(Chile) Soldando cadenas en tiempos de quiebres. Perpectiva anárquica ante el proceso constituyente en Chile.

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“A un año de la revuelta que sacudió octubre nos rebelamos contra todo inicio y fin, rechazamos la idea de una fecha conmemorativa disuelta en las aguas de la Historia y de la cual hacer uso periódicamente, cual trofeo que se desempolva para recordar y vivir, siempre en pasado, la supuesta puntualidad de la subversión y la segmentación de un antagonismo real. Lejos de las opciones del poder y su camino institucional para volver a legitimarse, lo único que queda, lo impagable e incuantificable es la experiencia de proyectar y proyectarse en caminos de negación antagónico a un mundo de falsedades, dominación, miseria y leyes”.

Ante la revuelta, el plebiscito y la situación judicial: Comunicado de prisionerxs de la guerra social por la destrucción de la sociedad carcelaria Octubre 2020/Carcel de Alta Seguridad, Carcel de Santiago 1, Carcel de San Miguel.

UNA PINCELADA DE CONTEXTO

El 18 de octubre del año 2019 en el territorio dominado por el Estado chileno, comenzó una de las revueltas más extensas y categóricas que se haya visto en las últimas décadas. Todo se inicia dentro del contexto de un conjunto de protestas en contra del alza del pasaje del Metro, estas movilizaciones llevadas principalmente por estudiantes secunadarixs, fueron brutalmente reprimidas desde el primer momento.

Quizás las imágenes de las golpizas de lxs guardianxs del poder en contra de estxs jóvenes fue el factor que faltaba para desencadenar la tormenta perfecta, o tal vez fue el hartazgo antes las condiciones de miseria impuestas por décadas agudizadas con la subida del pasaje fue lo que hizo que esa noche muchxs salieran a las calles. La noche del 18 de octubre marco el inicio en el que miles de personas osaron atacar diversos símbolos, estructuras del capital y la autoridad. La destrucción iconoclasta se expandió imparablemente por todos los rincones.

Mientras caían las mamposterías de lxs poderosxs, comenzaban también a configurarse nuevas formas autónomas de relacionarse entre lxs oprimidxs. La revuelta llenó de vida insurrecta y de colores las grises calles; tomó diversas formas explotando sin límites la creatividad individual y colectiva.

El terrorismo estatal durante los primeros días de revuelta asesinó, torturó, violó y mutiló a cientos de personas y seguiría haciéndolo durante meses. La policía no bastó para desplegar toda la furia represiva estatal, necesitaron sacar a los militares, y al igual que en dictadura nos quisieron quitar las noches.

En un intento de apaciguar los ánimos, los mismos de siempre, a puerta cerrada, firmaron el 15 de noviembre un “acuerdo por la paz social” que daba la posibilidad de reescribir la constitución del 80 y fijaba una fecha tentativa para un plebiscito en pos de decidir el cambio a una nueva constitución. Acuerdo de paz que cimentaría en los meses venideros un nuevo acuerdo entre todas las fuerzas políticas que daría curso a las primeras leyes represivas cuyo fin era sofocar la revuelta. La paz de lxs poderosxs huele a muerte y a cárcel, el paquete de leyes represivas (ley antisaqeueo, antibarricadas y varias más) aprobadas el 13 de enero engrosaría aún más el paso de tantxs por los calabozos del capital.

Rápidamente se conformaron dos opciones electorales “Aprobar” el cambio de la nueva constitución o “Rechazar” y mantener la actual, en la misma línea se discutiría la modalidad de dicha modificación: convención constituyente o convención mixta. Todo apunta a transformar la rabia de la revuelta en la fiesta de la democracia, mediante un par de votaciones.

EL CAMINO RECORRIDO

Por todxs lxs que fueron asesinadxs, por los ojos mutilados, por nuestrxs compañerxs encarceladxs.

El plebiscito del 25 de octubre y el proceso constituyente que se deriva a partir de éste, a todas luces es la salida institucional a una revuelta de atisbos insurreccionales; es la respuesta de la cúpula opresora frente a un momento de ruptura radical a un orden impuesto, bajo un claro objetivo: Salir lo mejor “parados posible” ante una crisis que les reventó en la cara. Si bien es cierto que esto no nos sorprende ya que el poder siempre busca perversamente como readecuarse y reajustarse ante los puntos críticos que el mismo poder genera, lo que, por sobre todo, nos provoca una crítica severa es hacia todxs lxs seudxs detractorxs del sistema que a sabiendas de las triquiñuelas que cocina el poder para perpetuarse, avalan irrestrictamente un proceso viciado bajo la conformista lógica del “mal menor”, la cual, al fin y al cabo, ha sido la lógica de la traición histórica en momentos cruciales de la lucha por una transformación radical de lo existente.

Bajo este argumento, quienes siguen el juego de la elite dominante nos dicen que tras la revuelta y los altos costos humanos que conllevó la lucha -muertos, mutilados por cientos, violaciones, innumerables presxs- debemos sacar algo en limpio, debemos conformarnos con una nueva constitución para así romper con una herencia dictatorial que sustenta el experimento neoliberal chileno. Como anarquistas nos oponemos ferozmente a estos placebos que solo buscan aplacar la vorágine de la lucha que se desató tras el 18 de octubre, por tanto, seguiremos apuntando al corazón del enemigo y no comulgaremos con cambios cosméticos gatopardistas. Precisamente por nuestrxs compañerxs asesindxs, por todos los cuerpos mutilados y por todxs los secuetradxs en los centros de exterminio del Estado, es porque debemos continuar y agudizar el conflicto al margen de cualquier vía institucional y siempre renegando del Estado, reforzando nuestras praxis e ideas hasta la liberación total.

El verdadero error histórico.

En este escenario institucional al que quiere ser conducida la revuelta, quienes nos situamos desde posiciones revolucionarias antiestatales en contra del plebiscito y el proceso constituyente, debemos escuchar una serie de caricaturescos reproches por parte de quienes se autoconvencen que este es el mejor escenario posible “por ahora” (un “por ahora” que transita desde el auto engaño a la complicidad oportunista). Una de estas impugnaciones recurrentes es que no votar el 25 de octubre es desaprovechar una oportunidad histórica. Efectivamente vemos el error histórico, compartimos ese argumento pero desde una perspectiva diametralmente opuesta: El error radica en permitir que la esencia radical y acéfala de la revuelta de octubre se re canalice en prácticas movimentistas miopes, determinadas por los tiempos y objetivos que la escritura de esta nueva carta magna marque; el error sería cederles el espacio nuevamente a lxs que se sienten llamadxs a “conducir los procesos” y a generar interlocuciones que atentan contra el carácter autónomo y complejo de la lucha desatada desde octubre; el error en definitiva es permitir que la intensidad y potencialidad de la revuelta sean absorbidas por un devenir institucional que busca “domesticarla” y que dista del sentido original que alimentó la revuelta misma durante meses.

Nuestras ideas antiautoritarias nos colocan por definición en una trinchera que debe negar cualquier salida institucional/constitucional, pero también deben realizar una mirada histórica de la lucha reciente la cual necesariamente refuerza nuestra posición. Al referirnos al carácter o particularidad de la revuelta debemos necesariamente remitirnos a la tensión confrontacional previa al 18 de octubre ya que si bien es cierto que toda revuelta tiene un elemento de espontaneidad , lejos de cualquier planificación, es también cierto que no es casual, no surge de la nada. Evidentemente, por una parte, se explica por la intensificación de un modelo de explotación, de abusos y de injusticia que acumuló una rabia generalizada que se desató en octubre. Por otra parte, es evidente también que es resultado de décadas de resistencia y de lucha ofensiva en la calles; de las acciones directas acontecidas; de la radicalización de individualidades y grupos de afinidad. Si bien es claro que estas tensiones no fueron sostenidas exclusivamente por anarquistas, es innegable que el carácter ácrata de la lucha ha estado presente. Es este carácter que busca otras formas de “hacer” -tanto en la lucha como en proyectualidades de vidas- donde no hay ningún tipo de lugar para constituciones y pactos.

A no perder la experiencia ganada

El falacioso y repudiable argumento de lxs defensorxs del “apruebo” de que hay que “desbordar las instituciones desde las institución misma” solo son un reflejo del engaño y la paradoja a la que apuntan. Un verdadero camino de liberación debe siempre apostar a la negación de las instituciones que se han forjado para reproducir un mundo de control, dominación y explotación. En este sentido, es importante resaltar las experiencias de conciencia y organización que se vivieron tras la revuelta de octubre ya que de alguna manera surgen como una forma de poner en entredicho la institucionalidad existente. Sin duda, el rechazo a toda la clase política (sin excepción) es un reflejo de esto, da cuenta que mucha gente percibió como obsoleta la función nefasta de estos iluminados que rasgan vestiduras en su discursillo de la búsqueda del bien común y que en el fondo solo anhelan el beneficio de sus intereses sectoriales Esto ha permitido avanzar en un camino, sin duda de forma aún incipiente, a formas más autónomas de organización. Dentro de estas experiencias, la consolidación de organizaciones territoriales, que no solo se expresan en las asambleas territoriales, son un claro reflejo del terreno ganado tras la revuelta, donde diferentes formas e iniciativas de acción han buscado desmarcarse de una institucionalidad centralista.

Otro terreno crucial en el cual se ha avanzado de forma categórica ha sido que a partir del 18 de octubre se entendió de forma amplia que solo a través del uso de la violencia es posible poner en jaque la realidad que se nos ha impuesto; que es legítimo el ejercicio de la violencia como una herramienta que puede hacer temblar los cimientos en los que se ha erigido este mundo de dominación; que lxs rebeldes tras las capuchas, hoy la llamada, por algunxs, primera línea, han sido, son y serán protagonistas de la ofensiva que busca romper con lo existente.

Todo proceso institucional que se nos quiera imponer, llámese plebiscito, proceso constituyente o elecciones, en última instancia buscarán mermar la experiencia ganada a partir de la revuelta, buscarán recomponer una servidumbre voluntaria que ha sido cuestionada de forma clara y categórica en este último tiempo, ante lo cual solo nos queda seguir robusteciendo las prácticas y tensiones contra todo poder y autoridad.

SOBRE LA CONSTITUCIÓN Y SUS IMPLICANCIAS.

La Constitución es el marco legal que regula el funcionamiento de la sociedad, es, como se dice de forma reiterada, el manual de convivencia que determina lo que se puede o no hacer. Ya sea elaborada por una persona, por un consejo de expertos, por el congreso o por una asamblea ciudadana, la Constitución es un documento que pretende abarcar cada aspecto y dimensión de la sociedad, a la cual entiende como un todo homogéneo. Incluso aunque contemple grados de diversidad y autonomía para ciertos territorios dentro del Estado como puede ser el reconocimiento de la plurinacionalidad, es la encargada de fijar los criterios generales, constituyendo la base de la articulación estatal.

El Estado, sea del tipo que sea, requiere de una Constitución para ejercer su poder en la medida que es el fundamento y respaldo de su accionar. De más esta decir que viéndose amenazado, el Estado, como ha quedado demostrado, no tienes problemas en pasar por alto la Constitución si ésta resulta ser un impedimento para llevar a cabo medidas represivas o de exterminio que aseguren su supervivencia. No obstante, por lo general, las constituciones contemplan la labor represiva del Estado, por lo que solo basta echar mano de algún artículo para justificar y validar masacres y asesinatos.

ESTADO, PUEBLO Y CONSTITUCIÓN

Como se apuntó, la Constitución es elaborada para el funcionamiento de la sociedad entendida como un conjunto, como un organismo vivo que divide sus funciones para desarrollarse y salir adelante. La sociedad, en definitiva, es una institución en la medida que pasa de determinar y controlar la vida de los individuos que la componen, situándose por sobre estos, a quienes les coarta su iniciativa y voluntad. El todo pasa a cobrar más importancia que sus partes y adquiere vida propia e independiente que necesita de un orden para funcionar. Ese orden que supuestamente otorgaría armonía al conjunto, no es más que el sistema opresor encargado de vigilar, controlar y reprimir cualquier atisbo de desobediencia o conducta que salga del marco establecido. Al estar ideado y planificado para toda la sociedad, el orden requiere de un poder centralizado que lo lleve a cabo, el cual se erige como una figura sagrada que, por lo tanto, adquiere características trascendentales. Dicha institución es el Estado.

Creemos innecesario exponer en este breve documento todas las críticas y los argumentos que fundamentan nuestra aversión hacia el Estado, sin embargo resulta importante señalar que lo entendemos mucho más allá que ser el encargado de velar por el orden público y la vigilancia, cual gendarme que custodia los intereses de los capitalistas. Su labor y alcances son bastantes más extensos y complejos, abarcando prácticamente la totalidad del comportamiento individual y colectivo de quienes viven bajo su influencia. En cada conducta delegacionista, paternalista y/o autoritaria, entre otras muchas más, podemos ver la presencia innegable del Estado naturalizada con el paso de los años.

El Estado necesariamente debe dotarse de instrumentos que lo sustenten, instrumentos que también adquieren connotaciones sagradas que les otorgan la calidad de incuestionables. Dentro de éstos se encuentra la Constitución, la cual sería fruto de la “voluntad del pueblo”.

Ahora bien, ¿qué es el pueblo? ¿es la mayoría de la sociedad que se pone de acuerdo en algo? ¿es la opinión de uno u otro partido político?. La definición de dicho concepto nunca queda clara y siempre es utilizado para justificar alguna decisión o acción de algún sector político que se arroja el derecho a su representación.

Al igual que el concepto de “Dios” o “Estado”, el “Pueblo” corresponde a una abstracción alejada de la realidad. Es un término o idea que se ha instalado y validado en el imaginario colectivo como un conjunto homogéneo que de ser analizado y desgranado salen a relucir de inmediato sus inconsistencias.

Entonces, la Constitución emanada de la voz del pueblo viene a validar y servir de soporte al Estado, figura sagrada por excelencia. De ahí la importancia de la Constitución. Es, al igual que las tablas de la ley con sus 10 mandamientos, el dictamen impuesto por una entidad superior – en este caso el pueblo soberano – que deberá ser ejercido y ejecutado por un poder centralizado: el Estado.

Así, el Estado y la Constitución son inseparables. No se entiende el uno sin el otro, y, como señalamos anteriormente, aunque el Estado sea plurinacional, dicha particularidad tendrá que estar especificada y permitida en una carta fundamental.

PROYECCIONES

Luego de las franjas, las papeletas, los constituyentes y su nueva constitución.

Sabemos que las ilusiones no cesarán luego del plebiscito del 25 de octubre, sino se intensificarán en las nuevas etapas de lo que se ha denominado como “proceso constituyente”. Nuevos paraísos terrenales ofrecerán para la elección de constituyentes, y luego para validar la redacción de la carta magna. Cual repetida campaña presidencial las promesas abundan con la tonada de que es efectivamente el cambio en la constitución el que tendría la capacidad transformadora de nuestra realidad.

El espejismo juega con la propia limitancia de este mundo: La única forma de ser libre es cambiar el estilo de las cadenas, su color, el tamaño y forma de sus eslavones. Nuestra realidad y orden social solo estaría constituido por aquel conjunto de reglas, por lo que nuestra máxima aspiración es reescribirlas, modificarlas o incluso refundarlas. ¿Libertad?¿El fin de la opresión? Imposible, mejor luchar por nuevas leyes, nunca pensar en destruir este orden completamente, ni sus instituciones y relaciones.

En la constante lucha por la libertad, somos descarados y ambiciosxs: Apostamos por la liberación plena, por la destrucción del Estado y, por lo tanto, de su Constitución entendida como uno de sus principales instrumentos de control y opresión. Aún siendo emanada por alguna asamblea ciudadana o por un otra entidad más o menos representativa, su indivisibilidad con el Estado es incuestionable, constituyendo uno de los elementos principales de su perpetuación. Defender la constitución es defender al Estado, refundar la constitución es refundar al Estado.

La libertad no vendrá de algún nuevo conjunto normativo ni de nuevas leyes, eso no solo lo sabemos, sino que nos lo repite la historia de forma incansable. No se trata de que solamente el proceso constituyente sea una estafa, se encuentre “mal” diseñado o este consensuado y manchado de sangre, mutilados, huesos rotos, agendas represivas y presxs tras el llamado acuerdo por la paz social, que le dio origen. La Nueva Constitución forja un armatoste para reforzar la unidad y un pacto social, amarrando a todos los individuos a sus leyes y a una legalidad determinada, la cual refuerza el conjunto social, conjunto que es contrario y elimina toda individualidad y su capacidad de liberarse de la opresión.

“Los derechos” suenan como algún logro posible dentro del sistema, pero aquello no es más que la comida que el amo da al esclavo. ¿Queremos mejores condiciones de esclavitud o arrojarnos para abolir de una vez por toda la explotación y opresión? Octubre del 2019 abrió una grieta en el muro de los poderosos, una trizadura en sus relaciones y mundo que debemos profundizar si queremos aventurarnos a vivir de verdad. La posibilidad de arrancar de esta realidad de explotación, opresión, trabajo asalariado, mercancías, fronteras y cárceles se encuentra precisamente ahí. Arrancar para adelante al desconocido camino de la libertad. Cuando podemos soñar y alcanzar todo, destruir todas las estructuras de dominación, algunos quieren repintar sus murallas, remodelar sus oficinas, hacerlas más amigables, remodelar las cerámicas y cañerías de los hornos crematorios.

¿QUÉ CONTEMPLA Y QUE NO LA NUEVA CONSTITUCIÓN?

Una Nueva Constitución, con diversidad y colores o con los grises trajes significa un nuevo pacto para el Estado, una nueva legitimidad para nuestros opresores, revalidar las balas policiales, el orden del dominio y su opresión.

Lejos de los jingles musicales y caras coloridas, el proceso trae nuevas cárceles, nuevas leyes, policías, rejas, explotación, depredación medioambiental, aburrimiento y la acostumbrada monotonía del capitalismo. Algunos dirán que se buscará limitar o incluso sancionar los “abusos”, una nueva fantasía ofrecida por lxs opresores: Es el poder, el Estado en si mismo el que trae en su esencia la relación de dominación. El Estado y su constitución los completos enemigos de la libertad.

¿Qué elementos quedan afuera de la nueva constitución? Como lo hemos señalado en reiteradas ocasiones, esta reformulación no contemplará el fin de la asfixiante realidad de opresión, sino que la fortalece dándole nuevas coartadas de legitimidad. Lxs compañerxs en prisión seguirán en las cárceles, los carros blindados de la policía no se marcharan, la dictadura del trabajo asalariado permanecerá intacta al igual que el mundo de las mercancías y las relaciones de autoridad.

Al canalizar la revuelta a un terreno institucional, esta inmediatamente se encuadra en sus límites, los refuerza, los fortifica y los vuelve a legitimar. Claro está, quien lo cuestione o no acepte someterse al juego democrático, recibirá toda brutalidad del Estado con sus viejas y nuevas constituciones.

¿QUÉ PROPONEMOS? ¿QUÉ VIENE? ¿HAY SALIDAS AL “MAL MENOR”?

Un acuerdo para legitimar a nuestros opresores, un nuevo pacto y paz social fue la desesperada salida que toda la clase política, la elite empresarial y la casta de los poderosos se fijaron en un acuerdo básico: Hay que salvar las instituciones y al Estado como sea.

Las posibilidades de una insurrección o incluso una revolución estaban al alcance de la mano en aquel octubre, pero lo que vemos ad portas del plebiscito no es una nueva discusión, sino una bastante antigua y repetida durante la década de los 70, luego a finales de la dictadura y ahora el 2020. Hoy volvemos a enfrentarla: ¿Vía institucional o insurreccional?

Algunos levantaran un relato idílico que muestra ambos caminos como formas diferentes para un mismo fin, lo cierto es que aun cuando en ocasiones se hayan utilizado métodos insurreccionales para refundar institucionalidades, en una revuelta desbocada como la comenzada en octubre, existen fines completamente antagónicos.

Hoy como en aquella primavera, nos seguimos encontrando en aquel dilema: ¿o vamos por todo, o destruimos completamente la institucionalidad y su mundo para construir y crear nuevas posibilidades o nos volvemos a enfrascar en sus limitaciones, mejoradas, adornando con flores los alambres de púas? Optar por el mal menor, optar por “la pequeña mejora” es optar por el mundo del Estado y la opresión.

Ante nuestra completa oposición al plebiscito y a todas las constituciones ¿Que podemos proponer? Nuestra afirmación es que sabemos exactamente lo que traerá el proceso constituyente, detalles más o menos. Sabemos en qué termina y sabemos cómo es el mundo del orden, del domino, del Estado, del capital y el patriarcado, lo conocemos perfectamente.

En este sentido, nuestra apuesta – que va de la mano con la destrucción del Estado – es por la desintegración de la sociedad y por la formación de comunidades autónomas en lucha. No pretendemos sentar las bases o señalar cómo sería un mundo sin Estado ni autoridad, por cuanto dichas especulaciones corresponden a ensoñaciones que solo tiene el propósito de engañar y establecer certezas como lo hacen religiones y partidos políticos. Sin embargo, creemos necesario caminar y experimentar desde formas de relacionarnos que tengan a la libertad individual como centro y que contemplen la confrontación permanente contra la autoridad como práctica indispensable.

Las comunidades autónomas en lucha, al ser la negación de la lógica totalizante de la sociedad, quiebran de raíz con la Constitución, destrozándola desde el momento en que optan por una autonomía contraria a cualquier amarra del Estado.

Así, la lucha por la apropiación de nuestras vidas implica necesariamente alejarnos y combatir cada instrumento y expresión del Estado, construyendo caminos que, sobre la marcha y en la lucha, generen espacios de autonomía y libertad.

A “lxs compañerxs” que vayan a votar, quienes coquetean con ideas anárquicas y se lanzan rabiosos a defender la nueva constitución, los rituales de la democracia, la delegación y votación. Solo nos queda recordar su inminente complicidad con los futuros asesinatos, los encierros, la represión y la miseria de vida que se mantendrá si no apostamos por la completa destrucción del Poder, el Estado y toda autoridad.

Contra el plebiscito y su acuerdo por la paz social, contra todas las leyes y constituciones
¡Que la revuelta destruya el Estado y toda institucionalidad para abrir caminos de liberación!

-Algunxs persistentes antiautoritarixs-

(Argentina) ¡Brazo y Cerebro Compañerxs!

«Lo que se aspira, lo que se sueña, es tan importante,
por lo menos, como lo que se hace. La historia no alza
cadaveres, ni se nutre unicamente de gestos: perpetua
ideas, alumbra definiciones… Lo que pasa de pueblo en
pueblo, y de siglo en siglo, no es solo el calido oleaje de
sangre de martires; sino tambien el concepto, cada vez
mas alto, cada vez mas amplio, de la libertad humana».
(Rodolfo Gonzalez Pacheco, La Antorcha, Nº 88)

«No confundamos el amor y el odio: el odio lo reivindico
para mi enemigo… Con mi enemigo, combato. Con mis
amigxs hablo, discuto, amo… Entre nosotrxs, tenemos
que querernos, y no confundirnos… La bronca es para
lxs autores de nuestro resentimiento…».
(Sergio Terenzi, Urubu, acto FORA 1996)

«A la vida, es necesario brindarle la elevacion
exquisita: la rebelion del brazo y de la mente».
(Severino Di Giovanni, Ultimas palabras, 1931)

0. RECARGANDONOS

La politica? Es basura. Que queremos lxs acratas? Destruirla. Hace meses, las revueltas se multiplicaban de manera imparable en todas partes. Pero de pronto ZAZ!: militares en las calles, y confinamiento obligatorio por doquier. Que curioso, no?. Ahora las cosas estan mucho peor; y los estallidos generalizados que se avecinan, seran algo nunca visto. Es nuestra oportunidad de acabar con viejas y nuevas «normalidades» liberticidas. Lograrlo y extenderlo es posible, si de verdad creemos en ello. Cada dia, mas y mas gente conoce y abraza el Ideal, en pleno siglo XXI. La autoorganizacion en las calles para enfrentar a los pelotones policiales se demuestra potente y eficaz. Contra todo pronostico se corren riesgos y abandonan posturas de comodidad, para ayudar a quienes mas lo necesitan; recuperando el sentido de COMUNIDAD. Lxs psicopatas perversxs y narcisistas que gobiernan, no son infalibles, ni eternxs: podemos derrocarles!. Ni libertad sin igualdad. Ni igualdad sin libertad. Y ademas, obvio, SOLIDARIDAD. (A) formatear.

I. QUE NO SON CERDOS

Hay dos tipos de fascismos: el fascismo y el antifascismo. Stalin invento el segundo, luego de que Hitler traicionara el acuerdo inicial de no agresion. Ambos pensamientos tienen en comun mucho mas de lo que se cree. Basta con ver como se tratan como «no-humanos» mutuamente. Y lo son. Alli radica el problema. El positivismo humanista no es una panacea: somos capaces de las mejores, y las mas aberrantes conductas. Es justamente por ello, que desconfiamos de cualquier principio de autoridad; ya que se pueden hacer desastres, aun con altruistas intenciones. Por lo tanto, vemos en las jerarquias (de todo tipo) la ruina de toda esperanza libertadora. Los sistemas se edifican con mentiras; y se mantienen por el miedo. Solo coraje, verdad y sapiencia nos hacen libres. Los populismos adoran la ignorancia pues de ella se alimentan. No por nada, la primera ocurrencia que surge al formarse un grupo de afines suele ser ABRIR una biblioteca. Mientras no sea para encerrarse en ella adelante… Los libros muerden y no solo rezan.

II. DINAMITA CEREBRAL

Ese fue el titulo elegido para una compilacion de cuentos, editada por primera vez alla por 1913; una curiosa (y explosiva…) antologia, de relatos anarquistas. Escribimos esto, al cumplirse un siglo de la poco feliz decision de la Federacion Obrera, de «uniformar la propaganda ideologica». Los sucesos de los años siguientes son bien conocidos… El sangriento asalto a la imprenta de «Pampa Libre», en General Pico, un contrasentido; y un retroceso brutal para todo el Movimiento, que ya venia sufriendo embates represivos espantosos. No pretendemos historiar aqui sus motivaciones profundas (que las tenia, y muy serias) sino lamentarnos por lo repetido de sus rasgos fanaticos, vanidosos, autoritarios y personalistas. Decimos estas cosas, viendo como aun nos hallamos lejos de resolver las disputas que no nos permitieron enfrentar el golpe de Uriburu del año 30; dando inicio a una caceria humana, que marcaria el final de nuestras posibilidades, otrora palpables, de hacer tambalear todos los poderes establecidos.

III. AY AY MATEO MORRAL

La, por ahora, unica Revolucion Anarquista triunfante que ha conocido el planeta (la mal llamada «Guerra civil española»), no nacio de un repollo… Medio siglo antes se fue construyendo, a traves de centenares de Ateneos Libertarios repartidos, generosamente, por toda la geografia iberica. En Catalunya solamente, llegaron a funcionar unos 200, en sus momentos mas algidos… Estaban firmemente asociados a los sindicatos de la CNT; y muchos de sus metodos de enseñanza se basaban en la Escuela Moderna, de Francisco Ferrer i Guardia. Mateo, quien fuera su bibliotecario, y ello costo un año de carcel a Francisco, luego del fallido atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1906; mato a 25 personas e hirio otras 100. Tres años mas tarde Ferrer era fusilado en Barcelona; acusado -falsamente- de tramar la insurgencia anti-belicista y anti-clerical conocida como la Semana Tragica. Seguidamente alguien concluyo: «en Barcelona la revolucion no se prepara; por la sencilla razon de que esta preparada siempre».

IV. ANARQUIA LA UNICA VIA

El apoyo mutuo es una obra mas nombrada que explorada; alli nuestro barbudo Piotr (Pedro) Kropotkin refuta magistralmente al darwinismo social, oponiendo la idea de cooperacion a la de competicion, comenzando por los insectos y acabando en los mismisimos seres humanos. Antes de morir, pudo comprobar que sus postulados anárquicos eran posibles, en sitios como Ucrania. Pero falleció triste al constatar que la «revolucion» habia sido traicionada, nomas esta comenzaba a andar. Volin lo explica con sumo detalle en el imprescindible y extenso tomo de «La revolucion desconocida». Para no continuar desperdiciando oportunidades de demolerlo todo de una vez, es necesario aprender de estos y otros procesos, afilando la mente paralelamente a los cuchillos con los que desgarrar la opresion. Lxs nihilistas rusxs propusieron en 1905 (a ver si lo recordamos!) formar pequeños grupos insurrectos clandestinos para aparecer/atacar/desaparecer; evitando asi las grandes manifestaciones, facilmente aplastables por el ejercito.

V. ALLANANDO EL CAMINO

En lengua originaria (quichua) la palabra «pampa» se ha querido traducir, equivocamente, como «llanura» a secas… Pero en realidad, significa «tierra sin limites» que es mucho mas metaforica de su sentido LIBRE. Su superficie total es casi inconmensurable; siendo uno de los territorios mas fertiles del mundo. A eso ya lo sabian lxs invasores europexs que, hasta fines del siglo XIX, apenas controlaban una franja, que terminaba en el Rio Salado. La masacre subsiguiente fue horrorosa; y desde los despachos estatales se repartieron -a precios irrisorios- parcelas gigantes, entre unxs pocxs que habian ayudado a financiar su usurpacion y conquista. Claro que no eran millones de hectareas de «desiertos»: estaban pobladas por varias etnias… Regresando al presente y recordando que tambien habia (y aun quedan!) mapuches en suelo pampeano, creemos que no esta de mas recomendar un buen documental reciente llamado «Mapuche: la tierra se levanta» que arranca del asesinato de Santiago y recorre las luchas que hoy continuan.

VI. ROMPAMOS EL SILENCIO

La lucha «de superficie» cumple una funcion incuestionable. Es una praxis tendiente a desmontar el topico violentista, que intenta vendernos el poder acerca de el/la «tipicx anarquista» que (por supuesto!) no existe. La otra cara de la moneda, es importante que se mantenga lo mas apartada posible para evitar ser detectada y anulada; a la vez ahorrandoles a los demas grupos (mientras sea posible…) padecer las consecuencias de la persecucion, ya que no han decidido involucrarse, puntualmente, en determinadas acciones especificas. Lo que consideramos innegociable, es el caracter agresivo inevitable que, por logicas de fuerza mayor debe adquirir, tarde o temprano, lo acratico. Hablar de anarco-pacifismo es un delirio: si queremos paz no hay otra opcion -por desgracia claro- que entrenarnos para la guerra. No se trata de «militarismo» como lo concibe la izquierda; sino de la via armada auto-defensiva connatural a lo libertario. Separar un anarquismo insurreccional, de otro que no lo seria, es mentirnos. A eso lo gritamos bien fuerte…

VII. DESTRUIR DESPUÉS CREAR

Ya teniamos la rabia a flor de piel; y las garras listas, para salir a asestar un nuevo golpe, a este sistema de muerte que nos rodea. Los pocos restos de Facundo Astudillo Castro, que la Maldita Policia bonaerense arrojo en medio de un cangrejal, para intentar (torpemente) simular un «accidente»; y eso nos retrotrae a lo que hizo gendarmeria con el Lechu tres años atras; ese hecho, deciamos, sumado al llamado a la accion directa, por lxs presxs de la revuelta mundial, se fundieron con una situacion propicia: el levantamiento-acuartelamiento de lxs esbirrxs, por un aumento de sueldo, de hace seis semanas atras… En algun lugar de la «pampa humeda» destruimos totalmente una maquina, utilizada para vertir residuos TOXICOS en medio de un paraje teoricamente protegido; los cuales iban a parar a cursos de agua (ya de por si) amenazados por el jodido glifosato: lo hicimos pagar caro!!. Omitimos compartir mas info, por nuestra integridad; y porque varios mass-mierda lo hicieron publico en su momento, calificandolo como intencional.

VIII. MEMORIAS ANARQUISTAS

No queremos dejar pasar la oportunidad para saludar a lxs complices de VANDALISMO NEGRO (menos purpurina, y mas gasolina) lo mismo que a lxs de la célula antagónica Fanni Kaplan (FAI-FRI); en respuesta a su llamado dedicamos el gesto citado incitándoles a la ofensiva urbana desde nuestras posiciones mas específicamente de «bandidxs rurales»; pues todo ataque (sea donde sea) es un avance mas en la Guerra Social multiforme. Y no nos olvidamos tampoco de lxs afines italianxs que han encarcelado por solidarizarse con el crimen del Brujo Maldonado en la llamada Operacion Bialystok. Bielorrusia esta retornando, ahora mismo, a desenterrar la memoria «judaico-anarquica-insurreccional» que la hizo famosa a inicios del siglo XX. EEUU al borde de una guerra civil, quien lo preveia?. Somos un peligro. Todo puede suceder cuando menos se lo esperan… Y no es por odio que peleamos; es por AMOR. Porque nos hartamos de contemplar el manso, pasivo y obediente, suicidio cotidiano de seres espectrales, que se agotan en la «queja».

IX. EL MIEDO Y/O LA LIBERTAD

Quienes mas amamos la Libertad (paradojicamente) mas hemos sido encarceladxs. Cada vez se vuelve mas complicado evitar las represalias, cuando pasamos a la accion; pero NO nos detenemos. Es una cuestion de principios… Ser libres, es un «estado espiritual» para nosotrxs, que no tanto fisico… Mas aun cuando las ciudades se han vuelto prisiones gigantescas. Pero siempre queda la opcion de salirse del mapeo territorial de vigilancia atacando la urbanidad desde afuera; permaneciendo anonimxs, libres y salvajes!. Y no se trata de hacer el hippie, como algunxs suponen; sino de no ser presa facil, de no hacer un «show de esteriles imbecilidades» que reproduzcan el espectaculo, en vez de combatirlo. Hemos contemplado estupefactxs, como en Berlin ha desfilado -literalmente- un Black Bloc mas ordenado e inofensivo que peregrinacion religiosa. Esperemos que a fin de este mes, las cosas sean bien distintas. Pero apostamos por las rebeliones perifericas; en Indonesia, Tailandia, Papua, Nigeria o Haiti. Que florezca la indomable anarquia.

X. INCENDIARIXS, NO BOMBERXS

Seria hermoso poder patear los traseros, de tantxs «hijxs del pueblo» reconvertidxs en inmundxs carcelerxs; derribar los muros y los barrotes que nos separan, y abrazar a lxs sediciosxs prisionerxs que firman el -emotivo- comunicado desde detras de las cumbres andinas. No coincidimos con quienes escamotean lo gravisimo que alli sucede, haciendo foco en lo que nos diferencia, y no en lo que nos emparenta… Lxs oprimidxs no entendemos otros limites que no sean los que nos marca el enemigo -ese que es «internacionalista» cuando de acumular dinero se trata- y empatizamos mas alla de las fronteras; pues nos une una misma historia de ideas, de luchas, persecusiones y dolorosas derrotas que llevamos tatuadas en el alma. No se trata de analisis racionales; sino de amigxs asesinadxs y tripas retorcidas, por tanta infame represion. Es por ello que reivindicamos la Tendencia Informal, por mas riesgos que eso supone: porque asumimos lo que somos con la frente bien alta, y vehemente clamor, por todxs nuestrxs muertxs. Salud y R.S.!.

POR EL FIN DE ESTA FARSA QUE LLAMAN DEMOCRACIA
LA DESAPARICION DEFINITIVA DE TODAS LAS POLICIAS
Y EL TRIUNFO DE LA SUBLEVACION ACRATA PLANETARIA
FUEGO AL ESTADO, EL CAPITAL Y TODAS LAS PRISIONES:
LARGA VIDA A LA INTERNACIONAL NEGRA COMPAÑERXS!!!

NUCLEO JOAQUIN PENINA
NUCLEO PASCUAL VUOTTO
NUCLEO AMANECER FIORITO
CELULA PAMPA LIBRE (FAI/FRI)

PAPÚA OCCIDENTAL: ATAQUE INCENDIARIO EN EL EDIFICIO DE OFICINAS LABORALES EN EL REGENT COMPLEX DE KEEROM, PAPÚA OCCIDENTAL POR «LA CÉLULA REVOLUCIONARIA LARGA VIDA A ERIC KING – FAI / FRI»

PT Freeport Indonesia (FI) ha estado presente en Papua durante décadas desde el inicio de la anexión de Papua Occidental por la Indonesia colonial. Lo que produce PT FI es solo destrucción natural, expulsión de indígenas y genocidio. Creemos que la existencia de Freeport solo puede ser destruida si Papua Occidental se separa de Indonesia, pero no queremos una formación de un estado de Papua Occidental, sino la Confederación de Papua Occidental, ¡la gente controla, no el control estatal!

Nosotros (La Célula Larga vida a Eric King – Federación Anarquista Informal) enviamos nuestros saludos a Lekagak Telengen, Egianus Kogoya y otros guerrilleros de Papúa Occidental que se encuentran entre los frondosos bosques de Papúa. Invitamos a nuestros compañeros que viven en ciudades a iniciar unidades de guerrilla urbana e iniciar ataques contra los símbolos del capitalismo y el estado colonial de Indonesia.

Declaramos claramente nuestra hostilidad hacia el político oportunista Benny Wenda y otros mierdas del ULMWP que pueden vivir cómodamente en un país extranjero mientras intentan luchar por el control del liderazgo de liberación de Papúa Occidental. ¡La verdadera liberación es con las armas y la insurrección civil, no de los lobbies en edificios con aire acondicionado!

Tampoco nos olvidamos de enviar nuestros abrazos a los compañeros en Indonesia que están iniciando una rebelión contra la Ley Ómnibus y el régimen neoliberal de Joko Widodo, a nuestros compañeros en Malasia que deben enfrentar la represión por luchar contra el reino fascista de Malasia, a las YPG. -Guerrillas del YPJ en Rojava que enfrentan una guerra asimétrica contra Turquía y a los insurgentes anti-autoritarios en todo el mundo.

Reivindicamos el incendio del edificio de oficinas laborales en el complejo de oficinas regentes de Keerom, Papua Occidental, durante los disturbios del 1 de octubre de 2020. Estamos entre las masas enojadas con el colonialismo indonesio, este es solo nuestro ataque inicial y no es el último. ¡Prepárate para la explosión que mantendrán el camino!

Si el estado y el capitalismo aún existen, la paz nunca se realizará. Por lo tanto, ¡el Estado y el capitalismo deben ser destruidos de una vez!

Deja que el fuego encienda la liberación de Papúa Occidental.

Célula Revolucionaria Larga vida a Eric King – (FAI-FRI)

YOGYAKARTA, INDONESIA: «CCF / ACCIÓN NÉMESIS» ASUME LA RESPONSABILIDAD DEL INCENDIO PROVOCADO DE UN COCHE DE LUJO

Yogyakarta – Indonesia: Reivindicamos la quema de un automóvil de lujo frente a la oficina de Sinar Mas anoche en Ring Road Utara Yogyakarta. Y no se trata solo de solidaridad para los combatientes en las calles contra la Ley Ómnibus, sino porque además entendemos que el Grupo Sinar Mas es responsable de la destrucción de las selvas tropicales en Indonesia para convertirlas en la industria del aceite de palma.

Solidaridad para todos los combatientes en Indonesia. Solidaridad con Bielorrusia. ¡Solidaridad para lxs anarquistas en Chile, Grecia, Hong Kong, Rojava!

¡Viva la rebelión!

“Queremos el mundo y lo queremos en llamas”.

CONSPIRACIÓN DE CÉLULAS DE FUEGO / ACCIÓN NÉMESIS

¿Para quién trabajan los apasionados communards de nuestros días?

Escrito por Gustavo Rodríguez


Mayo del 68 y la Sociedad del Espectáculo, medio siglo después

Desde 1871 –año en que el «poeta maldito» escribiera esta misiva–, no era necesario ser “vidente” para ver lo evidente: las masas de trabajadores que combatían en las barricadas de París seguían trabajando. Aquella «huelga salvaje» frente a la autoridad de Versalles, era a su vez, un nuevo trabajo que producía nuevas obligaciones y les condenaba a perpetuar el trabajo in saecula saeculorum. Tan profunda reflexión, en pleno trance nigromante, probablemente incitó a Rimbaud a cuestionarse: ¿para quién trabajaban los apasionados communards? profetizando un sistema de dominación fundamentado en la democracia directa como eje de gestión político-social, que aseguraba la permanencia de la autoridad y la continuidad del trabajo.

Por eso su furibundo rechazo (¡nunca jamás!) al proceso de alienación humana, consciente que la liberación total «consiste en alcanzar lo desconocido»2 ; única vía de escape del mercado cultural al que estaba forzado a vender su «mercancía». Quizá por ello, para Bakunin –con su espíritu subversivo y su lujuriosa irreverencia– aquellos setenta y tantos días de insurrección generalizada fueron una fiesta interminable y no una agotadora jornada de construcción social; al igual que para las aguerridas pétroleuses que gozaron los fugaces instantes de la primavera de 1871 como una orgásmica apoteosis de fuego y sedición. Mientras que para Engels, aquél acontecimiento expresó el «más vivo ejemplo de la dictadura del proletariado», vislumbrando la futura utilidad de la masa trabajadora.
El slogan histórico de los marxianos («¡abolición del trabajo asalariado!»), aún retumba en estos días reiterado por propios y extraños –con lamentable aceptación en nuestras tiendas–, como si la miserable retribución económica de la explotación de nuestra fuerza física e intelectual fuera el problema, y no el trabajo en sí, olvidando la raíz del vocablo. Si bien una etimología no es la Verdad (con mayúscula) sino una alegoría que permitió en su momento describir una realidad específica constituyendo la visión de mundo en nuestra mente, es realmente revelador lo que representó en algún período de la historia el vocablo «trabajo».

Las palabras «trabajo» (en castellano), «travail» (francés), «trabalho» (portugués), «traballo» (gallego), «trabayu» (asturiano) y, «treball» (en catalán y valenciano), derivan del latín vulgar tripalium: un instrumento de tortura similar al cepo que consistía de «tres palos»» a los que se ataba a la persona que recibía el tormento. De ahí el significado de tripaliare: «tortura», «tormento» o «dolor provocado»3 .

Si etimológicamente la expresión «trabajo forzado» es una suerte de pleonasmo; bajo el enunciado «trabajo asalariado», queda al descubierto el sinsentido del término, a menos que se trate de entusiastas masoquistas que, consecuentemente, se nieguen a cobrar por ser torturados. Ya ni mencionar esos peculiares seres tan bien domesticados que aman el trabajo, superando con creces la narrativa de Von Sacher-Masoch, con perdón de todas y todos los amantes de infringirse dolor (a voluntad) con placenteros resultados, reconciliando la tensión entre placer y muerte en una profunda alteración del tiempo mismo4 .

No es obra del azar que las incursiones psicogeográficas de Debord –cuatro años antes de fundar la Internacional Situacionista–, concluyeran con un graffiti en las proximidades del Sena con la inscripción «NE TRAVAILLEZ JAMAIS!» (¡No trabajes jamás!), retomando el grito de guerra de Rimbaud, recargado por la intuición punzocortante de la negación dadaísta «contre tout el tous» (contra todo y todos) y la «guerra contra el trabajo» del movimiento surrealista. Tampoco es fruto de la casualidad que a finales de la década del setenta el compañero Alfredo Bonanno y los sectores anárquicos más aguerridos de Italia, centraran la lucha en la destrucción del trabajo tras la experiencia del mayo rampante de 1977, dándo rienda suelta a las tésis insurreccionales ante el inmovilismo anarcosindicalista y la degeneración del libertarismo de síntesis.

En contraste, los marxianos de todas las denominaciones –socialdemócratas, espartaquistas/luxemburguistas, consejistas, leninistas (trotskistas, stalinistas, maoístas y otras sub-especies), operaístas, autónomos, socialistas libertarios y, anarcosindicalistas–, posponen la destrucción del trabajo y la consiguiente destrucción de la economía, anteponiendo a este momento emancipador el programa de consolidación del poder obrero (comunista/anarquista), estimulando el desarrollo de las fuerzas productivas y limitándose a gestionar o «autogestionar» –en el caso de los sindicalistas libertarios y los consejistas– la economía, asegurando el desarrollo del Capital. De esta visión (corta de miras), no quedarían excentos ni los situacionistas. El propio Debord, se retractaría de aquel aguerrido graffiti, optando por impulsar la automatización industrial (primero) y, fomentar la «sociedad de Consejos» (después). Vaneigem, tampoco se despojaría de su ADN marxiano, inclinandose por los «Consejos Obreros» (primero) y, la autogestión generalizada (después).

Este enfoque miope, indudablemente obstruye la finalidad anárquica de demoler todo lo existente. Tal concepción, en lugar de poner fin a la llamada «contradicción fundamental» (capital-trabajo), destruyendo el trabajo y la economía y, como resultante el Capital, se plantea un falso dilema entre la gestión de la economía por la «burguesía» y la gestión/autogestión del «proletariado». De tal suerte, elige la forma sobre el contenido, dando paso a un «capitalismo autogestionado» (tal como sucedió en la revolución anarcosindicalista tras el golpe fascista de 1936) o imponiendo el «capitalismo de Estado» (Rusia 1917, China 1949, Cuba 1959, Nicaragua 1979…).

«Jeder nach seinen Fähigkeiten, jedem nach seinen Bedürfnissen» (De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades) es el aforismo que hace suyo San Charlie de Tréveris –tras plagear a Étienne Cabet y a Louis Blanc–anunciando el arribo de la «fase superior» del comunismo, una vez superado el principio rector de la «dictadura del proletariado» («A cada cual según su aporte» o, lo que es lo mismo «quien no trabaja no come»), período de tiempo indefinido donde, lejos de abolirse, la condición obrera se generaliza, exacerbando la explotación de los trabajadores en la producción eficiente de un «futuro mejor». Lo que en la práctica se traduce en más de lo mismo, es decir, en la continuación del Capital a través de medios pretendiadamente revolucionarios implementados en torno a la división entre dirigentes y ejecutantes.

¿Qué producen las revueltas contemporáneas? ¿Para quién trabajaban los apasionados communards de nuestros días? Probablemente, estas sean las preguntas generadoras iniciales que nos ayuden a formular nuevos cuestionamientos y a enlistar dudas, temores, reflexiones y propuestas, desenredando los hilos negros de nuestra historicidad. Así y sólo así, podremos entrelazar la nueva trama y la urdimbre de las luchas venideras. Ese tejido negro irá tomando el cuerpo polimorfo que le vayamos concediendo sin seguir viejos patrones. Ya no tendremos que continuar remendando aquel trapo arcaico que fuera confeccionado hace siglo y medio en la rueca y el telar. Aquel tejido tuvo su propio tiempo. Las nuevas tramas anárquicas solo podrán advenir de manera disruptiva, desde un ethos que reafirme la necesaria destrucción del trabajo y la potencia del fuego liberador. Continuar en la repetición y el estancamiento actual, podría remitirnos a la regresión histórica: la imposición del fascismo global (pardo y/o rojo).

Es preciso agudizar nuestros sentidos para saber distinguir los olores y avizorar el cocido. El aroma del fuego siempre nos indicará qué se está cocinando. No se trata de rechazar el platillo una vez que esté servido sino de interrumpir su cocción. El aroma azufrado de la combustión del petróleo y sus derivados, provoca una inconfundible sensación olfativa que incita cierto estado transitorio de euforia y nos expide, de forma inconsciente, una sucesión de imágenes asociadas que producen infinito placer: un cuartel en llamas, una prisión reducida a cenizas, un conglomerado de antenas calcinadas, una patrulla incinerada o un bello centro comercial carbonizado. Ese devenir-fuego –que ilumina la noche– provoca una conmoción liberadora que no puede propiciar ningún otro medio, ninguna máquina de guerra. Innova un gesto que hace perceptible la anarquía a través de las flamas de la devastación.

Gustavo Rodríguez
Planeta Tierra, 1º de septiembre 2020

(Extraído del folleto «El aroma del fuego: la rabia de la desesperanza en un mundo tripolar», septiembre, 2020.)


1. Rimbaud, Arthur, Iluminaciones, Cartas del vidente, Ediciones Hiperión, Madrid, 1995.

2. Id.

3. El vocablo «trabajo» tiene tres raíces europeas que han permitido el acomodo semántico del término en diferentes lenguas: Ergon en Griego, Laborare en Latín y, la olvidada Tripalium (también en latín pero con un origen mucho más lóbrego). En lengua inglesa, la palabra «work» está asociada a la raíz latina de la palabra Laborare que significa «labor», aunque su traducción literal sería «labor difícil», de ahí la expresión «labor de parto». Esta raíz latina es el origen de una variedad de palabras, incluyendo «colaborar» y «elaborar». Hannah Arendt, echa mano de esta raíz etimológica para justificar el trabajo, argumentando que tiene un rol en el «proceso de la fertilidad vital» (La Condición Humana, Paidós, Barcelona, 1993). En realidad, es evidente que sí existe una abismal diferencia entre los vocablos Tripalium y Laborare (o Ergon en griego) y, esta radica en la ancestral división social (y sexual) del trabajo con el arribo de la agricultura: un sector «destinado» a cumplir con la obligación dolorosa del trabajo (Tripalium), perdiendo toda libertad; y otro, «elegido» para la labor creadora (Laborare) en plena libertad.

En Europa, se tiene evidencia del uso punitivo del tripallium por lo menos hasta el año 578, mientras que en América se documenta el empleo de este instrumento de tortura en la década del ochenta del siglo XIX y, en Mauritania aún se utiliza para “disciplinar” esclavos y (particularmente) esclavas que se niegan a cumplir con las exigencias de sus amos a pesar de que la esclavitud fue abolida por ley en 1981.»

4. Freeman, Elizabeth, Time Binds: Queer Temporalities, Queer Histories, Duke University Press, Durham, 2010.

Las rebeliones de la miseria

Escrito por Gustavo Rodríguez


La era de Lucifer y La 3ra Guerra Mundial | CONEXION CON ...

«Todos los sistemas de control se basan en el binomio castigo-premio.
Cuando los castigos son desproporcionados a los premios
y cuando a los patrones ya no les quedan premios,
se producen las sublevaciones.»
1
Burroughs

En esta segunda década del siglo cada vez son más frecuentes las revueltas urbanas a lo largo y ancho de la geografía global, con sutiles variaciones en cuanto a su duración e intensidad. Hong Kong, Francia, Argelia, Irak, Haití, Líbano, Cataluña, Ecuador, Bolivia, Sudán, Chile, Bielorusia y, ahora, Estados Unidos de Amérikkka, han sido sede de multitudinarias protestas ampliamente reseñadas en los medios de domesticación masiva. Como he señalado en otras ocasiones, éstas manifestaciones tienen motivaciones muy particulares que las explican; sin embargo, es indiscutible que todas poseen un vínculo intangible que funge como denominador común de la mayoría de estas movilizaciones: el hartazgo y la rabia de la desesperanza.

Lejos de la retórica izquierdista que insiste contra toda evidencia que «mientras haya miseria habrá rebelión», lo que en verdad ha motivado las rebeliones recientes no ha sido la «miseria» sino la conjunción del hartazgo y la desesperanza. Estos dos factores –que impulsan la añoranza por lo «malo conocido» y anhelan el retorno al Estado benefector, al capitalismo industrial y a la sociedad del trabajo–, son los causantes del malestar generalizado que ha desembocado en la revuelta global de nuestros días.

Resulta cada vez más axiomático que la «miseria» solo produce «miseria». Es decir, servidumbre, mendicidad e incluso, pérdida de toda dignidad. Tal como reza el proverbio: «el hambre es mala consejera». Es la madre de todos esos especímenes que se cuelgan un letrero al cuello que reza «Hago cualquier trabajo» (hasta para las SS, como nos recuerda George Steiner). Por eso, en lugar de crear rebeldes y refractarios, la miseria engendra enfermedad, desnutrición, mortalidad, miedo, explotación sexual, corrupción, soldados, policías, delatores y votantes: miseria humana. Razón por la que se enaltece la miseria desde la izquierda, sabedores que entre sus fauces se ceba el porvenir, o sea, se contabilizan los futuros votos. Solo hay que consignar algunos «premios» y, enunciar abracadabra: la carroña clientelar permanecerá garantizada por un período de tiempo relativamente prolongado, hasta que «ya no quedan premios» (Burroughs dixit) y vuelvan las sublevaciones.

Eso ya lo infería el célebre autor de Los Miserables, pavimentando su brillante carrera política de la mano de su exitosa carrera literaria. En el Libro Séptimo de su conocidísima novela, intitulado «El argot», el poeta y novelista remata:

«Desde el año 1789, el pueblo entero se dilata en el individuo sublimado; no hay pobre que, teniendo su derecho, no tenga su rayo luminoso; el más mísero y desvalido siente en sí la honradez de Francia; la dignidad del ciudadano es una armadura interior; el que es libre es escrupuloso; el que vota reina. De ahí la incorruptibilidad; de aquí el aborto de las desordenadas é insanas concupiscencias; de aquí los ojos bajados heroícamente ante las tentaciones».2

Víctor Hugo, después de aventarse un clavado en la profunda alberca de la miseria, otea su maravilloso potencial. Como bien señala Walter Benjamin:

«Fue el primer gran escritor que usó títulos colectivos en su obra: Les Misérables, Les travailleurs de la mer. La multitud significaba para él, casi en un sentido antiguo, la multitud de los clientes –esto es, sus lectores– y de sus masas de votantes».3

 

Ciertamente, la miseria ha avivado incontables revueltas en la historia pero, de manera infalible, han sido «pacificadas» con dosis proporcionales de garote (la neutralización por miedo), pan (la neutralización por subsidio4 ) y, circo (premios de consolación y reformas políticas). Justo, en la aplicación proporcional de estas raciones radica la culminación del conecepto «proletario», en referencia a los ciudadanos sin tierra carentes de trabajo que conformaban la clase más miserable de las ciudades romanas (proletarius), cuya única utilidad –para el Estado– era su capacidad de generar proles (descendencia/hijos).

Estas hordas de excluídos, fueron pacificadas con garrote, pan y circo y, empleadas como «mano represiva» (legionarios), engrosando las reservas de los ejércitos del Imperio. Tal reflexión, motivó a San Charlie de Tréveris –catorce siglos después– echar mano del término «proletario», aterrizando su única definición en una apretada nota a píe de página a lo largo de los copiosos folios de El Capital, donde delimita a priori todas las chapucerías de los marxianos contemporáneos que intentan, de manera arbitraria, subsumir dentro del concepto «proletario» las configuraciones identitarias más insólitas (pueblos originarios y afrodescendientes) tratando de subsanar las limitaciones racistas y las estrecheces economicistas de la visión marxiana.5

De payasos y profetas

A propósito del «pauperismo» o la miseria generalizada de las clases jornaleras, ya por allá de 1844-46, decía Proudhon citando a Antoine Eugène Buret6 :

«La descripción de la miseria de las clases jornaleras […], tiene algo de fantástico que oprime el corazón y espanta. Son escenas que la imaginación se resiste a creer, a pesar de los certificados y de los expedientes gubernativos. Esposos desnudos, ocultándose en el fondo de una alcoba sin amueblar, con sus hijos también desnudos; poblaciones enteras que no van el domingo a la iglesia por no tener ni harapos con que cubrirse; cadáveres insepultos durante ocho días por no haberle quedado al difunto un sudario en que amortajarle, ni dinero con que pagar el ataúd y al sepulturero, en tanto que el obispo goza de cuatrocientos o quinientos mil francos de renta; familias enteras amontonadas en miserables pocilgas, haciendo vida común con los cerdos, y ya en vida ganadas por la podredumbre, o habitando en agujeros como los albinos; octogenarios que duermen desnudos sobre desnudas tablas; la virgen y la prostituta expirando en medio de la misma desnudez e indigencia; en todas partes la desesperación, la consunción, el hambre, ¡el hambre!… ¡Y ese pueblo, que expía los crímenes de sus amos, no se subleva!»7 (subrayado mío).

Y sí, desde luego que el «pueblo» se ha sublevado infinidad de veces. Los «motines del pan», ocasionados por la privación de alimentos básicos, han sido la contestación de la prole a las hambrunas desde los albores de la civilización, dejando un nutrido registro de efímeras asonadas desde el siglo XIV al XX, con marcada frecuencia en los siglos XVII, XVIII y XIX8 . Como bien advierte Bakunin:

«Desde que existen sociedades políticas, las masas han estado siempre descontentas y han sido siempre míseras, porque todas las sociedades políticas, todos los Estados, republicanos lo mismo que monárquicos, desde el comienzo de la Historia hasta nuestros días, han sido fundados exclusivamente y siempre, solo con la diferencia de grado en la franqueza, sobre la miseria y el trabajo forzoso del proletariado. […] De ahí un eterno descontento. Pero este descontento raramente produjo revoluciones»9 .

Uno de los motines del hambre –característicos de la época preindustrial– del siglo XVII, de los que se tiene mayor documentación, fue el acontecido la primavera de 1652 en la ciudad de Córdoba en la región andaluza.10 Casi finalizando el siglo pero de este lado del Atlántico, tendría lugar otra algarada provocada por la miseria: el motín del hambre de 1692 de la Ciudad de México, también conocido como el «motín del pulque».11 En los siglos XVIII, XIX y XX, igualmente figuraron los motines engendrados por la miseria. Empero, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, estas revueltas serían aprovechadas eficazmente por los «putschiistas» devotos del coup d’État. La miseria comenzaría a parir revoluciones.

La carrera del «revolucionario profesional» empezó a dar frutos en el siglo XIX, consolidandose la estrategia golpista hacia la «toma del poder». Por eso, para San Charlie, Blanqui y sus camaradas, eran la viva encarnación de «los verdaderos jefes del partido proletario».12 De tal suerte, se alentaba la formación de «especialistas» en los menesteres de la Revolución y se «sacraliba» la política, transformando la Nación, el Estado, el Pueblo, la Raza o, el Proletariado, en una entidad sagrada, es decir, una entelequia suprema, intangible y trascendente, eregida como eje de un sistema de valores, símbolos, ritos, mitos y creencias, que demanda sacrificio, militancia, fidelidad, culto y subordinación del individuo y de la colectividad. Así tomaba cuerpo el simbolismo político en la sociedad de masas13 y se propagaba «un modo de concebir la política que excede el cálculo del poder y del interés, y se extiende hasta abarcar la definición del significado y del fin último de la existencia»14 . Para ello, se dotaba a las masas de esperanza en el futuro (¡otro mundo es posible!), mientras se les amaestraba como carne de cañón; es decir, en tanto aprendían el arte de los imbéciles y se diponían a matar y a morir en nombre de la Verdad que los hará felices, enunciada por algún payaso y/o profeta.

Para decirlo con el compañero Bonanno:

«Si hubo un tiempo en el que pensé que sería útil ser un payaso para la revolución, y los mítines sin duda constituyen una actividad teatral como cualquier otra, ahora ya no creo en esta necesidad, no por la inutilidad específica del payaso, que siempre tendrá su papel en todos los movimientos políticos, sino por la posibilidad de que la revolución se pueda lograr tocando la lira al pueblo, con todas las cuerdas de la armonía establecida […] Traer a colación la verdad como símbolo del sacrificio por el cual uno está dispuesto a morir, y por lo tanto a matar, sugiere a otros, si hay una pizca de inteligencia, la solución del enigma, el lugar del truco a ser resuelto para beneficio de todos. ¿Pero quién responde a la esfinge?»15

 

El proceso de incubación

A finales del siglo XIX, la miseria incubó el huevo de la serpiente. Las hambrunas decimonónicas abonaron el terreno para los fascimos (rojo y pardo). Desde 1890, una sucesión de malas cosechas en las regiones del Volga, causó estragos a millones de campesinos en la Rusia zarista. Comunidades enteras huían a las ciudades en busca de alimento. Más de medio millón de personas morían literalmente de hambre o como resultado del tifus y el cólera. A pesar de la hambruna, las autoridades permitieron la exportación de granos, lo que provocó incontables motines y rebeliones campesinas que serían reprimidas por el Ejército imperial a sangre y fuego. Esta situación, indujo a los dirigentes populistas a impulsar su llamado «hacia el pueblo», enrolando a cientos de estudiantes provenientes de las principales ciudades que –desde su visión romántica–, concebían la aldea como una armoniosa comunidad colectiva que encarnaba las aspiraciones socialistas del «alma campesina». Así concluiría la última década del XIX, marcada por las abismales desigualdades del imperio ruso, con una ralea de aristócratas privilegiados y una enorme «masa» de miserables asechada por el hambre y las enfermedades.

Durante los primeros años del siglo XX, la miseria en las zonas rurales continuaría en ascenso, mientras que en las ciudades el desempleo alcanzaba niveles insólitos, lo que desató una ola de manifestaciones y huelgas, en su mayoría emplazadas por los anarquistas. En el verano de 1903, una gigantesca huelga general estremecía el sur de Rusia; en tanto, los «marxistas revolucionarios» se arrancaban el cuero durante su II Congreso en medio de una batalla campal por el control del Partido Obrero Social Demócrata Ruso, lo que originó la irreconciliable división entre bolcheviques y mencheviques.

La «conciencia revolucionaria» se había acrecentado considerablemente con la progresiva escolarización del campo, lo que aunado al descontento generalizado por la derrota militar frente al imperialismo japonés, ubicaba los ánimos al borde de la revolución social.

En los primeros días de 1905, estallaron huelgas en diferentes ciudades del país. El 9 de enero, tuvo lugar una masiva manifestación en Petrogrado (San Petersburgo), encabezada por el cura Gueorgui Garpón. Más de 140 mil mujeres, hombres y niños, empuñando imágenes religiosas y retratos del Zar, marcharon hacía el Palacio de Invierno suplicándole al «Padrecito del pueblo» que aliviase la tremenda miseria que estaban soportando. Los cosacos abrirían fuego contra los manifestantes, dejando un saldo de miles de muertos y heridos. Gorki, bautizaría aquella masacre como «El domingo rojo» y Lenin –el nuevo payaso/profeta–, la interpretó como «la agonía de la tradicional fe de los campesinos en el “padrecito zar”, y el nacimiento del pueblo revolucionario».16 Sin embargo, para 1913 los miserables de toda Rusia –al grito de «Dios salve al Zar»–se aprestaban a celebrar los trescientos años de gobierno de la dinastía Romanov.17 A mediados del siguiente año, la embriaguez patriotera conducía a los miserables de nueva cuenta a la guerra como carne de cañón.

Hacia el final de la Gran Guerra, el escenario se exhibía caótico a lo largo y ancho de Rusia. La exigua industria estaba consagrada a satisfacer las necesidades castrenses («el hambre de proyectiles») y, aunque la producción agrícola no se interrumpió, la amplia red de ferrocarriles del Imperio se puso al servicio de la guerra, paralizando el flujo de alimentos a las ciudades. La hambruna resultante, dio paso a intensas protestas y motines.

El 23 de febrero de 1917, las obreras de las fábricas textiles de Petrogrado –bajo las órdenes del partido bolchevique–, se lanzaron masivamente a las calles con el lema «¡No más hambre!», dando inicio a la denominada «revolución de febrero» que desembocó en la abdicación del Zar Nicolás II. El 3 de abril, llegaría a la estación de trenes de la otrora capital imperial procedente de Zúrich el payaso/profeta de la nueva Revolución, contando con el puntual financiamiento del Reich.18 Treinta y cuatro semanas después, se pondría en marcha el fascismo rojo, prolongándose hasta finales del año 1991. El hambre no desapareció con su implantación pero todos los motines de subsistencia fueron ahogados en sangre.19 La «pacificación» con garrote, pan y circo, tampoco prescribió con la muerte de Lenin (21 de enero de 1924), por el contrario, se intensificó con su sucesor Iósif Stalin. El nuevo payaso/profeta impondría una gigantesca red de campos de concentración, tristemente conocida como Gulag.20

Con diferentes protagonistas, aunque con el mismo guion –experiencia de la que podríamos y, deberíamos, extraer importantes pistas que nos ayuden a entender el presente–, la incubación del fascismo continuó su curso. Desde finales de los ochocientos hasta el año 1913, durante la llamada «Era giolittiana», el Reino de Italia impulsó la integración de su economía en el contexto capitalista internacional, promoviendo la «modernización económica y social». La gran inflación resultante de la Primera Guerra Mundial, derivó en la miseria generalizada a partir de 1918, sembrando el descontento entre los excluidos. Ante la «crisis», los sectores obreros llamaron a huelga extendiendose los conflictos en toda la bota itálica. La rápida descomposición del Estado liberal posunitario y la turbulencia revolucionaria,21 abonaron el terreno para el ascenso al poder de Benito Mussolini.

Con la llegada de este payaso/profeta, se instauró un nuevo régimen totalitario con los mismos rasgos del «fascismo genérico».22 Rápidamente incorporó elementos propios, construyendo un «paradigma» a la italiana («fascismo específico»), fundado en el corporativismo, la exaltación del «pueblo», la redención obrera y, el nacionalismo. La ideología de este otro fascismo también se presentaba como una doctrina revolucionaria, ungida de principios socialistas (anticapitalistas, antiparlamentarios, antiliberales y, desde luego, antimarxistas y ultranacionalistas), que propugnaba la intervención del Estado mediante corporaciones profesionales que agrupasen a trabajadores y empresarios afectos al regimen de partido único23 . Para garantizar el buen funcionamiento del sistema, sería necesario consolidar el terror contra los intelectuales disidentes, las minorías étnicas y, los opositores al régimen (traidores a la nación), a través de un aparato policial extremadamente represivo; afianzar las fuerzas armadas al servicio del líder y su organización partidista –dispuestas a extender el proyecto fascista hacia el exterior– y; emprender la permanente movilización de la sociedad en función del fortalecimiento del Estado.

Una caracteristica esencial del fascismo es su talante anticapitalista y antiburgués24 , manifiesto en su crítica al materialismo imperante en el capitalismo, por lo que demanda su transformación hacia un «capitalismo organizado» (Capitalismo de Estado o, Capitalismo Monopolista Totalitario) fuertemente regulado, que permita la «redistribución del poder social, político y económico.»25 Para ello apela a sentimientos fuertemente arraigados en el «pueblo», encarnandolos en los símbolos y, su representación en el Estado, por medio del establecimiento de lazos directos entre las «masas», el partido dirigente y el líder.26 De tal suerte, toda esfera de la actividad humana queda sujeta a la intervención estatal. Como sentenciara el Duce: «todo dentro del Estado, nada en contra del Estado, nada fuera del Estado.»27

Pero pese a esta «estatización forzada» (o gracias a ella), el régimen fascista va a gozar de gran popularidad y total aceptación entre las «masas». El estímulo a las actividades de ocio popular; la política de integración; la construcción del «hombre nuevo» a través del sistema de educación y; el fomento de la seguridad social mediante la «Carta del Trabajo»28 –prometiendo derechos sociales y, un orden de paz y armonía entre obreros y patronos, como fuerzas productivas al servicio de la Nación–, le otorgará el beneplácito popular al fascismo, dotando de especificidad este fenómeno político.

En Alemania, la situación no sería muy diferente. El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei) llegó al poder en 1933 en medio de una gran convulsión social y una profunda depresión económica. El crack de Wall Street de 1929 tuvo severas repercusiones como consecuencia de la enorme dependencia de los prestamos a corto plazo del exterior, allanando el camino de la Revolución nacionalsocialista. La tasa de desempleo entre 1929 y 1932 se incrementó de 6 a 18%, la producción industrial registró una caída de 40% y, la renta per cápita se contrajo en 17%. Esta conjunción de factores estimularon «el ascenso de un nuevo movimiento de masas que, en un período de crisis, movilizó a una gran proporción de la población, seducida por los atractivos de un líder carismático como era Hitler.»29

Desde los años noventa del siglo XIX, el movimiento völkisch atesoró fuerzas con el discurso cohesionador a pesar de su organización multiforme y sus diversas preocupaciones ideológicas, a veces contradictorias y rivales entre sí, pero inequívocamente orientadas hacia el antisemitismo, el pangermanismo, la eugenesia y, la reformación de la vida cultural y religiosa. Al interior de este movimiento, cobraba pujanza la presencia juvenil que se sacudía «literalmente las represiones y coacciones de una rancia existencia burguesa»30 Dando inicio el siglo XX, el movimiento popular cosecharía adhesiones ante las dificultades económicas que acarreó la Primera Guerra. La economía alemana estaba severamente afectada por la prolongación del conflicto. La miseria provocó motines de hambre (1915) e importantes huelgas (1917) socavando la moral en el frente interno.

A mediados de 1917 –bajo la dictadura militar de Lundendorff y Hindenburg– se fundó el Partido Patriótico Alemán (Deutsche Vaterlandspartei/DVLP), con el apoyo de la Alldeutscher Verband. De orientación ultraderechista, nacionalista y militarista. La nueva formación política acogió en su seno al movimiento völkisch, junto a otras corrientes antisemitas del nacionalismo radical alemán, llegando a contar con un millón doscientos cincuenta mil afiliados. Tras la revolución de noviembre de 1918, que puso fin a la monarquía de Guillermo II y, dio paso a la república parlamentaria, el Partido Patriótico se disolvió. Muchos de sus miembros pasarían a engrosar las filas del Partido Nacional del Pueblo Alemán (DNVP); el resto de sus integrantes, bajo la dirección del obrero ferrocarrilero Anton Drexler y el periodista Karl Harrer, conformaron el Círculo Político de Trabajadores (Politischer Arbeiterzirkel). Radicalmente opuesto al capitalismo y al comunismo, el «Círculo» se dedicó en cuerpo y alma al activismo y la agitación política entre los trabajadores.

El 5 de enero de 1919, Drexler y Harrer fundarían en Múnich el Partido Obrero Alemán (DAP) con tan solo 40 militantes. Uno de sus futuros miembros sería Adolf Hitler, quien dos años más tarde, se consolidaría como líder indiscutible del partido. Después de su activa participación en el brutal aplastamiento de la insurrección espartaquista, junto a las milicias de voluntarios (Freikorps), la formación política cambiaría su nombre por el de Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) y, haría público su Programa de 25 puntos –coautoría de Drexler y Hitler– el 24 de febrero de 1920.

Al calor de la miseria, crecía el espíritu ultranacionalista y la cultura racista, lo que facilitó el incremento acelerado de la militancia del partido. El discurso demagogo del NSDAP, centrado en el ataque a los bancos y las grandes empresas, junto a la defensa del socialismo de Estado como propuesta económica garante de la seguridad social, ejerció gran influjo entre los trabajadores y una enorme aceptación general, proporcionándole dos victorias con mayoría simple en las elecciones democráticas parlamentarias de 1932 y, el posterior nombramiento de Hitler como canciller (1933).

La miseria que viene

Las revueltas de subsistencia más connotadas de finales del siglo pasado fueron las de Argentina en 1989, durante la hiperinflación de los últimos días de gobierno de Raúl Alfolsín, destacando la proliferación de «ollas populares» y la expropiación colectiva del centro comercial Cruce Castelar en el Municipio de Moreno en Buenos Aires31 . Aquella experiencia, pronto sería neutralizada con medidas oficiales de contención mediante la provisión de alimentos a las zonas populares, consolidándose como prácticas clientelares que favorecieron el empoderamiento de líderes y dirigentes sociales como mediadores con el sistema de dominación, garantizando el control social y la recuperación sistémica. Se repetirían los motínes de subsitencia en el país austral a comienzos del presente siglo originando el levantamiento de diciembre de 2001 que produjo la caída del gobierno de Fernando De la Rúa. Nuevamente serían apaciguados con garrote, pan y circo, mientras se asfaltaba el futuro del matrimonio Kirchner (2003-a la fecha) con el voto por la izquierda asegurada.

En lo que llevamos andado del siglo XXI, se ha registrado una retahila larga de protestas y rebeliones por hambre. En enero de 2007, bajo el lema de «sin maíz no hay país» y contra la ratificación del Tratado de Libre Comercio de Amérca del Norte (TLCAN), decenas de miles de manifestantes tomarían las calles de la Ciudad de México en protesta por el alza del precio del maíz. En septiembre de ese mismo año, en Myanmar (antigua Birmania) el aumento en los precios de los alimentos y la gasolina, provocó la insurrección de las monjas y monjes budistas conocida como la «revolución del azafrán». Durante la primavera del año 2008, estallaron motines en diferentes ciudades de Egipto, Marruecos, Haití, Filipinas, Indonesia, Pakistán, Bangladés, Malasia, Senegal, Costa de Marfil, Camerún y Burkina Faso.

Las rebeliones de los miserables se intensificaron con la llamada «crisis financiera internacional» que agravó el hambre en el mundo con la volatilidad creciente de los productos agrícolas al ser incluidos en las bolsas de «commodities», como resultado de la incursión de fondos especulativos en estos rubros. Desde entonces, los precios continúan en alza, arrojando a más de cien millones de personas a la miseria. Lo paradójico es que con la industrialización del agro –de la mano de los pesticidas y la manipulación biotecnológica– la actual sobreproducción agrícola es exuberante. Hoy, las hambrunas no se deben a la penuria ni a los infortunios meteorológicos sino a otros factores.

La especulación financiera de los productos alimentarios ha forzado a 820 millones de personas alrededor del mundo a vivir en extrema pobreza, de las cuales 265 millones podrían morir de hambre, según las proyecciones más conservadoras del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Se estima que unas 12,000 personas morirán de hambre diariamente como consecuencia del impacto económico de la pandemia, número muy superior a los que fallecerán por las secuelas del virus Covid-19. En tanto, ocho de las mayores corporaciones productoras de alimentos y bebidas han repartido entre sus accionistas más de 18.000 millones de dólares desde que inició la crisis sanitaria. Los economistas esperan que la contracción de la producción global genere alrededor de 450 millones de parados en el mundo pero, de enero a la fecha, han aumentado más de 40% sus fortunas los 12 multimillonarios más acaudalados del planeta.

Muy probablemente, esta miseria anunciada suscite incontables rebeliones que facilitarán el acenso de nuevos payasos/profetas y el establecimiento de nuevos gobiernos populistas. Pero, ninguna conducirá al ocaso del capitalismo ni al fin de la dominación. Con la «neonormalidad» que nos imponen, se reinventan los capitales y se remoza la dominación, regresando a los Estados fuertes y a la retórica nacionalista, en un marco de reorganización que vuelve a dejar fuera del texto la libertad individual y colectiva en busca de «soluciones urgentes», fortaleciendo las tentaciones autoritarias.

Otra vez, la miseria incuba al fascismo (rojo y/o pardo) disfrazado de solución revolucionaria y transformación radical y, se instituye como la razón de lucha que intenta reemplazar la vieja realidad. El auge contemporáneo del fascismo y su galopante institucionalización, nos revela su evidente aceptación a través de la reiterada narrativa de «la recuperación de los valores perdidos» que capitaliza el pasado –supuestamente «heroico» y siempre mejor que el presente– y lo moldea como producto disponible en un futuro mejor.

No podemos caer en la trampa de la «urgencia» y bajar la guardia ante el reemplazo autoritario de la realidad. El Poder mantiene cautiva a la realidad desde el primer día de su ejercicio sobre la faz de la Tierra. De ahí la imposibilidad de transformarla –como cínicamente proponen las izquierdas en todos los confines–; la cantaleta de “Otro mundo es posible” es la trampa contemporánea para prolongar la homonimia «Poder=realidad». Por ello la apetencia de poner en práctica un pensamiento-acción capaz de demoler la realidad. No de transformarla. Solo así se desarma la trampa de la totalidad. He ahí la necesidad de pensar la praxis anárquica en su dimensión excesiva, la necesidad de pasar de los sintagmas preposicionales al paradigma. Empero, para concretar un nuevo paradigma anárquico es imprescindible quemar todas las hojas de ruta.

Imaginemos por un instante que lo «normal» no sea el capitalismo ni la continuidad ad infinitum de la dominación sino ese mundo en ruinas al que nunca hemos temido. Pensemos en la destrucción definitiva del trabajo, en la demolición de todo lo existente, en el derrumbe terminante de la civilización. Caminemos, sin desviarnos, hacia ese objetivo. La pericia del fuego es una apuesta tentadora que alienta nuestros anhelos de liberación total e impulsa la reyerta. Hoy, lo único que tenemos que salvar es el fuego. El resto: ¡qué arda hasta las cenizas!

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 1º de septiembre de 2020

(Extraído del folleto «El aroma del fuego: la rabia de la desesperanza en un mundo tripolar», septiembre, 2020.)


1. Odier, Daniel, El trabajo (The Job). Entrevistas con William Burroughs, Enclave de Libros Ediciones, Madrid, 2014.

2. Víctor Hugo, Los miserables, Cuarta Parte, Libro Séptimo-El argot, Garnier Hermanos Libreros-Editores, Paris, 1901, p. 282.

3. Benjamin, Walter, El París de Baudelaire, 1º Edición, (Mariana Dimópulos, trad.), Eterna Cadencia Editora, Buenos Aires, 2012, p.136.

4. Esta estrategia neutralizadora es harto común en América Latina, generalmente orquestada por una red clientelar, tejida por los partidos políticos y un conjunto variopinto de organizaciones sociales que se han instituido como interlocutoras con el Estado, ya sea mediante la movilización y/o a través de la negociación y el acuerdo con la dominación.

5. «Por “proletario” únicamente puede entenderse, desde el punto de vista económico, el asalariado que produce y valoriza “capital” y al que se arroja a la calle no bien se vuelve superfluo para las necesidades de valorización del “Monsieur Capital”, como denomina Pecqueur a este personaje. “El enfermizo proletario de la selva virgen” es una gentil quimera del señor Roscher. El habitante de la selva virgen es propietario de ésta y la trata tan despreocupadamente como lo hace el orangután, esto es, como a propiedad suya. No es, por ende, un proletario. Lo sería si la selva virgen lo explotara a él, y no él a la selva virgen. En lo tocante a su estado de salud, el mismo no sólo resistiría la comparación con el del proletario moderno, sino también con el de “personas respetables”, sifilíticas y escrofulosas. Es probable, no obstante, que el señor Wilhelm Roscher entienda por selva virgen sus landas natales de Luneburgo.» Marx, K., El Capital, Tomo I, Vol. 3, capítulo XXIII: La ley general de la acumulación capitalista, Siglo XXI editores, México, 2009, nota número 71, p. 761.

6. Cfr. vid. Buret, E: De la misère des classes laborieuses en France et en Angleterre, París, 1840.

7. Proudhon, P. J., Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, (F. Pi y Magall, trad. y prólogo), Primera Parte, Cap. VI, El Monopolio, Librería de Alfonso Durán, Madrid, 1870, p.p. 312-313.

8. Hasta la segunda mitad del siglo XIX, las causas del hambre fueron las malas cosechas provocadas por las constantes heladas, las inundaciones y las devastadoras sequías que produjo la famosa «Pequeña Edad de Hielo», a lo que debe agregarse –como agravante– los habituales atropellos contra los desposeídos y las medidas draconianas impuestas por las clases dominantes.

9. Bakunin, Miguel, Obras completas, Vol.1, 3ª Ed., Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, abril 1986, p.159.

10. Tras la terrible epidemia de peste que debastó la región entre 1649 y 1650, se registró un incremento sustancial en los precios del trigo provocando la hambruna entre los más desposeídos. La muerte por hambre de un niño en el Barrio de San Lorenzo, haría estallar un colérico motín a comienzos del mes de mayo. Una multitud de campesinos asaltaría la casa del corregidor y de prominentes acaudalados de la ciudad, expropiando masivamente el grano acaparado. La rebelión sería apaciguada con la mediación de Diego Fernández de Córdoba, que aceptó sustituir al corregidor (vizconde de Peña Parda) y establecer un precio fijo para el pan, exigiéndole a los campesinos cordobeses que entregaran las armas y regresaran a sus casas. El rey Felipe IV ordenó la entrega de recursos a la ciudad para la compra de trigo y otorgó el perdón a los amotinados, poniendo fin a la revuelta con abundancia de grano y el abaratamiento del pan. Cfr. vid, Díaz del Moral, Juan, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Alianza Editorial, Madrid, 1967.

11. Después de un prolongado período de torrenciales aguaceros e inundaciones en el Valle de México, que afectaron severamente las zonas agrícolas, le siguío una plaga de chiahuixtle que dio cuenta de las pocas cosechas que habían subsistido a las aguas. La carestía de maíz y trigo y, la especulación de los comerciantes, indujo un alza en el precio de los granos, desatando en plena epidemia de sarampión el hambre en los sectores excluidos –«indios, negros, criollos y bozales de diferentes nacionalidades, chinos, mulatos, moriscos, zambaigos, lobos y españoles zaramullos (que eran los pícaros, chulos y arrebataropas)»–; ante la escasez de alimentos las mujeres indígenas se lanzaron al asalto de la alhóndiga en busca de sustento. Inmediatamente se produjo la revuelta en plazas, mercados y pulquerías, envalentonados y eufóricos por los efectos del «néctar de los dioses». Al grito de ¡Viva el pulque! se desencadenó la ira de los amotinados que enfilaron rumbo al Zócalo, dispuestos a quemar el palacio, matar al virrey y al corregidor. A las cinco de la tarde del 8 de junio de 1692, con piedras y machetes en mano, los sublevados quemaron el palacio virreinal, las casas del ayuntamiento, sus juzgados y oficios de escribanos, la puerta de la Real Cárcel de Corte, la alhóndiga y los cajones y puestos de la plaza mayor. Las expropiaciones de bienes y alimentos fueron masivas, siendo saquedas las tiendas de mercadería, semilla, hierro, loza y otros géneros. Al otro día la represión no se dejaría esperar, muchos de los amotinados serían ahorcados, otros azotados y se expulsaría de la ciudad a la población indígena hacia los barrios periféricos. Tras el tumulto, hubo bastante maíz y trigo que llevaron de la ciudad de Celaya para apaciguar a los sublevados. Cfr. vid, Robles, Antonio de, Diario de sucesos notables (1665-1703), vol. III, Porrúa, México, 1945. Y, Sigüenza y Góngora, Carlos, “Alboroto y Motín de México del 8 de junio de 1692”, en Relaciones históricas, UNAM, Biblioteca del Estudiante Universitario, México, 1954. Otra versión de los hechos, afirma que «el tumulto no había sido motivado por la falta de maíz, sino que antes bien tenían mucho escondido en sus casas; que lo habían escondido para tenerlo acumulado cuando se sublevaran, y que como la cosecha de maíz se había perdido y había poco y caro, compraron mucho más de lo necesario y lo enterraron para que con ello faltase a la gente pobre y éstos, viendo que valía la comida tan cara estarían de parte de los sublevados.», Carta de un religioso sobre la rebelión de los indios mexicanos de 1692, Editor Vargas Rea, México, 1951, recogido en Feijóo, Rosa, El Tumulto de 1692, Revista Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. XIV, N° 4, Abril-Junio 1965, p. 458.

12. Marx, K., El 18 brumario de Luis Bonaparte, Fundación Federico Engels, 2003, p.21

13. Cfr. vid. Mosse, George L., La nacionalización de las masas. Simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las Guerras Napoleónicas al Tercer Reich, Ediciones de Historia Marcial Pons, Madrid, 2005.

14. Cfr. E. Gentile, «La sacralización de la política y el fascismo», en J. Tussel, E. Gentile, G. Di Febo, (Eds.), Fascismo y franquismo cara a cara. Una perspectiva histórica, Biblioteca Nueva, Madrid, 2004, p.p. 57-59. Véase también, Gentile, Emilio (1973), La vía italiana al totalitarismo. Partido y estado en el régimen fascista, Siglo XXI, Madrid, 2005; y, Gentile, Emilio, Fascismo: historia e interpretación, Alianza editorial, Madrid, 2004.

15. Bonanno, Alfredo, Miseria della cultura. Cultura della miseria, Colla Pensiero e azione, Parte Seconda, Cap. IV, Edizioni Anarchismo, 2015, p.175.

16. Lenin, V.I. (1905), «El “padrecito Zar” y las barricadas», en Obras Completas, Tomo VIII, Akal Editor, Madrid, 1976, p.108.

17. Las principales calles de San Petersburgo se engalanaron con los colores imperiales y los retratos de los zares, mientras largas cadenas de luces de colores encendían por las noches con la leyenda 1613-1913 y el águila bicéfala del imperio, deslumbrando a los forasteros, muchos de los cuales nunca habían visto la luz eléctrica. «La ciudad era un hervidero de curiosos procedentes de las provincias, y los transeúntes usualmente bien vestidos que paseaban en torno al Palacio de Invierno se veían ahora superados en número por las masas sin lavar (campesinos y trabajadores ataviados con sus blusas y gorras, y mujeres vestidas de harapos con pañuelos en la cabeza)». Cfr. vid. Figes, Orlando, La revolución rusa. La tragedia de un pueblo (1891-1924), Edhasa, Barcelona, 2010.

18. Los alemanes brindaron ayuda económica a Lenin y los bolcheviques, con la intención de que la revolución en la retaguardia forzara la retirada de las tropas rusas del frente, tal como sucedió. En marzo de 1918, Rusia y Alemania firmaron un armisticio en la ciudad fronteriza de Brest-Litovsk (Bielorrusia), en virtud del cual los rusos renunciaron a grandes territorios (Estonia, Finlandia, Lituania, Polonia y Ucrania) y, la mitad de su industria. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética recuperó todo lo perdido en Brest-Litovsk e implantó el fascismo rojo en toda su órbita de influencia.

19. El disturbio por hambre más silenciado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, fue el «motín de la mantequilla» en la ciudad de Novocherkassk, durante los primeros días de junio de 1962. En pleno esplendor del Imperio rojo, al calor de la denominada «guerra fría», Nikita Jrushchov ordenó instalar misiles nucleares en Cuba con la intención de amedrentar a Estados Unidos y evitar otra escalada militar contra su nuevo satélite. Consiente que la decisión podría desatar la Tercera Guerra Mundial, exigió al complejo militar-industrial soviético aumentar la producción de armamentos, decretando drásticos recortes presupuestales en cualquier sector que no estuviese relacionado a la esfera castrense. El 1º de junio, el Comité Central del PCURSS anunció un alza en los precios de la canasta básica (subió el valor de la carne, la mantequilla y los huevos). El golpe más duro por el alza de precios lo sufrieron los trabajadores cuyas empresas acababan de recortar los sueldos. Los empleados de la Fábrica de Locomotoras Eléctricas «Budyonny» de Novocherkassk, sería uno de los grupos más afectados. Ante la situación, los trabajadores se declararon en asamblea permanente lo que derivó en una masiva protesta en la que participaron más de 5 mil manifestantes. Las autoridades comunistas enviaron los tanques del Ejército Rojo con el objetivo de atemorizarlos pero al no poder persuadirlos ordenaron abrir fuego contra los trabajadores, asesinando a 26 manifestantes e hiriendo a 87. Siete personas fueron incriminadas por asociación ilícita y ejecutadas por los hechos; también serían sentenciados ciento cinco manifestantes, acusados de sedición y condenados a 10 y 15 años de cárcel, quienes al terminar su sentencia fueron obligados a firmar un documento jurando que nunca divulgarían estos hechos. Cfr. vid. Mandel, D., ed., Novocherkassk 1-3 yunya 1962, g.: zabastovka i rasstrel, Moscow: Shkola trudovoi demokratii, 1998. Y, Siuda, Pyotr, Novocherkassk Tragedy, Obschina, 1988, disponible en: https://libcom.org/files/1962%20The%20Novocherkassk%20Tragedy.pdf (Consultado: 31/08/2020)

20. Solo durante la gran purga de1937-38, más de un millón de personas fueron asesinadas o bien fallecieron en los helados campos de trabajo forzado, la mayoría ex miembros del partido bolchevique, obreros y campesinos.

21. Cfr. vid, Luebbert, Gregory M., Liberalismo, fascismo o socialdemocracia. Clases sociales y orígenes políticos de los regímenes de la Europa de entreguerras, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 1997.

22. Griffin, Roger, «Cruces gamadas y caminos bifurcados: las dinámicas fascistas del Tercer Reich», en Mellon, Joan Antón, Orden, jerarquía y comunidad. Fascismos, dictaduras y postfascismos en la Europa contemporánea, Tecnos, Madrid, 2002, p.109; Payne, Stanley G., Historia del fascismo, Editorial Planeta, Barcelona, 1995, p.12.

23. Cfr. vid, Preti, Domenico, La modernizzazione corporativa (1922-1940): economia, salute pubblica, istituzioni e professioni sanitarie, Franco Angeli, Milano, 1987; Economia e instituzioni nello Stato fascista, Editori Reuniti, Roma, 1980. Y; Pinto, António Costa (ed), Corporatism and Fascism. The Corporatist Wave in Europe, Routledge, London, 2017.

24. Paxton, Robert O., Anatomía del fascismo, Ediciones Península, Barcelona, 2005, p.11.

25. Ibídem, pp. 18-19.

26. Op.Cit, Mosse, George L., pp. 69 y ss.

27.  Mussolini, B., El fascismo, Bau Ediciones, Barcelona, 1976.

28. En la «Carta del Lavoro» (Carta del Trabajo), «documento político del partido» autorizado por Benito Mussolini el 21 de abril de 1927 –aniversario de la fundación de Roma–, dictado por el Gran Consejo del Fascismo y publicada en Il Lavoro d’Italia dos días después (23), quedarían proclamados «los derechos sociales de los trabajadores italianos» en una trama jurídico-político-ideológica que «representa el punto culminante de la gran obra de renovación de la legislación general que ha reconstruido armónicamente todo el sistema de ordenamiento jurídico italiano, basándolo en los principios fundamentales de la Revolución fascista […] Este documento de nuestra Revolución social en cuanto corporativa […] presenta una feliz síntesis entre las dos fuerzas que siempre han acompañado la milenaria historia de Roma: tradición y revolución […] la luminosa idealidad que la revolución de las camisas negras, bañando con su sangre los atormentados campos de Europa, en siembra de una más alta justicia social entre los individuos y entre los pueblos, tiende […] a llevar hacia la victoria, con su fuerza y con su espíritu indómitos, contra los enemigos de una palabra enemiga de la Fe y la Civilización.» Vid. Mazzoni, Giuliano, Los principios de la “Carta del Lavoro” en la nueva codificación italiana, Revista de Estudios Políticos, 6, pp. 227-249. Disponible en: Dialnet-LosPrincipiosDeLaCartaDelLavoroEnLaNuevaCodificaci-2126260.pdf (Consultado 30/8/2020). Para información complementaria ver también: Heller, Hermann, Europa y Fascismo, Condes, F.J. (trad.), Estudio Preliminar «El fascismo y la crisis política de Europa» de José Luis Monereo Pérez, Editorial Comares, Granada, 2007.

29. Fulbrook, Mary, Historia de Alemania, Beatriz García Ríos (trad.), Cambridge University Press, 1995, p.241.

30. «Los miembros de los Wandervögel (“pájaros errantes”) se vestían con ropas deportivas amplias y cómodas y se dedicaban a realizar excursiones y acampadas por la campiña, cantando y tratando de adoptar un estilo de vida lo más natural posible; estos grupos aún mostrándose críticos con la política oficial (despreciando sobre todo la política parlamentaria de partidos) y el sistema de educación establecido, solían ser no solo muy nacionalistas, sino al mismo tiempo antimaterialistas y antisemitas, dado que en la sociedad moderna se identificaba a los judíos con la burda acumulación de dinero.» Ibídem, pp. 202-204.

31. Del 24 al 31 de mayo de 1989 se registraron 282 acciones de expropiación masiva en Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán y Capital Federal.

(Publicación) Bolivia: Como vivimos desde la anarquía los disturbios y la lucha por el Poder en Bolivia -Libro-

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El presente libro, está dedicado al guerrero anarquista Gabriel Pombo Da Silva, secuestrado por el Estado español. Querido compañero, te queremos pronto en las calles, la libertad vino hace tiempo a por ti.

Como vivimos desde la anarquía la lucha y los disturbios por el Poder en Bolivia, es el grito furibundo de una recopilación de textos germinados por la sed de lucha contra la dominación, en un escenario tramoyado por la pugna interburguesa por el Poder, en el que sencillamente los ácratas no intervenimos. Ese forcejeo por la silla presidencial no nos incumbe, pero sí la ofensiva constante contra toda autoridad, sin desperdiciar la crítica que nos señala el camino de la praxis. Es necesario enfocarnos en el encandilamiento feligrés-social, que conduce a los ciudadanos a buscar su presente (y futuro) en las urnas de la dominación, con la intención de elegir a su nuevo amo, lo cual atenta contra cualquier expectativa de libertad individual y colectiva. La insurrección es permanente. Quienes luchamos contra toda forma de autoridad no necesitamos esperar por una fecha específica en el calendario para reaccionar contra las imposiciones. No necesitamos quien nos gobierne ni nos dirija; sabemos organizarnos, elegir a nuestrxs afines en la lucha y avanzar hacia la liberación total sin recular.

Mientras los partidos de izquierda y derecha se quitonean la silla presidencial, nosotrxs plantamos el pecho cara a cara con el enemigo, con nuestros pies firmes en la informalidad y, la insurrección, libres de todo mando y jerarquía que nos someta. Vivimos en un territorio que no es ajeno a la imposición civilizatoria, al extractivismo, a los pactos Estado-Capital. El surgimiento del Estado nacional en este continente, es el resultado de una imposición colonial que fue mutando en guerras y “revoluciones” dirigidas por las elites criollas.

Entre lxs anarquistas, también estamos lxs que hemos sido racializadxs como indixs y aprendimos a luchar contra la supremacía racial; sin embargo, eso nunca nos ha motivado a sentar a un indio en el trono presidencial. Cuando llegó la izquierda de Evo a tomar las riendas de la dominación, inexplicablemente muchos “ácratas” e izquierdistas libertarios quedaron severamente confundidos y, se pusieron la camiseta del “masismo” –como sucedió en Venezuela con los “anarco” chavistas, en México con los “anarco” zapatistas, y también en Brasil con los “anarco” lulaistas–, probablemente porque solo se dedicaron a acompañar a los llamados “movimientos sociales” y nunca hicieron de la Anarquía una búsqueda individual hacia la libertad total que no se perdiera a la primera tormenta.

La izquierda se hizo cargo del Poder en Bolivia, en una suerte de seguidilla de gobiernos populistas y socialistas a lo largo y ancho de “Latinoamérica”, y como todo régimen de dominación, se fue pudriendo y fue contaminado con su putrefacto aliento a grandes sectores de la servidumbre, a pesar de eso, nunca se produjo una conciencia reflexiva que asumiera el camino de la insurrección contra todo Poder; por el contrario el ciclo continúa y la colectividad ciudadana, sigue eligiendo vivir esclavizada entronando a nuevxs amxs.

No nos limitaremos a denunciar el “golpe de Estado” para criticar al gobernante en turno, con el argumento de que fue depuesto por la fuerza un régimen “indio”, más democrático y parlamentarista –frase que expresa la ética ciudananista que normaliza la sumisión– como lastimosamente han hecho desde algunos espacios libertarios de izquierda. Para nosotrxs, lxs anárquicxs insurrecionales e informales, no existen “gobiernos buenos” y “gobiernos malos” sino un mismo sistema de dominación a confrontar.

“No es a favor de Evo sino en contra de Jeanine”, es el grito que expresa el fin de la creencia en un gobierno salvador, y suscita en la lucha la necesidad de vivir sin Estado, la necesidad de revuelta, y propaga la potencia incontenible engendrada por la ira insurrecta, contraria a los acomodos cobardes del neoplataformismo anquilosado y el pachamamismo local.

¡Qué viva la anarquía!

Índice

Introducción

PALABRAS PREVIAS A CARGO DEL COMPAÑERO GUSTAVO RODRÍGUEZ

PARTE I UNA MIRADA ANÁRQUICA SOBRE LAS PROTESTAS Y LA RENUNCIA DEL PRESIDENTE INDÍGENA EVO MORALES EN BOLIVIA

  • Primer Momento de las protestas
  • ¿Y la derecha?
  • Otro momento
  • Sobre las Constituyentes y la Constitución
  • Siempre es el momento

PARTE II NO ES A FAVOR DE EVO SINO EN CONTRA DE JEANINE

    • 12 de noviembre de 2019
    • 14 de noviembre de 2019

PARTE III NI DICTADURA NI DEMOCRACIA, NI MASISMO NI FASCISMO: INSURRECCIÓN PERMANENTE

  • Antes de las elecciones
  • Luego de las elecciones presidenciales: cambio de un gobierno autoritario “indígeno”-fascista a otro “blancoide”-fascista e igualmente autoritario
  • Quema de la Wiphala
  • Masacres
  • El gobierno “transitorio” de Jeanine Áñez
  • Cronología desde el inicio de los conflictos
  • Qué es de los otros animales en los conflictos
  • Ascenso y desplome de Evo Morales
  • Una mirada a las luchas indígenas desde la prespectiva insurreccional anárquica

PALABRAS NO FINALES

(Italia) Publicación Fenrir No. 10 + Números anteriores

Está disponible la traducción en castellano de los números 10 y 9 de Fenrir, publicación anarquista ecologista de Italia, de apoyo a lxs presxs, acción directa, actualizaciones y análisis sobre las luchas anarquistas y la liberación animal, humana y de la tierra alrededor del mundo. 80 páginas en formato A4.

En el número 10 encontrarás:

– Editorial
– ¿Si no es ahora, cuando?
– El sol negro del porvenir (Autopsia de la revolución parte II)
– El ascenso de la nuevas derechas populistas: un análisis de la situación actual
– 5G: la red del dominio
– Retomando nuestro negro camino de Gustavo Rodriguez
– Aportaciones marginales a un debate en curso de Gabriel Pombo da Silva
– Noticias del Necromundo
– Actualizaciones sobre lxs prisionerxs y la represión estatal
– Cartas desde la cárcel

Contacto: fenrir[arroba]riseup.net

Descargar: Fenrir No. 10

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