Banco del Partido Comunista), una de las preguntas fue: ¿Por qué es siempre tan duro con las Fuerzas Armadas?, y respondió que no atacaba a la institución como tal, sino a hombres que pertenecen a la institución y que tenía amigos entre los militares retirados del C.E.M.I.D.A. Lo contrario de la ideología anarquista, para la cual, las instituciones son “el cerebro” de los individuos; y éstos, soldados de las instituciones. Alguna vez, ante cuestionamientos internos, opinaba que Bayer me parecía más anarquista de lo que a veces decían sus opiniones. Pero sus opiniones tienen peso, y ponen en evidencia las diferencias con el anarquismo. Ante esto, la necesidad de la pública respuesta […]».v

En la contratapa de uno de sus libros reeditados hace un par de años, Bayer afirmaba con exacerbado dramatismo: «Me he propuesto no tener piedad con los despiadados. Mi falta de piedad con los asesinos, con los verdugos que actúan desde el poder, se reduce a descubrirlos, dejarlos desnudos ante la historia y la sociedad y reivindicar de alguna manera a los de abajo, a los que en todas las épocas salieron a la calle a dar sus gritos de protesta y fueron masacrados, tratados como delincuentes, torturados, robados, tirados en alguna fosa común.»vi Sin embargo, el paradójico historiador siempre hizo una puntual distinción entre los verdugos buenos y malos –a pesar de que ambos actuaran desde el poder–, mostrando una piedad superlativa hacia los genocidas “buenos”. Supongo, que durante su primera visita a La Habana, allá por el año 1960, esa haya sido la motivación “piadosa” que le impulsó a rechazar una improvisada reunión con el compañero Marcelo Salinas y una pequeña delegación de anarquistas cubanos que apelaba a la solidaridad de los afines frente a la persecución sistémica; negándose la consecuente oportunidad de descubrir y desnudar ante la historia a los nuevos verdugos y “reivindicar a los de abajo”. A diferencia de Bayer, quien les acusó sin miramientos de ser “mercenarios del Imperio”, su acompañante Pirí Lugones –que ni remotamente tenía relación alguna con la teoría y la práctica anárquica, salvo la sangre ácrata que manchó las manos del torturador de su padre durante la dictadura de Uriburu–, se interesó en conversar con Salinas, de quien decía haber leído algunas de sus obras, y en escuchar las denuncias de los anarquistas al nuevo régimen. Pirí, con los años, también se volvió una defensora a ultranza del castrismo desde el “peronismo revolucionario” pero, en ese instante les recomendó asumir la receta trotskiana de “la Revolución permanente.” A finales de la década del setenta, Pirí sería secuestrada y asesinada por los discípulos de su progenitor.

En los días previos de la visita de Bayer, Castro había expulsado a todos los anarcosindicalistas de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), pese a la activa participación de los anarquistas en la lucha contra la dictadura del general Fulgencio Batista. A comienzos de1960, la Asociación Libertaria de Cuba (ALC) lanzaba un manifiesto donde refrendaba su apoyo a la Revolución pero, simultáneamente, reafirmaba su firme “oposición a los totalitarismos y las dictaduras”, denunciando el creciente “centralismo estatal” y anticipando el arribo de un “ordenamiento autoritario” de la mano de la iglesia católica y del Partido Comunista de Cuba, empero, concluían el documento con gran optimismo, señalando que “el panorama pese a todo, alienta”.

Al finalizar el año, habían asesinado, después de hacerlo prisionero, al compañero Augusto Sánchez; los compañeros Rolando Tamargo y Ventura Suárez fueron fusilados; Sebastián Aguilar (hijo), fue ultimado a balazos; Eusebio Otero –uno de los que conformaron la delegación que apeló a la solidaridad del “compañero” Bayer– apareció muerto en su habitación; Raúl Negrín, acosado por la persecución se suicidó; la compañera Suria Linsuaín, junto a los compañeros Casto Moscú, su hijo Isidro Moscú, Manuel González, Floreal Barrera, Modesto Piñeiro, José Aseña, Norberto Torres, Sicinio Torres, José Mandado Marcos, Victoriano Hernández, José Álvarez Micheltorena, Plácido Méndez y Luis Linsuaín (estos últimos combatientes del Ejército Rebelde contra Batista), fueron detenidos y condenados a penas de prisión. Casto Moscú y Manuel González fueron liberados en espera de juicio e inmediatamente se asilaron en la embajada de México; Victoriano Hernández, enfermo y ciego por las torturas de la cárcel, se suicidó; y José Álvarez Micheltorena murió a las pocas semanas de abandonar la prisión. Suria y el resto de los sobrevivientes se exilaron después de cumplir sus sentencias.vii

Coincidiría con Bayer en La Habana, también invitado por el gobierno de Castro, Agustín Souchy pero, en contraste con la lambisconería del secretario general del Sindicato de Prensa argentino, al concluir su estancia en la Isla redactaría el folleto intitulado “Testimonios sobre la Revolución Cubana” donde denunciaba las similitudes del régimen castrista con el “modelo soviético”. Tres días después de marcharse Souchy de Cuba, el gobierno incautó el tiraje completo y mandó a destruir el impreso, un año más tarde, sería la Editorial Reconstruir de Buenos Aires quien rescataría y reimprimiría el texto. Bayer, prefirió reunirse con el Che –que entonces estaba al frente de los fusilamientos en la prisión de La Cabaña– y otros dirigentes del PCC y, continuar idolatrando al castrismo y acusando de “mercenarios” a los compañeros, dando inicio a la “Leyenda Negra” de los anarquistas cubanos.viii

Durante sus años de exilio (1976-83) en Europa, el periodista e historiador, no se libró de los cuestionamientos de los compañeros anárquicos italianos, no solo por el execrable “affaire cubano”, sino por su acomodo de la historia. Uno de esos compañeros fue Enrico Arrigoni, también conocido en los medios ácratas como Frank Brand, destacado anarco-individualista originario de Milán, propulsor de las ideas de Stirner y de la expropiación individual“, junto a su amigo Abele Rizieri Ferrari (Renzo Novatore).

Albañil, dramaturgo y artista plástico, Arrigoni siempre fue reconocido en nuestras tiendas por su larga trayectoria; a comienzos del siglo XX participó junto a Malatesta en diferentes insurrecciones en Italia y aportó su experiencia en incontables sublevaciones destacando su intervención en Suiza, Alemania y Hungría. A finales de la década del veinte, colaboró activamente en el desarrollo del anarquismo de praxis en Cuba y Argentina, donde conoció a Severino Di Giovanni y otros compañeros italianos involucrados en la confrontación cotidiana contra la dominación. Más tarde se trasladó a la ciudad de Nueva York, por invitación de Costantino Zonchello y los compañeros italo-americanos editores del periódico L’ Adunata dei refrattari, donde escribió en repetidas ocasiones, también plasmó sus aportaciones en los periódicos Controcorrente e Intessa Libertaria. En 1928 comenzó a editar la publicación anarcoindividualista Eresia, contando con la colaboración de su amigo Pietro Bruzzi. Durante la Revolución española se unió a la lucha contra la rebelión fascista a pesar de “las constantes desavenencias con las posturas anarco-sindicalistas”, hasta que le hicieron prisionero. Regresó a Nueva York donde vivió como “inmigrante ilegal” hasta su muerte a la edad de 90 años el 7 de diciembre de 1986.

Arrigoni había conocido a Marcelo Salinas en Cuba junto a Manuel Ferro y un grupo de anarquistas isleños. De Marcelo tenía “buenas referencias” de los compañeros italianos residentes en Tampa del Grupo Panapimtos. Durante la década de los sesenta del siglo pasado, apoyó decididamente a sus viejos compañeros perseguidos por el régimen castrista; en su defensa dio la batalla en todos los medios libertarios desde los primeros días del gobierno de Castro hasta los años ochenta confrontando la Leyenda Negra de Osvaldo Bayer y cía.

Los pocos compañeros italianos contemporáneos de Severino Di Giovanni sobrevivientes a la deportación y las cárceles fascistas que fueron contactados por Bayer, también le recordaron su abominable traición a los compañeros cubanos alebrestados por su viejo compañero de lucha, el entrañable Arrigoni; asimismo, narraron la verdadera historia de Severino, reconociendo su valentía y su incuestionable compromiso con la práctica anárquica y haciendo hincapié en que ninguno había sido parte de su grupo. Sin embargo, el periodista argentino acomodó las “grabaciones” ofreciendo una versión edulcorada de su apasionada biografía. Una de las tantas “adecuaciones” de la historia fue la ejecución del despreciable Emilio López Arango a manos de Severino. Bayer decidió en su libro que el protagónico perdería “glamour” si se contaban los hechos tal como sucedieron. Empero, el hecho no necesitaba la menor justificación, tanto Arango como el Abad de Santillán –circunstanciales editores de La Protesta, abusando de sus funciones, habían tomado el periódico como tribuna personal para desde sus paginas denigrar al compañero Severino acusándolo de “espía fascista y agente policial”. Quizá, lo único reprochable de la acción de Severino fue no haberse cargado a Santillán, tal vez hubiese sido otra la historia de la Revolución española.

Años más tarde, volvía a la carga Amanecer Fiorito, recordándole a Bayer que, según el testimonio de Emilio Uriondo a “Arango sí lo mató DiGiovanni”: «”Estábamos reunidos varios compañeros de los grupos expropiadores, tratando el problema con los redactores de La Protesta. Di Giovanni se levantó del asiento, pidió a un compañero que hacía de chofer de los grupos que lo acompañase, fue a buscarlo a la casa y lo mató”. La Protesta, al menos subjetivamente, no era Arango, Santillán y algún otro. La mayoría de lo que quedaba del movimiento se identificaba con el periódico y no necesariamente con la posición de los circunstanciales redactores, ni con la actitud de estos, en el tema que estamos tratando.»ix

En el programa radial Marca de radio, con Eduardo Aliberti por la Red, el día 29 de abril de 2006, Bayer contaba a la audiencia que le había enviado una carta al “Dr. Kirchner” pidiéndole “que vaya él a la localidad de Las Heras y que no mande a la Gendarmería”. Y añadió que “un político no debe buscar cargos para enriquecerse sino para ayudar a la sociedad”. Al asombro de Aliberti ante tales afirmaciones siguió la pregunta de rigor: “¿vos seguís siendo anarquista?”, Bayer contestó: “Sí claro, en realidad soy libertario, anarquista se decía antes.” En el 2005, Bayer participó en la proyección de “La Patagonia rebelde” en la Casa Rosada, junto al presidente de la república, ministros, políticos y granaderos.

En la lista de los participantes en las actividades culturales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de ese mismo año, Bayer figuraba primero, seguido por Miguel Bonasso, Rodolfo Terragno y otras muchas figuras del ambiente artístico, político y periodístico. En junio de 2006, colaboraba en el lanzamiento de la “Audiovideoteca de Escritores” de la Subsecretaría de Comunicación Social del

Gobierno de la Ciudad e, igualmente apareció promocionando el proyecto en las

publicidades televisivas del Gobierno.x

En resumidas cuentas, al fin se fue el viejo Bayer. Falleció el pasado 24 de diciembre. Imagino que a su llegada al Infierno, lo estaban esperando Bakunín, Di Giovanni, Alejandro y Paulino Scarfo, Jorge Tamayo Gavilán, Braulio Rojas, “Paco” González, Jaime Gómez Oliver, Silvio Astolfi, José Nutti, Fernando Pombo, Umberto Lanciotti, Dumpiérrez, Agostino Cremonessi, Gino Gatti, Arrigoni, Fiorito, Roscigna, Vázquez Paredes, los anarquistas expropiadores rusos, los compañeros cubanos: allí le pasarán la última cuenta. Nos toca ahora a nosotros reescribir la historia vivificando la Anarquía.

Los anarquistas no necesitamos de cronistas, biógrafos e historiadores porque llevamos nuestra historia a cuestas y la hemos trasmitido en actos de generación en generación. El culto a la carroña no es la mejor manera de recordar a nuestros muertos, la única forma de mantener vivo su recuerdo es reproduciendo su inclemente accionar. La acción directa no es letra muerta, es nuestra arma más potente. Retomemos la guerra contra la domesticación y la dominación con el mismo ímpetu de nuestros antecesores. Impulsemos los empeños de destrucción de la sedición anárquica. Contra todo Poder. Contra toda Autoridad. Contra todo lo existente. Multipliquemos las expropiaciones, los tiranicidios, los atentados, las fugas de prisión, propaguemos –por los hechos– el fuego inagotable de nuestros negros corazones, procuremos darle vida a la Anarquía.

¡Por la Internacional Negra!

Gustavo Rodríguez, Planeta Tierra, 17 de enero de 2019.

Una acotación, un agregado, una posdata vincular: Sé que para muchos leninistas, socialdemócratas y “anarco”-izquierdistas agazapados en nuestras tiendas, este texto representa un agravio inmerecido contra el nonagenario libretista, también estoy consiente que a infinidad de hipócritas “anarco”-cristianos y apagafuegos, estas líneas (insoslayables –Fiorito dixit) le resultarán ignominiosas y blasfemas; además, estoy convencido, que este escrito provocará la ira de todos los falsos críticos, los amantes de la corrección política, la simulación y los buenos modales (“no se ofende la memoria de los muertos”, solo que igualmente le increpé en vida todo lo expuesto en esta nota y nunca me dio la cara). Por último, seguramente este posicionamiento –tan arrogante como desafiante– prenderá los focos rojos de todos los comisarios políticos y, alarmará las gendarmerías y a los fascistas de todos los colores (pardos y rojos). Esos son los riesgos que tomamos todas y todos los que nos asumimos anarquistas sin remordimientos. Así que: preparen, apunten, fuego. ¡Nos veremos en el Infierno!

i Vale la pena darse la vuelta por su página web https://www.fundacionkonex.org/

ii «-¿Cómo se define usted?
 -Como un socialista libertario, o mejor, alguien que trata de ser un socialista libertario en una sociedad que se va complicando cada vez más, en la que cada vez es más difícil ser un socialista libertario.»
Entrevista con Susana Viau, suplemento Radar de Página/12, BB.AA, Argentina, 24 de mayo de 1998.

iii Revista “El Imperio contraataca”, nº zero año 1.

iv Suplemento Radar de Página/12, 26 de julio de 1998.

v Fiorito, Amanecer, La vieja historia del hombre nuevo, La Protesta No. 8202, marzo-abril 1998. Recogido en El Negro. Selección de artículos de Amanecer Fiorito, Ediciones Libertad, BB.AA, 2007.

vi Bayer, Osvaldo, En camino al paraíso, Biblioteca Bayer, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Planeta, 2016.

vii Para más información sobre la brutal represión del castrismo al anarquismo cubano, Vid. Fernández, Frank, El anarquismo en Cuba, Colección Cuadernos Libertarios/6, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid, 2000, p.p. 87 102.

viii Barret, Daniel, La Leyenda Negra de los anarquistas cubanos: un ataque más y van…, disponible en línea.

ix Fiorito, Amanecer, “Si es Bayer…”, La Protesta No 8204, BB.AA., julio-agosto1998.

x Publicación anarquista ¡Libertad!, nº 37, BB.AA, julio-agosto 2006,